miércoles, 6 de junio de 2012

I Love Playing Whit Fire

Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
En éste OS, utilizaré un fragmento de la canción… I love playing with fire de Joan Jet.
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I LOVE PLAYING WITH FIRE

By Tsukisaku


—¿A dónde mierda me llevas? —le pregunté a Tanya, quien me estaba –prácticamente– arrastrando por uno de los pasillos, pero que casualmente no llevaba a la habitación que siempre usamos como “camerino”.

—Ya lo verás, Bells —contestó sin siquiera molestarse en dedicarme una mirada. Fruncí el ceño y bufé, ¿Por qué siempre me trataban como se les venía en gana?, se supone que soy la líder y deberían de tratarme con un poco de respeto. Perra.

Unos cuantos pasos más y abrió la puerta del comedor, todo estaba en penumbras, la única luz que parecía iluminar el lugar, provenía del centro de una de las mesas. Entrecerré los ojos e intenté que mi mente captara lo que sucedía.

—¿Pero qué…?

Mi pregunta se quedó en el aire, al escuchar el grito a coro proveniente de las escandalosas de mis amigas.

—¡Feliz Cumpleaños!

¿Cumpleaños?... ¿Es… mi cumpleaños?

Agh, ¿esa mierda es hoy?

—Quita la cara de pendeja que traes y apaga las velas, antes de que arruinen el pastel —la voz de Rosalie llegó a mis oídos y rodé los ojos. Me incliné levemente para soplarle a las velas y en cuanto se apagaron, la luz general se encendió. Parpadeé un par de veces debido al cambio de luz, y miré por el rabillo del ojo a todas las presentes. Ahí estaban: Rosalie, Alice y Tanya, observándome con una estúpida mueca en el rostro. Fijé la vista en la mesa frente a mí y sonreí inevitablemente, había un pastel pequeño de chocolate, cigarrillos y muchas cervezas.

—¿A quién se le ocurrió, esto? —pregunté fingiendo seriedad absoluta.

—Eso depende, ¿te gusta o no? —preguntó Alice, al tiempo en que destapaba unas cuantas cervezas—. Porque si no te gusta, fue idea de Rosalie…

—Eres una pequeña perra —gruñó la rubia—. Además, fue idea exclusivamente tuya.

—Está bien, tampoco me molesta tanto —bufé, antes de que esas dos comenzaran una batalla campal—. Sé que lo hacen con buena intención, pero saben que odio ésta fecha, así que si lo vuelven a hacer… las dejaré tan calvas, que tendrán que usar pelucas el resto de su vida.

—Exageras —murmuró Tanya—, no comprendo porque odias tú cumpleaños.

—Es simple —respondí—. Odio envejecer. Y no planeo festejar el día en que es oficial, que soy un año más vieja.

—Estás cumpliendo dieciocho, no treinta —bufó Rosalie—. Además, acabamos de entrar a la universidad y por fin ya no vivimos en nuestras casas.

Un escalofrío me recorrió por completo al escuchar los años que cumplía, tomé uno de los cigarros, saqué mi encendedor y lo encendí.

—Si, si, como sea —gruñí. Claro que amaba la idea de vivir en un dormitorio, lejos de mi casa y de mis padres, sin nadie que me molestara a cada momento. Pero sobre todo, amaba a mi nuevo compañero de habitación.

—Exagerada —corearon las otras tres y les enseñé el dedo medio. En ocasiones como hoy, me pregunto porque mierda son mis amigas.

Alice cortó el pastel en varios trozos y los colocó en servilletas, sonreí y negué con la cabeza. Pueden ser unas perras, pero son mis perras. Se preocupan a su manera de mí y siempre están cuando las necesito, además de que son mis compañeras. Tomé el pedazo de chocolate y le di un gran mordisco.

—Por cierto, amo la nueva canción —comentó Alice, mientras comía de su pastel—. Adoro la genialidad que tienes para componer.

—Gracias —contesté, antes de darle un gran sorbo a mi bebida. Sabía que se preguntaban de donde mierda me había inspirado para componer esa canción, pero no podía decirles, aún no.

Mi móvil vibró dentro del bolcillo de mi pantalón, lo saqué y mordí mi labio al ver de quien se trataba.

—Me tengo que ir —anuncié, me terminé mi cerveza y dejé el envase vacío sobre la mesa—; nos veremos ésta noche.

