miércoles, 6 de junio de 2012

¿Casual Affair?

Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Advertencia: Esta historia es totalmente erótica, así que si a alguien le desagrada el lemon, le informo que mejor se abstenga de leer. Sobre advertencia, no hay engaño.

¿CASUAL AFFAIR?
By Tsukisaku

—Es hora —murmuró para sí una mujer de larga cabellera chocolatada, después de darle un rápido vistazo al reloj, que se hallaba colgado en una de las paredes de su habitación.
Aquel artefacto marcaba las nueve de la noche en punto. Y no es que ella tuviese una cita amorosa, ni mucho menos; de hecho, no tenía absolutamente nada que hacer, salvo estar sola. Precisamente por eso, había tomado la decisión de salir un rato, acababa de consultar la cartelera y -si se apresuraba- llegaría a tiempo para ver esa película, que tanto había estado llamando su atención.
Observó su reflejo, en el enorme espejo que se encontraba de pie a un costado de su armario, y se regaló una pequeña sonrisa a sí misma. Se alisó la falda negra que llevaba puesta y estiró una mano para tomar su chamarra color beige, la cual se encontraba acomodada dentro del armario. Se la colocó rápidamente mientras caminaba hasta su tocador, tomó su perfume y se roció un poco.
Caminó a la salida de su habitación, no sin antes tomar su pequeño bolso negro, y se precipitó a la salida de su departamento. Guardó las llaves, y presionó el botón del ascensor para poder bajar. Una vez dentro, soltó un pequeño suspiro, nunca le había gustado salir sola, pero dado que era una fecha -aparentemente- especial, solo para ella… pues debía hacer una excepción.

Las puertas del elevador se abrieron y se apresuró a salir del edificio, en el que llevaba viviendo más de siete años. Una vez fuera, el calor de la noche le hizo sentir ganas de quitarse la chamarra, pero dado que el clima había estado un poco loco, prefirió quedarse tal y como estaba. Estiró la mano derecha para llamar un taxi, y en cuanto éste se detuvo, se acomodó en el asiento trasero y le indicó que la llevara uno de los cines del centro.
Durante el camino se mantuvo con la vista fija en el exterior, por alguna extraña razón se sentía demasiado… inquieta. Su corazón golpeteaba con un poco más de fuerza de lo normal, y su estomago se removía inquieto, como si miles de mariposas revolotearan dentro de él. Tomó una gran bocanada de aire y se obligó a calmarse un poco. Quizá es la edad… pensó al tiempo en que el conductor le indicaba que acababan de llegar a su destino. Sacó un par de billetes de su bolso y le pagó, se bajó del taxi y caminó hacía la taquilla del cine.
No necesitó darle un vistazo a la cartelera, para saber en que horario se hallaba la película que ya tenía prevista ver. Sacó un nuevo billete y pidió un boleto para la sala número once, para la función de las nueve con cuarenta minutos. El empleado le entregó su boleto y un folleto con publicidad. La dueña de la melena castaña le sonrió levemente y se giró, con el boleto en mano, para entrar a las instalaciones.
Mientras caminaba por el lobby, fijó la vista en su boleto, y sintió un poco de nostalgia. Era la primera vez que acudía sola al cine y de noche.
Felicidades Bella, tú primera vez... se dijo con ironía mentalmente.
Levantó la vista y caminó a la dulcería, no tenía mucha hambre, así que únicamente compró una barra de chocolate y un café frío, con mucha crema batida. Luego de pagar, se dirigió a la sala donde se proyectaría su película. Entregó su boleto y se adentró a la sala con el número once, la función aún no comenzaba, así que las luces estaban encendidas al cien por ciento. Paseó sus ojos por todas las butacas, y optó por tomar asiento en la penúltima fila del lado derecho, justo a la mitad.
Dejó su café en el porta vasos de su izquierda y soltó un pequeño suspiro. Sabía que quizá no habría mucha gente, ya que esa película estaba por salir de cartelera, pero igual no le importó, pensó que lo mejor era tener la sala casi para ella sola.
