jueves, 28 de junio de 2012

IJ Cap3

Aquí les traigo el tercer capitulo.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
En este capitulo, tanto Sakura como Sasuke narrarán, espero y no sea confuso.
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IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS
By Tsukisaku
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¡PEOR QUE EL INFIERNO!
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¡Agh!
¡Ese tipo me exaspera!
Llevé ambas manos a mi rostro y traté de tranquilizarme, respiré una y otra vez por unos cuantos segundos, hasta que la furia poco a poco disminuyó. Dejé caer mis manos a los costados de mi cuerpo y observé el reloj que se hallaba en la pared, el cual marcaba las nueve de la noche. Bien, tengo el tiempo justo para salir de aquí.
Caminé al armario para tomar mi chamarra, me la puse y tomé mis llaves junto con el móvil, apagué la luz y salí de la habitación. Pasé rápidamente por la sala, la cual seguía repleta de hojas y totalmente deshabitada, y me apresuré a esfumarme del dormitorio. Bajé las escaleras corriendo y en cuanto llegué a la salida, giré a la izquierda para dirigirme al edificio de al lado, que es donde se encuentra el dormitorio de Hinata y Tenten. No había dado ni dos pasos, cuando divisé el automóvil color negro estacionado justo a un costado del muro de concreto.
Bufé.
¿Por qué si tiene un auto así, no se consigue un departamento propio?

Regresé la vista al camino y solté un pequeño suspiro, bueno, al menos ahora sé que si le da hambre, no se aparecerá por Rakuen. Apresuré mi paso y subí los tres pequeños peldaños para abrir la puerta del edificio. En cuanto llegué al segundo piso, me detuve frente a la puerta con el número veintiocho y toqué dos veces con fuerza.
—¡Ya era hora! —exclamó Tenten al tiempo en que abría la puerta—. ¿Dónde has estado?
—Estresándome —contesté mientras entraba al dormitorio. Caminé a los sofás donde se hallaban Ino y Hinata, y me dejé caer en el pequeño sofá libre. Tenten cerró la puerta y se sentó a un lado de mí.
—¿Problemas con el chico nuevo? —preguntó la cerda con diversión. ¡Claro, que se burle de mi desdicha!
La fulminé con la mirada y bufé. Todo lo que me pasaba era gracias a su tonta necedad de no querer dejar a su novio solo, y ahora ¿Quién pagaba las consecuencias?... ¡Yo!
—¡Ino nos contó que tienes a un dios griego, como compañero de cuarto! —gritó entusiasmada la castaña de repente, logrando que yo pegara un pequeño brinco.
—Depende de tú definición —bufé—. Si por dios griego te refieres a un: engreído, arrogante, déspota, cretino y orgulloso cubo de hielo… ¡Pues si, lo es! —respondí con el mal humor volviendo a mí.
—¡Whoa! —exclamó Tenten—. Me parece que te irrita más de lo normal.
—¿Tan malo es, Sakura? —preguntó Hinata con la vista fija en mí. Parecía un poco apenada por mi situación.
—Es más que malo —respondí—. No solo es mi muy desordenado compañero de habitación; si no que además, está conmigo en todas mis clases y, ¡debo ser su tutora por unas semanas!
—Tranquilízate Sakura… respira un poco —me dijo Hinata.
—¡Exageras frentona! —dijo la cerda—. Deberías estar agradecida de poder compartir tú espacio vital con semejante hombre.
La fulminé con la mirada –nuevamente- y traté de alejar todos los pensamientos, que seguramente ella estaba teniendo en este momento. Es cierto que ese cubo de hielo puede ser atractivo, es más, quizá mucho más de lo que yo desearía, o de lo que está permitido… pero es demasiado arrogante como para ser tolerado.
—Bueno, dejemos el tema de lado —dije de repente, antes de que la cerda se pusiera a hablar sobre "el dios griego"—. Mejor cuéntanos Hinata, ¿Qué tal tú viaje a china?
Al instante el rostro de la joven Hyuga se tornó de un color rojizo y comenzó a jugar con sus manos. Las chicas apoyaron mi petición, y eso logró que ella se pusiese aún más nerviosa.
