miércoles, 6 de junio de 2012

La mejor de mis experiencias

¡Hola! Aquí les dejo un oneshot, que espero sea de su agrado.
Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
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Advertencia: Esta historia es totalmente erótica, así que si a alguien le desagrada el lemon, le informo que mejor se abstenga de leer. Sobre advertencia, no hay engaño.
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LA MEJOR DE MIS EXPERIENCIAS
By Tsukisaku

Bella Pov.

Observé el reloj que colgaba en la pared y fruncí el ceño. Llevaba cerca de cinco horas esperando a que Edward se dignara a salir de su despacho, y nada. Ni si quiera se molestaba en mandarme un estúpido mensaje para decirme que tardaría más, ¡como me enfurece! Iría a buscarlo yo misma, pero probablemente me reñiría por salir tan tarde, sola. ¡Ja! Ni que fuera una niña pequeña de la cual debe cuidar.

Apagué el televisor y bufé. Necesito un buen polvo para disipar la furia que siento, y ya que el señor Cullen no se ha dignado a llegar…

Una excelente idea cruzó mi mente, pasé mi lengua por mis labios y esbocé una gran sonrisa. Me puse de pie y corrí a mi armario para sacar aquella prenda que Alice me regaló hacía unas semanas, asegurando que con eso volvería loco a mi esposo. Me lo puse y después, sin atreverme si quiera a verme en el espejo, corrí a la cocina y tomé algunas de las cosas que necesitaría para llevar a cabo la mitad de mi plan. Una vez que acomodé la mayor parte de las cosas en la mesita de noche, encendí un par de velas aromáticas por los lugares más estratégicos de la habitación y me tumbé de vuelta en la cama.


Tomé el teléfono y observé los números como si realmente no estuviesen ahí, el corazón me latía a toda velocidad y mi estomago parecía estar siendo invadido por miles de mariposas. Me sorprendía en demasía lo mucho que me seguía poniendo nerviosa Edward, era justo como cuando lo conocí, o como cuando nos hicimos novios. Mi corazón amenazaba con salirse de mi pecho y las manos comenzaban a sudarme. Respiré con profundidad y tecleé los números de su línea privada.

—¿Qué pasa, amor? —fue lo primero que preguntó en cuanto atendió la llamada. No me extrañaba que supiese que era yo, ya que pasaba de la media noche y era la única que le hablaba cuando salía tarde de la oficina.

¿Qué pasa? —repetí con un toque de sarcasmo—. Edward; pasa, que ya es medianoche, y prometiste volver temprano.

—Lo sé, Bella —se escuchó un ligero sonido y aposté a que se estaba recargando en su enorme sofá—. Pero mañana por la tarde tengo éste caso importante y quiero asegurarme de que no se me escape nada.

—Claro —bufé—, siempre es lo mismo, pero tú esposa –ósea yo–, necesita un poco de tu atención también.

—Amor —repuso en un tono suave—, prometo que en una hora ya estaré ahí, de verdad.

—Para cuando ya estés aquí, estaré dormida y te habrás perdido toda la diversión.

—¿Diversión?

Sonreí ampliamente. Ya que mi esposo no está cerca para satisfacer a su mujer, me veo en la obligación de hacerle ver de todo lo que se está perdiendo.

—Si —murmuré.

—¿Podrías explicarte mejor?

—Por supuesto —asentí. Tomé una gran bocanada de aire y cerré los ojos—. Déjeme informarle señor Cullen, que su esposa, la dulce y tierna: Bella, decidió ponerse un revelador baby doll negro de encajes, de esos que ella odia usar porque casi no cubren nada. Y además, está comenzando a darse placer a sí misma.

Escuché como su respiración se volvía más densa, se aclaró la garganta y esperó un par de segundos antes de hablar.

—¿Estás…? —dejó la pregunta en el aire y sonreí.

—Justo ahora, estoy acostada en nuestra fría y solitaria cama, y acaricio mis senos de manera suave —murmuré con la voz más sexy que pude y tratando por todos los medios de no comenzar a tartamudear. Mis mejillas ardían y estaba segura que las manos ya me sudaban.