Un par de minutos después, una pareja entró a la sala y se acomodó a la mitad de la sala. Casi enseguida, entraron un par de chicas, que se posicionaron cuatro filas más abajo que ella. Las luces disminuyeron su intensidad y los comerciales comenzaron a ser proyectados, soltó un nuevo suspiro y sacó su barra de chocolate para darle un pequeño mordisco.
En eso estaba, cuando observó como otra persona más, ingresaba a la sala. Su corazón dio un vuelco y las mariposas en su estomago regresaron. Era un hombre sumamente atractivo, mucho más de lo que le parecía que estaba permitido. Clavó sus orbes chocolate en el sujeto y se obligó a respirar.
Aquel hombre era alto, de facciones finas y bien marcadas. Cabello cobrizo y ligeramente despeinado, lo que a ella le pareció que le daba un toque sumamente sexy. La piel del extraño era pálida y -a simple vista- sumamente suave, tanto que al instante sintió ganas de acariciarla, o al menos la que estaba a la vista, ya que por el traje que vestía, le era imposible ver más allá. El hombre continuó subiendo las escaleras y por una fracción de segundo, sus ojos se encontraron. Fue entonces cuando ella se dio cuenta de lo hermosos que eran los orbes de aquel extraño, de un color esmeralda brillante, profundos e intimidantes como la noche; un pequeño escalofrío la recorrió por completo y sintió como si con una sola mirada, él pudiese leer hasta el más recóndito de sus pensamientos.
Desvió la mirada y observó de soslayo, como el sujeto se sentaba en la última fila del lado izquierdo, casi a la mitad. Se mordió su labio inferior y regresó la vista a la pantalla, dejó su chocolate de lado y trató de tranquilizarse. No deseaba reparar en la presencia de aquel hombre, así que puso toda su atención en lo que estaban proyectando.
Una vez que los comerciales terminaron, las luces del lugar se apagaron por completo y la película inició. Le dio un sorbo a su café y recargó su cabeza en el asiento, el cual se reclinó levemente al instante. Durante el transcurso de la película, se olvidó de todo, incluso del día en el que estaba viviendo. La trama era realmente intensa e interesante, mucho más de lo que había pensado. Sabía que era una película erótica, pero jamás se imaginó que fuese tan… explicita.
Su respiración era totalmente errática, sus mejillas ardían y estaba segura de que su parte más intima, palpitaba ansiosa. El calor que todo su cuerpo estaba sintiendo, era tal, que se vio en la necesidad de quitarse la chamarra y dejarla en el asiento de al lado. Cruzó las piernas para tratar de desaparecer la palpitación que su sexo presentaba, y le dio otro sorbo a su café. Tomó una gran bocanada de aire y despegó por unos segundos la vista de la pantalla, para pasearla por la sala. Contuvo el aire, al ver a la pareja que se hallaba a la mitad de la sala, besarse y acariciarse como si la vida se les fuese en ello. Se sonrojó aún más, y soltó el aire que estaba conteniendo, solo para quedarse de piedra, al ver a las chicas que estaban un poco más abajo, hacer unas cosas no tan decentes.
Dios… mío…
Cerró los ojos y trató de recuperar el aire que acababa de perder. Su sexo palpitaba con mucha más fuerza, y por más que apretara las piernas, eso no desaparecía. Abrió los ojos y los fijó en la pantalla; justo en ese momento la pareja principal se estaba despojando de la ropa lentamente, el protagonista tomó por la cintura a su chica, y la dejó sobre la encimera, en la cocina, para después bajarle las bragas lentamente y dejarla totalmente expuesta a él.