—Coges bien, para que después no estés de amargada —gritó Tanya. Rodé los ojos y le pinté el dedo, claro que lo haría, pero ella no tenía porque saberlo. Salí del comedor y corrí por el pasillo para llegar de regreso al escenario, guardé mi guitarra y me encaminé a la salida.

En cuanto salí, el sol dio de lleno en mi rostro y gemí por lo bajo. Amaba sentir el sol en mi piel, me coloqué los lentes oscuros y emprendí mi camino de regreso a mi dormitorio, ya que al parecer me esperaba algo realmente bueno. Sujeté con fuerza el estuche y sonreí de lado, hoy definitivamente era un día especial, pero no por las mierdas que mis amigas dicen. Si no porque exactamente hace cuatro años, conocí al hombre más complaciente, que más multi orgasmos me ha regalado, que es un maldito dios griego y que es completamente mío. Él me ha permitido realizar todas y cada una de las fantasías que idea mi loca cabeza, así como yo también lo he complacido en todas las que me ha pedido. Somos un perfecto equipo en el arte del sexo, nos compenetramos tan bien, que es imposible no desear más y más. Hemos hecho de todo, incluso participamos en una orgía una vez… admito que fue raro, pero con saber que él estaba ahí, fue suficiente para alcanzar mi cielo personal.

Divisé la puerta del edificio y apresuré mi paso, en cuanto ingresé a la estancia principal, una fría brisa logró que toda mi piel se enchinara por completo. Me metí al ascensor y presioné el botón del último piso, comencé a tararear la nueva canción y me excité. Esa canción explicaba muy bien mi situación con… él. Las puertas se abrieron y saqué mi llave, abrí la puerta del dormitorio y me topé con una oscuridad total.

—No enciendas la luz —su voz llegó a mis oídos y me limité a cerrar la puerta—. Ven a la habitación.

Dejé la guitarra en el sofá y caminé con mucho cuidado hacia mi cuarto, estaba por abrir la puerta, cuando sentí como mis ojos eran cubiertos con algún tipo de tela.

—¿Qué...?

—El día de hoy, me dedicaré a consentirte —susurró a mi oído, al tiempo en que sus brazos se enroscaban en mi cintura. Aún no hacíamos nada y ya me sentía toda mojada; depositó un cortó beso en mi cuello y me empujó levemente al interior de la habitación. Decidí que era mejor no decir nada, después de todo, quiero saber todo lo que tiene preparado para mí.

Mientras caminaba por la estancia, identifiqué un particular aroma a menta. Había música muy bajita y se sentía cierta calidez. Escuché como se abría otra puerta y supuse que ahora estaríamos entrando al baño, la puerta se cerró segundos después y un aroma a lavanda me golpeó.

—Primero… un baño, para que estés más fresca.

Mordí mi labio y dejé que retirara mi ropa con lentitud. Mi centro ya palpitaba como loco y ansiaba ser tocado como se merecía, intenté buscar un poco de roce, pero él no lo permitió. Un par de minutos más tarde, estuve completamente desnuda delante de él, me tomó de la mano y me ayudó a entrar a la tina de baño. El agua rápidamente mojó mi cuerpo y gemí por lo bajo, adoraba que el agua estuviese caliente. Solté un pequeño suspiro y disfruté un poco de la sensación. Continué escuchando ruidos, y supuse que estaría preparando la esponja o una cosa parecida. Un par de segundos después, sentí como el agua subía de nivel y como algo rozaba mis piernas.

Coloqué mis manos en la tina y me reacomodé, podía sentirlo del otro lado, y eso me disgustaba un poco. ¿Por qué mierda no venía y me besaba, o me tocaba, o algo?

Rápidamente tomó mi pierna derecha y comenzó a masajear mi pie, me removí un poco debido a las cosquillas, pero no me quejé. No usaba una esponja, eran sus lindas y perfectas manos. Gemí por lo bajo y pasé mi lengua por mis labios.

—Relájate.

