viernes, 29 de junio de 2012

IJ Cap6

Aquí les traigo el sexto capitulo.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
En este capitulo, tanto Sakura como Sasuke narrarán, espero y no sea confuso.
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IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS
By Tsukisaku
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EVENTOS INESPERADOS
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En cuanto el despreciable ruido del despertador, comenzó a sonar, sentí ganas de aventarlo por la habitación. Era sábado, pero al parecer olvidé quitar la alarma, estiré la mano para apagarlo y –una vez que el ruido infernal, cesó–, escondí la cabeza entre las mantas nuevamente. Tenía demasiado sueño y estaba muy agotada; el viernes hubo demasiada gente en el bar, y al parecer el cubo de hielo tenía un horario mal programado.
¡Cuánto lo desprecio!
Solté un gran suspiro y escuché como algo se caía al piso, me destapé y guardé silencio para enfocar algún tipo de sonido. ¿Qué hace ese Uchiha a las seis de la mañana?, otro ruido llegó a mis oídos y no logré evitar que la curiosidad hiciese mella en mí. Me levanté con pesadez e intenté no hacer nada de ruido, abrí la puerta del baño y caminé de puntitas hasta el otro extremo, giré la perilla con suma lentitud y abrí le puerta ligeramente. Todo estaba oscuro, acerqué mis ojos y los enfoqué.
Eres realmente bueno —esa voz logró que me sobresaltara. Cerré la puerta y regresé a mi habitación hecha una furia. ¡Ese tipo está teniendo sexo!, Es un… es un… ¡Maldito depravado!, ¿Cómo se le ocurre hacerlo cuando estoy aquí?

¡Ahg!
Saqué mi reproductor de música, me coloqué los auriculares y le subí todo el volumen. No deseaba escuchar nada más, de todo el show que estaba montando en su habitación ese… tipejo. Intenté quedarme dormida, pero no podía, estaba demasiado furiosa como para lograr conciliar el sueño. No es que me importara que ese Uchiha estuviese haciendo, lo que está haciendo. Pero me enfurece que lo hiciese aquí, ¿a caso no podía irse a un hotel o algo?, o mejor aún; a la casa, dormitorio, o donde sea que viva esa pobre ilusa. Digo, porque si cree que se convertirá en la novia de ese cubo de hielo, está equivocada. Es el tipo de chico que se acuesta con todas, sin importarle sus sentimientos.
¡Asqueroso!
Observé el reloj y bufé. A penas estaban por ser las siete, guardé el reproductor y me dispuse a levantarme. Será mejor que me ponga a hacer cosas más productivas, de cualquier manera, ya no podré dormir. Acomodé mi cama, ordené un poco mi ropa y tomé mis cosas para darme una ducha. Cerré la puerta de su lado y traté de apresurarme, tenía una buena idea para hacer pagar a ese Uchiha por su desfachatez.
Cuando terminé, me arreglé y abrí la puerta de mi lado del baño, para que el ruido se filtrara mejor. Encendí el otro reproductor de música, coloqué mi canción favorita, y le subí todo el volumen. Sonreí, y continué haciendo la limpieza de mi habitación. Mientras hacía eso, comencé a mover mi cuerpo ligeramente y a cantar. Amaba esa melodía, sobre todo porque ahora mismo, el cubo de hielo y compañía, deben estar odiándome por no dejarlos dormir.
¡Que se jodan!
La canción estaba por terminar, mientras yo limpiaba el pequeño escritorio que tenía, ya que una pequeña capa de polvo lo cubría. En ese instante, escuché como la puerta del baño se azotaba, me giré y la visualicé cerrada. ¡Ja!, ¿acaso cree que se librará tan fácil de mí?... Volví a abrir la puerta, y no solo la del baño, si no también la de mi habitación. Esperaba que el ruido se filtrase por todos lados, para que así, me odiara más por despertarlo.
Y un minuto más tarde, la música cesó de golpe. No necesité ser adivina para saber lo que sucedía, y un segundo me bastó para corroborarlo.