Sintió como su cuerpo comenzaba a perlarse de sudor. Se mordió el labio con fuerza y al no poder contenerse más, se acomodó bien en su asiento e infiltró la mano derecha por debajo de su falda. Tenía la vista fija en la pantalla y trató de imaginarse que ella era la protagonista. Deslizó su mano con suavidad por sus muslos, hasta llegar a su intimidad; ahogó un gemido al sentir lo húmeda que estaba. Movió ligeramente sus bragas y rozó sus labios vaginales con sus dedos, la sensación era increíblemente placentera. Así que introdujo un dedo y mordió con más fuerza su labio. Con su mano libre bajó su blusa, la cual era tipo strapless, dejando expuestos sus senos, ya que no llevaba sostén. Y procedió a acariciar sus pezones, los cuales ya estaban muy erectos.
Introdujo un segundo dedo y ahogó un nuevo gemido, sus ojos aún estaban fijos en la pantalla, pero ya no estaba tan conciente de lo que veía. Lo único que su mente registraba, era que necesitaba sentir más. Por lo tanto, continuó bombeando su interior con gran habilidad, como si fuese una experta. Pellizcó sus pezones, estrujó sus senos y unos segundos más tarde, el orgasmo la golpeó. Fue hasta ese momento que se dio cuenta de lo errática que era su respiración, pasó su lengua por sus labios secos e intentó recuperar el aire que le hacía falta. Sacó su mano de sus bragas y se acomodó la blusa. Tomó la servilleta que venía con su vaso, y se limpió la mano, para después darle un gran sorbo a su café.
Un nuevo escalofrío la recorrió, se sentía observada. Pasó su vista por las parejas de abajo y ninguna parecía haberle prestado atención, tragó saliva y giró su cabeza lentamente para observar a aquel hombre que le había quitado el aliento. Sus ojos se abrieron como platos, en cuanto sus orbes quedaron sobre él.
Aquel extraño la miraba fijamente, sus ojos parecían haber pasado de esmeraldas a negros, y una pequeña sonrisa adornaba sus perfectos labios. Pero no solo eso, en su mano derecha, reposaba una gran erección, la cual parecía reclamar por un poco de atención. La mujer se mordió el labio con fuerza —nuevamente—, y lejos de sentirse cohibida ó asustada por la expresión de aquel hombre, algo en ella se encendió.
Aún con su café en mano, y sin apartar la vista de él, tomó el popote y lo llenó de crema batida, para después ponerlo a la altura de su boca y deslizar su lengua lentamente por la superficie, para retirar la cremosa sustancia. No deseaba pensar en si lo que hacía estaba bien ó mal, lo único que quería era… disfrutar del momento.
El hombre de cabellos cobrizos observó lo que ella hacía con su lengua, y su excitación aumentó. Todo el autocontrol que estaba teniendo, estaba apunto de irse por la borda. Deseaba poder hundirse dentro de aquella desconocida, que lo tenía más que excitado. Pasó su lengua por sus labios, al ver como ella repetía la anterior acción, de chupar el popote con crema batida.
¡Diablos, realmente necesitaba hacerla suya!
Ahora más que nunca, le parecía la mujer más sensual, sexy y hermosa que jamás había tendido la fortuna de ver. Pero sobre todo, la más desinhibida y ardiente. Por lo tanto, en un par de segundos que ella pareció regresar la vista a la pantalla, se puso de pie y caminó hasta sentarse a un costado de ella.
La mujer, al sentir la presencia de aquel hombre, sintió como una oleada de deseo la invadía. Miró de soslayo la erección que estaba completamente expuesta y a su merced, y se pasó la lengua por los labios. No sabía exactamente el porque de sus reacciones, pero a esas alturas, ya no le importaba. El sujeto la tomó del brazo, y sin borrar la altanera sonrisa de sus labios, la obligó a ponerse de rodillas delante de él, en un rápido movimiento.