Su voz me erizó la piel y asentí. Sus manos continuaron masajeando mi pie un poco más, hasta que tomó el otro y repitió la misma acción. Demonios, eso se sentía tan malditamente bien, que solo podía dedicarme a disfrutar. Mi día había sido realmente agotador y un buen masaje lo estaba mejorando considerablemente. El roce se terminó y tomó nuevamente mi pierna derecha para deslizar sus hábiles manos sobre todo lo demás, mi pantorrilla le estaba muy agradecida. Continuó haciendo eso en la otra pierna y en mis muslos, estaba tan excitada, que si él no me tocaba o algo, estaba a punto de hacerlo yo misma. Su piel dejó de hacer contacto con la mía unos segundos, y cuando volvió a tocarme, ésta vez ya no eran sus manos, si no una esponja. Fruncí el ceño y bufé llena de frustración.

—Calma… hay tiempo para todo.

Volví a bufar y la excitación se esfumó. Ahora estaba molesta. La esponja pasó varias veces por mi centro y sus alrededores, continuó subiendo por mi vientre y fue retirada. De acuerdo, ahora me sentía como un bebé a la que bañan con sumo cuidado. El agua volvió a cambiar de nivel y deduje que ya estaría sola en esa tina, la esponja volvió a atacar mi cuerpo, desde mi estomago. Solté un suspiro y decidí no quejarme, después de todo, él se estaba esforzando en lo que hacía.

Unos minutos más tarde, la esponja terminó de recorrer mi cuerpo y el tapón de la tina fue retirado. Me ayudó a ponerme de pie y retiró la venda de los ojos, con la clara advertencia de que no los abriera porque podría entrarles jabón. Asentí con la cabeza y el agua de la regadera golpeó mi piel, dejé que mi cabello y mi rostro fuesen lavados y que sus manos acariciaran descaradamente mi cuerpo. El agua dejó de caer y sentí como mi cuerpo era cubierto por una toalla.

—¿Por qué mierda no puedo abrir los ojos?, después de todo, no puedo ver lo que hay en la habitación… genio.

—Lo sé, pero estar así, incrementa la sensibilidad de todos tus sentidos… genio, así que deja de quejarte.

Bufé.

Secó mi rostro y mis ojos fueron cubiertos nuevamente. Me guió a la habitación e hizo que me sentara en el pequeño banco que tengo frente a mi tocador. Segundos después, comenzó a cepillar mi cabello… ahora realmente me siento como una niña pequeña. Cuando terminó, me guió a la cama y retiró la toalla de mi cuerpo, me ayudó a recostarme y se alejó. Tomé una gran bocanada de aire y sentí una extraña sensación, el aroma a menta siempre me provocaba divertidos escalofríos. Un momento después, sentí como tomaba ambas manos y las pasaba por encima de mi cabeza, una fina tela pasó por mis muñecas y rápidamente me vi atada a la cama. Mordí mi labio y la excitación se hizo presente nuevamente.

¡Mierda, realmente amaba cuando me hacía todo lo que se le daba la gana!

Se colocó sobre mí y una descarga eléctrica me recorrió al sentir su piel desnuda. Depositó un corto beso en mis labios y mordió mi labio inferior, para después abandonarlos sin piedad.

—Nada de besos por ahora —dijo justo antes de que replicara molesta.

—Te odio —mascullé.

—No es cierto, me amas.

Su estúpido tono de diversión hizo que me excitara, tiene razón el bastardo, lo amo.

Su boca se apoderó de uno de mis pezones y comenzó a succionarlo con tanta avidez, que el aire abandonó mis pulmones, mi corazón aceleró su paso y mis manos se aferraron a uno de los barrotes de la cama. Demonios, desearía poder tocarlo todo lo que me dé la gana. Su lengua es tan malditamente escurridiza, que siempre me deja completamente satisfecha, sus dientes mordisquearon mi piel y gemí. No podía sentir sus manos, y eso me frustraba, debería estar toqueteándome. Me removí inquieta en busca de más contacto y entonces él se separó levemente para soplar sobre mi pezón. Un nuevo escalofrío me recorrió y no comprendí porque, lo escuché hacer tomar y dejar algo sobre la mesa de noche y atacó mi otro pezón. Su boca estaba caliente, de verdad caliente, pero era más por el hecho de que parece estar bebiendo algo a punto de ebullición. Mientras su boca chupaba mi seno, el otro pezón aún conservaba esa sensación de frialdad… de ¿frescura?... un gemido me sacó de mis pensamientos e intenté recordarme respirar.

