viernes, 29 de junio de 2012

IJ Cap8

¡Hola! Aquí les traigo el octavo capitulo.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
En este capitulo, tanto Sakura como Sasuke narrarán, espero y no sea confuso.
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IRREMEDIABLEMENTE JUNTOS
By Tsukisaku
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DULCE VENGANZA
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El sol dio de lleno en mi rostro y me removí en las cobijas, tenía sueño y podía sentir todos mis músculos adoloridos, intenté abrir uno de mis ojos al tiempo en que ahogaba un bostezo, necesitaba saber que tan temprano ó que tan tarde era. Parpadeé un par de veces para intentar enfocar algo y mi ojo se negaba a cooperar, solté un débil gemido y volví a intentar. Unos segundos después, logré enfocar el reloj y me di cuenta que ya eran las ocho de la mañana. Volví a bostezar y me estiré por completo.
Estoy feliz. Muy feliz. Hoy es el día de iniciar con la… ¿venganza?, es hora de comenzar a cobrar mi apuesta.
Me puse de pie rápidamente, encendí el reproductor de música y coloqué uno de mis cd’s favoritos; en cuanto comenzó a sonar la canción, le subí todo el volumen y esperé. Era hora de hacer pagar al señor “arrogancia-cubo de hielo”. Abrí la puerta de mi habitación, la del baño y la que conecta a su habitación.

—¡Es hora de levantarse! —grité. Al instante pegó un brinco y me fulminó con la mirada.
—¿Qué mierda haces? —masculló furioso y sonreí.
—Cobrar mi apuesta —respondí—. ¡Necesito que limpies todo el dormitorio, a excepción de mi habitación, y que después vayas por algo para desayunar, porque sinceramente muero de hambre! —casi grité para que me escuchara, ya que la música estaba bastante fuerte.
—¿Es necesario ese infierno? —preguntó seguramente refiriéndose a la música. Asentí y me giré para salir de su habitación.
Comencé a ordenar un poco mi cuarto y no borré la sonrisa de mi rostro. Podía no estar siendo justa, pero él era realmente insoportable y era hora de hacerle saber que debe pagar. Como tú, cuando él se vea libre de la apuesta. La voz de mi cabeza replicó y la sonrisa –casi– desapareció. Eso no pasará, porque cuando el plazo esté vencido, ya habré conseguido algo de respeto por su parte. O por lo menos que me odie lo suficiente, como para no volver a hablarme nunca más.
Una vez que mi habitación se vio ordenada, asomé mi cabeza por la puerta que daba a la pequeña sala, para ver si mi esclavo hacía lo que debía. En cuanto lo divisé, mi corazón dejó de latir. ¡Únicamente llevaba puesto su boxer!, realmente intenté no mirarlo demasiado, pero ¡por kami!... sus músculos se marcaban realmente bien y…
¡Que estoy pensando!
—¿Podrías vestirte?, no necesito verte medio desnudo —bufé al tiempo en que me acercaba a él. Uchiha dejó de juntar la basura y me miró sin ningún tipo de expresión.
—Yo visto como se me da la gana, además, necesito estar cómodo para realizar las malditas labores —masculló la última parte y rodé los ojos—. Así que, si tus hormonas no logran controlarse al verme de ésta forma, no es mi problema —completó con un ligero toque de diversión, que me enfureció.
—Mis hormonas no se alborotan por cualquier cosa —espeté más que molesta—, pero como no deseo vomitar, te aconsejo que te pongas ropa encima. Ah, y no es una sugerencia, es una… orden.
Su rostro se puso rojo debido a la furia y sonreí triunfante.
—Hmph.
—Iré a bañarme, así que termina con esto y ve por la comida, que muero de hambre —le dije antes de girarme y regresar a mi habitación.
¿Quién ha dicho que la venganza no es dulce?
—¿De verdad hiciste eso? —preguntó Tenten bastante sorprendida. Habían pasado exactamente sesenta minutos, desde que le dije a ese Uchiha que saliera por el desayuno y ahora me encontraba con mis amigas, en la casa de la familia de Hinata, ya que siempre nos obligaban a desayunar ahí los domingos. Era una especie de tradición, o cosa parecida.
—Si —contesté orgullosa. Recordar la cara que puso el señor arrogancia, cuando le dije que el desayuno ya no hacía falta, porque debía salir con mis amigas… fue épica.
Claro que lo que ellas sabían, era que había ganado una apuesta por otra cosa, no por una carrera de autos.
—Te desconozco —comentó Ino con diversión—. Digo, siempre has sido la menos rencorosa y vengativa de nosotras, incluso creo que yo no sería capaz de hacer lo que haces.
—Las personas cambian —respondí orgullosa de lo que hacía.
—¿Tú?, no —me dijo—. Aquí hay algo raro… no será que ese Uchiha te gusta, y como no te hace mucho caso, ¿intentas llamar su atención desesperadamente?
—¿Qué?, ¡No! —grité—. Estás loca, ese tipo no me gusta nada.
¡La cerda está loca!, ¿Cómo puede si quiera pensar que él me interesa?... digo, si es muy atractivo, pero es solo eso: una cara bonita. Sentí un nudo en el estomago y me negué a pensar en el disparatado comentario de mi amiga.
—Yo solo espero… —intervino Hinata—. Que Sasuke no intente desquitarse, cuando todo esto termine.
La posibilidad, logró que me diera un escalofrío.
—Hinata tiene razón —prosiguió Tenten—; yo creo que deberías cuidar más como lo tratas, porque…
—Te quemarás y llorarás como la nenita que eres —completó Ino sonriente. La fulminé con la mirada y no dije nada. Quizá estaban teniendo un punto muy bueno… mordí mi labio y tomé mi jugo para darle un sorbo.
Intentaré no ser tan desconsiderada. De verdad lo intentaré… bueno, quizá.

