viernes, 8 de junio de 2012

MQUO Cap18

Aquí les dejo el capi dieciocho. Aclaro que es un incesto, así que cada quien lee bajo su responsabilidad.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…
Aclaraciones: AU.
La narración esta en primera persona; pero en esta ocasión tanto Sasuke como Sakura, serán los narradores.
MÁS QUE UNA OBSESIÓN
By Tsukisaku
DESEO CONCEDIDO
. 
Me removí ligeramente y busqué cubrir mi rostro con las mantas, el sol ya comenzaba a molestarme y no tenía nada de ganas de moverme. Respiré con profundidad y abrí un ojo para revisar la hora, eran a penas las siete de la mañana. Tallé mis ojos con ambas manos y clavé la vista en un punto del techo. Hoy era el día. A partir de hoy, mi vida tomará un nuevo rumbo y estaré sola, como éste último año.
Un año…
Es increíble que siga respirando después de todo lo que me ha pasado. Estoy viva, pero no feliz. Me he convertido en una persona solitaria y sin ganas de crear lazos afectivos con nadie, ¿para qué hacerlo?, después de todo, las personas te abandonan siempre en el momento más inesperado y de formas demasiado dolorosas. Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, así que los cerré y tomé una gran bocanada de aire. No más llanto.
Me levanté de la cama y caminé a mi pequeño armario, tomé una toalla y me encaminé al baño. Una vez dentro, abrí el grifo para que el agua comenzara a caer, en tanto yo me despojaba de mi pijama. Cuando mi cuerpo hizo contacto con el tibio liquido, sentí un delicioso escalofrío. Si había una cosa que disfrutaba realmente, eran las duchas matutinas; lograban refrescarme y me hacían sentir un poco mejor. Una parte de mí intenta creer, que con cada ducha, algo de la vieja Sakura se lanza al desagüe y no vuelve nunca más. Unos minutos más tarde, cerré el grifo y envolví mi cuerpo en la toalla. Me detuve frente al espejo y observé mi reflejo: esa chica no se parece a mí. Y me alegro. Ella ya no tiene ese brillo en sus ojos, ni una sonrisa en los labios; ahora siempre está seria y tiene esa mueca de indiferencia todo el tiempo. Su cuerpo está un tanto más desarrollado; sus senos se volvieron más pronunciados y sus curvas se acentuaron. Ya no hay rastro de la ilusa niña. Su cabello está más largo, casi hasta llegarle a la cintura. Ya no se maquilla, ni usa ropa provocativa o colorida; prefiere ir de colores oscuros. Pero lo más importante: su corazón está completamente congelado.
¿Quién necesita sentir?

Cepillé mi cabello y regresé a mi habitación. Busqué la ropa que me pondría y comencé a vestirme; unos simples vaqueros oscuros y una blusa de manga larga, del mismo color, eran suficientes para mí. Miré a mí alrededor e hice una lista mental de las cosas que aún me faltaban por empacar. Tomé la maleta que estaba más vacía y proseguí con lo que había dejado la noche anterior. Intenté no distraerme, hasta que fuera hora del desayuno; esperaba realmente terminar de empacar, antes de eso. Cuarenta minutos después, volví a observar toda la habitación y me aseguré que nada se me olvidara. Nada, ya todo estaba tan vacío, como mi corazón. El sonido de alguien golpeando mi puerta, llamó mi atención, así que murmuré un “adelante” y esperé a que apareciera una de las hermanas.
—El desayuno está listo —anunció, al tiempo en que pasaba sus ojos por el lugar—. Veo que ya terminaste de hacer las maletas, eso está muy bien.
—Gracias —murmuré.
—Entonces, apresúrate —dijo, antes de volver a cerrar la puerta. Solté un suspiro y me dispuse a seguirla. Salí de la habitación, para después comenzar a caminar por los largos y solitarios pasillos. Llegué a la planta baja y me encaminé al comedor, el bullicio ya comenzaba a escucharse: platos siendo servidos, murmullos de chicas y pasos de mujeres yendo de un lado a otro. Cuando ingresé a la estancia, murmuré un: “buenos días” y tomé asiento en mi lugar.
Estar en un internado no eta tan malo, sobre todo si no tenías molestas amigas que intentaran hacer conversación contigo. Las horas de la comida, eran demasiado tranquilas, así como el resto de los ratos que tenía libres. Al principio, varias de las chicas intentaron acercarse a mí, pero nunca lo permití; siempre fui demasiado fría y bastante despectiva, así como grosera. Imagino que con el tiempo, se hartaron y decidieron simplemente ignorarme. Aún seguía en contacto con Ino y era la única, pero únicamente por cartas. No le permití que me visitara, incluso me aseguré de que los altos mandos del internado, no dejaran bajo ninguna circunstancia, que nadie me visitara. No necesitaba las demostraciones afectivas de nadie y mucho menos su lástima.