La chica volvió a pasar su lengua por sus labios, colocó ambas manos en los muslos de aquel extraño y procedió a introducirse de golpe aquello que tenía delante de su rostro. Comenzó a enroscar su lengua en el pene que palpitaba dentro de su boca y succionó con fuerza, el hombre enredó su mano izquierda en la cabellera castaña de la chica y se mordió el labio para tratar de ahogar sus gemidos. Lo que esa mujer le estaba haciendo sentir en esos momentos, era algo fuera de ese mundo, sencillamente indescriptible. Ella posó sus orbes sobre los oscuros de él, y sonrió. Sacó el pene de su boca y lo mordió ligeramente en la punta, ante lo placentero de la sensación, él la obligó a volver a metérselo todo de una vez en la boca. Lo sintió llegar hasta su garganta y trató de no ahogarse, y un par de segundos más tarde, comenzó a marcar el ritmo de las chupadas. El hombre de cabellos cobrizos, la observaba con los ojos entrecerrados y trataba de no gemir. Le dio un vistazo a la sala y corroboró que nadie les prestaba atención, ya que todos estaban sumidos en sus propios idilios; y antes de regresar la vista en la mujer que le estaba dando el mejor sexo oral de su vida, posó sus ojos en la pantalla. Y distinguió como el protagonista le estaba haciendo lo inverso, a lo que él estaba recibiendo, a su compañera.
Quizá lo haga… pensó al tiempo en que apretaba el cabello de la chica.
La mujer deslizó su mano derecha hacia los testículos y los estrujó, un pequeño gemido escapó de sus bocas. El orgasmo estaba por llegar, así que ella succionó con más fuerza, hasta que él logró explotar dentro de su boca, y como si se tratase de alguna bebida refrescante, lo bebió todo sin dejar nada. Sonrió al ver la expresión del sujeto y sacó el pene de su boca, para después volver a sentarse en su asiento, cerró los ojos y se dedicó a recuperar el aire que sus pulmones le pedían a gritos. Una vez que se sintió un poco más tranquila, abrió los ojos y se dio cuenta de que el hombre ya no estaba. Giró la cabeza para buscarlo en la última fila, pero tampoco lo halló, por lo que resopló frustrada.
Tomó su café y se lo terminó, en tanto trataba de comprender lo que pasaba en la película. Y diez minutos después, la proyección terminó y todo el mundo comenzó a salir de la sala. Se terminó su chocolate y tiró la basura al bote más cercano. Mientras caminaba por el pasillo que daba hacía el lobby, se dedicó a mirar los pósters de los próximos estrenos, por lo que aminoró su paso.
Justo cuando pasaba frente a la puerta de la sala numero siete, sintió como alguien la jalaba al interior de la misma. Trató de decir algo, pero sus ojos se toparon con unos que hace no mucho, había visto y que ya tenía más que memorizados en su mente, así que guardó silencio. Y de nuevo, su sangre comenzó a hervir como lava ardiente; aquel hombre lograba encenderla de manera inmediata.
Mientras sus ojos lo miraban con intensidad, sus demás sentidos se dieron cuenta de que estaban en una sala, donde se proyectaba una película. Lo que significaba, que había personas dentro. Pero antes de si quiera pensar en decir algo, el dueño de los ojos esmeraldas la recargó contra la pared del pequeño pasillo y adentró la mano derecha por debajo de la falda, para después arrancar de un tirón las bragas -más que húmedas- de la chica.
Ella soltó un gemido y se mordió el labio, lo observó sonreír y lo siguiente que supo fue que sus piernas estaban enroscadas en la cintura del sujeto y que estaba siendo embestida con fuerza. Enterró sus manos en los brazos del hombre y mordió con más fuerza su labio. Las estocadas que estaba recibiendo eran duras, fuertes y precisas; sentía el enorme pene invadir su estrecha cavidad y causar una deliciosa fricción entre ambos. La situación le parecía maravillosamente excitante, casi como un sueño ó una fantasía. Estaba ahí, con aquel perfecto y hermoso hombre, teniendo sexo en un pasillo oscuro, dentro de una sala repleta de personas; definitivamente, placentero.
Un par de minutos más tarde, la estocada final llegó y el preciado orgasmo los golpeó a ambos. Sus cuerpos estaban sudorosos, logrando que la ropa se les pegara al cuerpo. El sujeto salió de ella y la colocó en el piso, se acomodó el pantalón sin dejar de verla y una vez que estuvo listo, salió de la sala dejándola sola. Ella dejó de morderse el labio y se alisó la falda, tomó una gran bocanada de aire y se encaminó al baño, el cual estaba un par de puertas más adelante.
