viernes, 8 de junio de 2012

MQUO Cap19

Aquí les dejo el capi diecinueve. Aclaro que es un incesto, así que cada quien lee bajo su responsabilidad.

Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…

Aclaraciones: AU.

La narración esta en primera persona; pero en esta ocasión tanto Sasuke como Sakura, serán los narradores.

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MÁS QUE UNA OBSESIÓN

By Tsukisaku

MI DOLOR, MI OBSESIÓN

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—Esa es la única variación que ha existido con los precios —concluyó el dobe, luego de su larga explicación. Terminé de realizar las anotaciones correspondientes y esperé a que agregara algo más—. Y… ¿Cómo te ha ido estos últimos días? —preguntó cambiando abruptamente de tema. Gruñí automáticamente, advirtiéndole que estaba comenzando a pisar terreno peligroso. Odiaba que intentara inmiscuirse en mi vida, sabía cuanto me enfurecía que lo hiciese.

—Me voy —sentencié.

—Sasuke —me llamó con un tono de voz, repleto de seriedad. Permanecí en silencio y apreté los dientes, en tanto mi cerebro formulaba un par de ingeniosas respuestas, por si decidía soltarme la “charla del buen amigo” —. Creo que ya es hora de que sigas realmente con tu vida, dattebayo…

—Ahórrate el discurso —mascullé interrumpiéndolo—. Mi vida está bien, así que no necesito que estés metiéndote en donde nadie te llama —expliqué fríamente.

—Te engañas a ti mismo —bufó—. Estás arruinándote y no te importa.

—Hmph.

—Eres un maldito imbécil, que en lugar de luchar por lo que quiere, prefiere evadir la realidad —apreté el teléfono con fuerza y gruñí—. Si aún la amas, porque no intentas hablar con ella, yo creo que…

—¡Cállate! —grité al tiempo en que golpeaba mi escritorio—. Yo sé perfectamente lo que hago.

Y sin más, corté la comunicación. Odiaba que me tocara ese tema en particular, porque no se consigue una vida y me deja tranquilo.

Dejé el auricular en su lugar y tomé los papeles que estaban en mi escritorio, para después comenzar a revisar uno a uno. Mi labor no era diferente a lo que hacía cuando estaba en Japón, y ya que era lo único que lograba sacarme de mi patética realidad, prefería disfrutarla todo lo que podía.

Llevo poco más de un año en New York y siento que mi vida es una completa mierda. Si lo miro de manera objetiva, mi vida no es tan diferente a como era hace dos años. Sólo se basa en tres importantes cosas: trabajo, alcohol y mujeres; lo de más ya no tiene importancia para mí. No me relaciono con nadie, por lo tanto no tengo amigos, así que mi preciada y maldita soledad, sigue intacta. Cada semana recibo una llamada del idiota de Naruto y en ocasiones de mi hermano, pero nada me interesa. Odio que intenten soltarme el sermón de lo que debería hacer y lo que no, con mi vida. ¿A caso no comprenden que no les interesa?

¿Qué mierda saben ellos de lo que me conviene, si no han vivido todo lo que yo?




Después de que Fujitaka me obligó a dejar a Sakura, sentí que me habían arrancado el corazón y le habían inyectado miles de cuchillos. Odiaba todo lo que había pasado, ¿Cómo me permití ser tan estúpido?, esa tarde en mi oficina, cuando tuve que fingir que ella no me interesaba… morí. Todo el trayecto a E.U. fue el infierno, y peor aún cuando tuve que llegar a un departamento donde no tenía ni un solo recuerdo de ella. Ya no tenía nada que me la recordara, excepto mi memoria. La primera semana me dediqué a pasearme por bares, necesitaba emborracharme para no recordar ni siquiera mi propio nombre. Me acosté con una cantidad impresionante de mujeres, intentado que alguna me la recordara, luchando por hallar a alguien que tuviese su misma suavidad, su aroma… ¡algo!

Cuando llegué a la empresa, me sumergí en el trabajo y no me di tiempo libre para pensar en nada más. Había decidido que tenía que olvidarla, así me costara la vida misma. Unos meses después Itachi me llamó para comunicarme la muerte de nuestra hermana y me sentí morir. Regresé lo más rápido que pude y en cuanto llegué a la casa, no fui capaz de acercarme a ella. Itachi me pidió que le hablara, que le explicara todo y que no la dejara sola, pero no pude. Yo estaba experimentando el dolor de haber perdido a mi hermana y de haberla perdido a ella, no la haría revivir toda la pena que le causé cuando me fui y mucho menos en un momento como ese. No deseaba abrir viejas heridas, así que regresé a New York un par de horas después.