—¡Huy! Esto me suena a que conociste a un chico… —comentó Ino pícaramente.
—Yo… —Tenten pegó un grito y Hinata cerró los ojos—. Conocí a uno.
—¿Y cómo es?, ¡Cuéntanos todo! —gritó la cerda.
—¡No la presionen!, no ven que la están poniendo más nerviosa de lo que está —les dije seriamente. Si de por sí, Hinata era tímida y reservada, ahora, con toda la presión que estas dos ejercen sobre ella, seguramente terminará desmayándose ó algo.
—Bien —farfullaron las dos y guardaron silencio. Hinata tomó unas bocanadas de aire antes de hablar.
—Es un chico sumamente lindo. Es divertido y muy hiperactivo… irradia felicidad.
—¿Y es guapo? —preguntó la cerda, interrumpiendo a la tímida Hyuga.
—¡Cerda, guarda silencio! —la reprendí. Hinata soltó una pequeña risita y continuó.
—Mucho —puntualizó respondiendo la pregunta de Ino—; es rubio y tiene los ojos azules, más brillosos que jamás… he visto. Es alto y… una sonrisa sumamente… hermosa —explicó con la cara tan roja como un farolillo. Por la forma en la que hablaba de él, parecía estar sumamente enamorada de aquel chico.
Hinata comenzó a explicarnos como se conocieron y donde. Conforme avanzaba la platica, una parte de mi cerebro comenzó a dejar de prestarle atención.
Ella siempre ha sido sumamente tímida con todo el mundo, especialmente con la población masculina, y si se atrevió a charlar con este chico, seguramente es por que es demasiado especial.
Y por tonto y absurdo que suene, creo que tengo un poco de envidia. No por el chico que conoció, si no por la fortuna que tiene de estar enamorada, ya me encantaría conocer a ese alguien especial que me robe el aliento con solo verlo y que me haga sentir sumamente feliz, con tan solo pensar en él.
Pero creo que jamás conoceré a ese alguien… ese tipo de chico con el que yo sueño, no existe. Todos los hombres que he conocido son unos idiotas engreídos, que lo único que buscan es poder pasar el rato.
Y apuesto lo que sea, a que ese "dios griego, cubo de hielo", es igual de mujeriego, que todos los demás… si no es que peor.
—o—o—o—
En cuanto escuché que la puerta de la entrada se cerró, terminé de cambiarme de ropa, y regresé a la estancia. La molestia que tengo como compañera de habitación terminará volviéndome loco, ¿Quién se cree para gritarme y darme órdenes?, ¿Mi madre?, ¡Hmph! Ni si quiera Mikoto me grita de esa manera.
Terminé de quitarme la ropa y la dejé sobre la cama. Si esa molestia se atreve a levantarme la voz de nuevo, haré que se arrepienta.
Salí de la habitación y me encaminé a buscar las hojas con el ejercicio de inglés, observé la mesa y no parecía estar ahí, aunque teniendo en cuenta el desorden de hojas, creo que no es tan fácil de hallar.
—Tsk.
Mierda. Las escondió a propósito, para lograr que yo ordenara todo. Sopesé la idea unos segundos y me decidí a ordenar todo, después de todo, también vivo aquí y si ella no limpiará todo, no me gustará vivir en un muladar. Apilé todas las hojas, incluidas las del sofá, y hallé el ejercicio de inglés. Lo observé rápidamente y sonreí… era pan comido.
Dejé la tarea sobre la mesa y tiré el resto a la basura. Tomé el bolígrafo que estaba sobre el sillón y me dispuse a terminar la estúpida tarea, me senté en la silla y justo en ese momento un sonido bastante familiar y peculiar, llegó a mis oídos.
Me puse de pie y regresé a mi habitación por el móvil. Lo tomé de la mesita que está a un costado de la cama y observé la pantalla.
¿Qué se supone que quiere este idiota a esta hora?
—¿Qué? —contesté.
¿Por qué el mal humor hermanito?
—No me digas hermanito —gruñí al tiempo en que caminaba a la sala. Si es que así se le puede llamar.
Bien. ¿Qué tal tú día? —rodé los ojos.
—¿Qué quieres Itachi?