—¡¿Qué mierda es este escándalo? —gritó. Me giré y le mandé una sonrisa cínica.
—¿Qué pasa Uchiha? —pregunté colocando una mano en mi cintura—. ¿A caso no te gusta la música?
Me fulminó con la mirada y le correspondí de la misma manera. Estaba tan furiosa con él, que no había notado que –una vez más– únicamente llevaba sus boxers. Mordí mi lengua e intenté no sonrojarme. No podía permitirme estúpidas distracciones, ahora mismo debía estar lista para la discusión que se avecinaba.
—o—o—o—
Después de ganar la carrera, decidí aceptar la petición de aquella chica, no estaba nada mal y parecía deseosa de tener un buen polvo. Nos subimos a mi auto y sopesé las posibilidades mientras conducía; podría llevarla a un hotel, pero no pienso gastar en cosas innecesarias. Por lo tanto, opté por mi dormitorio. Mientras conducía, la chica me fue dando un buen adelanto de lo que nos esperaba. Una vez que llegamos al edificio, observé la hora en la pequeña pantalla del reproductor y noté que pasaban de las tres de la mañana. Seguramente la molestia ya estará dormida, así que no se dará cuenta de nada.
Unas horas más tarde, los ojos se me cerraban debido al cansancio. La sesión de sexo había estado… bien, aunque no tanto como a las que estaba acostumbrado. Esta chica: Kin, creo que se llama, no me excitó como pensé que lo haría, lo que es demasiado raro. En cuanto terminamos la última ronda, me acomodé en un extremo de la pequeña cama y comencé a relajar mi cuerpo para dormir. No sé exactamente cuanto tiempo llevaba dormido: cinco minutos, diez, o veinte… pero el fuerte ruido proveniente de la habitación de al lado, me despertó de una manera nada agradable.
Abrí los ojos y le di una rápida mirada al reloj que se hallaba en mi mesilla de noche, ¡Pasaban de las siete de la mañana!, ¿Por qué esa Haruno escucha música a esta hora, y en un sábado? Intenté no prestar atención, pero era como una maldita misión imposible.
—¡Por Kamisama! —gruñó la chica a mí lado—. ¿Podrías hacer algo para callar ese ruido infernal?
Bufé.
Me levanté y atravesé la diminuta habitación, para después entrar al baño y cerrar la puerta de su lado. ¿Y encima de todo, lo hace apropósito?... ¡Maldita!, si fuese un chico ya le hubiese dado una lección. Regresé a mi cuarto, pero antes de si quiera tocar la cama, el ruido regresó, pero ahora se escuchaba más fuerte. Las cosas como que vibraban y emitían un ligero crujido. Cerré los ojos con fuerza y apreté los puños.
¿Así que desea guerra?... Ya le enseñaré que con un Uchiha nadie debe meterse.
Volví a atravesar el baño, pero esta vez, entré a su recamara y me dispuse a apagar el ruido. Estaba por hacer eso, cuando mi vista se fijó en la odiosa molestia, ella limpiaba su escritorio mientras movía su cuerpo al ritmo de la música. Esos simples y sencillos movimientos, hicieron que cierta parte de mi anatomía comenzara a despertar con una velocidad impresionante.
¡¿Cómo podía excitarme algo así?
Gruñí y apagué el ruido.
—¡¿Qué mierda es este escándalo? —grité furioso. Mientras trataba de enfocarme en la ira y no en la excitación. Ella se giró y esbozó una sonrisa de lado.
—¿Qué pasa Uchiha?, ¿A caso no te gusta la música?
Su pecho subía y bajaba a una velocidad fuera de lo normal, sus mejillas estaban rojas y parecía molesta. Pero, si está molesta ¿Por qué parece librar una batalla interna?
—No te quieras pasar de lista —bufé entrecerrando los ojos—. Ya sé que estás loca, pero recuerda que no vives sola.
—Te recuerdo lo mismo —farfulló al tiempo en que apretaba sus puños—. La próxima vez que decidas, que deseas aprovechar tu noche de manera diferente, ¡te largas a un hotel!
Irremediablemente sonreí de lado. ¿Así que todo esto es por Kin?
