viernes, 8 de junio de 2012

MQUO Cap3

Aquí les dejo el tercer capi. Aclaro que es un incesto, así que cada quien lee bajo su responsabilidad.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…

Aclaraciones: AU.

La narración esta en primera persona; pero en esta ocasión tanto Sasuke como Sakura, serán los narradores.

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MÁS QUE UNA OBSESIÓN
By Tsukisaku
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CASI AL LÍMITE
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¡Mierda!

Sentí como la sangre me burbujeaba de manera estrepitosa, era como si en lugar de aquel líquido rojizo y viscoso normal, corriera lava ardiente por mis venas. La furia que sentía dentro de mí no la podía comparar con nada que haya sentido con anterioridad… mis piernas se movieron más rápido de lo normal para llegar a mi objetivo. Mi vista se mantenía fija en una sola dirección, no me importó quitar del camino -de una manera muy poco agradable- a las personas que estaban a mi paso.

En cuanto estuve a unos pasos de ellos, tomé de la cintura a Sakura y la levanté por los aires separándola totalmente del perdedor, para después empujarlo con fuerza logrando que se tropezara con una silla y cayera inevitablemente al piso.

Ni si quiera me tomé unos segundos más para ver la cara del tipo, me di la vuelta y me escabullí entre las personas arrastrándola a ella, aún en mis brazos. No podía pensar en nada más, no tenía la más remota idea de lo que le diría, ni de lo que haría en concreto. La jalé hasta posicionarla debajo de una de las grandes escaleras del lugar, con suerte nadie nos vería ahí.


—¡¿Pero qué crees que haces? —gritó al tiempo en que se soltaba de mi agarre. La observé por unos segundos, parecía enojada, quizá es así considerando que la interrumpí en lo mejor de su noche.

—¡¿Me puedes decir que haces en un lugar como éste? —gruñí fulminándola con la mirada.

—¡Eso no te importa!... ¡Pero para tú información mi madre me dio permiso de venir! —¿Qué? Mi hermana ya sabía de esto… pero claro, Sakura no es tonta y tomó todas sus precauciones para evitar que yo la castigara ó algo parecido.

—Hmph… Mikoto no está, así que las órdenes las doy yo —susurré en su oído, al tiempo en que recargaba mis manos en la pared, una a cada lado de su cabeza. Cerré los ojos y dejé que su dulce aroma me inundara—. Por ahora podrás quedarte, pero si vuelves a dejar que ese tipo te toque nuevamente… lo mato —no estaba seguro de porque no logré reprimir aquellas palabras. Me separé levemente y observé que temblaba ligeramente, ¡Genial Sasuke, ya lograste aterrarla!

¿Qué clase de enfermo soy que no logro contener mis actos? ¡Maldita sea, ¿Por qué siempre me permito actuar sin pensar antes?

Seguro que ahora Sakura me tiene miedo y le dirá a mi hermana sobre mi extraño y enfermo comportamiento ¡Kuso!

—o—o—o—

No supe exactamente que pasó, ni quien se había atrevido a separarme de Sai, hasta el momento en el que me soltó para mirarme fijamente. Sus ojos destellaban furia por todos lados, por un segundo imaginé que eran rojos y no de color negro. Era un hecho, Sasuke estaba molesto ¿Pero porqué? ¿Por qué se comportaba de esa manera? Si no fuera mi tío, diría que estoy con mi novio súper celoso, el cual me acaba de pillar besando a otro. ¡Pero que ridiculez!

Al menos con esto confirmo mi teoría, él estaba ahí para vigilarme.

—¡¿Pero qué crees que haces? —grité tratando de reflejar una furia que realmente no sentía, ya que por ridículo que pareciera, una parte de mí estaba muy feliz de que él reaccionara de esa forma.

—¡¿Me puedes decir que haces en un lugar como éste? —sus ojos seguían centelleando ira por todos lados, al igual que su voz. Por un instante me sentí como una pequeña niña indefensa.

