jueves, 28 de junio de 2012

IJ Cap1

¡Hola! Aquí les traigo una nueva historia que espero les guste.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
En este capitulo, tanto Sakura como Sasuke narrarán, espero y no sea confuso.
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IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS
By Tsukisaku
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EL CASTIGO
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¡Una reverenda estupidez!
¡Eso es lo que es! ¿Cómo es posible que mis padres decidan que es mejor mandarme a miles de kilómetros de la casa, sólo por una "pequeña equivocación"?
Participar en carreras de autos clandestinas no es tan grave… ó ¿si?
Sólo se es joven una vez y mis padres pretenden que yo me quede encerrado en la casa y me enfrasque en los estudios. Y ahora gracias a eso me van a trasladar a la ciudad de Tokio, para que estudie en la Todai.
—¿Me estás escuchando? —preguntó nuevamente mi padre con seriedad absoluta.
—Si —musité de mala gana. La verdad es que el castigo que estaba planeando aplicarme era realmente extremista.
—Entonces no hay más que decir, mañana a primera hora partirás a Tokio; y espero que con eso aprendas el valor de la responsabilidad y quizá madurez un poco —su tono de voz no cambio ni un poco.
—Yo soy responsable —aseguré con seriedad. La verdad es que si lo era, aunque no lo pareciera.
—Sasuke —comenzó mi madre—. ¿Acaso crees que involucrarte con varias mujeres y arriesgar tú vida en carreras de autos "clandestinamente secretas", indica que eres responsable? —preguntó con el mismo tono de voz que mi padre, pero con un toque de preocupación. Quizá tenga un poco de razón… solté un pequeño suspiro.
—Diciéndolo de esa manera, haces que suene terrible —tal vez la contestación no era la mejor del mundo pero era en esencia lo que pensaba.
—No vamos a continuar discutiendo contigo —volvió a decir mi padre—. Irás a Tokio e ingresaras a la Todai —hizo una pequeña pausa y respiró profundamente—. Además… espero que consigas un empleo —¿Escuché bien?
—¿Un empleo para qué? —cuestioné entrecerrando los ojos. Esperaba que fuera una broma ya que el dinero no nos hacía falta. Mi padre es uno de los empresarios más reconocidos del país, por lo tanto el dinero nunca ha sido un problema.
—Si te crees lo suficientemente responsable, como para participar en esas carreras… creo que entonces podrás conseguir un empleo para mantenerte —contestó con dureza—. Sasuke, tienes diecinueve años, y espero que comprendas que el dinero no se obtiene con la facilidad que tú piensas —cerré mis manos con fuerza. Esto definitivamente no me estaba agradando en lo más mínimo.
—¿Y porqué Itachi…? —mi pregunta se quedó en el aire, pues mi padre me interrumpió.

—Porque Itachi mejoró, es cierto que era peor que tú, pero ahora de cierta manera es más responsable —contestó observándome fijamente. Sopesé mis posibilidades monetarias, entonces una pequeña sonrisa se formó en mis labios—. ¡Ah! Y ni creas que él te prestara dinero… ya le he avisado que tiene prohibido hacerlo —tal vez no debí sonreír tan pronto. Es todo un fastidio que mi hermano ya se haya "reformado", creo que el amor lo ha vuelto débil.
—Espero que alguna vez comprendas que hacemos esto por tú bien —comentó mi madre con su tono de voz maternal y dulce—. Te queremos y deseamos lo mejor para ti —sus palabras lograron hacerme sentir un poco culpable. Decidí no decir nada más, me giré y salí tranquilamente de la estancia. No podía decir que estuviera de acuerdo con su decisión, pero viéndole el lado bueno, así ya no estarán sobre mí todo el tiempo.
Entré a mi habitación, puse un poco de música y saqué mi maleta para guardar mis cosas. ¡Que humillación! Ahora todo el mundo sabrá que el hijo menor del prestigioso presidente de las empresas Uchiha, es un desterrado y que además tendrá que trabajar en quien sabe donde para sobrevivir.
¡Es todo una…! ¡Un momento!... Se me ocurre algo muy interesante.
