miércoles, 6 de junio de 2012

Ni contigo, Ni Sin Ti

Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
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Advertencia: Esta historia es totalmente erótica, así que si a alguien le desagrada el lemon, le informo que mejor se abstenga de leer. Sobre advertencia, no hay engaño.


NI CONTIGO, NI SIN TI
By Tsukisaku
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Bella Pov.

¡Ya no más!

Es increíble que después de una semana, siga pensando en lo mismo. ¿Cómo pude haber cedido ante los encantos de ese… seductor?

Y para empeorar las cosas, me ha surgido una especie de obsesión que no me deja dormir tranquila. No es que esté enamorada de él ni nada parecido,  pero simple y sencillamente, no puedo evitar buscarlo con la mirada. Es toda una fortuna que no tenga que verlo en la escuela, o terminaría volviéndome completamente una desquiciada. Me alejé de la ventana de mi habitación –la cual, casualmente da a la suya– y me tumbé en la cama, tomé una almohada, me la coloqué en la cara y ahogué un fuerte grito. ¿Por qué caí tan fácil?, ¿Por qué?


El ruido de mi móvil me provocó un ligero susto y solté la almohada, estiré la mano para tomarlo de la mesilla de noche y observé la pantalla. Bufé. Nuevamente Rosalie está molestando, me parece que es como la décimo quinta llamada del día. ¿Qué posibilidades existen de que no me localice jamás?, ¿Y si me mudo a una ciudad diferente?, algo así como: Los Ángeles, San Francisco… ¿Río de Janeiro?, el ruido cesó e inició más rápido de lo que hubiese deseado, apreté los dientes con fuerza y me obligué a afrontarla de una buena vez.  

—¿Qué pasa?

—¿Qué pasa?, llevo una semana buscándote y lo único que atinas a decirme es: ¿Qué pasa? —me regañó secamente. Solté un pequeño suspiro y me dejé caer sobre mi espalda—. Bella, desapareciste de la fiesta de disfraces sin decir nada y no has asistido a la universidad en toda la semana, Alice y yo estamos preocupadas.

—Lo siento, pero no me he sentido nada bien —murmuré—. Quizá algo me haya sentado mal, eso es todo.

—No nací ayer —puntualizó Rosalie, ya podía imaginarla, con esa expresión de furia—. Iremos a visitarte, así que no intentes esconderte ó escapar, porque te irá peor.

Y antes de que siquiera lograra negarme ante su anuncio, cortó la llamada. ¿A caso no tengo derecho a intentar escapar del mundo por unos días?

Me levanté con pesadez y me arrastré hasta la ducha, realmente no tenía ganas, pero si me encontraban hecha un desastre, les surgirían las ganas de comenzar a jugar a la barbie conmigo y eso si que no. Abrí el grifo de la ducha y esperé a que se templara el agua, mientras me quitaba la ropa. Comprobé con mi mano la temperatura y me coloqué debajo de ella. El agua caliente comenzó a recorrer mi cuerpo rápidamente y ahogué un gemido, estaba tan tensa que necesitaba un buen masaje. Cerré los ojos y luché por dejar mi mente en blanco: gran error. Las imágenes de esa noche, me invadieron nuevamente. Edward todo sexy, con su cabello alborotado. Sus labios recorriéndome magistralmente, sus manos tocándome y estrujando todo a su paso. ¡No de nuevo!, mi centro ya palpitaba ansioso, ¡increíble!

Cerré los ojos al tiempo en que mi mano derecha se colocaba sobre uno de mis senos. Dejé que mi mente volara… imaginé que su mano era la mía. Deslicé la otra mano lentamente por mi estomago, un suspiro se escapó de mi boca, el agua caliente en mezcla con las caricias estaba excitándome de manera increíble. Bajé aún más la mano hasta colocarla en mi intimidad, al primer roce arqueé mi espalda, un escalofrío me recorrió por completo. Continué estrujando mis senos y acariciando mi intimidad, mientras lo imaginaba diciendo mi nombre. Repasaba una y otra vez su cuerpo cerca del mío, su aliento en mi cuello, su perfecta anatomía… mordí mi labio para tratar de silenciar los pequeños gemidos que se me escapaban. Mi cuerpo lo anhelaba tanto que quizá no podría resistir mucho más. Un par de caricias más y un último gemido escapó de mi boca, abrí los ojos y me aterré. ¿Qué es lo que acabo de hacer? El agua ya estaba más fría que tibia, así que me duché a toda velocidad y después salí del baño.

¡Estoy loca, más que eso, muy desquiciada!