Una vez dentro, caminó al lavamanos y abrió el grifo para poder mojarse la frente y el cuello. El agua fría en contraste con su piel caliente, la relajó levemente. Soltó un suspiro y cerró el grifo, para después acomodar su cabello. Observó su reflejo y se dio cuenta de lo rojos e hinchados que estaban sus labios, especialmente donde ella se había estado mordiendo. Se mojó los labios y se regaló una sonrisa. Tomó su bolso, su chamarra y salió hacia la entrada principal.
La calle estaba muy oscura, puesto que ya pasaban de las once de la noche. Pensó en colocarse la chamarra, pero su calor interno más el calor externo, se lo impedían, así que caminó al borde de la acera para tomar un taxi. Soltó un pequeño suspiro y esperó, observó las calles —prácticamente— vacías, y su miedo regresó. Odiaba estar sola y de noche, fuera de su casa, le parecía un lugar sumamente tétrico.
Entrecerró los ojos y se dio cuenta que un taxi se acercaba, estaba tan atenta en no perder de vista su objetivo, que no asimiló a tiempo que un automóvil gris se detenía justo frente a ella, hasta que sintió como la miraban con intensidad. Trató de ver quien estaba en el interior del vehículo, pero dado a que los cristales eran polarizados, no logró ver nada. En un instante la puerta del copiloto se abrió y dejó ver al perfecto hombre de cabellos cobrizos.
La intención era clara, lo sopesó dos segundos, y aceptó. Después de todo, no es como si ella hiciese algo como eso todos los días, simplemente aquel día era diferente.
¡Feliz cumpleaños número veintisiete!... exclamó mentalmente, al tiempo en que se acomodaba en el asiento del copiloto.
Cerró la puerta y el hombre arrancó a toda velocidad. Desde el primer momento en que la vio, supo que deseaba hundirse en ella; pero ahora que ya lo había hecho, descubrió que ansiaba poder hacerlo por toda la noche. La mujer lo observó sonreír de lado y tomó una gran bocanada de aire para decidirse a hablar, se moría por saber un par de cosas de él.
—Y… ¿Cómo debo llamarte? —preguntó tratando de que su voz sonara firme.
—Edward.

Al escuchar su voz, sintió como se excitaba nuevamente. Le parecía la voz más sensual que jamás hubiese escuchado, fría y con un toque de arrogancia y elegancia, más que perfecta.
—Bella —le dijo a modo de contra respuesta. Se obligó a mirar por la ventanilla y una nueva pregunta acudió a su mente—. ¿A dónde iremos?
—¿Importa? —y ella se repitió la pregunta mentalmente, ¿De verdad importaba a dónde irían?
—Pues…
—Iremos a mí departamento —contestó tajantemente, esperando que la chica dejara de hablar. Le apetecía mucho más tener su boca ocupada en otros… asuntos.
—¿Vives solo? —el hombre la miró de soslayo y rodó los ojos. ¿A caso no se callaría nunca?
—No. Pero ella no está, regresa mañana.
Lejos de molestarle lo que acababa de escuchar, se le hacía una situación bastante excitante. Talvez es el gusto por lo prohibido… se dijo a modo de consuelo.
Por el resto del camino no dijo nada más, sabía que entre menos supiera sobre aquel sujeto, era mucho mejor para ambos. Aún con la vista fija en el exterior, se dio cuenta de que conocía el barrio. El auto se adentró a un aparcamiento y se detuvo en un lugar en especifico, el sujeto apagó el motor y sacó las llaves, para después salir de auto. La mujer lo imitó y alisó su falda, el hecho de andar sin bragas la ponía un tanto ansiosa.
Caminaron al elevador y se subieron, el hombre presionó uno de los botones y las puertas se cerraron. El deseo se sentía en el aire, pero ambos optaron por esperar hasta estar completamente solos. Las puertas se abrieron nuevamente y el sujeto caminó hasta su puerta, sacó sus llaves y abrió la puerta. La chica se adentró y trató de acostumbrar a sus ojos a la oscuridad que reinaba.