—El hecho de que estés frustrada sexualmente, no te da derecho a querer reprimirme.
—¡Eres un…! —bufó más molesta que antes, pues su cara estaba completamente roja—. Si no tienes nada más que decir, te aconsejo que te largues a atender a la tipa que calienta momentáneamente tú cama.
—¿Celosa?
La situación me resultaba un tanto divertida, hacer enojar a la molestia es realmente interesante.
—¡Ni en tus mejores sueños! —bufó al tiempo en que caminaba hacia el reproductor. Volvió a encenderlo y me señaló la puerta con la mano. Sin dejar de verla, apagué el ruido una vez más y ella frunció más el ceño.
—Te dije que no quiero ruido —farfullé.
—Y eso a mí no me interesa.
Bien, quizá no es tan divertido.
Estaba por replicar algo, cuando escuchamos como la puerta de la entrada se cerraba.
—Creo que te han dejado botado —se burló.
—Hmph.
Me acerqué a ella y sentí como su cuerpo se tensaba por completo. Entrecerré los ojos y la observé fijamente; parecía tensa y nerviosa, sus mejillas estaban completamente rojas, así como sus labios. Cierta parte de mi anatomía se removió inquiera y me maldije, ¿Por qué ella me provoca estas cosas indeseables?
—No te metas conmigo —murmuré secamente, para después alejarme de ella—. Y si lo que deseas es estar en mi cama… sólo dilo.
Ella no replicó nada y regresé a mi habitación, la que evidentemente, ya estaba vacía. Mejor. Así me evitaría el fastidio de tener que soportar las despedidas; me recosté nuevamente y cerré los ojos, por fin todo estaba en calma, así que podía dormir.
—o—o—o—
Aún continuaba en shock. ¿Qué acababa de pasarme?
Un instante estoy gritándole a ese engorroso; y después estaba completamente congelada en mi lugar, con la respiración agitada, el corazón latiendo velozmente y un inexplicable calor recorriendo todo mi cuerpo.
Me acosté sobre el colchón y solté el aire de golpe. ¿Por qué me paralicé de esa manera?; en el instante en que sentí que invadía mi espacio personal, todo mi cuerpo pareció reaccionar por sí solo. ¡No puede ser!
Apreté los puños con brío y me mordí la lengua para no empezar a gritar improperios, ¡No puede estar pasándome esto!, llevo tanto tiempo sin estar con nadie, que ahora mi cuerpo reacciona ante la cercanía de cualquier idiota con cuerpo de infarto.
¡Shannaro!
Tomé una gran bocanada de aire y me puse de pie, necesitaba salir y despejarme. Lo que menos necesito es quedarme aquí y obsesionarme con el tema, para que después mi mente me juegue una broma y me haga creer cosas que no son. Agarré mis cosas y salí del dormitorio; aunque quisiera negarlo, estaba muy irritada conmigo misma, no podía ser que me dejara intimidar por ese cubo de hielo.
Salí del edificio y suspiré al sentir la fresca brisa.
—¿Suspirando tan temprano?
Me giré y observé al chico que se hallaba recargado en el auto del cubo de hielo. Mi corazón dio un vuelco, al tiempo en que una sonrisa surcaba mis labios.
—¿Cuándo regresaste? —pregunté con un ligero toque de entusiasmo.
—Hace poco —contestó. Su voz seguía siendo fría y sexy—. Pero decidí que no podía dejar más tiempo, así que vine a saludarte.
Parpadeé y me di cuenta que mis pies ya habían avanzado hacia él.
—Estoy muy feliz de verte.
Lo abracé y solté un gran suspiro. Lo había extrañado demasiado; no solo porque es mi mejor amigo de toda la vida, si no porque además, él me hace sentir como en casa. Ambos crecimos en Konoha, a pesar de que él es originario de Suna; juntos hemos pasado cosas increíbles, y me ha enseñado muchas de las cosas que sé.
—Yo también —respondió. Nos separamos y observé sus orbes color miel—. ¿Vas a la biblioteca?