El mismo escalofrío y la misma sensación de frialdad, quedó plasmado en mí otro pezón, en cuanto su boca dejó de lamer. Se deslizó un poco más abajo y repartió besos por mi abdomen, lamió mi ombligo y continuó bajando, su boca rozó los alrededores de mi centro y gemí.

—Quieta —lo escuché decir, antes de que volviese a alejarse para hacer algo que no logré comprender. Cuando regresó, mordió uno de mis labios vaginales y volví a percibir la sensación de algo muy caliente. Sopló en esa área y gemí. Comenzó a pasar su lengua y a morder, sabía que estaba más lubricada que nada, el muy idiota solo ha estado jugando conmigo y me tiene más que excitada.

—Mierda —mascullé, justo cuando sentí como me penetraba con su lengua.

—Eres tan deliciosa…

Abrí la boca para ver si así podía jalar más aire. Intenté zafarme del agarre, pero mis esfuerzos fueron en vano, ansiaba poder enredar mis dedos en ese perfecto cabello y hundir su cabeza mucho más entre mis piernas. Elevé un poco la pelvis y gemí tan fuerte, que me quedé sin aire nuevamente. Estaba por llegar, lo sabía, él continuó mordiendo y lamiendo tan fuerte, que unos segundos bastaron para que explotara. Su lengua limpió hasta la última gota y se alejó, dejándome de nueva cuenta con esa sensación de frialdad.

Escuché el ruido de dos cristales chocar, como cuando uno deja una taza sobre un plato y después sentí como retiraba la venda de mis ojos. Parpadeé unas cuantas veces y no logré ver nada más allá de dos preciosas piedras verdes, observándome con diversión. Pasé mi lengua por mis labios y él eliminó la distancia que nos separaba, para estampar su boca contra la mía. Saboreé y mordí sus labios, me llegaba un ligero sabor a… ¿menta?, cuando succioné su lengua con fuerza, me di cuenta que estaba en lo cierto, su boca sabía a menta. Envolví mi lengua con la suya y comprendí el porqué cuando él me había estado chupando cada parte de mi piel y se alejaba, me quedaba esa sensación de frescura. Todo era por la menta.

Moví mis manos y él rompió el beso.

—Aún no puedes tocar, nena.

—Maldito.

Me regaló una de esas sonrisas que tanto me deslumbran y se puso de pie. Y con solo verlo, me excité de nuevo. El idiota de mi novio es de esos hombres que parecen un maldito dios griego. Es tan putamente atractivo, que podría observarlo toda la vida, y no me cansaría nunca. Es poseedor de unos ojos color verde esmeralda, que van adornados por unas espesas pestañas y rasgos de súper modelo; con una mirada y parece que puede saber todo lo que estás pensando. Siempre me es tan fácil perderme en ellos, que me doy pena. Su cabello es tan perfecto, que siempre quiero tener mis dedos enrollados en él; es de un extraño color cobrizo brillante y siempre está despeinado de forma sexy. Sus facciones son finas, pero completamente bien marcadas; pómulos malditamente perfectos, así como su nariz, labios, dientes y barbilla. Y su cuerpo no se queda atrás, sus músculos están bien marcados, debido a toda la actividad física que realiza. No hay parte de su cuerpo que no luzca putamente excelsa. Cada que lo miro completamente desnudo, no me puedo creer que ese pedazo de hombre sea mío… y de nadie más. Es inteligente, divertido, arriesgado, condescendiente, romántico en ocasiones, caballeroso, coqueto, algo idiota y muy, pero muy sexy.

—Feliz aniversario —dijo mientras me mostraba una botella de vino y una charola con fresas.

Edward y yo nos conocimos hace cuatro años exactamente. Era mi cumpleaños número catorce y las chicas habían logrado arrastrarme a un lugar tipo bar, que tenía karaoke. El sueño de mi vida siempre ha sido tener una banda, así que por lo tanto, me encantaba cantar y todo lo relacionado con la música. El lugar no era muy adecuado para nosotras, pero Rosalie que es la mayor por un año, se había encargado de sobornar al de la entrada para asegurar nuestro ingreso. Yo siempre he sido el tipo de chica que ama hacer cosas indebidas, así que no me opuse. Después de un par de horas y algunas cervezas… me topé en la pista de baile con ese sueño de hombre, me parecía que estaba teniendo alucinaciones porque era imposible que un hombre tan atractivo, realmente existiese. Pero después de algunos bailes, unas palabras y unos cuantos besos, supe que deseaba tener algo mucho más con él. No importaba que fuese tres años más grande que yo, ni que quizá nunca lo volviese a ver en la vida, lo único que me interesaba era llegar hasta la última de las consecuencias con ese hombre.