Saber como vas con lo del empleo —contestó un poco más serio. Hmph. Seguramente mi padre le pidió que me vigilara o algo por el estilo. Maldito.
—Ya tengo uno, y no te diré donde… así que si no tienes nada más que decirme... —respondí dispuesto a cortar la llamada.
Es bueno saberlo —me dijo—. Si necesitas algo, solo dímelo. Ya sé lo que dijo mi padre, pero igual él no se enteraría —fruncí el ceño y no dije nada—. Bueno, me voy… no hagas nada malo, hermanito —escuché como se burló ligeramente y cortó la llamada. Idiota.
—Hmph —y antes de que si quiera pensara en dejar el móvil sobre la mesa, éste, volvió a vibrar y a sonar.
—¿Y ahora qué Itachi? —pregunté sin mirar la pantalla.
¡No soy el teme mayor!, ¡Soy yo dattebayo! —gritó esa odiosa voz, que por un buen rato no había escuchado. Cerré los ojos y respiré profundamente.
—¿Qué quieres Naruto? —pregunté entre dientes.
¡Tan amargado como de costumbre! —exclamó entre risas. Abrí los y caminé hacia la pequeña nevera que estaba a un costado de la mesa, necesitaba beber algo, y pronto. Tomé una de las latas de cerveza que recién había comprado esa tarde, y la destapé para darle un gran sorbo. Me quedé callado y me sentí tentado a cortar la llamada, pero su voz volvió a escucharse, así que esperé un poco.
Ayer llegué de mi viaje a Hong Kong y te fui a buscar para contarte algo muy importante, pero Mikoto-san me contó que estás castigado y que de castigo te habían mandado a Tokio —explicó entre risas—. ¿Por qué te mandaron allá dattebayo?
—Hmph. Me pillaron en una carrera con el idiota de Suigetsu —admití de mal humor. Y el dobe, nuevamente estalló en carcajadas.
¡Si serás teme!, Ya decía yo que te falta mi compañía para no ser descubierto 'ttebayo.
—Usuratonkachi.
Le di otro gran trago a mi bebida y caminé al sofá para sentarme. Aún no sé como es que soporto a este idiota hiperactivo, realmente a veces me pregunto, ¿Por qué somos amigos?
Bueno, pues ya tendremos oportunidad de conversar en persona bakasuke, porque ¿adivina qué? —su tono de voz denotaba ansiedad y mucha, pero mucha emoción. Contuve la respiración y me negué a contestar.
—¿Hmph?
¡Voy a estudiar en Tokio! —mis ojos se abrieron desmesuradamente.
—¿Qué? —rugí. Lo que menos necesitaba era a mi loco amigo rico, que venga a divulgar que estoy aquí castigado y además, sin un solo centavo.
¡Te veré mañana por la tarde!, ¡No sueñes conmigo dattebayo! —y sin más cortó la llamada.
Suspiré frustrado.
Decidí no pensar en ese tema, y me senté en la silla para terminar el estúpido ejercicio. Dejé la lata de cerveza a un lado y tomé el bolígrafo para comenzar.
Casi treinta minutos después, terminé. No porque fuese difícil, si no porque estaba bastante laborioso, escribir un ensayo y otras tonterías más. No es nada comparado con los ejercicios que me dejaban en la otra universidad.
Me levanté de la silla, tiré la lata vacía al cesto de la basura y apagué la luz para irme a dormir. Tenía que asegurarme de dormir bien, ya que mañana comienza mi empleo del horror en ese bar. Estaba por llegar a la puerta de mi habitación, cuando recordé que el móvil estaba sobre el sofá, así que me dispuse a regresar por él.
En ese instante la puerta se abrió ligeramente y rodé los ojos, la molestia acababa de llegar. Cerró la puerta y caminó a través de la estancia con rapidez, tanto que a mitad de camino chocó conmigo y en seguida cayó al piso.
Sonreí. Que tonta es…
—¿Pero qué…? —farfulló al tiempo en que se ponía de pie. Escuché que dio unos pasos y en seguida la luz se encendió—. ¿Se puede saber qué…? —comenzó a preguntarme, pero se detuvo en cuanto sus ojos hicieron contacto conmigo.
Sonreí una vez más. Seguramente le gusta lo que ve.
