martes, 12 de junio de 2012

Inevitable Atracción Cap1

¡Hola! Aquí les traigo una nueva historia, la cual espero que sea de su agrado.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
Aclaraciones: AU.
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INEVITABLE ATRACCIÓN
By Tsukisaku
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UN INICIO INTERESANTE
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De todas las cosas del mundo que jamás pensó hacer… la lista estaba encabezada por una cosa en particular: No enrollarse con alguien a quien no conoces.

Pero claro, justamente un par de días antes de iniciar su primer trabajo; ahí estaba, en un bar con sus amigas. Festejando que por fin podrían ganar un poco de dinero.

Pero a ella en particular; le alegraba bastante que ya no tuviera que depender tanto de sus padres… ¡Por fin! A sus diecinueve años recién cumplidos, Sakura Haruno había conseguido su primer trabajo. Realmente no era la gran cosa, pero era algo que le emocionaba mucho.

¡Había conseguido trabajo en un cine, y en uno de los mejores! Era un nuevo complejo que abriría en una semana; y por suerte no quedaba tan lejos de su casa.

Y por ese motivo, se embriagaba con sus amigas, festejaban su "gran logro"… cuando de repente observó a un sujeto en la barra. Muy apuesto; de esos hombres que ya no se ven por la calle.

Alto, piel blanca, cuerpo de infarto, cabellos rebeldes azabaches y unos hermosos y penetrantes ojos negros. Lo miraba "disimuladamente", aunque llevando litros de alcohol en el cuerpo, ella poseía un nuevo concepto de discreción. Aquel hombre le parecía extremadamente sexy e interesante; se veía mayor que ella, ¡Pero que importaba!... total, devorarlo con la mirada no era pecado, ni mucho menos un delito.

Lo que ella daría por poder estar con un hombre así, de repente, aquel hombre posó su mirada sobre ella, al instante un fuerte rubor cubrió sus mejillas. Sentía que el sujeto podía desnudarla con sólo mirarla.

Inconcientemente mordió su labio… ¡Aquel sujeto le fascinaba!


Volvió a tratar de prestar atención a lo que sus amigas decían, pero no podía, sus ojos involuntariamente se posaban sobre aquel cuerpo perfecto que tenía frente a sus ojos.

El sujeto parecía mirarla a ella con detenimiento, ¿Eso podía ser verdad? ¡No que va! Se decía mentalmente Seguro esta viendo a alguien que esta cerca de mí… Un chico como aquel, no podía verla a ella.

No es que fuera fea; pero no se consideraba una mujer en extremo hermosa, como las que de seguro ese hombre prefería.

Observó disimuladamente hacia los costados, tratando de hallar a la chica que le estaba robando la atención de ese monumento perfecto. Pero no vio a nadie relevante, sólo mujeres con sus parejas y a hombres.

Se observó a si misma y contempló su aspecto. Estatura media, piel blanca, ojos color jade y cabello rosado a los hombros; vestía una falda negra corta, una polera de tirantes rosa claro y unas botas negras.

No estoy tan mal… ¿Él podría estar viéndome?... posó su ojos sobre él. Pero ya no lo encontró ¿En qué momento desapareció de su vista? Hizo una pequeña mueca y le dio un trago a su bebida.

Cerca de la media noche, todas salieron del bar dispuestas para irse a su casa. Por suerte llevaban sus autos; la joven de cabellos rosados poseía un pequeño y viejo auto que le habían regalado hacía un año, no se quejaba, después de todo le servía para moverse.

Sus mejores amigas eran una rubia de su edad; ojos azules, estatura media y buenas proporciones, de nombre Ino Yamanaka. Su otra amiga era una castaña, más alta que ellas, delgada, de ojos marrones, de nombre Tenten Kuonji.

—Nos veremos mañana frentona —le dijo su rubia amiga.

—Claro, cerda —contestó con un intento de sonrisa.

—Cuídate Sakura —le dijo otra de sus amigas llamada Tenten, antes de subirse al auto de la rubia.

—Adiós.