En cuanto los primeros rayos del sol iluminaron mi habitación, supe que era hora de partir. Llevaba despierto casi dos horas, así que no me fue difícil ponerme de pie; tomé mis cosas y me encaminé a la planta baja donde ya me esperaban mis padres.
No dije ni una sola palabra, pues deseaba que mi silencio los hiciera sentir un poco mal por lo que me estaban haciendo. Durante el camino al aeropuerto no dijeron ni una sola palabra; aunque una vez que estuvimos ahí, balbucearon cosas como: "Esperamos que te comportes", "Recuerda que te queremos mucho", "No cometas imprudencias" y otras cosas que no significaron mucho para mí. Lo único que me levantó un poco el ánimo, fue el saber que mi padre mandaría mi amado convertible conmigo. Cuando llegó la hora de despedirnos le dí un beso en la frente a mi madre y desaparecí de ahí.
¿Qué clase de vida me espera en esa universidad?
—o—o—o—
¡Esto si que es una locura!
—¡Por favor, por favor, por favor! —ya me conocía todas sus tácticas de convencimiento, y sabía que con esto estaba por lograr lo que se proponía.
—Bien —bufó aquella mujer con un poco de exasperación—. Pero le aviso que no habrá cambio alguno después de éste, ¿Comprende señorita Yamanaka?
—Lo comprendo muy bien señora Terada. Le agradezco de todo corazón por su ayuda—. ¡Ya era un hecho! La cerda se salió con la suya.
—Y lo mismo va para usted señorita Haruno; le comunico que no habrá más cambios por este año —asentí con la cabeza, realmente esperando que mi nueva compañera de habitación no fuera una clase de psicópata. Ino le agradeció una vez más a la señora Terada, la cual es la encargada de administrar los dormitorios escolares y salimos camino a la cafetería del campus.
—¡Hay que felicidad, espera a que se lo cuente a Gaara! —exclamó con una de sus grandes sonrisas al tiempo en que me abrazaba con fuerza.
—Cerda no… puedo… respirar —le dije casi en un murmullo, mi amiga podía ser a veces un poco efusiva. Ino ha sido mi mejor amiga desde preescolar, siempre me ha apoyado y ha estado conmigo en los momentos más difíciles de mi vida. Somos tan diferentes, que a veces las personas nos preguntan porque somos tan unidas. Y es que ella es como una muñeca; tiene un cabello rubio muy hermoso, ojos azules muy brillantes, su piel es muy blanca tanto como la mía, y tiene un talento innato para la moda… aunque yo más bien lo llamaría una obsesión. Es alegre, bastante terca y mandona… todo lo contrario a mí; ya que yo soy muy normal.
Soy un tanto más reservada y menos… expresiva ó algo así; no me apasiona la moda, no tengo un novio que parece modelo, y sobre todo, no tengo mucha vida social.
—¡Muchas gracias frentona! —me dijo sin borrar un centímetro de su gran sonrisa—. ¡Te debo una!
—Sólo espero que mi nueva compañera sea normal —comenté sin mucho ánimo. La verdad es que la idea de compartir mi espacio vital con una desconocida, no era algo que me animara mucho.
—Se que me vas a extrañar, pero ten en cuenta que mi relación estaba en juego —me dijo de manera dramática, tan sólo me límite a rodar los ojos—. ¡Aún no sé como se atrevieron a ponerle a Gaara una mujer como compañera de habitación!
—No seas tan exagerada Ino, sabes que Gaara no tiene ojos para nadie más —le dije con tranquilidad.
—Lo sé… además tengo la certeza de que será grandioso para todos —comentó sonriendo de nuevo.
Cuando llegamos al pie de los edificios destinados a los dormitorios, nos separamos, ella planeaba contarle a su novio la gran noticia, mientras que yo debía acomodar mis cosas. El semestre estaba por comenzar, por lo tanto acababa de llegar a la ciudad luego de pasar parte de mis vacaciones en Konoha.
Siempre era la misma historia. Pasar mis vacaciones en Konoha con mis padres y luego regresar a la escuela.
Abrí la puerta de mi dormitorio y solté un suspiro. Era un lugar con el espacio suficiente para dos personas. Tiene una pequeña sala del lado izquierdo, del lado derecho una pequeña mesa, y al fondo dos habitaciones que están intercomunicadas por un baño.