—Podrías decirme… —comenzó con un tono de voz ahogado—. ¡¿Por qué mierda estás medio desnudo? —gritó al tiempo en que fruncía el ceño y me fulminaba con la mirada—. ¿Acaso no sabes que tú compañera de habitación, es una dama?
—Yo solo veo a una molestia —respondí con diversión.
—Eres un maldito —masculló.
—No comprendo el alboroto. Este también es mí dormitorio, y yo puedo estar como se me de la gana —le dije fríamente—. Claro que si te molesta tanto, puedes pasearte también en poca ropa, aunque realmente no creo que tengas mucho que mostrar.
—Eres… eres… ¡ahg! —gritó mientras su cara se tornaba roja debido a la ira. Pasó rápidamente a un lado de mí, y se encerró en su habitación.
Hmph.
Demasiado dramática y molesta. Apague la luz con el interruptor que estaba cerca de mi puerta y me metí a mi cuarto, después de molestar a alguien me siento mucho mejor.
—o—o—o—
La conversación con las chicas no duró mucho, ya que mañana hay clases muy temprano y necesitamos dormir. La cerda y yo nos despedimos de las chicas y salimos rumbo a nuestros respectivos dormitorios. Ino continuó parloteando, sobre lo afortunada que era Hinata de conseguirse un novio: rico y guapo.
Claro que también yo estaba feliz por mi amiga, pero en el fondo me sentía triste, ahora todas tenían novio, excepto yo. Tanto como Ino, Tenten y ahora, Hinata, habían encontrado al amor de su vida, ¿Y yo?, ¿Es que acaso nunca voy a saber lo que es el amor?
Llegamos al exterior y nos despedimos. Gaara ya la esperaba ahí, así que no necesitó irse sola. Caminé rápidamente a mi edificio y comencé a subir las escaleras, mi mente aún divagaba sobre el tema del amor. Así que prácticamente me metí a mi dormitorio sin fijarme realmente en lo que hacía. Estaba a media estancia, cuando mi cuerpo chocó contra algo e inevitablemente caí de lleno al piso.
—¿Pero qué…? —dije al tiempo en que me ponía de pie. Regresé hacia la puerta y encendí la luz para ver con que me había golpeado. Quizá el cubo de hielo puso algo ahí, solo para molestarme—. ¿Se puede saber qué…? —comencé a hablar mientras me giraba para ver lo que provocó mi caída y casi me vuelvo a caer de la impresión.
Delante de mí se hallaba mi odioso compañero, pero eso no fue lo que me impresionó, si no el hecho de que únicamente llevaba puesto su boxer. Sentí que mis mejillas se tornaban rojas, y es que estaba tan… ¿sexy?
Su cuerpo es más perfecto de lo que imaginé, sus músculos parecen tallados a mano, su piel es blanca y luce perfectamente apetecible. Y sus piernas… ¡Kami!
Lo observé sonreír con arrogancia y eso bastó para regresarme al mundo real.
¡Shannaro!, ¡Concéntrate Sakura!
—Podrías decirme… ¡¿Por qué mierda estás medio desnudo? grité con el ceño fruncido—. ¿Acaso no sabes que tú compañera de habitación, es una dama?
—Yo solo veo a una molestia —me dijo bastante divertido. Sentí como la ira corría por mis venas.
—Eres un maldito —respondí. Deseaba poder gritarle un par de groserías, con tal de borrarle esa estúpida sonrisa del rostro. La cual por cierto, no está nada mal… pero aún así…
—No comprendo el alboroto. Este también es mí dormitorio, y yo puedo estar como se me de la gana. Claro que si te molesta tanto, puedes pasearte también en poca ropa, aunque realmente no creo que tengas mucho que mostrar.
¿Qué acaba de decir?... ¡Golpéalo! Me gritó mi vocecilla interior. Y claro que tenía muchas ganas de hacerlo, pero… justo antes de que dijera algo, sentí como un nudo se formaba en mi garganta.
¡Oh, no!, ¡Ahora no!
Sabía que las lágrimas se estaban acumulando en mis ojos debido al coraje que sentía, ¡típico de mí!, siempre en los momentos de mayor adversidad, las lágrimas me traicionan.