Se despidió de las chicas, y comenzó a caminar por la oscura calle hacia donde había dejado su auto aparcado. Mientras tanto, sus pensamientos eran ocupados por cierto sujeto de cabellos azabaches.

¡Por kami, era terriblemente apuesto!

—¿No crees que no deberías estar sola en la calle a estas horas? —le preguntó de repente un hombre que estaba parado a un lado de un auto muy lujoso. Ella giró su cabeza y se topo con aquel perfecto hombre.

—Mi coche esta al final de esta calle —contestó deteniéndose frente aquel sujeto.

—Durante ese lapso, podría pasarte algo —le dijo con ese tono de voz frío.

—No lo creo —contestó sin apartar la mirada de él, y tratando de que los nervios no la hicieran su presa.

—Hmph… Será mejor que te acompañé para asegurarme —murmuró comenzando a caminar. La joven Haruno se mordió el labio ¿De verdad aquel hombre estaba hablando con ella?

Caminaron el resto de la calle en silencio hasta que llegaron al auto, y una vez ahí, el hombre se quedó observando el vehiculo con curiosidad.

—¿Esto es tú auto?

—Si.

—¿Y no se descompondrá en el camino? —preguntó a modo de burla.

—No —dijo cortantemente… se sentía un poco mareada y lo que menos deseaba era discutir con un hombre extraño, auque este fuese como un dios griego—. Gracias por la compañía, pero debo irme.

—¿Y podrás manejar en ese estado?

—Claro… no he bebido tanto —se defendió, aunque no fuera del todo la verdad.

—Hmph —se acercó a ella lentamente, la joven de cabellos rosados se sonrojó fuertemente. ¿Qué planeaba hacer aquel atractivo hombre?

Contuvo la respiración, en un inesperado movimiento, ya se encontraba acorralada entre su auto y un perfecto cuerpo.

—¿Qué… haces? —murmuró débilmente. Sentía su corazón latir a toda prisa. El rostro de aquel hombre estaba cada vez más cerca del suyo… ¡Por Kami, de cerca era mucho más atractivo!


Los rayos del sol se filtraban por su ventana, trató de cubrirse con las mantas el rostro para poder continuar con su sueño, pero algo se lo impidió… ¡Un momento! ¡Ahí no tenía mantas, ni si quiera estaba acostada en su cama! Se talló los ojos con sus manos para poder aclarar un poco su vista. ¡¿Por qué aún sigo en mi auto?! Se preguntó observando alrededor; sentía que su cabeza le daba vueltas debido a la resaca de la noche anterior, ¿Qué pasó? Llevó una de sus manos a su cabeza y cerró los ojos ¿Por qué aún sigo aquí?

Trató de aclarar sus ideas… ¡Bien! Recuerdo que salimos del bar, me despedí de las chicas, caminé hacia mi auto, me topé con aquel sujeto, y… ¡Oh no! Él… y yo… en mi auto… ¡Oh por Kami!... ¡Yo no pude haber hecho eso!

Abrió los ojos como platos. ¿Acaso ella y él…? Recordaba ciertas cosas. El sabor de sus fríos y expertos labios, sus manos recorriéndola con caricias magistrales, que le quemaban como fuego.

Buscó las llaves de su auto y lo puso en marcha; lo más seguro es que sus padres estuvieran preocupada por ella. ¡Jamás volveré a probar una gota de alcohol! Pensó mientras conducía.

—o—o—o—

Al otro lado de la ciudad; un hombre de cabellos azabaches salía de una importante junta. No había logrado concentrarse en nada durante toda la mañana, el motivo era simple.

La noche anterior su amigo lo había invitado a tomar unas copas, y no teniendo más remedio que aceptar, accedió. Naruto Uzumaki, era su mejor y único amigo desde que iban en jardín de niños: un rubio hiperactivo, bastante atractivo, y dueño de unos hermosos ojos azules. Las personas que los conocían, no imaginaban como es que eran tan buenos amigos, lo que no sabían era que eran más parecidos de lo que la gente imaginaba, además de que sus actitudes se complementaban.