—o—o—

¡Odio a esa molestia de cabellera rosada!

¡Maldita sea!, tengo que hallar la manera de contrarrestar lo que me está haciendo, porque si no, terminaré explotando. Se cree que porque me ganó en una estúpida carrera ¿es mejor que yo?, Hmph. No pensé que fuese a portarse como lo está haciendo y me mata no poder ponerla en su lugar como se debe.

Después de que terminara lo que esa molestia “pidió” , salí del dormitorio y me encaminé a mi coche. Me hacía mucha falta una buena dosis de adrenalina y era seguro, que encerrado en ese estúpido lugar, nunca la iba a conseguir. No me interesaba que Haruno se molestara, después de todo, ya hallará la manera de fregarme la vida… como hasta ahora. Pisé el acelerador y me dirigí a las afueras de la ciudad. Durante el camino, mi móvil comenzó a sonar y lo ignoré, prefería no ser molestado de momento, o probablemente terminaría asesinando a alguien.
Odio esto. ¡Maldito Fugaku y sus castigos de mierda!
Yo podría estar en mi casa, lleno de lujos y viviendo la vida que me corresponde… y no aquí, en medio de la nada, rodeado de idiotas que no saben nada. Estúpida Haruno. Estúpida apuesta. Pero juro que ya encontraré la manera de vengarme, ella implorará y llorará por un poco de consideración.
Cuando volví a observar el reloj, ya era cerca de la una; eso significaba que mi turno en el bar estaba por iniciar. Conduje de regreso al centro y me sentí un tanto más relajado, esperaba haber recargado fuerzas lo suficiente, porque algo me decía que esa molestia estaría lista para hacer mi vida aún más miserable de lo que ya es. En cuanto aparqué mi coche, divisé esa melena rosada que tanto me molesta, bajé del auto y ella me miró con los ojos entrecerrados.
—¿Dónde has estado? —preguntó.
—Pff, no te importa —bufé pasando de ella. Escuché como me insultaba y me seguía de cerca.
—Sabes que debes estar cerca —me recordó—, eres mi esclavo… por un mes.
Apreté los puños y me recordé que era una mujer. Estaba realmente molesto, nuevamente. Es increíble la capacidad que tiene ella para hacerme rabiar.
—Hmph. Como sea —murmuré de mala gana. Me adentré al cuarto de empleados y ella no dejó de seguirme—. Sabes, si continuas siguiéndome, comenzaré a creer que estás enamorada de mí —le dije, esperando que así se alejara de mí.
—Idiota —bufó—. También trabajo aquí ¿recuerdas?
Me mordí la lengua y me dispuse a ignorarla.
Una vez que me cambié de ropa y registré mi hora de entrada, me encaminé a la barra a sustituir a Shino. Antes de que lograra llegar a mi destino, Haruno me interceptó.
—Hoy cambiaremos lugares, te encargarás de la parrilla y yo sustituiré a Shino —espetó con una sonrisa. ¿Qué?, estaba listo para replicar, pero ella me interrumpió—. Y no puedes negarte, ya sabes… esclavo —susurró la última parte con diversión.
—Hmph.
Hice lo que dijo y me desvié hacia la parrilla. Odiaba estar en ese lugar, aunque… si ella cree que esto me molestará o me arruinará mi tarde, está muy equivocada. Claro que no soporto tener que usar una red en mi cabello, pero mis emparedados son los mejores y se lo demostraré. La miré de soslayo,  parecía feliz en el bar, hmph, tonta. Ya veremos que hace cuando necesite ayuda y yo esté tan ocupado, que tenga que hacerlo por ella misma.
Conforme avanzaba el tiempo, la satisfacción que sentía, lograba sobre pasar a la furia. Las cosas estaban saliendo mejor de lo que me esperaba; únicamente hacía falta que mirara fijamente a algunas de las clientas y ellas venían solas a pedirme comida. No necesitaba hablarles, ni sonreírles; ellas acudían solas, como abejas a la miel. La única ocasión que miré de soslayo a Haruno, me di cuenta que estaba furiosa y eso me encantó. Una hora más tarde, vino y me dijo que ya podía regresar al bar, no le dije nada y obedecí. Era mucho mejor estar rodeado de mujeres, en la barra del bar; que en esa parrilla.