—¿Tan obvia soy?
—No tanto, pero te conozco —dijo—. Además, nadie en su sano juicio se levanta a las siete de la mañana, de un sábado, para ir a la biblioteca. La cual por cierto, debe seguir cerrada.
Rodé los ojos y bufé.
—Lo sé —admití—; pero necesitaba salir de ese infierno.
—¿Problemas con tú compañera?
¿Compañera?, ¡Ja!, ya quisiera tener a una compañera… pero no, en cambio tengo al "señor perfecto".
—Prefiero no hablar de eso.
—Bien —murmuró—. ¿Sabes de quién es este auto?
Preguntó señalando el convertible negro del innombrable. Asentí de mala gana, al parecer, haga lo que haga, el señor "cubo de hielo" sale a colación.
—¿Y sabes dónde puedo encontrarlo?
—¿Para qué lo buscas?
—Quizá quiera venderme esta hermosa máquina —rodé los ojos y bufé—. Ya sabes…
—Olvídalo, mejor vamos a desayunar algo ¿si?
Lo jalé del brazo e hice que olvidara el tema del coche, lo que menos deseaba, era que mi mejor amigo se pusiera a hablar con ese Uchiha sobre autos. Digo, admito que es una gran máquina, pero de eso a querer que el innombrable y mi amigo socialicen, hay un abismo.
Las horas transcurrieron de manera rápida; a pesar de que él no es la persona más parlanchina del mundo, sabe como hacerme sentir bien. Me contó lo que había estado haciendo, sobre algunos planes que tenía, e incluso me mostró el coche que actualmente tiene.
Un Porsche color negro, con algunas nubes rojas dibujadas.
Hermoso.
Y luego de eso, me acompañó de regreso al dormitorio, para tomar las cosas necesarias para el trabajo. Por suerte, ese Uchiha no estaba, así que no tuve momentos incómodos.
En cuanto llegamos a Rakuen, nos despedimos y prometió regresar más tarde para divertirnos juntos. Amo tenerlo cerca, porque es el único chico con el que puedo ser como soy, y lo que es más importante: no trata de meterme a su cama a la primera de cambio.
—o—o—o—
Cuando volví a abrir los ojos, ya pasaban de las doce del día. No tenía ánimos de nada, pero tenía varias cosas que hacer: un estúpido trabajo de economía, bañarme, comer, trabajar, y creo que lavar mi ropa. ¡Agh!, como odio todo esto. Por suerte, tengo algo de dinero, así que podré llevar mi ropa sucia a una lavandería.
Una vez que me bañé, arreglé y escombré un poco mi habitación, me decidí a salir en busca de comida. Me era preciso hallar un lugar que no cobrara caro y donde la comida no fuese un fiasco, no puedo vivir de hamburguesas toda la vida. Me monté a mi coche y estuve conduciendo por las calles aledañas, había varios locales que podían tener posibilidades, pero ninguno se acoplaba a lo que buscaba: algo tranquilo y sin tantas chicas que me estén acosando.
Luego de diez minutos más, hallé un sitio decente. No era muy grande, pero parecía tranquilo y tenía buena fachada. Aparqué, para después adentrarme; y justo como predije, era un lugar solitario y limpio, claro que no es como los restaurantes que estoy acostumbrado a visitar, pero con tan poco presupuesto, no puedo darme el lujo de más.
Tomé asiento en una de las mesas que se hallaban junto a un gran ventanal, y observé la carta que ahí estaba. Unos segundos más tarde, se acercó una señora y le pedí el menú del día. Mientras esperaba, me entregó una cerveza bien fría, le di un sorbo e involuntariamente, solté un pequeño suspiro. Si hace un mes, me hubiesen dicho que terminaría comiendo en un sitio como éste, hubiera golpeado a la persona por decir estupideces. Pero ahora, no me queda de otra más que soportar.
Estaba observando a través de la ventana, cuando sentí como alguien se sentaba frente a mí. Miré de soslayo e identifiqué al tipo de la carrera, estaba por decir algo, cuando la camarera dejó mi comida sobre la mesa.