Sé perfectamente que cuando todos me miran, dicen: “Pobre Sakura, ahora si está completamente sola en el mundo”. Mi corazón se oprimió y dejé de pensar. Cuando terminé mi desayuno, agradecí por los alimentos, me puse de pie y me encaminé a la oficina de la directora. Era momento de avisar que todo estaba listo para mi salida.
En cuanto el coche que me transportaba, salió de la enorme propiedad, me sentí ligeramente asustada. Había estado un año completo en Kunoichis Hall, no había salido para nada, ni si quiera en las festividades más importantes. Siempre estuve refugiada en mi habitación y ahora que ya no estaba ahí, me sentía desprotegida. Volví a observar mi diploma y me sentí orgullosa de mi misma, había obtenido un promedio perfecto e inmejorable, seguramente mis padres estarían muy orgullosos de mí. Un nudo se instaló en mi garganta y luché por no pensar en el tema. Los extrañaba demasiado y odiaba el hecho de que hubiesen muerto lejos de mí, y lejos de su ciudad natal. Si yo creía que ya sufría por no tenerlo a… él. Mi dolor se multiplicó mil malditas veces. Uno jamás piensa en como se sentirá y es horrible, simplemente deseaba arrancarme el corazón y no volver a sentir nada de nada. Tomé una gran bocanada de aire y fijé mi vista en el exterior. Hacía mucho que no pensaba en ese maldito bastardo de mierda, que lamentablemente aún es familiar mío. Lo odio y ojalá jamás tenga el desagrado de volver a verlo en mi completa vida.
Rápidamente, la civilización comenzó a aparecer de nuevo en mi campo de visión y solté un pequeño suspiro. Ya no tenía una casa propia a la cual regresar, puesto que le pedí a Itachi que vendiera todo y guardara el dinero en el banco. Por lo tanto, solo tenía un lugar al cual ir; por suerte solo estaría ahí un par de días y después me iría a la universidad. Cuando el automóvil del colegio aparcó frente a la casa, bajé todas mis cosas y con mucho esfuerzo las metí al interior. Hacía muchos que no pisaba ese lugar, una de las sirvientas me ayudó a subir mis cosas a la antigua habitación de mi madre y ahí me instalé de manera provisional. Era bueno que Itachi trabajara hasta tarde, así no tendría que instalar una sonrisa en mi rostro.
No tenía ni dos minutos ahí, cuando alguien golpeó mi puerta. Solté los documentos que llevaba, sobre el pequeño escritorio y me volví para abrir. En cuanto vi de quien se trataba, mis ojos se abrieron por completo.
—¿Qué haces aquí? —pregunté.
—¿Un año sin verme y es todo lo que me dices? —preguntó arqueando una ceja. Se lanzó a abrazarme y sentí un nuevo nudo en la garganta—. Por cierto, debería estar molesta porque no me dejaste visitarte ni nada, incluso pensé que deseabas sentirte como en una prisión o algo.
—Lo siento —murmuré. Mi amiga siempre tan efusiva, me soltó y me regaló una sonrisa.
—Te perdonaré después de que vengas conmigo —me tomó de la mano y comenzó a jalarme.
—No es buena idea, la verdad es que…—intenté reusarme, pero no funcionó. Cuando parpadeé, ya estaba siendo arrastrada hacia uno de los salones principales, esos que solo se usaban cuando había fiesta—. ¿Qué es lo que…?
Mi pregunta murió en mi boca, cuando Ino abrió la puerta y observé a mi alrededor. Ahí había personas, básicamente mis viejos amigos: Tenten, Gaara, Neji, Temari, Kankuro, Sai, incluso Sasori, Hinata y Naruto.
—Tú tío Itachi deseaba estar aquí, pero se presentó algo y tiene que retrasarse un poco —observé a todo el mundo y me sentí como bicho raro. Había pasado demasiado tiempo sin estar en compañía de tantas personas, o al menos, personas que tuvieran como objetivo hablarme y era raro. Mi corazón no latía con rapidez, pero sentía nauseas.
—Bienvenida —escuché que dijo la mayoría. Paseé mis ojos entre todos y me forcé a colocar una pequeña sonrisa en mis labios. Ellos nunca habían sido groseros, así que tampoco se merecían mi frialdad.
Tenten me abrazó con fuerza, así como Temari, Sai, Hinata y Naruto.