¡Shannaro!, pero no voy a llorar delante del señor "cubo de hielo"
—Eres… eres… ¡ahg! —grité y –prácticamente- corrí a mi habitación.
¡¿Por qué a mí Kamisama?
En cuanto cerré la puerta, las lágrimas comenzaron a brotar de mis orbes jades. Me odiaba por reaccionar de esta manera tan débil, pero es inevitable. Ese idiota dijo que soy poco atractiva… claro, seguro que lo dice porque está acostumbrado a salir con súper modelos ó algo parecido.
¡Que idiota!
Me limpié las lágrimas con brusquedad y comencé a quitarme la ropa, para colocarme la pijama. Necesitaba dormir y no saber de nada más.
El ruido de mi alarma me despertó al instante, estiré la mano y apagué el ruido. Tallé mis ojos y ahogué un bostezo, eran las seis treinta, así que debía darme una ducha. Tomé la toalla y mi pequeña bolsa de artículos personales, para después meterme al baño. Cerré la puerta de su lado con pestillo y abrí el grifo de la ducha; me despojé de la pijama y coloqué mi cuerpo debajo del chorro de agua caliente.
Realmente había pasado una muy mala noche, el estúpido comentario de don "perfecto" me afectó mucho más de lo que debería. Traté de no pensar en ello pero… a ratos mi traidora mente, regresaba al tema.
Terminé de bañarme y cerré el grifo, tomé la toalla y la enrollé en mi cuerpo. Lavé mis dientes, guardé mis cosas y regresé a mi habitación, luego de quitarle el seguro a su puerta.
Treinta minutos más tarde, ya estaba lista, así que tomé mis cosas y salí del dormitorio. Era bueno caminar por las mañanas, así me despejaba un poco antes de asistir a clases.
Las clases pasaron lenta y horriblemente, no por lo que los profesores estaban enseñando, si no porque tenía que soportar al engreído "cubo de hielo" y a sus múltiples fans. ¿Qué es lo que todas esas chicas ven en él?
Bueno, sé lo que le ven. Pero, apuesto a que si lo conocieran como realmente es, no lo idolatrarían como lo hacen.
Por suerte la hora de la salida llegó y me esfumé del campus, para encaminarme a mí empleo. Rakuen me gustaba, es un excelente lugar para trabajar, además mis compañeros son muy divertidos y Asuma es como de mi familia.
Mientras caminaba por la calle, observé como pasaba ese idiota en su auto negro y además no iba solo, una chica lo acompañaba en el asiento del copiloto y otra en el de atrás. ¡Tal y como lo supuse!, todo un mujeriego.
Rodé los ojos y continué caminando, unos minutos más tarde, llegué al bar. Entré y me encaminé directo al cuarto de empleados, Asuma salía de su oficina y sonrió al verme.
—Que bueno que llegas —dijo mientras se acercaba a mí—. En tú locker está tú uniforme, cámbiate de ropa y luego te espero en la oficina para que firmes el contrato.
—Bien.
Le sonreí y caminé a mi casillero. Lo abrí, saqué el uniforme y dejé mi mochila dentro; me metí al vestidor de mujeres y cambié mi ropa. Estaba feliz porque además de que me encanta mi trabajo, no tendré que ver a ese engreído por un buen rato.
Terminé de guardar mis cosas y caminé a la oficina de Asuma. Toqué un par de veces y entré. Me indicó que me sentara y me entregó el contrato, lo leí rápidamente y lo firmé. Me entregó mi credencial de empleado y me dijo lo mucho que le alegraba tenerme nuevamente con él.
—Quisiera pedirte un favor —me dijo mientras yo me ponía de pie.
—Claro, dime.
—Verás, este año tendremos a un nuevo empleado, me parece que este no es su mundo y quizá no tenga mucha experiencia. Pero creo que su atractivo atrae a muchas chicas y eso significa más dinero… —rodé los ojos y sonreí divertida—. Así que, quiero que tú te encargues de enseñarle todo lo que hacemos aquí, tú deber será mostrarle las cosas y asegurarte de que las realice bien.
—Será pan comido —aseguré con una sonrisa. Solo espero que si es tan atractivo como Asuma dice que es, no sea tan engreído como…
—Gracias Sakura, confió en ti.