El resto del turno transcurrió de manera tranquila para mí. Era extraño que no me hubiese pedido algo más, como que limpiara la bodega, o las tarjas, o que sacara la basura… pero no le presté atención. Desafortunadamente, ambos salimos al mismo tiempo, así que no pude deshacerme de ella, como me hubiese gustado. Mientras caminaba a la salida, el dobe me interceptó, venía en compañía de su novia y las amigas de ésta.
—¡Teme!, ¿Dónde estuviste toda la mañana dattebayo?, te estuve llamando —me reclamó con ese tono de voz, irritante. Me limité a rodar los ojos.
—Hola chicos —saludó la molestia a mi lado—. ¿Listas para dar una vuelta? —les preguntó a sus amigas, a lo que ellas asintieron. Al escuchar eso, me sentí un tanto aliviado, por lo menos no tendría que soportarla por un largo rato. Todos salimos al exterior y me encaminé a mi coche, saqué las llaves y me dispuse a abrirlo.
—Hoy no podrás irte en tu… cochecito —me dijo Sakura, al tiempo en que se acercaba a mí—, porque me lo prestarás para que salga con mis amigas —completó con una sonrisa.
La sangre comenzó a burbujear con fuerza, y la ira me golpeó, como si fuese un tornado. ¡De ninguna manera dejaré que toque mi precioso auto!
—No —gruñí—. Nadie toca mi coche.
—Eso no me interesa, niño bonito —replicó frunciendo el ceño—. Eres mi esclavo, y los esclavos no tienen derecho a replicar nada.
—Me importa una mierda lo que digas, no te dejaré conducirlo —bramé furioso.
—¿A qué le tienes miedo? —preguntó—. Sabes que soy tan buena con los coches, como tú.
Apreté las llaves que tenía en la mano y la fulminé con la mirada. Naruto se acercó a nosotros, colocó una mano en mi hombro y se acercó a nosotros para susurrarnos algo.
—Teme, siento decir esto pero… una apuesta es una apuesta —lo miré y me dispuse a matarlo. ¿De qué maldito lado está el traidor?
—Hmph. Si le pasa algo… así sea una pequeña ralladura… la pagarás caro —la amenacé—. Me importa una mierda si eres mujer —su cara se contrajo por unos segundos—. Ah, y solo recuerda que la venganza es un plato que me encanta comer… frío.
Le entregué las llaves y me giré para salir de ahí. Era la primera vez que una mujer me humillaba tanto,  nunca en la vida me había pasado algo parecido y era horrible. Lo peor de todo era que no podía simplemente negarme, el idiota de Naruto tenía razón en algo: Una apuesta es una apuesta; yo di mi palabra y debo cumplirla. Pero también es cierta una cosa: Ya llegará mi momento de vengarme… y ella lo pagará con creces.