—¡Eso no te importa!... ¡Pero para tú información mi madre me dio permiso de venir! —le dije con un poco de sorna. Él entrecerró sus ojos y se acercó peligrosamente a mí. Al instante mi corazón comenzó a latir de manera estrepitosa… ¿Qué cree que hace?

—Hmph… Mikoto no está, así que las órdenes las doy yo —susurró en mi oído. Para cuando logré reaccionar, ya me encontraba acorralada entre la pared y su cuerpo. Cerré los ojos al tiempo en que sentía una descarga eléctrica recorrerme por completo; no podía soportar tal cercanía. Me mataba no poder tocarlo, inevitablemente mi cuerpo comenzó a temblar por la desesperación—. Por ahora podrás quedarte, pero si vuelves a dejar que ese tipo te toque nuevamente… lo mato —apreté mis manos con fuerza. Deseaba poder hallar algo oculto en sus palabras, algo que me hiciese ver que sentía algo más por mí.

Sentí como se separaba, me negué a abrir los ojos, mi cuerpo seguía temblando y si lo veía en esos momentos, me hubiera lanzado sobre él, y entonces sí que terminaría de creer que estoy loca.

Me concedí unos minutos más con los ojos cerrados para dejar que mi respiración se regulara nuevamente. Solté un suspiro y los abrí nuevamente, miré a mí alrededor y no lo vi por ningún lado; así que me encaminé de regreso a mi mesa. Los chicos aún no estaban ahí, sólo Sai. La culpa me invadió por completo, quizá no debí utilizarlo para mis oscuros y dementes objetivos. Me acerqué a él y le pedí una disculpa, por suerte no logró ver a alguien más, así que le expliqué que yo lo empujé porque tenía revuelto el estomago y me urgía ir al baño. Creo que me creyó, así que no me preguntó nada más.

Durante el resto del tiempo que estuvimos ahí, observé como él me vigilaba a cada momento, lo cual me ponía un poco ansiosa. Cuando por fin abandonamos aquel lugar, mi corazón regresó a su ritmo normal.

La mañana del sábado estuvo algo aburrida, ya que la cerda se negó a levantarse hasta cerca de la una de la tarde. Mientras que yo estaba despierta desde las diez, la cabeza me daba un poco de vueltas así que después de tomar un par de analgésicos me dediqué a ver televisión.

Cuando se levantó, estábamos por ver una película de esas de amor que tanto le gustan, cuando su madre me avisó que mi odioso y detestablemente atractivo tío, me estaba esperando para llevarme a casa.

—¿Pero porqué, si aún es muy pronto? —me preguntó Ino mientras yo buscaba mis cosas para darme una ducha.

—No lo sé. Ya sabes que se cree mi jefe —bufé molesta. No había tenido tiempo de prepararme mentalmente para verlo nuevamente después de lo de ayer. Cerré la puerta del baño y me duché con toda calma, después de todo, yo no le pedí que viniera temprano por mí. Una vez que el agua caliente comenzó a tornarse fría, cerré el grifo y me envolví en la toalla. Cerca de cuarenta minutos después, terminé de arreglarme y salí del baño con una gran sonrisa… sabía que estaría molesto y la verdad me divertía bastante.

—Bueno… supongo que nos veremos el Lunes —murmuró mi amiga con una sonrisa—. Porque conociendo al "amargado", no te dejará salir mañana —me reí ante el sobrenombre impuesto a mi tío.

—Eso creo, pero intentaré convencerlo —le dije con una sonrisa. De repente se me ocurrió una manera -no muy convencional- de hacerlo. Tomé mis cosas y me encaminé a la sala; al llegar me topé con la señora Yamanaka viendo la televisión.

—¿Y mi tío? —pregunté al no verlo ahí. ¿Será posible que se haya esfumado?

—Te espera en su auto… me parece que tiene un poco de prisa —hizo una pequeña pausa—. Espero que no se enfade contigo.