En ese momento alguien llamó a la puerta, Asuma le dijo que pasara y un par de segundos después, la persona que menos imaginé cruzó el umbral.
—¿Tú? —preguntamos los dos al unísono.
—Sakura —comenzó Asuma—. Quiero presentarte al nuevo empleado: Sasuke —dijo—. Y Sasuke, Sakura será la encargada de mostrarte todo lo que debes hacer, confió en que aprendas rápido, porque ella es la mejor.
—Hmph… lo dudo —lo escuché murmurar.
Sentí que mi corazón se aceleraba, sabía lo que mis ojos estaban viendo, pero me negaba a creerlo.
No de nuevo, no por favor… ¡¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?
¡¿Es que ni si quiera en mi trabajo puedo estar lejos de él?
Esto será peor que el infierno.
—o—o—o—
¡Hmph!
Esto no puede ser cierto.
De todas las personas que creí toparme aquí, jamás imaginé que la molestia sería una de ellas. Maldita sea mi suerte. No solo es mi compañera de cuarto, o mi tutora en todas las clases, si no que además, será mi compañera de trabajo.
¡Menuda mierda!
—¿A caso se conocen? —preguntó el tal Asuma con un toque de confusión.
—Hmph.
—Por desgracia —contestó la molestia. Entrecerré los ojos y la miré con odio, y por sorprendente que parezca, ella me correspondió la mirada—. Compartimos dormitorio.
—Ya veo. Que interesante casualidad —comentó con diversión—. Bueno, Sakura, te lo encargo.
Ella asintió y salió de la oficina. La seguí en silencio hasta el área de comida, donde se preparaban las hamburguesas, los emparedados y todo eso. Ella abrió un cajón que estaba debajo de la caja registradora y sacó algo, después tendió su mano y me entregó unos guantes de plástico y una ¿red?
—¿Qué es esto? —pregunté con horror.
—Una red para el cabello —respondió con sorna—. ¿O qué?, ¿Esperas preparar comida sin protección? —observé una vez más la redecilla negra y rodé los ojos.
—No me la pondré —le dije regresándosela.
—Lo harás si deseas trabajar aquí —contestó secamente. La observé colocarse su red en su rosado cabello y luego se colocó una gorra—. Anda, deja de ser tan nena y ponte la red.
¿Qué dijo?
Apreté los puños y la observé sonreír con malicia. ¡Maldita sea!, De verdad mi padre me odia. Jamás en toda mi vida había sufrido una humillación como esta, ¡Mierda!, prefiero morir de hambre que usar esa ridícula red.
—Vamos, que no tengo todo el día para soportarte, niño mimado —bufó la molestia fríamente.
¿Niño mimado?, ¿Yo?
Hmph.
Me coloqué la estúpida red y enseguida la gorra negra. Odiaba esta estupidez, pero necesitaba el trabajo. Mierda y mil veces mierda.
—Y ponte los guantes —dijo riendo por lo bajo. La fulminé con la mirada y obedecí.
Maldita molestia.
—Bien, ahora te mostraré como hacer los emparedados… —comenzó al tiempo en que se acercaba a una especie de horno. Me explicó que eso se llamaba fermentador de pan, y para que servía, me mostró cuanto tiempo debe estar el pan ahí y cuanto como debe acomodarse.
Me mostró cada uno de los pasos para prender el complicado horno, el cual tenía cuatro parrillas dentro, me indicó las porciones que se deben utilizar y como se deben de colocar.
Llevábamos como veinte minutos, cuando alguien la llamó.
—Hola Sakura —dijo alguna chica. Ambos nos giramos y observé a varias personas frente a mí.
La rubia de la vez pasada y su novio pelirrojo, una castaña, una de cabellos azulados y… ¡Mierda!
—Hola chicas —saludó la molestia. Pero antes de que dijera algo más, un grito resonó por todo el lugar.
—¡Teme!, ¡¿Qué haces vestido así dattebayo?
Cerré los ojos por una fracción de segundo y apreté los puños con fuerza. Esto no me puede estar pasando, él no puede estar ahí.
Esto será peor que el infierno.
Continuará…
<-- CAPITULO2                    CAPITULO 4 -->

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