Durante la mayor parte de la noche, se la pasó escuchando las cosas que su rubio amigo le decía, hasta que observó a una chica, con un extraño color de cabello que llamó su atención. La observó durante un rato; parecía ser mucho más joven que él, pero aún así no podía dejar de mirarla, esa joven le llamaba la atención.

Definitivamente; Sasuke Uchiha no era el tipo de hombre que buscaba a las mujeres... ¡Todo lo contrarío! Las mujeres lo seguían como abejas a la miel. Y no era para menos; era un hombre de veinticinco años de edad, sumamente atractivo, y heredero de una de las empresas cinematográficas más importantes de todo el continente asiático.

Jamás en toda su vida había prestado atención en una mujer más de lo debido, y mucho menos en una que parecía ser más joven que él.

Trató de ignorar sus impulsos y continuó prestando atención a lo que su amigo le decía. Un rato después pudo sentir como alguien lo observaba con insistencia; así que giró su rostro y se topó con unos ojos color jade, muy hermosos. Sonrió de medio lado, seguramente esa chica había caído en sus encantos como todas. Tan sólo la observo unos segundos, para después retirarse de aquel bar.

—¡No se te olvide que mañana tenemos una junta, a las siete de la madrugada teme! —le dijo su rubio amigo, mientras abría la puerta de su auto.

—Hmph… ¿Cómo olvidarlo? —bufó mordazmente. Él odiaba esas estúpidas juntas; le parecía ridículo que tuvieran que ser tan de mañana y en domingo. Pero en fin, él sólo era el vicepresidente ya que su hermano mayor estaba al mando.

—¡Pórtate mal! —le gritó su amigo antes de arrancar y desaparecer del lugar.

—Dobe —murmuró, para después caminar hacia su convertible negro.

Una vez dentro del auto, lo puso en marcha, pero antes de moverse del todo, las palabras de su amigo golpearon su mente, seguido de la imagen de aquella joven de cabellos rosados.

¿Por qué no? Se preguntó… después de todo, esa podría ser de las últimas veces que estuviera con una chica. Esperó durante un rato, hasta que divisó a las chicas salir del lugar, bajó de su auto y se recargó en el mismo.

Pronto la chica de ojos jade caminaba su dirección, así que, tras entablar una muy pequeña conversación con ella, la acompañó a su auto.

—¿Esto es tú auto? —le preguntó al ver un pedazo de chatarra vieja.

—Si.

—¿Y no se descompondrá en el camino? —preguntó a modo de burla.

—No; gracias por la compañía, pero debo irme.

—¿Y podrás manejar en ese estado? —le preguntó al ver que la chica se movía de manera extraña. No sabía porque le importaba, pero tampoco deseaba repirmir lo que estaba comenzando a experimentar.

—Claro… no he bebido tanto.

—Hmph —él la observaba fijamente. La chica no era fea, pero definitivamente no podía hacer nada con ella, aunque tampoco permitiría que manejara en ese estado. Así que se acercó a ella lentamente para ayudarla a subir al auto.

—¿Qué… haces? —le preguntó la chica sonrojándose fuertemente, acto que le pareció divertido al azabache.

—Te llevaré a casa, no puedes conducir en ese estado —respondió muy cerca de su rostro, Sakura únicamente negó con la cabeza—. Entonces te haré compañía hasta que te sientas mejor —la ayudó a entrar al auto, para luego entrar él y sentarse en el lugar del copiloto.

¿Por qué hacía eso? Ni el mismo lo sabía, definitivamente esa noche no era él mismo. Algo en aquella joven lo impulsaba a hacer cosas extrañas. La observó a los fijamente, se veía tan indefensa, miró con detenimiento cada una de sus facciones, hasta detenerse en sus labios.

Definitivamente, lucían apetitosos… Sakura se mordió el labio y eso le gustó aún más. Así que inesperadamente los atrapó en un demandante beso, que la chica le correspondió gustosa. Sus expertas manos comenzaron a explorarla de manera excelsa, las cosas se estaba saliendo de control y si eso pasaba, él no lograría contenerse.