—Otra cerveza, por favor —pidió. Lo observé en silencio y esperé a que dijese algo—. Buena elección, ese platillo es delicioso.
Aseguró mirando mi comida; entrecerré los ojos y le di otro sorbo a mi cerveza.
—¿Qué mierda quieres? —farfullé secamente.
—Veo que después de la noche de ayer, tu humor no mejoro nada —comentó. La camarera dejó su cerveza y éste le dio un gran trago.
—Hmph.
—Eres bueno corriendo, lo haz hecho antes ¿no? —no dije nada y el continuó—. A nosotros nos interesa tener a los mejores corredores, ya sabes: más apuestas, más ganancias. ¿Te interesa correr más seguido?
—Quizá.
Aunque sabía que mi respuesta era afirmativa, no podía parecer tan ansioso y desesperado. Además, no puedo permitir que mucha gente me conozca, o correré el riesgo de que todos sepan quien soy.
—Cuando haya algo bueno, le diré a Deidara que les avise, porque esta oferta está abierta también para tú amigo el rubio —informó, para después terminarse su cerveza—. Por lo pronto, te veremos a las dos, cerca de la salida este.
—Hmph.
Se levantó y se esfumó. ¿Así que hoy a las dos?, perfecto, al menos no tendré problemas en Rakuen.
Irremediablemente una sonrisa se formó en mis labios, definitivamente será una noche interesante.
La noche estaba algo movida, en la barra se arremolinaban muchas personas –en su mayoría chicas–, y pedían de todo. Por fortuna, aprendí rápido el negocio de las bebidas, así que todos los pedidos los entregaba con gran velocidad. Estaba tan ensimismado en preparar bebidas, que ni si quiera notaba lo fuerte que sonaba la música.
Observé el reloj de soslayo y pasaba de la media noche, pronto la gente comenzará a desaparecer y podré desaparecer de aquí. Justo en el momento en el que la gente disminuyó un poco, el turno de Kiba terminó, así que Sakura entró a suplirlo. Ninguno de los dos estaba feliz por ello, pero no nos quedaba de otra, la parrilla había cerrado una hora atrás y ahora debíamos compartir la siguiente hora el bar.
Lógicamente al estar ella en lugar de Kiba, todos los chicos se acercaban de su lado para que los atendiera, así como me pasaba con las mujeres. La observaba de reojo sonriéndoles y algo dentro de mí se removía de manera inquieta. ¿Tenía que ser tan amable con esos desconocidos?
No es que me interese del todo, pero ella y yo compartimos mucho más, de lo que jamás podrá compartir con alguno de ellos.
Unos minutos más tarde, la barra se vio casi completamente libre, así que comenzamos a limpiar todo lo que se podía. La molestia se ocupaba de acomodar las copas y yo de los demás utensilios, ya que a partir de esta hora, solo se servirían bebidas simples.
Ella se quedó atendiendo, en tanto yo me ocupaba de cambiar uno de los barriles de cerveza que ya estaba vacío. Estaba por terminar de conectar las mangueras, cuando algo llamó mi atención.
—Hola hermosa —se escuchó la voz de un hombre.
—¡Hola! —contestó la molestia—. Pensé que llegarías en un rato más.
—Decidí llegar antes para tomar una cerveza —respondió. Fruncí el ceño, ¿Por qué esa voz me es vagamente familiar?
—Ahora te sirvo una.
—¿Lista para un poco de acción? —preguntó el sujeto con cierto toque de diversión que no me agradó para nada. ¿Acción?, ¿La molestia tendrá acción?
Terminé de instalar el barril y giré la perilla. Eso que escuchaba no me agradaba, y no sé porque mierda es así.
—Por supuesto —respondió ella sonriente.
—Bien, te esperaré por allá.
Me puse de pie e intenté observar al chico que había estado hablando con ella, pero para mi mala suerte, ya se había perdido entre la multitud. Mierda.
Durante el siguiente rato, nadie sospechoso volvió a acercársele, y me maldije a cada instante por tomarle tanta importancia. ¿Por qué me interesa lo que ella haga, o deje de hacer?, ¡Debo estar enloqueciendo!