—Señor Uchiha —la voz de mi secretaria, logró sacarme de mis pensamientos—, lo esperan en la sala de juntas.

Me puse de pie y me dispuse a salir de la oficina. Gracias a mi arduo trabajo, me habían nombrado algo así como el empresario del año, por lo tanto teníamos una junta de accionistas para revisar algunas cosas generales y alguna mierda parecida. Y mañana por la noche, se celebrará una gala, para hacer oficial el estúpido reconocimiento.

—Encárgate de archivar estos documentos y guardar la copia correspondiente —le dije a la secretaria, al tiempo en que le entregaba un sobre.

—Enseguida —respondió—. Por cierto, su hermano llamó mientras hablaba con el Sr. Uzumaki y dijo que era urgente que le regresara la llamada.

—Hmph.

¿Ahora que mierda?

Volví a tomar asiento, mientras me dejaban solo nuevamente. Observé el teléfono y medité entre llamar a Itachi, y no hacerlo. Me levanté para servirme un whisky y regresé a mi lugar. Por algún extraño motivo, cada que Itachi me buscaba con urgencia, era para darme alguna mala noticia. ¿Qué más puedes perder?, me preguntó mí voz interior y apreté los dientes. No hay nada más cierto. Tomé el teléfono y marqué el número directo de su oficina.

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Entré al bar que solía frecuentar y pedí tres whiskys dobles. No sólo estaba furioso y apunto de matar a alguien, si no que además, tenía ganas de arrancarme el maldito corazón para ya no sentir nada más. Quisiera ya no recordar nada de nada. Miré el líquido que reposaba en el pequeño vaso y el rostro de ella apareció ahí, sin darme cuenta comencé a apretarlo con tanta fuerza, que terminó quebrándose en mí mano. Pequeñas gotas rojas comenzaron a brotar y continué apretando el vidrio contra mi piel. Rápidamente el cantinero me entregó un trapo para que me limpiara, en tanto él hacía lo propio con la barra. Saqué un billete y lo dejé allí, antes de salir del lugar.

—No debí venir.

Gotas de agua comenzaron a caer y respiré profundamente, amaba la lluvia. Justo como los primeros días en que llegué a la ciudad, no llevaba coche, así que no me quedaba de otra más que caminar. La lluvia comenzó a caer con más fuerza y continué caminando hacia ningún lugar. ¿Por qué la lluvia no podía llevarse mi sufrimiento?, ojala y fuese así de fácil. Sonreí con amargura y me golpeé mentalmente, ¿Dónde estaba el gran Uchiha Sasuke en estos momentos?

Mientras caminaba bajo la lluvia, recordé la conversación que sostuve con Itachi y sentí ganas de golpear mi cabeza contra una pared. Me explicó que se vio en la necesidad de contarle toda la verdad a… ella, pero que no había servido de nada, porque ya no quiere saber más de mí.

Sakura me odia… Hmph.

Una fuerte punzada atravesó mi corazón y apreté los dientes. ¿Así que aún tengo corazón?, pensé que se había ido a la mierda en el instante en el que llegué aquí.

Itachi me dijo que ella se iría a estudiar a Europa y que no planeaba regresar nunca más, que deseaba estar lo más lejos posible de mí y de cualquiera que pudiese recordarle mi existencia.

—Tonta Sakura, si no lo he logrado, tampoco lo lograrás.

Un rayo atravesó el cielo y lo odié por no haber caído sobre mí.

“—Aún puedes venir y hablar con ella, antes de que sea demasiado tarde —dijo—. Búscala Sasuke, lucha por recuperar su amor.”

¿Buscarla?

Nunca.

Ella es la razón por la que ya no soy yo, ella es la maldita razón por la que ya no tengo sentimientos, ella y ésta maldita obsesión, son las que me volvieron un imbécil. Puede irse a donde quiera, porque no volveré a buscarla, nunca más. Pasé una de mis manos por mi rostro y respiré profundamente. ¡Ya no más!, me acerqué a una parada de taxis que estaba cerca y me subí a uno. Amo la lluvia, pero en ésta ocasión necesito llegar a descansar, el trabajo me espera mañana y no puedo parecer un zombi.