Debo reconocer que es un gran dormitorio, y lógicamente no es algo que yo pueda pagar… he ahí el hecho de que esté becada en esta universidad. Es uno de los beneficios de sacar excelentes notas.
Una hora después, ya casi tenía todo listo en mi habitación; justo en ese momento Ino apareció con Gaara.
—¿Emocionado? —le pregunté con una sonrisa.
—Ya te imaginaras —sólo me encogí de hombros.
—Venimos por mis cosas —comentó la cerda mientras se paseaba por el lugar.
—Aún no llega —le dije, a sabiendas de que esperaba ver a mi nueva compañera de dormitorio.
—¡Es una pena! —Exclamó—. ¿Cómo se llama? —saqué la pequeña hoja del bolsillo de mi pantalón y la examiné en busca del nombre de mi nueva compañera.
—Es… ¿Asuka?... no se ve muy bien esta hoja —leí con lentitud.
—Tendrán que esperar para conocerla —me dijo Gaara.
—Si… ¿Los ayudo? —ofrecí al ver la multitud de cosas que cargaba Ino.
—Esperaba que lo dijeras —contestó la cerda. Rodé los ojos y nos pusimos en marcha hacia su edificio.
—o—o—o—
Sonreí una vez más.
Definitivamente el vuelo había sido muy interesante, una de las sobrecargos era realmente coqueta, ahora puedo decir que mi nivel de conquistas aumentó considerablemente.
Me encaminé al otro lado del aeropuerto, justo al área específica donde llegaban los vuelos especiales. Me acerqué al mostrador de informes, y pregunté por el vuelo donde venía mi choche, después de todo no podía llegar a la escuela sin mi convertible negro.
La encargada me informó que llegaba en una hora, así que me retiré a una cafetería para no aburrirme tanto, saqué mi móvil y le marqué a Itachi.
¡Hola hermanito! —Exclamó del otro lado de la línea—. ¿Ya estás aquí?
—En el aeropuerto… y no me digas hermanito —gruñí.
Como digas hermanito —murmuró con sorna—. Mañana después de clases voy a buscarte para ayudarte con lo del empleo —rodé los ojos.
—No es necesario, para eso te llamaba. Necesito que guardes en secreto que somos hermanos, nadie debe saberlo.
¿Por?
—Es parte de mi castigo —me limité a decirle—. Debo irme, nos veremos luego.
No te metas en más problemas Sasuke me dijo entre risas antes de colgar.
Pagué la cuenta y salí del lugar. Quince minutos después ya tenía mi amado convertible negro en mis manos, era una suerte que mi padre me lo mandara. Subí mis cosas y me puse en marcha a la Todai.
Tan sólo de recordar la palabra empleo se me pone la piel de gallina, nunca en mi vida he tenido que trabajar y ahora… debo hacerlo para sobre vivir.
Rápidamente llegué a la universidad y aparqué el auto frente a la rectoría principal. Es impresionante, la Institución, es como una pequeña ciudad rustica llena de jardines. Caminé hacia la oficina que tenía el letrero de informes y me acerqué lentamente hacía la encargada, una señora que no aparentaba tener más de cuarenta.
—Buenas tardes —saludé con amabilidad. Después de todo tenía buenos modales, aunque no los usara muy a menudo, casi siempre para las primeras impresiones.
—Buenas tardes ¿Qué se te ofrece? —me dijo con un poco de hostilidad.
— Soy nuevo aquí, y me preguntaba si usted podría indicarme cual será mi dormitorio —le dije amablemente.
—¿Nombre? —rodé los ojos. Le di mi nombre y lo buscó en el ordenador por un rato, al parecer cuando "confirmé" mi asistencia, confundieron mi nombre… luego de arreglar el malentendido me indico el edificio y me entregó la llave donde venía marcado el número de habitación.
—Se lo agradezco Sra. Terada —le dije fríamente, y al no obtener respuesta decidí salir de ahí.
Me subí de nuevo a mi coche y lo puse en marcha, mi edificio tan sólo estaba tres edificios adelante, aparqué y bajé mis cosas. Para mi mala suerte me tocaba en el último piso… ¡y el ascensor no funciona! ¡Simplemente genial!