—o—o—

El timbre que anunciaba el cambio de clase, resonó, así que corrí al aula que me correspondía. Era la última clase del día, gracias a Kami. Estaba siendo un lunes de lo más… agotador. Admito que mi fin de semana había sido excelente, sobre todo cuando ese Uchiha tuvo que prestarme su auto –el cual por cierto, corre genial–, lo que no me agradó para nada, fue la amenaza que me soltó. Mis amigas ya me lo habían advertido y no me lo había querido creer, pero que ilusa. Por eso de ahora en adelante, ya no lo trataré tan mal y seré más considerada con mis peticiones.
Entre al salón y me acomodé en el lugar de siempre. La clase de cálculos financieros es de mis favoritas, porque es en la que mis notas son las mejores de la clase. ¿Qué puedo decir?, estos temas se me dan con facilidad. El profesor Morino comenzó a repartir unas hojas con algunos ejercicios, al tiempo en que explicaba que sería una labor en parejas y que se debería responder todo, antes de que la clase llegara a su fin. Para mi desgracia –y no es que me sorprenda–, Uchiha fue asignado como mi compañero, así que juntamos nuestros lugares y nos dispusimos a trabajar. Le di una revisión parcial al ejercicio y era sencillo, tan sencillo que casi podía saborear mi felicitación.
—¿No me pedirás que lo resuelva? —preguntó el señor arrogancia.
—No, yo deseo sacar una nota perfecta, así que limítate a observar —le dije. El frunció el ceño y no replicó nada. Saqué mi libreta y comencé a trabajar en el ejercicio, eran cálculos enredados, pero sencillos de comprender. Miré por el rabillo del ojo que él también sacaba su libreta y se ponía a escribir, decidí no hacer ningún comentario y me concentré en lo que hacía.
—Ese cálculo, está mal hecho —aseguró. Miré hacia donde apuntaba su lápiz y bufé.
—Eso quisieras —me burlé—. Soy la mejor de la clase, así que sé lo que hago.
—No seas terca y cámbialo —replicó fríamente. Me enfurecí y lo fulminé con la mirada. ¿Acaso me cree tonta?
—Sé muy bien lo que hago, Uchiha —le dije.
—Hmph. ¿quieres apostar? —preguntó.
—¿Deseas volver a ser humillado por una chica? —me burlé y él entrecerró los ojos.
—Si gano, se invierte la anterior apuesta. Tú serás mi esclava por el mes acordado… ¿aceptas?
—Hecho —acepté inmediatamente—. Pero si yo gano, continuarás siendo mi esclavo… por dos meses.
—Trato.
Sonreí triunfante. Ya tenía esclavo por dos meses. Ese Uchiha no sabe en lo que se metió al apostar conmigo en mis terrenos, yo nunca he salido mal en un ejercicio de ésta clase y si cree que ahora lo haré, significa que perdió la razón. Terminé de pulir el trabajo y sonreí sumamente satisfecha. Estaba feliz, muy feliz. Ambos nos levantamos y caminamos hacia el escritorio del profesor, con libretas en mano.
—Aquí tiene —le dije entregándole lo que había hecho.
—No esperaba menos de mi mejor alumna —me elogió y me sentí más satisfecha. Comenzó a analizarlo detenidamente.
—Sé que el de ella está mal, así que aquí le dejo el correcto —le dijo ese Uchiha con arrogancia. Le entregó su libreta y se quedó de pie junto a mí.
—Tú eres el que está mal —me quejé.
—Interesante —contestó el profesor.
Se tomó un largo rato para revisar ambos trabajos y no emitió ni un solo gesto. Mientras esperábamos la obvia respuesta, recordé las palabras de la cerda: “no será que ese Uchiha te gusta, y como no te hace mucho caso, ¿intentas llamar su atención desesperadamente?” ¡Por supuesto que no!, por favor, nadie realmente creería que yo hago esto solo para llamar su atención. Es decir, es un cubo de hielo insoportable, ¿Quién querría salir con él?... bueno, estúpida pregunta. Pero él no me interesa, únicamente me provoca ahorcarlo. Además, ellas no se creen que pueda actuar de ésta forma, porque nunca antes lo había hecho. Aunque si supieran que compito en carreras clandestinas, creo que no opinarían lo mismo.
—Terminé de revisar ambos trabajos —comenzó el profesor—. Y debo decir que –efectivamente– hay uno de los dos que está mal.
Sonreí y me dispuse a echarle en cara mi perfecta y consecutiva victoria. Creo que después de esto, su ego se desinflara de manera considerable.
—El ejercicio que está bien resuelto, es el de…