—¡Vaya!, parece que lo pescó una buena tormenta —comentó el chofer y lo ignoré—. Dicen que caminar bajo la lluvia ayuda a que uno se relaje —continuó con su perorata—; aunque también dicen que es el disfraz perfecto para las lágrimas. ¿Usted que opina?

—Hmph.

Completamente de acuerdo. Es el disfraz perfecto para las lágrimas.

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Terminé de revisar el estúpido discurso que habían escrito para mí y cerré los ojos. Odiaba esto de hablar en público. Recargué la cabeza en el asiento y solté un suspiro, tenía el presentimiento de que sería una noche interesante.

—¡Ya estoy aquí, dattebayo!

O no.

Abrí los ojos y me topé con un gran dolor de cabeza, de cabellos rubios.

—¿Qué mierda haces aquí?

—¡Yo también te extrañé, teme! —contestó haciendo una de sus estúpidas muecas—. ¿Qué más?, Itachi me mandó en representación de la empresa de Japón, para apoyarte en el evento de hoy.

—Hmph. ¿Por qué no me avisó?

—Debió olvidarlo —contestó—. Él tenía que quedarse a afinar los detalles del viaje de…

Su silencio me dio la respuesta perfecta, miré el reloj y faltaban diez minutos para las siete, la gala comienza en cuarenta minutos, así que tengo que correr a mi departamento y cambiarme de ropa.

—No interesan sus motivos, sólo… no lo arruines, o te mato —le dije al tiempo en que me disponía a salir de la oficina.

—¡Vaya! Se nota que sigues siendo el mismo amargado de toda la vida.

Lo ignoré y ambos salimos del lugar. Desafortunadamente no tuve otro remedio más que llevarlo conmigo, así que le advertí que si abría la boca de más, lo aventaría por la ventanilla. Se mantuvo alejado de ese tema en particular y parloteó sobre cosas que no comprendí.

Exactamente a las siete con treinta minutos, arribamos al hotel donde se llevaría a cabo la recepción. Ajusté mi corbata antes de entrar y observé el sitio, ya había muchas personas allí, empresarios importantes y sus acompañantes. Uno de los accionistas de la empresa se acercó a saludarnos y nos indicó nuestra mesa. Un mesero nos sirvió una copa de vino y se alejó.

—Quita la cara de fastidio —murmuró Naruto—, parece que estás en un funeral y no en una fiesta.

—No molestes.

—Anímate, todo está muy bonito y elegante —comentó sonriente—. Si Hinata-chan estuviese aquí, estaría encantada ‘ttebayo.

Rodé los ojos.

Observé a las mujeres que parecían venir solas y las analicé, quizá logre sacar algo bueno de alguna de ellas, o de varias. Sonreí levemente y le di un sorbo a mi copa de vino. Un rato después, estaban por servir la cena, fue entonces cuando entró al salón una mujer bastante hermosa y que llamó por completo mi atención.

Venía en compañía de un viejo, que parecía ser su padre y una señora mayor, que me supongo es su madre. Conforme avanzaba, mi corazón comenzó a latir de manera desbocada, lo cual no comprendí. Sentía como si la conociera. Se sentó a dos mesas de mí y no le quité la vista de encima; parecía tener buen cuerpo, gracias a que ese vestido negro se amoldaba perfecto a su cuerpo. Su cabello castaño, caía como cascada sobre su espalda. Su piel era blanca y parecía suave. Mi corazón dio un vuelco y esperé a que me mirara a los ojos. Un minuto después giró el rostro y sus orbes se toparon con los míos. Azules, hmph. Por algún motivo sus facciones me recordaban a alguien, pero no estaba seguro a quién.

Encontré a mi diversión de hoy.

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Después de la cena y del estúpido discurso, la orquesta comenzó a tocar baladas de todo tipo. Tomé una copa de alcohol espumoso y continué observando a la mujer de ojos azules.

—Ya te vi —susurró el idiota de Naruto cerca de mi oído—. Te gusta esa chica —soltó una ligera risotada y lo miré de soslayo. ¿Qué tenía, quince años?

—Métete en tus asuntos —sentencié.

—¡Oh, vamos! —se quejó—. No seas amargado y deja que te ayude a conocerla —lo fulminé con la mirada y fruncí el ceño.

—No hagas una de tus idioteces y déjame solo —farfullé molesto.

—¡Mira! —murmuró. Cuando giré el rostro, me topé con la mujer delante de mí. Parecía joven, no le calculaba más de veinte años.