—Es bueno volver a verte, Sakura-Chan —me dijo con una gran sonrisa.
—Gracias.
Un escalofrío me recorrió y las ganas de salir huyendo, me golpearon con fuerza. Todas esas personas habían sido importantes en mi vida, pero desde que entré al internado, busqué alejarlos de mí y aún así… aquí están. Todos parecen realmente a gusto con mi presencia, aunque yo no lo estoy. No quiero hablar, no quiero sonreír, no quiero llorar de nuevo, no quiero… sufrir. Mis ojos amenazaron con nublarse, así que me mordí la lengua.
Tomamos asiento y fingí que escuchaba todo lo que me contaban, no es que no me importara, pero no tenia ánimos de estar ahí. Una hora después, arribó Itachi, quien me abrazó con fuerza y no dijo nada más, cosa que agradecí. Él tomó asiento a mi lado y puso atención a todo lo que ahí se decía.
—Vamos Sakura, cuéntanos algo —insistió Tenten.
—No hay nada que contar —respondí secamente—. Asistía a clases, estudiaba, comía, dormía y ya —todos guardaron silencio por unos segundos y temí haber sido demasiado grosera—. Lo siento, pero realmente no tengo ganas de charlar ¿ok? —les dije, antes de ponerme de pie y salir de la estancia.
Me sentía sulfurada. Soy consciente de que no es culpa suya, pero simplemente no estoy lista para estar rodeada de personas y fingir que todo está bien. Me molesta que intenten preocuparse por mí. No necesito la lástima de nadie.
Me encerré en la habitación y me acerqué al pequeño escritorio, tomé las cartas de aceptación que recibí de las universidades y me dispuse a elegir una. Tenía cartas de: Inglaterra, España, Canadá y Estados Unidos. No tenía de Japón, porque simple y sencillamente, no deseaba residir en ésta ciudad. Deseaba ir lo más lejos posible y comenzar de cero.
—¿Puedo saber qué te pasa? —la voz de Ino resonó por el lugar y me irritó el hecho de que no respetara mi privacidad. Me giré y la fulminé con la mirada.
—¿No comprendes que deseo estar sola? —mascullé.
—¡Pero claro que lo deseas! —gritó al tiempo en que cerraba la puerta, para darnos más privacidad—. Por eso te alejaste de todos por un año, ¿no?, por eso no dejaste que estuviéramos contigo cuando más lo necesitabas.
—No necesito de la lástima de nadie.
—¿Lástima? —repitió sorprendida—. Sakura, no es lástima, es cariño y amor. ¿No comprendes que somos tus amigos y que te queremos?, si fuéramos personas que no conoces, podrías creer que es lástima, pero no de nosotros — me dijo molesta—. O dime algo, acaso cuando tú estabas con nosotros para apoyarnos: ¿era por lástima?
—No —contesté—. Simple y sencillamente, ya no quiero tener sentimientos por nadie. Ese es un pase rápido al sufrimiento.
—¡No puedo creer lo que estoy escuchando! —gritó—. ¿Quién eres y qué hiciste con mi amiga Sakura?, ¿Dónde está aquella Sakura que siempre era positiva y que hacia lo que fuera con tal de ser feliz?
—Murió cuando se desmoronó su corazón y la enterré cuando fallecieron sus padres —contesté fríamente.
—Sakura, son cosas que pasan, todo el mundo ha sufrido, sufre o sufrirá. Pero no por eso se cierran al mundo entero y deciden echar de lado a sus amigos —me dijo—. Bueno, quizá haya quien si lo hace, pero eso no está bien. ¿Realmente deseas estar completamente sola, toda la vida?, ¿Sin sentir nada?... no crees que…
—Basta —la interrumpí—. No necesito un sermón de cómo debe ser la vida, no regresé para esto, tan solo déjame sola.
Ino me miró por un momento y se giró para salir de la habitación, pero antes de abandonar la estancia por completo, se detuvo.
—No eres la única que sufre y sabes que eso que intentas hacer de lado, siempre te perseguirá, así te vayas al fin del mundo. Todas y cada una de las personas que están abajo, sufren por ti. Itachi más que ninguno, porque no solo perdió a su hermana, ya perdió a sus padres, su hermano está lejos y su única sobrina, ahora también lo está apartando de su vida… no quieres sufrir, pero les provocas sufrimiento a otros.
Y sin más, se fue dejándome sola.
Observé el reloj y solté un gran suspiro. Eran más de las nueve de la noche, decidí bajar a la cocina para buscar algo de comer, había estado alistando unas cosas para la universidad, que me olvidé por completo de comer. Cuando abrí la nevera, me topé con una caja de dangos que tenía una nota, enfoqué la vista y leí: Feliz Cumpleaños. ¿Cumpleaños?, ¿De quién es…?