—Bella —murmuró con la voz ronca—. Me estás excitando nena, y ahora tendré que castigarte por distraerme de mi trabajo.

El escucharlo decir eso logró que me humedeciera, de repente lo imaginé dándome duro y haciéndome gemir de placer.

—¿Y cómo planeas hacerlo? —pregunté con una sonrisa.

—Más tarde lo verás —contestó con cierto toque de alegría—. ¿De que más me estoy perdiendo?

—Estoy jugueteando con mis pezones, mm… están tan erectos y mi centro palpita con tanta fuerza —comencé a narrarle mientras hacía lo que decía.

—Casi puedo sentirlo, cariño —agregó con voz ronca—. Ahora imagina que paso mi lengua por encima de esas redondeces que tanto me vuelven loco.

Solté un gemido al visualizarlo y me humedecí más.

—Me encanta —gemí excitada. Esto me estaba gustando, así que coloqué el altavoz y continué dándome placer.

—Estás tan húmeda cariño —gimió.

Llevé la mano derecha a mi centro y gemí a modo de respuesta, estaba más que lista y necesitaba mucha atención en esa parte de mi cuerpo. Introduje mi mano y me acaricié pensando en Edward.

—Eso es… tócate para mí —pidió—. Introduce dos de tus dedos, y déjame escuchar tus gemidos…

Hice exacto lo que pidió y gemí con fuerza, el escuchar su sexy voz ordenándome cosas sucias, me prendía mucho más de lo que jamás imaginé. Estaba tan ensimismada en lo que hacía, que de repente fue como si él mismo estuviese reemplazando mis dedos por los suyos, al tiempo en que estrujaba con fuerza mis senos.

—Música para mis oídos —susurró—. ¡Dios, Isabella, estoy tan duro que necesito de tu caliente coño justo ahora!

—Casi puedo sentirte dentro de mí —pasé mi lengua por mis labios y aceleré los movimientos de mi mano—. Edward.

—Vente para mí cariño, déjame sentir tus jugos mojar mi polla —mordí mi labio con fuerza y sentí como todo mi cuerpo se aceleraba y se contraía al instante. Gemí con fuerza y exploté—. Buena chica…

—Tú erección es tan perfecta —susurré—, creo que también necesita algo de mi atención.

—No sabes cuanto.

—Acaríciate —ordené—, imagina que mi lengua te está dando placer.

Escuché un par de ruidillos y lo visualicé liberando su dolorosa erección. Mientras él hacía eso, volví a pellizcar mis pezones y a acariciar mi centro. Debo decir que nunca en la vida me había masturbado de ésta manera y me gusta.

—Quiero hundirme en tú boca —gimió.

—Lo haces cariño —mordí mi labio—, tú pene palpita tan fuerte y está tan duro…

Ambos gemimos y pellizqué mi clítoris, una corriente eléctrica me recorrió por completo y mi respiración se aceleró.

—Tan maravillosa como siempre —gruñó extasiado de placer—. Lo haces tan bien… que no podré aguantar más.

—Déjame probarte —aceleré mis movimientos y me retorcí en la cama.

—Hmm… Bella —gimió.

—Edward —grité ante mi segundo orgasmo. Esperé por unos segundos a recuperar la respiración por completo, estaba toda sudorosa y ardía, necesitaba a mi esposo y lo necesitaba ¡ya!

—Whoa —lo escuché hablar de repente—. Bella esto ha sido…

—Magnifico —completé.

—Llegaré en diez minutos —aseguró—, y te daré tan duro que rogarás piedad.

Sus palabras me excitaron nuevamente y gemí.

—Esperaré ansiosa —le dije y corté la llamada.

Todavía no me terminaba de creer lo que acabábamos de hacer, nunca habíamos hecho algo parecido, ni si quiera cuando solo éramos un par de adolescentes lujuriosos. Creo que esto de reinventarse en el matrimonio y probar cosas nuevas, es lo mejor que nos ésta pasando. No digo que el sexo con Edward sea malo o rutinario, todo lo contario, pero ahora es… mucho mejor. Sencillamente no tengo palabras para describirlo.