En un abrir y cerrar de ojos; la alarma de su móvil marcaba las cinco de la mañana, ¡Era sumamente tarde! Aún debía llegar a su departamento y arreglarse para la junta. Así que no tuvo otro remedio que dejar a la chica dormida en su auto; no sin antes copiar el número de su móvil para guardarlo.

—¡Teme! —le gritó su amigo distrayéndolo de sus pensamientos.

—No grites —gruñó con el ceño fruncido.

—¡Perdón señor amargado! —Exclamó el Uzumaki mientras entraban a la oficina del azabache—. Mejor dime ¿Qué es lo que te pasa?

—¿A qué te refieres? —preguntó arqueando una ceja.

—A que durante toda la junta estuviste en otro mundo.

—Sólo fue tú imaginación —mintió—. Lo único que ocupa mi mente, es la detestable idea de tener que estar frente al nuevo complejo por un mes.

—¡Si, pero ¿Qué se le hace? —comentó con una sonrisa—. Mejor que te parece si vamos a desayunar un plato de Ramen —le sugirió rápidamente. El Uchiha rodó los ojos, su amigo nunca cambiaría.

—o—o—o—

¡Por fin era lunes! El día en que iniciaría su nuevo trabajo; ya había hecho algunas prácticas, pero aún les faltaba un poco. Estaban a cinco días de que el cine abriera y debían preparar todo; por lo tanto esos días serían de limpieza y organización.

Se vistió con ropa informal, tomó sus cosas y salió corriendo de su casa. Mientras conducía por las calles de Tokio, su mente recordaba lo que había pasado la madrugada del sábado, ni si quiera había tenido el valor para contárselo a sus amigas, le daba mucha vergüenza. Sobre todo por que aquel sujeto, del cual ni siquiera sabía su nombre, ¡La había dejado tirada como si nada! Se sentía usada, no recordaba mucho, y esa tampoco era buena señal.

Rápidamente llego a su destino; aparcó su auto en el estacionamiento del centro comercial y se encaminó al interior. Pronto diviso a sus amigas, al menos no estaría sola en su nuevo empleo; también había muchos jóvenes. Unos minutos después llegaron cuatro personas, que al parecer serían sus nuevos gerentes.

Los guiaron a una de las salas y les indicaron que tomaran asiento.

—¡Buenos días! —saludó uno de ellos—. Nosotros seremos sus nuevos gerentes, aún falta uno más, que esperemos llegue en cualquier momento —se detuvo unos segundos—. Mi nombre es: Neji Hyuga y seré el encargado de Recursos humanos —concluyó un sujeto alto, de piel banca, cabello negro y ojos perlados.

—Mi nombre es Temari No Sabaku, y seré la gerente de Proyección —anunció una mujer alta, rubia, de ojos azules.

—Yo soy Shikamaru Nara y seré el encargado del área de taquilla —continuó un hombre alto, de cabello negro, moreno y con expresión de fatiga.

—Mi nombre es Chouji Akimichi y seré el gerente de las áreas encargadas de los comestibles —finalizó un sujeto alto, de cuerpo llenito, y cabellos castaños.

Todos estaban muy atentos a las presentaciones y justo cuando el último termino de presentarse. Entró un sujetó más en escena… la joven de cabellos rosados abrió los ojos desmesuradamente.

¡Era él!

—Buenos días —dijo fríamente—. Mi nombre es Sasuke Uchiha y seré su gerente general —anunció rápidamente. Todas las mujeres presentes comenzaron a murmurar cosas y a devorarlo con la mirada—. Ahora procederemos a explicarles algunas cosas que deben saber.

¡No puede ser!... él es… mi ¿Jefe? Sentía que su corazón latía a toda prisa, tanto que en algún momento se le saldría del pecho… ¿Hay algo peor que enrollarte con un extraño? ¡Claro que si! ¡Que ese desconocido sea tú nuevo jefe! Se gritó mentalmente.

Continuará…
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