—No se preocupe, él es así normalmente —lo maldije por ser tan borde con una mujer tan amable—, nos veremos pronto —me despedí con una sonrisa.

—Cuídate mucho Sakura —me dijo con una gran sonrisa. Asentí con la cabeza y salí de la casa, al instante posé mi mirada sobre el auto color negro. Avance con lentitud, él no me miraba pero podía intuir que ya se había dado cuenta de que estaba muy cerca de entrar al auto.

Tomé una gran bocanada de aire, para después sentarme en el lugar del copiloto. Estaba muy molesta con él, y si decía algo en ese momento, no lograría contener todas las cosas desagradables que deseaba gritarle.

Él puso en marcha el auto y rápidamente ya nos encontrábamos camino a la casa, me negué a mirarlo así que cerré los ojos. Cada vez me costaba más trabajo estar cerca de él sin poder tocarlo.

¡Shannaro Sakura deja de pensar en él!

Para mi fortuna, llegamos rápidamente a la casa. Abrí un ojo para confirmar que así era y en cuanto divisé la construcción me bajé del auto con mis cosas en mano y me adentré a la casa seguida de Sasuke.

—o—o—o—

No puedo decir que la noche del viernes haya sido de mis mejores veladas. La verdad es que en cuanto Sakura desapareció de aquel lugar llamado Rakuen, decidí retirarme también, pero para mi mala suerte, el dobe de Naruto aún no tenía ganas de irse pues al parecer estaba muy entretenido con unas chicas.

Cerca de las cinco de la mañana, logré llegar a mi casa. Pero para mi desgracia no logré dormir absolutamente nada, mis pensamientos estaban totalmente ocupados por ella.

Una vez que salió el sol, me di una ducha, me arreglé y tomé un poco de café. Ya no podía esperar más para verla de nuevo, aunque probablemente esté enojada conmigo por mi comportamiento de hace unas horas. Observé el reloj con impaciencia ¿A qué hora exactamente regresaría?... mi hermana dijo que ella debía llegar en la tarde… pero también dijo que Sakura debía obedecerme.

Una sonrisa surcó mis labios, tomé mis llaves y salí de la casa. Al poco rato llegué a la casa de la familia Yamanaka, me bajé del auto y me acerqué a la puerta para tocar el timbre. Enseguida abrió la puerta una señora alta, rubia.

—Buenos días —saludó con una sonrisa—. ¿Qué se le ofrece?

—Buenos días. Vine a buscar a Sakura —respondí con un poco de frialdad. La verdad es que no estaba de humor para fingir amabilidad.

—¿Y usted es…? —parecía confundida.

—Uchiha Sasuke —al instante pareció identificarme, su expresión se suavizo.

—Oh, es un gusto. Pasa, en un momento le aviso que estás aquí —me ofreció con molesta amabilidad.

—No es necesario, la espero en el auto. Permiso —y sin esperar una contestación de su parte, me giré y me encaminé de regreso a mi auto.

Esperé a que saliera y nada. Mantuve mi vista fija en la entrada principal, los minutos pasaban con lentitud, observé mi reloj nuevamente ¡Habían transcurrido veinte minutos! Hmph ¿Pero que se piensa esa chiquilla caprichosa?

¿Será que tiene miedo de estar conmigo? Después de mi comportamiento de ayer, no la culpo.

Recargué mi cabeza en el respaldo del asiento y esperé, debía tranquilizarme. Un rato después, logré ver de soslayo que se acercaba al auto, me acomodé en el asiento y ella entró.

Durante el camino a la casa ninguno de los dos dijo nada, la observaba fugazmente y en todo momento ella permaneció con los ojos cerrados. Su silencio comenzaba a molestarme, lo cual era extraño, pues yo amo el silencio. En cuanto llegamos a la casa, se bajó de auto y se adentró a la casa. La seguí con tranquilidad y alcancé a escuchar como azotaba la puerta de su habitación, sonreí inevitablemente, era un hecho que estaba molesta.