Me levanté de la cama y caminé a mi tocador para tomar mi perfume y ponerme un poco más. La habitación –a pesar del aroma de las velas–, ya tenía un ligero olor a sexo… o quizá solo soy yo, y la excitación que recorre cada parte de mis venas. Me retoqué los labios, con ese brillo que sabe a fresa, y le sonreí a mi reflejo antes de volver a la cama.

Cerré los ojos y dejé que la música que tenía de fondo me relajara. Estaba ansiosa por que Edward llegara a casa, lo necesitaba con urgencia. Anhelaba sentir sus manos acariciando cada parte de mi cuerpo: mis brazos, mis senos, mis piernas, mi trasero, mi… ¡todo!

Sin pensarlo dos veces, volví a llevar mis manos a mis senos y recordé lo que hacía unos minutos acababa de pasar. Él y yo, al teléfono, teniendo un orgasmo. Rápidamente sentí la humedad en mi tanga y gemí por lo bajo, mis pezones estaban completamente erectos y mi respiración ya era errática. Continué jugando con las puntas de mis montes, cuando escuché como azotaban la puerta de la entrada y sonreí. Le di una ojeada veloz al reloj y tan solo habían transcurrido siete minutos. ¡Siete!

Imagino que mi dulce esposo debe estar tan ansioso como yo.

—Así que divirtiéndote sin mí —aseguró con la voz ronca. Clavé mis orbes chocolates en él y sonreí.

—Eso fue rápido.

—Es que hay alguien, que necesita ser castigada.

Gemí al escucharlo y la humedad entre mis piernas se incrementó. Mordí mi labio y me preparé para una gran sesión de sexo.

—o—o—o—
Edward Pov.
En cuanto corté la llamada, me puse de pie, tomé los documentos del caso para guardarlos en mi portafolio y salí corriendo de la oficina. El solo hecho de imaginar a mi mujer… usando lencería que deja muy poco a la imaginación, y masturbándose para mí por teléfono… es sexy. Estoy todo excitado y duro, y eso que me dio la oportunidad de tener uno de mis mejores orgasmos, pensando en ella.

Salí del edificio y me subí al auto para después ponerlo en marcha, y manejar a toda velocidad hasta mi departamento, el cual –por suerte– ésta muy cerca. No me importó respetar ni un solo semáforo, o alguna de las leyes de transito, lo único que ocupaba mi mente era llegar a mi casa a hacerle el amor a mi mujer… tan duro, que pedirá piedad.

No sé exactamente cuantos minutos me tomó llegar, pero lo hice, y con un bulto entre las piernas que palpitaba ansioso. Abrí la puerta del departamento y azoté la puerta, aventé el portafolio en el sofá, así como el saco. Me encaminé a la habitación al tiempo en que me deshacía de la estorbosa corbata, cuando abrí la puerta, me inundó un peculiar aroma a: lavanda y fresas, con un toque de… ¿chocolate?

Tiré la corbata al piso y me quedé de piedra al ver a Bella. Santísima mierda. Era como un ángel, estaba toda sexy sobre la cama. Vestía una lencería de color negro, toda semitransparente que me dejaba ver sus pechos y sus erectos pezones… parte de su estomago y la sexy tanga negra que llevaba. Mi pene se endureció y mi corazón aceleró su paso. Bella tenía las mejillas sonrojadas, mordía su labio como de costumbre y se tocaba. Dios. ¡Se estaba tocando!

Era la cosa más sexy que jamás había tenido la fortuna de ver. En todos los años que llevamos juntos, jamás hicimos algo como lo de hoy, y era ardientemente placentero. ¡Dios! Ahora sé porque amo tanto a ésta mujer.

—Así que divirtiéndote sin mí —le dije con la voz cargada de deseo. Ella me miró y mi polla se endureció más, ente su mirada lujuriosa. Me observaba como si fuese un trozo de carne al que deseaba devorar, lo que no sabe, es que la comida será ella. 