Edward cerró la puerta y tomó a la chica del brazo para hacer que se girara, quedando así frente a ella. Bella contuvo la respiración, cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba de probar esos finos labios. Sin romper el contacto visual, sus labios se encontraron y se amoldaron a la perfección, él mordió el labio inferior de la chica y adentró su lengua. Su sabor le parecía embriagante, que era justo lo que pensaba ella. Sus lenguas se rozaron con ferocidad, en tanto sus cuerpos se frotaban instintivamente, el calor era tal, que deseaban poder arrancar la ropa del otro para no perder más el tiempo.
El aire comenzó a faltarles, así que se vieron en la necesidad de separarse, él la tomó de la mano y la guió a la habitación. Una vez ahí ella cerró la puerta, no era necesaria la luz, ya que la que irradiaba la luna se filtraba por el gran ventanal. Observó la foto que reposaba sobre el tocador, y sintió un toque de nostalgia, en ella aparecía un Edward unos diez años más joven y abrazaba con amor a una chica que parecía muy feliz.
Sonrió ligeramente y volvió a posar su vista en él. Le pidió que no se moviera y le regaló una sonrisa; él entrecerró los ojos, pero se dejó hacer. Bella comenzó a despojarlo de la ropa lentamente, le quitó la camisa y la tiró a un lado, para después acariciar y besar el perfecto torso que tenía frente a ella. Bajó sus manos y desabrochó el pantalón, para después bajarlo junto con el boxer. Edward sacó ambas piernas y aventó las prendas a un costado, en tanto Bella observaba con gran interés el cuerpo desnudo que tenía enfrente.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó con arrogancia.
—Claro.
Colocó sus manos en su perfecto torso y lo empujó levemente para que éste se sentara en el borde de la cama. Se quitó las zapatillas que traía y prosiguió a deshacerse de su ropa; se sacó la blusa lentamente, dejando sus pechos expuestos y frente al chico, que parecía querer devorarlos. Se mordió el labio y se acarició los pezones sensualmente, de tal manera que cierta parte de la anatomía de Edward parecía más que lista para la acción. Deslizó sus manos por su estomago hasta llegar a su cintura y bajó el cierre de la falda, para después dejarla caer, quedando así, completamente desnuda y lista para él.
Edward esbozó una pequeña sonrisa y se puso de pie, la tomó del brazo izquierdo y con fuerza la aventó a la cama. Bella se acomodó y sintió como sus fluidos comenzaban a escurrir ante lo excitada que estaba. Él se subió a la cama y la hizo flexionar sus rodillas, para tener un mejor acceso a su parte más intima. Acarició sus piernas e internó su cabeza en el centro de la mujer, estaba tan caliente y tan mojada, que su erección palpitaba con fuerza. Pasó su lengua por el exterior logrando que Bella soltara un fuerte gemido, y que se mojara aún más. Sonrió ante la reacción de la chica y adentró su lengua, la mujer de cabellos castaños agarró con fuerza las cobijas y se retorció de placer, era la sensación más increíble del mundo, y le encantaba. Edward mordió su clítoris y prosiguió a explorar todo a su paso, con su lengua. Los gemidos de Bella se fueron intensificando y sus paredes vaginales se fueron contrayendo, Edward acarició sus piernas y la mordió nuevamente, logrando que ella tocara el cielo. Se bebió hasta la última gota de los fluidos y se incorporó levemente. El pecho de la chica subía y bajaba, y un ligero sonrojo adornaba sus mejillas.
Se posicionó sobre ella y estrujó su seno derecho con fuerza, mientras que su boca ya se hallaba mordiendo el pezón izquierdo. Bella enterró sus manos en el sedoso cabello cobrizo y lo incitó a continuar. Edward mordió, succionó, y lamió cada parte de los senos de la mujer. Parecía como si fuese la primera vez que hacía algo como eso, su lengua se enroscaba y saboreaba todo a su paso. Bella sentía que no podía sentir más, ansiaba poder sentirlo dentro de sí una vez más, así que lo jaló del cabello y lo besó con fuerza, en tanto restregaba su sexo con el del chico.