—o—o—

Las clases finalizaron y salí del edificio, mi estúpido teléfono no dejaba de vibrar y ya me estaba volviendo loco. No necesité ver la pantalla nuevamente para saber quién era, Fugaku había estado llamando exactamente cada hora y realmente parecía decidido a no dejarme tranquilo. Cuando estuve en el exterior, decidí responder. Diez segundos bastaron, para que comenzara a sermonearme sobre mi falta de atención, mi rebeldía y no sé cuantas mierdas más. Opté por no replicar nada, o terminaría diciéndole lo mucho que lo odiaba justo en estos momentos. Como era de esperarse, me preguntó si ya había logrado conseguir un buen empleo y si eso no estaba afectando mis notas en la universidad, también me regañó por no haber llamado a mi madre y por haber evitado que Itachi se inmiscuyera en mi vida. Cerré los ojos y masajeé mi sien, la verdad me estaba conteniendo más de lo necesario, y temía que si explotaba, me negara el derecho de conservar mí preciado automóvil.
¿Me estás escuchando? —preguntó—. Quiero que telefonees a tu madre y que te comportes bien, como el buen hijo que deberías haber sido.
—Hmph.
Tomé una gran bocanada de aire y esperé a que continuara con el acostumbrado sermón. De hecho, creo que lo único bueno de no estar en mi casa, es que no tengo porque soportar a mi padre. Cuando por fin finalizó, me amenazó con desheredarme o algo así, si no hacía lo que me pedía y cortó la comunicación. ¿Y me preguntan de dónde saqué mi frialdad y arrogancia?
Guardé el teléfono en mi pantalón y me encaminé a mi auto. Un par de chicas me sonrieron como bobas en el transcurso y me limité a ignorarlas. Una vez que estuve frente a mi precioso convertible, me odié por haber permitido que esa molestia lo usara la noche anterior. Realmente odio las apuestas. Aunque vengarme por una apuesta, no. La venganza me gusta.

—¡Sasuke! —la ruidosa voz del dobe llegó a mis oídos y maldije su efusividad. Llegó corriendo hasta donde estaba y colocó una mano en el coche, mientras luchaba por recuperar el oxígeno.
—¿No puedes dejar de ser tan escandaloso? —le dije mirándolo feo.
—Escuché lo de la nueva apuesta —me dijo ignorando mi comentario pasado. Claro que lo sabía. Rodé los ojos y no dije nada—. ¿En qué pensabas? —preguntó al tiempo en que soltaba una carcajada. Gruñí.
—Me voy —bufé. Abrí la puerta del conductor y aventé mi mochila dentro.
—Teme —me llamó antes de que cerrara la puerta—. Sólo, no vayas a perder la razón dattebayo… intenta ser… ¿pasivo?
No contesté y cerré la puerta. ¿Pasivo? ¿Yo?... ¿Cuándo se ha visto algo así?

Conduje hasta el restaurante solitario que había hallado unas semanas atrás y compré algo para comer. Necesitaba un tiempo de calidad a solas, antes de que el nuevo terror iniciara. Me compré una cerveza, un platillo sencillo y degusté mi comida. Tenía varios días sin sentirme tan… ¿a gusto?, la verdad es que mi soledad es única y me encanta. Es bueno no tener que estar siendo acosado a cada instante del día. Cuando estaba por terminar de comer, saqué el móvil y llamé a mi madre; la cual inmediatamente comenzó con reclamos muy maternales. Se puso toda sentimental por mi falta de consideración e incluso creo que estuvo al borde del llanto; Mikoto puede ser demasiado bipolar, un minuto está feliz y al siguiente ya no. Eso es algo que me confirma que mi familia está loca. Unos cinco minutos después, corté la llamada, no sin antes prometer que me comunicaría con ella más seguido; mi madre es muy persuasiva y siempre consigue lo que quiere. Cosa que afortunadamente… heredé.
Un rato después, regresé al edificio. Había muchas cosas que hacer, la mayoría molestas, pero que no podía postergar. Una vez que estuve dentro del dormitorio, me topé con la molestia de cabellera rosada, sentada en uno de los sofás de la sala. Automáticamente, nuestras miradas se encontraron y su mirada se ensombreció.
—¿Me odias? —pregunté a modo de burla—. Eso está bien.
—Te odio —masculló—. Ahora, a hacer la tarea.
Se puso de pie y se encaminó a la mesa, para tomar asiento ahí. Me acerqué a ella y tomé su barbilla entre mis dedos, sus ojos se abrieron desmesuradamente e intentó soltarse de mi agarre.
Hmph.
—A mí, nadie me da órdenes —susurré cerca de su rostro—. Espero que hayas disfrutado mucho humillándome… porque ahora te puedes dar una idea, de lo mucho que sufrirás siendo mi esclava.
—Maldito —masculló. La solté y tomé asiento a su lado.
Claro que odio las apuestas, sobre todo porque ahora debo hacer un trabajo con ella, para la clase de Morino. Pero definitivamente lo que no odio, es ganarlas y tener el control. No sabe ni lo que le espera.
La venganza es dulce… muy dulce.
Continuará…
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