Consecuencias, que aún no llegan.

Edward me levantó levemente, para después repartir varias de las fresas en mi abdomen e incluso cerca de mi centro. Sirvió el vino en una copa y me dio a probar un poco, era de alguna clase de frutas, no era nada fuerte pero sabía bien. Sin previo aviso, lo alejó de mi boca y lo derramo sobre mi… mis senos y mi estomago, se vieron llenos del líquido. Una nueva sonrisa adornó su rostro y se acomodó para comenzar a lamer, morder, chupar y comer lo que estaba a su paso. Todo mi cuerpo parecía estar vibrando de emoción, no importaba cuantas veces hubiese hecho algo parecido, siempre mi cuerpo reaccionaba como si fuese la primera. Ya estaba toda mojada, y eso que aún ni se acercaba a mi camino feliz.

—¡Dios! —un gemido salió de mi boca, cuando sentí como mordía el inicio de mi monte—. De verdad quiero tocarte —lloriqueé.

—Lo siento, ésta ocasión solo te dedicarás a sentir —murmuró cerca de mi –ya muy mojado– centro—. Después haremos todo lo que tú quieras.

—¿Lo que yo quiera? —pregunté sonriente.

—Cualquier cosa.

—Te arrepentirás de haber dicho eso —le advertí, el me mordió en respuesta y gemí. Tenía una sola cosa en mente desde hacía unos meses, y me parece que hoy será la noche ideal para cumplirlo.
Observé el reloj de mi móvil y sonreí. La hora estaba cerca, muy cerca.

Tenía aproximadamente veinte minutos en el lugar, las chicas y yo afinábamos los detalles para comenzar la presentación de hoy. Teníamos poco más de un año tocando en éste local, lo cual era genial, porque nos divertíamos, había cerveza gratis, hacíamos lo que más nos gustaba y además nos pagaban por ello.

—Veo que si cogiste bien —me dijo Tanya, desde el otro lado del escenario.

—¿Qué? —todas soltaron una risita y rodé los ojos.

—Tú sonrisa está más estúpida de lo normal.

—Pendeja —les pinté el dedo y las ignoré. Me coloqué mi guitarra e intenté repasar mentalmente las notas, podía escuchar el bullicio de las personas y eso me hacía estar ansiosa. Tanya y Alice se colocaron, la guitarra y el bajo, respectivamente, mientras que Rosalie tomó sus baquetas. Todas estábamos listas para salir a escena, únicamente esperábamos que nos presentaran y podríamos sentir la adrenalina recorrer nuestros cuerpos.

La única segunda cosa que lograba excitarme, era precisamente esto: cantar y tocar la guitarra en un escenario.

En cuanto nos dieron entrada, subimos al escenario y comenzamos a tocar. Las personas estaban todas eufóricas y nos incitaban a echarle más ganas, amaba eso. Lo amaba. 

Mientras pasaba el tiempo, mis ojos no podían dejar de ver al idiota de mi novio. Como siempre, se hallaba cerca de la barra, con una cerveza en la mano y con alguna zorra a su alrededor. Me encantaba ver que las tontas se le insinuaran, después de todo, la respuesta siempre era la misma y eso era divertido. Moví mis ojos un poco más a la derecha y casi me caigo de bruces, al ver a un tipo casi idéntico a Edward. Solo que éste, parecía tener mi edad o quizá menos… era alto, de buenas facciones, muy parecidas a las de mi novio, e incluso su cabello era parecido. Si no llevara alcohol en mis venas, podría jurar que estoy viendo al Edward de hace cuatro años. El tipo me regaló una sonrisa y mordí mi labio. Definitivamente quizá deba dejar de beber… ¿o debería hacerlo con más frecuencia?

Cuando terminó nuestro primer turno, bajamos del escenario y prácticamente empujé a medio mundo para poder llegar hacia donde se hallaba el desconocido. Me paré delante de él y lo observé a los ojos, solté el aire de golpe y sonreí levemente. Sus ojos no eran verdes, eran de un color miel extraño, quizá ámbar… y su cabello era más rojizo, que cobrizo… pero eso no interesaba, él estaba muy bueno.