—Eso fue rápido.

—Es que hay alguien, que necesita ser castigada.

Pasó su lengua por sus labios y sonreí, justo de la forma en la que a ella le gusta. Desabotoné mi camisa y la tiré al piso, para que dos segundos después, mi pantalón terminara en el mismo sitio. Le di una ojeada a la habitación y sonreí; había velas por todas partes y en la mesita de noche se hallaban unos alimentos perfectos para mi plan.

Me acerqué a ella y el aroma de su sexo golpeó mis fosas nasales. Casi podía saborear su humedad, ella gateó sobre la cama hasta mí y colocó sus manos en mi pecho. Sin perder un solo segundo, atrapé sus labios entre los míos. Dios. Estaba caliente, de verdad, y además, sabían a fresa. Apreté su cintura para pegarla más a mí y ella ahogó un gemido. Mordí su labio inferior y me separé de ella.

—Castigarte será mi deleite… —murmuré cerca de sus labios. La empujé sobre le cama, hasta que quedó recostada acaricié y estrujé su cuerpo sin miramientos, besé su cuello, sus pechos, su estomago y sus piernas. Realmente la lencería es lo suyo—. Creo que mañana surtiré todo un guarda ropa de lencería, para que los modeles para mí.

—Me encantará hacerlo —murmuró excitada.

Necesitaba ver su cuerpo y saborearlo.

—Que bien, porque éste, ya pasó a la historia —gruñí al tiempo en que lo arrancaba de su piel. Estaba demasiado excitado, como para tener cuidado de no romper su ropa.

—Edward.

Sus mejillas se colorearon aún más y sonreí. La besé en los labios y estrujé sus senos con fuerza, era algo que me fascinaba hacer. La dejé respirar y estiré la mano para tomar un par de cosas que estaban sobre la mesa de noche. Me acomodé a la altura de sus piernas y agité el contenedor de crema batida. Sus ojos brillaron de emoción y procedí a colocar pequeñas porciones de crema sobre su piel. Alrededor de sus senos, entre ellos, en sus pezones, en su estomago, en su vientre, en sus piernas y por último, en sus labios, donde también coloqué una pequeña cereza.

Mi pene palpitó y se endureció ante la visión. Ojala y tuviese una cámara para poder plasmar éste momento para siempre.

Me fui hasta sus muslos y comencé a pasar mi lengua. En los lugares donde tenía crema, enterraba mis dientes y succionaba con más fuerza, sabía que quizá le dejaría marcas pero ¿Qué importaba?, después de todo es mí esposa. Fui acariciando su piel libre, mientras mi boca se ocupaba de chupar y morder. El aroma de su excitación comenzó a incrementarse y gruñí de placer. Miré de soslayo y pude corroborar lo mojada que estaba, sus piernas chorreaban sus fluidos, justo como una perfecta cascada. Cuando subí hacia su vientre, mordí sus labios vaginales y ella gimió fuertemente. Dejé una de mis manos ahí, mientras mi boca continuaba subiendo.

—El más delicioso de los manjares —murmuré cuando llegué a sus perfectos montes. Succioné, mordí y saboreé, hasta dejarlos rojos. Cuando llegué a su cuello, introduje dos dedos en su lindo coño y ella intentó no tragarse la cereza que puse en su boca. De acuerdo, quizá era un poco desconsiderado, pero era un castigo después de todo ¿no?

Cuando llegué a sus labios, mucha de la crema ya no estaba, pero no importaba… igual era la mejor de las delicias. Le quité la cereza y la mastiqué, para después besarla y lograr que la saboreara conmigo. Introduje un tercer dedo en su interior y continué bombeándola, su lengua rozó la mía y sus dedos se enterraron en mi cabello. Mi dulce Bella comenzó a estremecerse y retiré mis dedos.

—¿Por qué te detienes? —masculló con e ceño fruncido.