Justo a la una, ya no había más gente, así que el lugar cerró y todos nos vimos libres. Cuando salí de Rakuen, no había nadie más fuera, salvo el dobe. A quien ya le había dicho el tema de la carrera, y justo como imaginé, aceptó inmediatamente.
Mientras conducía al punto de reunión, mi traicionera mente intentaba imaginarse lo que estaría haciendo esa molesta chica. ¿Estarán teniendo relaciones en el dormitorio?, El solo hecho de imaginarla con otro hombre ahí, me dio dolor de cabeza.
¡Quieres dejar de pensar estupideces y concentrarte!
Me gritó mi vocecilla interior.
Tomé una gran bocanada de aire y aceleré, estábamos por llegar, y eso me excitaba. Cuatro minutos más tarde, disminuí la velocidad y me abrí paso entre las personas para poder estacionarme. El dobe aparcó a mi lado y ambos bajamos del coche.
—¡Esto es tan emocionante dattebayo! —comentó ansioso.
Ubiqué con la mirada al tal Pain y nos acercamos a él.
—Así que decidieron venir —murmuró—. Bien.
—¿Cuánto? —pregunté.
—Mil por cabeza.
Pagué mi parte y el dobe la suya. El ruido de unos motores llamó mi atención, así que nos giramos para ver la carrera que estaba por iniciar.
—¿Es carrera de chicas? —preguntó el dobe entusiasmado.
—Así es —contestó Pain—. Solo las mujeres más locas por la velocidad corren aquí…
Afiné la vista y observé tres coches en posición. Uno rosa, un verde y un rojo. No identifiqué a ninguna de las chicas, salvo a la que estaba en el auto rojo, ¿Por qué no me sorprende que Kin corra?
Un par de segundos después, apareció el Porsche negro con nubes rojas. Fruncí el ceño.
—¿Quién correrá ese? —pregunté.
—No es el de Sasori, solo es parecido —contestó—. Tenemos varios iguales, es algo así como… nuestra marca personal, solo los mejores utilizan esos autos.
Bufé. ¿Qué mierda es esa?
—¿Eso quiere decir que ella es la favorita? —preguntó el dobe.
—La mejor —respondió—. Tenía mucho sin verla correr, pero es la mejor.
Entrecerré los ojos, intenté ver através de los cristales, pero no lo logré ya que son polarizados. La chica de cabellos azules se colocó frente a ellas y les hizo la señal, y un instante después, la capa de polvo se levantó. Todos los coches corrían a gran velocidad, todo el mundo gritaba eufóricamente y parecían ansiosos por saber quien ganaría la carrera.
El terreno a recorrer tenía curvas y ciertos baches, pero nada que no se pudiese manejar. El momento de dar la vuelta de regreso, llegó y dos de los coches se derraparon más de la cuenta; solo Kin y la del auto negro, giraron bien. Y un segundo después, la desconocida tomó la delantera con gran habilidad, era como si no le hubiese costado nada de trabajo. Impresionante.
Y como era de esperarse, llegó a la meta con mucho tiempo de ventaja.
—¡Increíble dattebayo! —gritó Naruto—. ¡Es la mejor!
No dije nada y asentí. Nunca había visto a una chica correr de esa manera.
Todos se acercaron a su auto para felicitarla, el dobe me jaló del brazo para verla de cerca. Me solté de su agarre y caminé yo solo.
—Sabía que ganaría —dijo alguien que pasaba a mi costado. Lo observé y me di cuenta que era el tal Sasori.
Él se abrió paso entre la multitud y detuve mi paso de golpe.
—¡Gané! —gritó la chica, al tiempo en que lo abrazaba con fuerza.
—¿Estás viendo lo mismo que yo… teme? —preguntó Naruto casi sin voz.
¿Qué si lo veía?, ¡Mierda!, ¡Claro que si!
¡Es completamente increíble, que hasta aquí tenga que encontrármela!
Y encima de todo, es jodidamente buena.
—No esperaba menos de ti… Sakura.
Continuará…
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