Oh. ¡Lo olvidé!
Cerré la nevera y corrí al despacho de mi tío, esperaba que estuviese en casa. ¿Cómo pude olvidar su cumpleaños?, Ino tiene razón, soy la peor sobrina del mundo. Itachi no se merece esto. En cuanto llegué, golpeé la puerta ligeramente.
—Pasa —se escuchó, rápidamente ingresé y volví a cerrar—. ¿Sucede algo? —preguntó. Se hallaba sentado en uno de los grandes sofás y tenía un libro en sus manos.
—Lo siento mucho tío —le dije antes de abrazarlo—. Olvidé tu cumpleaños y además, fui demasiado grosera hoy y…
—Hmph, no te preocupes Sakura —me dijo. Me separé de él y tomé asiento a un costado—. Comprendo muy bien como te sientes, para nadie es sencillo perder a sus padres. Yo también me alejé un poco del mundo, al hundirme en los negocios y Sasuke hizo lo mismo que yo, ¿recuerdas que dejó la casa?, pero la vida sigue.
—Lo sé —murmuré un tanto ausente—. Pero fue demasiado dolor.
—Lo sé.
—No lo sabes… —murmuré, al tiempo en que luchaba con las lágrimas que deseaban salir.
—Un corazón roto, tampoco es tan fácil de manejar —mis ojos se abrieron desmesuradamente.
—¿Cómo… lo sabes? —pregunté atónita.
—Hmph, sé muchas cosas que tú no —aseguró seriamente.
—No importa, esa persona tampoco estuvo para mí cuando mis padres… —la voz comenzó a fallarme, así que me mordí la lengua. Era horriblemente doloroso recordar, que ese bastardo no tuvo la decencia de aparecer, ni si quiera porque se trataba de su hermana.
—Sasuke estuvo aquí, pero fue su decisión el ocultar su presencia.
—No lo defiendas, él… —mi voz murió, acaso dijo: ¿Sasuke? —. Tú…
—Yo lo sé todo —respondió adivinando mis pensamientos. Una oleada de terror me inundó—. Hmph, no te preocupes, no estoy molesto y tampoco me afecta lo que haya pasado entre ustedes.
—Yo… —sentía que la respiración comenzaba a faltarme.
—Sakura —dijo—. Hay algo que debes saber y creo que éste, es el momento perfecto.
—¿Qué es? —pregunté con recelo.
—Quiero que sepas, el porqué de uno de tus sufrimientos —aseguró. Fruncí el ceño y no comprendí nada, pero lo dejé hablar—. Tienes que saber, que sé que mi hermano te ama y que te dejó, no porque no te quisiera, si no porque no le quedó otra opción.
Bufé. ¿Qué era, el defensor de los malditos?
—Supongo que recuerdas la fiesta de tu cumpleaños número diecisiete —comenzó—. Cuando llegué ese día, tu padre me recibió, puesto que habíamos acordado darte la sorpresa. Él ya me había dicho que no estabas en el jardín, así que comenzó a buscarte por la casa, a pesar de que yo le había dicho que podíamos esperar, Fujitaka se negó, así que continuó buscándote. Cuando llegamos a su estudio musical, escuchó un ruido, así que se adelantó para llamarte. Pero dos segundos después, regresó con el rostro tan pálido, que parecía que había visto un fantasma.
Al escuchar eso mi corazón se detuvo.
Recuerdo eso, el ruido… yo lo escuché. ¿Era mi… padre?
—Cuando le pregunté lo que sucedía, me dijo q mataría a Sasuke y bueno, muchas cosas parecidas. Era un golpe para mí también, pero me vi en la obligación de guardar la calma y hacer que él también la guardara, le prometí que lo ayudaría después, así que no dijo nada —explicó seriamente—. A la mañana siguiente, nos presentamos en el despacho de Sasuke…
—¿A qué debo la visita? —preguntó Sasuke.
—Simples negocios —contestó Fujitaka. Sasuke frunció el ceño—. Iré directo al punto. Aléjate de mi hija, o te mato.
La expresión de Sasuke se ensombreció por completo.
—¿Con Sakura? ¿En serio? —preguntó Itachi—. Nunca pensé que fueras tan estúpido.
—La amo.
—¡Deja las estupideces de lado, maldito bastardo! —exclamó Fujitaka—. Sakura es tú sobrina, es de tú familiar, ¡por kami, es hija de tu hermana! ¿Qué clase de enfermo eres? —masculló.
—No la dejaré.