—Es un castigo, ¿recuerdas? —le dije al tiempo en que me quitaba el boxer—. No te correrás hasta que yo lo diga.

Hizo un gracioso puchero y volví a colocarme sobre ella. Rocé mi falo en su entrada y se restregó ansiosa.

—No seré amable —le advertí con la voz ronca.

—No quiero que lo seas.

Volví a unir mis labios a los suyos y la penetré con fuerza. Su estrecho coño me dio la bienvenida y gemí. Mierda. Estaba tan mojada, que hundirse en ella era lo más fácil del mundo. Aferré mis manos a su cintura, con más fuerza de la usual, y comencé a moverme. Entraba y salía, fuerte y duro.

—Más —gimió.

E hice lo que me pidió. La envestí con tanta fuerza que sentí que podía llegar a lo más profundo de su ser, mantuve los ojos en ella y me deleité con lo que veía. Sus muecas de placer son las mejores del mundo. Me incliné un poco para atrapar uno de sus senos y ella se curveó para darme un mejor acceso. Inmediatamente mordí su pezón y en respuesta, ella enterró sus uñas en mi espalda. No dolió, pero logró excitarme más. Mientras me ocupaba de succionar su redondez, ella envolvió sus piernas en mi cintura e intentó pegarse más a mí.

—Mierda —mascullé contra su piel.

Aceleré mis movimientos y sentí como su coño comenzaba a retraerse en mi falo. Bella cerró sus ojos y mordió su labio.

—Permíteme —le dije sustituyendo sus dientes por los míos—. Aún no te puedes venir cariño, no hasta que yo lo diga.

Disminuí mis movimientos y la acaricié con rudeza. Sabía que era una tortura, pero no más de la que pasé al escucharla acariciarse por teléfono. Acaricié su lengua y cada parte de su boca.

—Por favor —gimió desesperada.

—¿Qué?

—Más rápido.

Sonreí y deposité un corto beso en sus labios. Me separé unos centímetros y la miré con diversión.

—Toca tus senos para mí —ordené—. Hazlo y te daré tu liberación.

Clavó sus orbes chocolates en mí y esbozó una sonrisa. Llevó sus manos a sus montes y jugó con sus pezones, aceleré mis movimientos, era sumamente sexy. Estaba por explotar, así que no lo retrasé más y la llené de mi semilla.

—Ahora, vente para mí.

Dejó de tocarse y explotó sin ninguna dificultad. Mi cuerpo se estremeció al sentirla y me derrumbé sobre su, perfecto y sudado cuerpo.

—Dios —murmuré contra su oído—. Ha sido…

—Perfecto —completó ella. Besó mi hombro y soltó un suspiro—. Y tenemos que…

—Repetirlo, sin duda.

Salí de ella y me tumbé a su lado. Ella me besó de la manera más dulce del mundo y esbozó una sonrisa.
—Mi turno —puntualizó—. Es hora de probar… ese manjar.
Al escucharla hablar así… no pude más que ponerme duro de nuevo. Dios. Como amo a mi esposa.

Definitivamente es… la mejor de mis experiencias.

* Fin *
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El amor es el poder iniciador de la vida; la pasión posibilita su permanencia.
(Anónimo)
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—o—o—o—
¡Hola!
Un saludo a todos. Me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

3 comentarios:

  1. Wow, lo amé. Es una lástima que te hayas salido de FF... yo soy de allá, mi nombre de usuario es Sevrla Masen Pattinson Cullen, adoré tu historia, hasta luego y nos leemos.

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  2. ohh si estuvo salvaje sin duda alguna yo tamb lamento ke te aigas salido de ff xk yo igual soy de alli y Dios lo ame me encanto de verdad aunque unpoco molesto x el msj ke te sale en la pagina web de blog protegido dime km puedo quitarlo !!!!

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    Respuestas
    1. ¡Hola!
      Me alegra que te gustara :)
      Sé que puede ser molesto, pero lo tengo
      por protección u_u lo siento.
      La manera más fácil, es deslizarse con las
      barras principales.
      Saludos.

      Eliminar