Me dejé caer en el sofá, la cabeza me daba vueltas, mi comportamiento comenzaba a aturdirme ¿Qué sucede conmigo? Mi obsesión sobrepasa todos los límites… ¿Por qué no puedo simplemente ignorarla y ya?

¡Mierda! Los recuerdos de Sakura bailando y besando a ese perdedor me volvían totalmente loco. De pronto recordé lo que me gritó ayer por la tarde: "¿A caso crees que soy como alguna de tus "amiguitas nocturnas"?" ¿Eso qué significaba?... Pondrían ser… ¿celos? ¡Hmph! Más bien pienso que debe ser una especie de reproche, quizá no es bueno que lo siga haciendo, después de todo ella apenas tiene dieciséis años y es mí… sobrina.

Me levanté del sofá y me encaminé a mi habitación, necesitaba un whisky y ese sólo lo guardaba en mi cuarto. Una vez dentro, abrí la botella y comencé a beber directo de la misma; el alcohol sabía como tranquilizarme… relajaba cada uno de mis músculos al tiempo en que mi cerebro dejaba de pensar en tonterías.

Me dejé caer en mi cama con los ojos cerrados… el cansancio comenzaba a pasarme la factura. Tenía mucho sueño, así que opté por no pensar en nada más y dejarme ir.

—o—o—o—

¡Oficialmente estaba aburrida!

Llevaba cerca de siete horas encerrada en mi habitación sin tener nada que hacer. Intenté ver televisión, escuchar música, navegar en Internet y nada lograba distraerme por mucho tiempo; además tenía hambre ya que no había probado bocado desde el día anterior. Al principio no bajé porque no deseaba toparme con el ogro, pero ahora no puedo retrasarlo más.

Miré el reloj e hice una mueca, las nueve con diez… respiré profundamente y me encaminé a la planta baja tratando de hacer el menor ruido posible. Todo estaba totalmente oscuro ¿Y él? ¿A caso salió? La ira comenzó a fluir nuevamente dentro de mí ¡Perfecto! ¡Me deja aquí encerrada como su maldita prisionera y él se larga a disfrutar de la noche! ¡Shannaro!

Caminé a la ventana que daba al patio y observé la calle… ahí estaba su coche, eso indica que él aún está en la casa. De pronto mi corazón sintió un alivio, al menos no está con una de sus zorras.

Me encaminé a la cocina y abrí el refrigerador… ¿Qué comer?... antes de que lograra decidirme por algo, el timbre de la casa se escuchó así que cerré la nevera y caminé con pesadez a la entrada.

—¿Naruto? —pregunté sorprendida.

—¡Sakura-Chan! —exclamó con una sonrisa, la cual me hizo sonreír a mí—. ¿Cómo estás? —lo observé fijamente, lucía muy alegre y lo mejor de todo ¡Traía una gran caja de pizza en sus manos!

—Bien, pasa —me hice a un lado para dejarlo entrar y después cerré la puerta.

—¡Traje pizza para la cena 'ttebayo!... ¿Tienes hambre? —me dijo mientras se dejaba caer en uno de los sofás.

—Mucha. Me has caído como del cielo —él soltó una carcajada.

—Seguro que el teme te ha matado de hambre —comentó entre risas—. Por cierto, ¿Y dónde está? —y justo en ese instante la sonrisa se borró de mis labios.

—No sé —me encogí de hombros—, y la verdad no me importa —bufé camino a la cocina. Me acerqué a la alacena, saqué un par de platos pequeños y un par de sodas de la nevera.

—¿Tan mal te fue? —me preguntó desde la sala.

—Peor —bufé mientras le entregaba una soda. Me senté a un lado de él y dejé los platos sobre la mesa de centro—. Me siento como en una cárcel de máxima seguridad —abrí la caja de pizza y me llegó el aroma a queso derretido ¡Delicioso!, tomé un trozo y lo puse en mi plato.