Subí por las escaleras con pesadez y logré llegar al décimo quinto piso… caminé un par de puertas y encontré mi futuro dormitorio. Abrí la puerta y me apresuré a meter mis maletas, eché un rápido vistazo al lugar… todo se veía pequeño y limpio. Sobre todo muy pequeño; había una pequeña sala, una mesa, y al fondo tres puertas… ¡Es un asco! ¡Encima de todo compartiré este lugar con alguien más, que locura! Mi padre me odia.
Caminé hasta la puerta que estaba abierta y la encontré vacía; imagino que entonces es la mía. No era gran cosa: una cama individual, un buró, un escritorio, un armario, una ventana y una puerta… ¿una puerta?
Dejé mis maletas frente a la cama y me dispuse a abrir la puerta… un baño. ¡Lo que me faltaba, compartir el baño con un perfecto extraño!
Al menos espero que no sea uno de esos raros.
—Que asco —bufé. Tomé mis llaves y volví a salir; después de todo debía conocer un poco la zona.
Me monté de nuevo a mi coche y salí rápidamente del campus… giré para cambiar de carril y justo en ese instante una chica se atravesó… pisé el freno con más fuerza de la necesaria y el auto soltó un chirrido que me dolió en el alma.
—¡¿A caso no viste el alto ó qué? —Me gritó furiosa—. ¡Eres un peligro al volante!
Estaba a punto de contestarle algo, cuando me di cuenta de que ya no estaba… ¡Que gran inicio! Mi suerte cada vez está peor.
—o—o—o—
Abrí la puerta del dormitorio y la cerré de golpe. ¡Estaba furiosa!
Luego de que terminé de ayudar a Ino y Gaara; la pequeña cerda nos llevó a la pequeña plaza de enfrente por un helado. Prácticamente me arrastró hasta aquel lugar… nunca había sido de mi total agrado estar sola con la parejita, las muestras de afecto me hacen sentir incomoda. Sobre todo porque yo hace años que no sé que es eso.
Me despedí de ellos y les dije que regresaría al campus. Estaba por terminar de cruzar la avenida, cuando un idiota por poco y me atropella.
¡¿Qué acaso no había visto el alto ó qué?
Y eso no fue lo peor, si no que al llegar a la acera me resbalé y me raspé las manos. Lo único bueno era que al parecer mi compañera aún no llegaba, así que tenía tiempo de darme una ducha y relajarme para disipar mi mal humor.
Tomé mis cosas y me metí al baño, me despojé de la ropa y abrí el grifo. Tal y como pensaba, un poco de agua caliente siempre lograba relajarme. Estaba por terminar cuando escuché que la puerta principal se abría, seguro que es ella.
Cerré el grifo y me enrollé la toalla, estaba por salir cuando la puerta del baño de la habitación contigua se abrió de golpe.
Justo en ese instante sentí como toda la sangre se me subía al rostro. Podía sentir mis mejillas arder… esa no es una chica… ¡Es un chico! Y uno muy, pero muy atractivo… no, ni si quiera esa es la palabra correcta.
Alto, piel blanca y perfecta, ojos de color negro con un gran brillo, cabello color azabache con ligeros destellos azulados, y un cuerpo que a simple vista es más que perfecto.
—¿Q… Quién eres… tú? —logré preguntar luego de unos segundos de largo escrutinio.
—Imagino que tú nuevo compañero… no sabía que me tocaría una chica — murmuró con asombro sin dejar de analizarme a cada instante. Su voz era tan fría y ¿sensual? que sentí que me quedaba totalmente sin aire.
—Imposible, mi compañera es una mujer —aseguré con un poco más de firmeza—. Y se llama… —le dije tratando de no mirarlo a los ojos, aún podía sentir mis mejillas arder. Escuché como un "Hmph" inundaba el ambiente, lo miré casi por instinto y me sonrojé nuevamente… Y… un momento. ¿Por qué me es tan familiar? ¿Dónde lo he visto?
—Siento informarte que hubo un error… al parecer se confundieron en la oficina principal. Mi nombre es Sasuke y seré tú nuevo compañero —aseguró con los labios curveados en un intento de sonrisa.
¡No puede ser! ¡Mi nuevo compañero es un hombre! Pero no sólo eso… es un chico sumamente atractivo.
¡Mierda!
Continuará…

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