—Sasuke —continuó Itachi—. No tienes opción. Intercambiaremos lugares en las empresas, te vas a Nueva York y yo regreso a Japón. Y si no accedes, no solo perderás la herencia familiar, sino que además, Fujitaka está dispuesto a entablar una denuncia en tu contra y puede hundirte, en menos de lo que piensas.
—No lo haré y me importa una mierda lo que digan —contestó Sasuke fríamente.
—Como quieras; pero no solo no estarás cerca de mi hija, sino que además, Mikoto te odiará y me encargaré de destruir tu imagen por completo. No podrás ni si quiera salir a la calle, sin que la gente te lance piedras… o en el mejor de los casos, te refundiré en la cárcel y no volverás a ver la luz del día, nunca —aseguró el señor Haruno seriamente.
—Sasuke, acepta el cambio y vete —añadió Itachi. El Uchiha menor guardó silencio y apretó los puños con fuerza, no solo estaba frustrado, estaba más que furioso.
—Lo haré —masculló. No tenía ni la más remota idea de cómo contrarrestar eso, sobre todo porque Sakura era una menor de edad y su sobrina. ¿Cómo podría arrastrarla a tanto sufrimiento?
—Lógicamente, mi hija no puede saber nada de esto, así que… debes hacer que se aleje de ti, como sea.
—Hmph. No te preocupes, haré que me odie —declaró, antes de sellar el trato.
.
—¿Por eso…? —mi estomago dio un vuelco y la primer lágrima cayó.
Mi padre lo sabía, él lo sabía la verdad. No puedo juzgarlo, después de todo, ya imagino el profundo dolor que le cause con todo eso, no puedo si quiera imaginar lo que le dolió saber que su hija estaba cometiendo un acto tan vil como el… incesto. Y aún así, no me trató con despreció el poco tiempo que estuvo conmigo. Él fue el perfecto y amoroso padre, de siempre. ¿Cómo sospechar algo así?
—Yo sé que no es sencillo saber esto ahora, sobre todo después de todo lo que has sufrido, pero necesitabas conocer lo que realmente sucedió —me explicó—. No ha sido fácil para ti, pero tampoco para Sasuke… yo sé que él, realmente te ama. Y si tú deseas estar con él, no debes preocuparte por mí, que yo no interferiré en su felicidad.
—Yo…
—Si antes apoyé a tu padre, fue porque no deseaba que el futuro de toda la familia se viniera cuesta abajo. Mikoto no lo hubiese soportado, ni tú, ni ninguno de nosotros. Yo no deseaba ver a mi hermano menor en la cárcel, ni a ti, llorando toda la vida por él, ni a mi hermana destrozada por la noticia.
—Lo sé, tío  —sollocé—. Soy la peor persona del mundo, por mi culpa…
—Nada es por tu culpa.
—Claro que sí. Mi padre no debió saberlo así, él no… no puedo imaginar cuanto sufrió por mis estúpidas decisiones —deseaba golpearme por idiota. Sabía que pasaría y aún así, en lugar de alejarme, caí y me pilló la persona que menos debería.
—Sakura —inició mi tío—. Debes olvidar el pasado y buscar tu felicidad. Tú padre no te odiaba; quizá no tuviste la oportunidad de hablar esto con él, pero debes saber que él hubiese comprendido. Si tú aún amas a Sasuke, debes ir con él, porque me parece que quizá la ha pasado más mal que tú.
—No —respondí al tiempo en que me limpiaba las lágrimas—. Él debió decirme las cosas y no ocultármelas como si pensara que soy una niña pequeña. Ya sufrí mucho por su culpa y no planeo volver a hacerlo. ¡Ni si quiera tuvo el valor de venir cuando mis padres murieron!
—Sakura…
—¡No, Itachi! —grité—. Lo odio. Odio a Sasuke Uchiha y no quiero saber nada de él… ¡me importa una mierda si ha sufrido más que yo!, si él no estuvo cuando más lo necesité, tampoco estaré para él.
Me puse de pie y salí de ahí. Demasiadas cosas para una sola noche. La cabeza me dolía demasiado… Quizá es mejor que yo también muera, tal vez así, todo el mundo deje de ser infeliz por causa mía.
“Si tú deseas estar con él, no debes preocuparte por mí, que yo no interferiré en su felicidad”… las palabras de mi tío, resonaron en mi cabeza. Gracias por los buenos deseos, pero la Sakura que creía en los finales felices, ya murió y fue enterrada… y es malo desenterrar el pasado.
Me iré a Inglaterra y él no volverá a saber de mí, nunca más. ¿Quería una vida lejos de mí?
Deseo concedido.

Continuará…
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