—Lo imagino —dijo sonriendo, mientras tomaba un trozo de pizza—. Quizá sea porque eres su única sobrina y quiere protegerte —sobrina… esa maldita palabra.

—Quizá —murmuré con un deje de tristeza.

—¿Qué es todo este ruido? —preguntó de repente esa voz que tanto me encanta. Naruto y yo giramos el rostro y nos topamos con Sasuke al pie de la escalera. Traía el cabello un poco más desordenado de lo normal y su ropa un poco desaliñada… ¡¿Por qué tiene que ser tan sexy?

—¿Estabas dormido teme? —preguntó el rubio ante lo obvio—. De veras que a veces pareces un anciano —comentó entre risas.

—Dobe —escuché que murmuró al tiempo en que se acercaba a nosotros. Yo dejé de mirarlo y me concentré en el pedazo de comida en mi plato.

—Traje una pizza para la cena, ya que imaginaba que estarías matando de hambre a Sakura-Chan —explicó mientras tomaba otro trozo de pizza.

—No soy como tú —mi enojo comenzaba a fluir dentro de mí. Respira, Sakura, respira.

—¡Quisieras! Yo al menos si le doy de comer —¿Por qué hablaban de mí como si yo no estuviera presente?

—Hmph… ella puede cocinar y comer lo que quiera, después de todo no soy su nana —¡Suficiente!, ¡¿Qué no es mi nana?, ¡¿Y entonces porque actúa como una?, las ganas de gritarle un par de cosas me inundaron nuevamente, me mordí la lengua y me puse de pie dejando el plato sobre la mesita.

—Gracias por la pizza Naruto, pero de repente se me quitó el hambre —le dije para después desaparecer de la estancia a toda velocidad.

Entré a mi habitación y cerré la puerta de un portazo… ¡Maldito!... caminé a mi ventana y la abrí para respirar un poco de aire.

—¡¿Me puedes decir qué pasa contigo? —el grito logró que me sobresaltara, me giré y ahí estaba Sasuke, observándome fijamente con los ojos entrecerrados. Bien, si quiere una respuesta, yo se la daré.

—Pasa… ¡Que estoy harta de estar encerrada en esta estúpida cárcel!, ¡Estoy harta de que me trates como a una niña pequeña y de que me sigas a todos lados!... ¡Estoy harta de que te creas mi padre ó mi dueño! —grité furiosa, la sangre me burbujeaba con ferocidad. ¡Estoy harta de sólo ser tú sobrina! Grité internamente.

—Cuando dejes de actuar como una niña… hablamos —su voz sonaba tan fría que por un instante sentí miedo de él.

En cuanto salió de la habitación, me dejé caer en el piso. Sus palabras me hirieron de muchas maneras, "Cuando dejes de actuar como una niña"… "Como una niña" Así que él me ve: como una niña, como su pequeña sobrina.

Si eso es lo que quiere, eso le daré… le demostraré que está muy equivocado, se dará cuenta de que soy toda una mujer y tendrá que tragarse cada una de sus palabras. Como que me llamo: Sakura Haruno.

—o—o—o—

No sé cuanto tiempo estuve dormido, pero debió ser bastante, ya que cuando abrí los ojos todo estaba oscuro. Encendí la pequeña lámpara que está a un lado de mi cama y observé la hora, casi nueve y media. Me puse de pie y mi cabeza me dio vueltas, ¡Maldito dolor!... estaba por entrar al baño cuando una estridente risa en la parte inferior de la casa llamó mi atención. Yo conocía al dueño de ese escándalo. ¿Qué hace Naruto aquí?

Bajé con pesadez a la sala y ahí estaban, sentados en el sofá comiendo algo y riendo.

—¿Qué es todo este ruido? —pregunté fríamente. Me parecía ridículo, pero una parte de mí estaba muy en desacuerdo con esa "pequeña" reunión de amigos.