—¿Se te perdió algo? —preguntó con esa estúpida sonrisa en el rostro.

—¿Cuántos años tienes? —lo cuestioné evadiendo su pregunta anterior.

—¿Además de cantante, eres policía? —se burló, para después darle un gran sorbo a su bebida, endurecí mi mirada y esperé a que respondiera—. Diecisiete, ¿feliz?

Deslicé un dedo por sus labios y medité un par de segundos lo que estaba por hacer. El tipo no está nada mal y Edward dijo que cumpliría lo que yo quisiera.

Perfecto.

Jalé al chico y estampé mis labios con los de él, sabía a cerveza barata y aún así, estaban deliciosos. Aferré mis manos en el cuello de su camisa y lo acerqué más a mí, el parecía responder con efusividad, hasta que me separó de él y me observó con un brillo que yo conocía bastante bien, en los ojos.

—Esto no está bien, yo tengo novia y…

—¿Tú novia te provoca los mejores orgasmos de tu vida? —pregunté a centímetros de su boca.

—¿Eso ofreces?

—Ofrezco un trío… ¿te interesa? —mordí mi labio para darle un toque más sensual. Me observó por un largo rato y le quité su cerveza de la mano—. Si te interesa, sabrás donde encontrarme.

Me alejé de él, para acercarme a Edward, quité a la zorra que pretendía mostrarle todo a mi novio y lo besé con fiereza. Su lengua le dio la bienvenida a la mía, en tanto la mano que tenía libre acariciaba mi trasero.

—¿Quién es el imbécil, al que le metiste la lengua a la garganta? —me preguntó en el oído.

—Es como una imitación barata  y sexy de ti —respondí. Mordí el lóbulo de su oreja y abrí la boca para volver a hablar—. Y los quiero a los dos... ahora.

Se alejó de mí y entrecerró los ojos. Le sonreí y lo reté a negarse, sabía que no podía y lo sabía porque yo le había permitido estar con dos chicas a la vez. Esbozó esa sonrisa que tanto amo, y me besó. Unos minutos después, dejamos los envases sobre la barra y lo arrastré a la bodega que siempre utilizábamos. En cuanto estuvimos adentro, lo estampé contra la pared y volví a devorar sus labios, en tanto lo despojaba de su playera. Sus manos apretaron mí trasero e hicieron que sintiera su creciente erección. Estaba por tocar su piel, cuando sentí como me jalaban y me giraban, entonces unos nuevos labios me dieron la bienvenida. Sus manos comenzaron a deslizar el cierre de mi blusa, en tanto Edward hacía lo mismo con mi falda. Con movimientos torpes, desabotoné la camisa del desconocido y la deslicé por sus hombros. Su boca se alejó de mis labios y se lanzó a atacar mi cuello, pasé mis manos por su torso y sonreí, no estaba tan bien formado como el de mi novio, pero no estaba nada mal. Era casi como vivir mi primera experiencia, nuevamente. Y su piel tampoco era tan pálida, pero eso no lo hacía menos atractivo.

Edward mordió mi espalda y coló una de sus manos en mi tanga, la cual ya estaba tan mojada, que se podría exprimir y sin ningún problema escurrirían mis líquidos. Los labios del otro chico bajaron hasta el nacimiento de mis senos y mordió justo ahí, gemí fuertemente y me aferré a su espalda. Su boca atrapó uno de mis pezones y mi corazón dio un vuelco; el mar de sensaciones que estaba experimentando era único, definitivamente no había palabras para describir lo que estaba sintiendo. Entonces fue el turno de Edward de girarme y atrapar mis labios entre sus dientes, automáticamente bajé mis manos a su erección y sonreí al corroborar que ya no llevaba los pantalones. Bajé su bóxer y rocé con la yema de mis dedos la punta de su falo… mierda, estaba tan caliente y tan listo para mí, que ya no podría soportar un minuto más sin tenerlo dentro de mí. El desconocido llevó sus manos a mi centro, al tiempo en que pegaba su cuerpo a mi espalda, gemí tan fuerte al sentir que él tampoco llevaba ya sus pantalones, que sentí que estaba por tener un orgasmo. Ambos frotaron sus penes en mí y sentí como explotaba de placer. Edward mordió mis labios y llegué por completo. Me separé un poco de ambos y me puse de rodillas, deseaba poder probarlos a ambos antes de que se hundieran en mí.