—Buenas noches —saludó educadamente. Un escalofrío me recorrió y entrecerré los ojos. ¿Por qué me pone tan nervioso?

—¡Hola! —la voz chillona de Naruto me distrajo—. Disculpa al idiota éste, pero suele tener lagunas mentales —se burló—. Se llama: Uchiha Sasuke, y yo, soy Uzumaki Naruto.

—Mucho gusto, mi nombre es…

—Disculpa —le dije, antes de jalar del brazo al idiota que está por morir y alejarlo lo suficiente.

—Eh, teme, la dejaste con la palabra en la boca… eso no se hace —me regañó y lo golpeé en el estomago.

—¿Qué mierda crees que haces? —pregunté secamente—. ¿Quién te crees que eres?, ¿mi manager de relaciones amorosas?

—Estoy siendo buen amigo —bufó seriamente—. Ya que dejaste escapar a la mujer de tú vida por estúpido, quiero que al menos logres estar con alguien. No me gustaría verte viejo y rodeado de gatos.

Volví a golpearlo.

—Te lo advierto, no te metas donde nadie te llama —lo amenacé—. Y para que te vayas haciendo a la idea, no me interesa tener una relación sentimental con nadie. El amor es para idiotas ilusos como tú, yo solamente me dedicaré a disfrutar de otras cosas y listo.

—No me daré por vencido, Sasuke. Los amigos no se abandonan en los momentos difíciles —apreté los puños y lo fulminé con la mirada.

—Idiota —bufé antes de alejarme de él.

Caminé hasta la barra y pedí un whisky, me apreté el puente de la nariz e intenté relajarme. ¿Por qué tiene que ser tan entrometidamente fastidioso?

—¿Noche difícil? —miré de soslayo a mi derecha y me topé con la chica de ojos azules.

—No es la mejor —murmuré antes de beberme mi trago.

—Quizá logre que mejore —sentí como colocaba una mano en mi brazo y una descarga eléctrica me recorrió.

¿Qué me pasa?

La miré a los ojos e intenté adivinar lo que se proponía.

—¿Qué intentas?

—¿No es obvio? —entrecerré los ojos y ella no pestañeó.

—Hmph. No soy una buena compañía justo ahora…

—Déjame adivinar —comenzó—. Una perra sin corazón te amargó la existencia y ahora sufres porque no puedes estar con ella —abrí los ojos ante sus palabras y ella siguió sin moverse—. ¿Adiviné?... No sufras, no busco al amor de mi vida, ¿Sabes por qué? A ese ya lo encontré, pero el cabrón me hizo mierda el corazón y me dejó sola.

Sus palabras removieron sentimientos que no deseaba que salieran a flote, me terminé mi trago.

—No me interesa —me puse de pie y me giré, pero ella me detuvo.

—Por favor —murmuró—. Podemos ayudarnos mutuamente a olvidar, a sanar viejas o recientes heridas, a dejar de pensar por unos minutos.

Tragué saliva y sentí como mi corazón se desgarraba. La encaré y sujeté su brazo con fuerza.

—Escucha… niña —le dije fríamente—. No sabes donde, ni con quién te estás metiendo, así que mejor lárgate.

—¿A qué le tienes miedo… Uchiha?

¿Miedo?, ¿Yo?

¡Hmph!

La tomé de la mano y la guié por toda la estancia, nade realmente reparó en nuestra presencia, lo que resultó mucho más conveniente para ambos. Si lo que ésta mujer es que la haga gemir, eso le daré. Un poco de sexo no mata a nadie. Le voy a mostrar que a éste juego pueden jugar dos. Atravesamos el pasillo lateral y nos adentramos en el baño que estaba más alejado, y menos concurrido. Cerré la puerta por dentro y la atrapé entre mis brazos, y el lavamanos. A pesar del trato tan grosero que le acababa de dar, no parecía nerviosa ni asustada, si no todo lo contrario. Estaba excitada.

Miré sus labios y sentí una gran necesidad de probarlos; mi corazón y mi estomago parecían estar en complicidad, y me alentaban a hacerlo. Coloqué mis manos en su cintura y atrapé sus labios, ella respondió gustosa inmediatamente y entonces lo supe. Su sabor, su textura, su intensidad, su aroma... eran perfectos, todo me volvía loco y no existía más que una sola persona que lograba esto en mí.

¡Pero es imposible!