—¿Estabas dormido teme?, De veras que a veces pareces un anciano —comentó entre risas el idiota de mí -aún- amigo. ¿Anciano?

—Dobe —me acerqué a ellos. Sakura parecía no querer mirarme, seguro que aún está molesta porque le arruiné su día. Para lo que me importa.

—Traje una pizza para la cena, ya que imaginaba que estarías matando de hambre a Sakura-Chan —me dijo Naruto con una sonrisa. Sentí una fuerte punzada en la sien, no estaba de humor para sus malas bromas.

—No soy como tú —bufé rodando los ojos.

—¡Quisieras!, yo al menos si le doy de comer —otra punzada más.

—Hmph… ella puede cocinar y comer lo que quiera, después de todo no soy su nana —las palabras salieron por si solas, ni si quiera me detuve a pensar en lo que estaba diciendo. De repente, Sakura se puso de pie y dejó su plato en la mesa.

—Gracias por la pizza Naruto, pero de repente se me quitó el hambre —dijo sin verlo, para después subir la escalera rápidamente. ¿Pero qué le pasa? ¿A caso le molestó lo que dije ó es que prefería cenar a solas con Naruto?... fruncí el ceño e ignoré el prominente dolor de mi cabeza. Lo último que se escuchó fue el portazo en la parte de arriba.

—Hay teme, mala elección de palabras —murmuró el rubio mientras comía—. ¿Por qué no hablas con ella?

—Hmph —subí las escaleras y abrí la puerta de su habitación sin llamar antes; después de todo sigue siendo mi casa ¿no?

Ella estaba recargada en la ventana, la observé por una fracción de segundo, antes de hablar.

—¡¿Me puedes decir qué pasa contigo? —le dije sin evitar que mi voz sonara fría y cortante. Ella se giró y me observó con molestia, y luego de unos segundos se decidió a hablar.

—Pasa… ¡Que estoy harta de estar encerrada en esta estúpida cárcel!, ¡Estoy harta de que me trates como a una niña pequeña y de que me sigas a todos lados!... ¡Estoy harta de que te creas mi padre ó mi dueño! —parece que por fin me dijo lo que piensa. ¿Me creo su dueño? Si, quizá así es… pero si piensa que la voy a dejar que haga lo que se le de su gana y se involucre con quien sabe quien, está muy equivocada.

—Cuando dejes de actuar como una niña… hablamos —le dije, para después salir de ahí. Ella estaba harta de muchas cosas, pero yo también. ¡Estoy harto de sobreprotegerla!, ¡Harto de seguirla a todos lados y de parecer un loco obsesivo!, Pero sobre todo, ¡Estoy harto de sólo ser su tío!

Volví a la planta baja a comer algo, y luego de una hora el dobe se fue. Lo que era un alivio pues necesitaba aclarar mis ideas. Se que debo dejar que Sakura haga su vida, pero el simple hecho de imaginarla con otro me enferma.

Subí a mi habitación y comencé a quitarme la ropa, creo que me hace falta una ducha para despejarme. Dejé la ropa sucia dentro del cesto, tomé mi toalla y me metí al baño… quince minutos después estaba mucho mejor, el agua caliente siempre logra destensar mis músculos. Cerré el grifo y me coloqué la toalla alrededor de la cintura, justo en ese instante escuché como se caía algo sobre el piso, giré mi rostro y me topé con… ella.

Parecía sorprendida y avergonzada. Estaba de pie mirándome fijamente, así que no pude evitar observarla de vuelta. Llevaba un diminuto short color negro muy ajustado y una blusa de tirantes de igual color muy escotada… ¡Mierda! Lucía endemoniadamente sexy, de repente las ganas de arrancarle la ropa con los dientes se me hizo la mejor idea del mundo. Y al parecer cierta parte de mi anatomía está más que de acuerdo con esa idea.

Una pequeña sonrisa apareció en mis labios… ¡Mierda!

Continuará…
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<--CAPITULO 2                    CAPITULO 4 -->
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