Mientras sus lenguas se saboreaban, Edward se hundió en Bella con tal fuerza, que la hizo romper el beso y enterrar sus uñas en su espalda. El pequeño dolor que experimentó lo excitó más, y sin perder tiempo, llevó su boca al cuello de la mujer para mordisquearlo. Los senos de Bella rozaban su pecho con cada embestida, la fricción y el placer que estaban sintiendo era el mejor de sus vidas.
La mujer sentía que estaba a punto de volver a tocar el cielo, así que enredó sus piernas en la cintura del Edward y se dedicó a disfrutar. Y un momento más tarde, el orgasmo los golpeó con intensidad.
Edward —gritó repleta de placer, en tanto el mordía su hombro fuertemente.
Ambos cerraron los ojos y guardaron silencio, dejando únicamente escuchar sus respiraciones agitadas. Edward salió de ella y se recostó a su lado, necesitaba unos momentos de tranquilidad para poder reponer las fuerzas que estaba seguro, necesitaría por un rato más.
Y así continuaron unas horas más, entregándose a la pasión que sentían, dejándose consumir por el deseo que los abrazaba con brutalidad. Dejándolos conocer y saborear, sensaciones nuevas y excitantes, que los dejaba sin aliento.
—o—o—o—
El pequeño reloj que reposaba sobre el buró, que se hallaba a un costado de la cama, comenzó a emitir un molesto y fuerte sonido que logró sacar a ambos del mundo de los sueños. Edward estiró la mano y apagó el horrible ruido, en tanto Bella se tallaba los ojos y bostezaba.
En cuanto sus ojos chocolate hicieron contacto con la luz del sol, soltó un pequeño quejido, odiaba los lunes y odiaba tener que levantarse temprano. Se incorporó y observó a Edward mirarla con diversión.
—¿Qué es tan divertido? —preguntó seria.
—La marca que te quedó en el hombro izquierdo.
Bella bajó la vista y observó la mancha rojiza, que tenía la marca de unos dientes. Bufó y se puso de pie.
—¿Baño para dos? —preguntó él sin perder vista de la figura que tenía delante.
—Claro —contestó caminando hacia la pequeña puerta del baño—. Pero si me vuelves a dejar una marca como esta —dijo señalando su hombro—, tendrás que dormir en el piso una semana.
—No prometo nada.

Se puso de pie y sacó un par de toallas de uno de los cajones del armario. Caminó hacía la puerta del baño y se detuvo a observar la foto que reposaba en el tocador; aquella donde aparecía él y la mujer que más amaba —y la que era su esposa—.
En aquella época apenas tenían unas semanas de novios, y sin embargo ya estaba completamente seguro, que la mujer de la foto sería suya por toda la vida. Amaba esa sonrisa sincera y esos ojos chocolates que irradiaban tranquilidad.
—Lo del cine fue buena idea —le dijo sin dejar de ver la foto. Bella asomó su cabeza por la puerta del baño y sonrió al verlo.
—Te lo dije —contestó—. Mis fantasías siempre son mejores que las tuyas…
—Tendremos que repetirlo —comentó camino al baño.
—Como cada semana…
No importaba que llevaran diez años juntos, ni que fuesen marido y mujer. Siempre buscaban reinventarse, para que su amor continuara encendido tanto ó más que el día que se hicieron novios. Amaban poder llevar a cabo sus fantasías y tratarse como un par de desconocidos, con tal de hacer más excitante el momento.
—Quizá la siguiente vez debamos hacerlo en un restaurante.
—Edward —lo llamó.
—¿Si?
—Feliz cumpleaños.

* FIN *
El amor es el poder iniciador de la vida; la pasión, posibilita su permanencia.
(Anónimo)
¡Hola!
Me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

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