Ella está en Japón, con Itachi, preparando su viaje a Europa. Y ésta de aquí, llegó con sus padres y tiene el cabello castaño, y ojos azules… ¿o no? Además su voz no es la misma, aunque fingir una voz diferente no es tan complicado.

¿Qué pasa conmigo?

Deslicé mis manos por su cintura, hasta llegar a sus muslos y acaricié su piel. Una nueva descarga eléctrica me recorrió y rompí el beso. La miré a los ojos e intenté adivinar si lograba ver algo más en ellos, pero nada, sólo había pasión. Volví a besarla y ella comenzó a desabotonar mi camisa, sus manos tocaron mi pecho y sentí como todo mi interior estallaba en llamas.

¿Sakura?

Rompí el beso y comencé a besar su cuello, necesitaba asegurarme de que no me estaba volviendo loco. Su sabor era el mismo; diferente perfume, pero la esencia está ahí. Ella continuó acariciando mi espalda y besando mi pecho, en tanto yo deslizaba su vestido hacía abajo sólo lo suficiente para poder besar el nacimiento de sus senos. Llevé una de mis manos a ellos y comprobé que el tamaño era exactamente el mismo. Mi corazón dio un nuevo vuelco.

Sé que es una locura, pero ella es Sakura, mi Sakura.

Cerré los ojos y me permití experimentar el mar de sensaciones que me estaban golpeando. Ella jaló mi cabello y atrapó mis labios nuevamente, su lengua comenzó a jugar con la mía y sentí que era allí donde pertenecía. La tomé de la cintura y la subí al lavamanos, ¡Demonios, la había extrañado tanto!, bajé sus bragas y acaricié su centro, estaba completamente mojada y lista para recibirme. Ella continuó besando y chupando mi pecho, en tanto yo liberaba mi dolorosa erección. Me adentré en ella de una rápida estocada y en respuesta, clavó sus dientes en mi hombro.

¡Es ella, es Sakura!

No hay nadie en el mundo que se amolde a mí, como ella. Es como si fuésemos dos perfectas piezas, que están hechas para estar juntas. Enterró sus uñas en mi espalda e intentó ahogar sus gemidos, dejando su boca pegada a mi cuello. Después de tanto tiempo no pedí explicaciones, ni tuve tiempo de ser cariñoso o lindo, lo único que necesitaba era sentirme dentro de ella. El orgasmo comenzó a mostrarnos que estaba por llegar, así que aceleré mis movimientos y la besé una vez más; cuando el éxtasis nos golpeó, ella mordió mi labio y yo gruñí extasiado de placer. Recargué mi frente en ella y disfruté del sonido de nuestras respiraciones. Un minuto después, salí de ella y se bajó del lavamanos para acomodar su ropa. Comencé a abotonar mi cabeza, mientras pensaba en lo que le diría. Ella se subió sus bragas, su vestido tan rápido que prácticamente no lo noté.

—Has estado genial, Uchiha —murmuró sin verme a los ojos—. Gracias, jamás lo olvidaré.

Y antes de que lograra decir algo, salió corriendo del baño. Me acomodé la ropa a toda velocidad y me dispuse a buscarla, ¿Por qué huía?, ¿Qué sentido tenía?

¡Mierda!

Estaba por llegar al salón principal y me topé con el imbécil de Naruto, hablaba por teléfono y parecía bastante entretenido.

—Está bien… y no te olvides de mi ‘ttebayo. Cuídate mucho, Sakura-chan… hasta pronto.

Me detuve de golpe y me quedé estático. ¿Sakura?, levanté la vista y me topé con la mujer con la que acababa de estar, bailaba con un sujeto al que no conozco.

—¿Con quién hablabas? —le pregunté a Naruto, sin dejar de mirar a la chica de ojos azules.

—¿Ahora si te interesa? —bufó y gruñí—. Hablaba con Sakura-chan, me llamó desde el aeropuerto de Japón, está por tomar su avión y quiso despedirse de mí.

No puede ser.

Yo podría jurar a que acabo de estar con Sakura. ¿Cómo puede estar en Japón y aquí al mismo tiempo?

La dueña de los ojos azules volteó y me sonrió. Mi corazón volvió a acelerarse y apreté los puños.

¿Qué mierda me pasa?... Estoy tan obsesionado con Sakura, que ahora ya me parece verla en todos lados.

—Necesito un trago, con urgencia.


Continuará…
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<--CAPITULO 18                    CAPITULO 20 -->
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