Llevé cada una de mis manos a sus penes y los escuché gemir. Pasé mi lengua por el de mi novio y mordí la punta, para después repetir la acción con el del desconocido. Engullí ese falo, mientras que mi mano masturbaba a Edward, ambos gemían y yo me recordaba respirar. Era buena con los orales, no por nada mi novio siempre estaba satisfecho. Unos segundos después, cambie y engullí el falo de Edward, mierda, de verdad es tan grande que casi no me cabe todo en la boca. Cada uno de ellos acarició mi cabello y lo que podían tocar de mí… unos segundos después, ambos explotaron. Me puse de pie y besé al otro chico, haciendo que probara parte de los fluidos de mi novio. Sus manos acariciaron mis pechos, mientras que podía sentir como Edward acariciaba mi centro y besaba mi espalda.

Acaricié, mordí, lamí y succioné todo lo que estuvo a mi paso, estaba tan caliente, que sentí que moriría de alguna clase de combustión espontanea. Ambos estaban magníficos, aunque en definitiva, Edward era el que llevaba todas las de ganar. En el instante en el que ambos me penetraron, agradecí que la música estuviese tan fuerte, o de lo contrario, me hubiesen escuchado gritar por toda la manzana. El desconocido me sujetaba con firmeza por detrás, mientras que mi novio lo hacía por delante. Ellos –al igual que yo–, mordieron, chuparon, lamieron y acariciaron, todo lo que se les dio la gana, y realmente no pude estar más agradecida por ello. El chico llegó primero y unos segundos después, lo acompañamos al nirvana.

Nos separamos e intenté recuperar la respiración, el clon barato de mi novio, se visitó y me agradeció con una mirada. Me coloqué la falda y la blusa con rapidez; cuando me giré para ver a Edward tenía esa mirada de… amor y deseo.

—¿Lo disfrutaste? —me preguntó con esa puta y sexy voz que posee.

—Mucho.

—Me alegro —murmuró al tiempo en que se acercaba a mí—. Porque jamás volverá a pasar algo parecido… lo mío es mío y no lo toca nadie más… a menos que ese alguien, desee morir.

—¿Disculpa? —pregunté mientras enredaba las manos en su cabello—. Esa frase es mía, y te prohíbo robarla.

—¿Estamos a mano?

—Por supuesto que sí, ahora ya sabes lo que yo sentí en tú cumpleaños —murmuré antes de besarlo.

—Te amo —murmuró después de que nos separamos para respirar.

—Yo más.

Nos separamos y salimos de la bodega, ya era hora de que regresara al escenario y todavía tenía ganas de beber una cerveza antes. Le di otro beso rápido y me alejé de él, las chicas tenían esa estúpida sonrisa y bufé.

—No hay nada que contar —las corté antes de que si quiera pensaran en abrir la boca. Le robé su cerveza a Alice y me la bebí completamente.

La música se apagó y llegó nuestro turno, me coloqué mi guitarra y seguí a las chicas al escenario. Me coloqué delante del micrófono y le di una mirada rápida a Edward… el siempre conseguía que la edad no me pesara tanto, digo, después de todo es mayor y eso me hace sentir más joven. Sobre todo cuando hace toda clase de locuras, con tal de complacerme. Deslicé mis dedos por las cuerdas de la guitarra y me dispuse a cantar…

The way you shake me is really hot… (La forma en que me sacudes es realmente ardiente)
You know how to use what you got… (Sabes cómo usar lo que tienes)
 You got me going and I can’t stand still… (Me tienes y no puedo estar quieta)
My arms are dying to hold ya tight… (Mis brazos están muriendo al abrazarte fuerte)
You’re my little dark dynamite you know… (Eres mi pequeña oscura dinamita, lo sabes)
 I love playing with fire… (Amo jugar con fuego)
And I don’t wanna get burned… (Y yo no me quemaré)
I love playing with fire… (Amo jugar con fuego)
And I don’t think I’ll ever learn… (Y creo que nunca aprenderé)
—o—o—o—

Fin 

El amor es el poder iniciador de la vida; la pasión posibilita su permanencia.

(Anónimo)
—o—o—o—

Bueno, me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

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