Me acerqué a la ventana y la abrí, asomé mi cabeza y no vi el auto del niño bonito, así que imagino que aún no está en casa. Tampoco había un solo coche al frente de la mía, lo que me dice que tanto: Emmett, como Charlie, están fuera. Excelente. Encendí mi reproductor de música y le subí todo el volumen; comencé a vestirme al ritmo de la canción y a tararear. ¿Qué mejor que la música para olvidar?, cuando terminé de vestirme, cepillé mi cabello y bajé a la cocina por algo de beber. Tomé un jugo de la nevera y me dispuse a regresar a mi habitación, cuando escuché como alguien golpeaba la puerta. Bufé y abrí la puerta, mi cuerpo se tensó por completo, al ver quien se hallaba ahí.

—¿Qué quieres? —mascullé.

—Esperaba seguir dormido, pero tú pequeño escándalo, me lo impide —bufó—. Aunque me parece que verte danzar desnuda por tú habitación, ha valido la pena.

Un fuerte sonrojo cubrió mis mejillas y apreté el jugo que llevaba en la mano derecha. Apreté los dientes y tragué saliva.

—Largo, Cullen —intenté cerrar la puerta, pero me lo impidió. Lo fulminé con la mirada y él solo atinó a sonreír de esa odiosa manera suya—. ¿Qué es lo que quieres?

—Pues, ya que por tu causa estoy despierto a las…  —miró su reloj de mano—, once de la mañana, ¿Qué te parece si repetimos lo del otro día?

—¡Largo! —empujé la puerta, pero nada. Lamentablemente él ejercía más fuerza que yo—. Vete a tú casa, Cullen. Lo de ese día no volverá a pasar… ese día no era yo.

—Difiero —comentó con diversión. Seguramente le parece muy divertido que la tonta de Bella Swan, aquella que juro jamás caer en sus redes, ahora debía luchar contra las consecuencias de sus fatídicos actos—. Sabes que lo deseas —añadió de la manera más sexy del mundo, mi corazón aceleró su paso y mis bragas comenzaron a humedecerse.

—No soy tú juguete, así que ve a conseguirte a otra que te baje la calentura —escupí fríamente, antes de que mi cordura volviera a abandonarme—. Comprende que lo que tú quieres, no pasará.

Su mirada se ensombreció y retiró su mano de la puerta, por unos segundos únicamente me observó y temblé. ¿Por qué seguía aquí?, si pasa otro minuto más delante de mí, no podré resistirme.

—Tú te lo pierdes —murmuró—. Creo que hoy será el día de suerte de alguien más.

Se giró y sentí los impulsos de lanzarle mi jugo directo a su cabeza; de hecho, lo hubiese lanzado, de no ser porque cuando salió de mi campo de visión, aparecieron Alice y Rosalie. Respiré profundamente varias veces e intenté prepararme mentalmente para lo que se me avecinaba.


Miré el reloj de soslayo y lloré internamente. ¡Pasaban de las cinco de la tarde y yo seguía secuestrada por mis –aún– mejores amigas!

En cuanto llegaron a mi casa, me arrastraron hasta mi habitación y me sometieron a un interrogatorio de quinto grado. Sentía como si acabara de cometer un crimen y la policía me estuviese intentando sacar hasta el más ínfimo detalle. Bueno, si soy racional, si cometí un crimen… pero contra mí misma. Ya sé que Edward Cullen es lo que toda mujer desea comerse todos los días, ¡claro que sí!, pero yo me había prometido no caer ante tal mujeriego y ahora no puedo evitar golpearme mentalmente por mi imprudencia. Podría culpar al alcohol en mis venas, pero realmente ni siquiera había bebido la gran cosa. Desconecté mi cerebro de la conversación que ellas dos sostenían sobre mi reciente desliz y enfoqué mi oído a otro lado. Realmente no estaba de humor como para seguir escuchando un: “Te lo dije” o un: “Ya sabía que no podrías aguantarte toda la vida”.  

—Necesito aire —murmuré al tiempo en que me levantaba para abrir la otra de mis ventanas—. Y aire muy fresco.

Deslicé el cristal y dejé que la fría brisa golpeara mi rostro. No llevaba ni dos minutos respirando con profundidad, cuando una risita llegó a mis oídos. Escuché el nombre de uno de los idiotas que tengo por vecino, a modo de gemido y me tensé. Ese mujeriego con cuerpo de playboy, ya está con otra. ¡Ya veo que nada le cuesta sustituirme!

¿Y qué esperaba, que se quedara a rogarme toda la vida? ¡Madura, Bella!

Mi estomago dio un vuelco y me retiré de la ventana. Las chicas continuaban con su perorata y ya no podía soportarlo más, necesitaba gritar, tirar cosas y hacer uno de mis dramas.

—Bueno, vayamos a comer algo —comentó Alice, mientras se levantaban de mi cama—. Demasiadas horas sin probar alimento, sí que es malo.

—Podemos ir a esa cafetería que está como a cinco minutos —prosiguió Rosalie—, no me vendría nada mal un jugo de frutas… aunque, ¿Por qué mejor no preparamos algo rápido aquí?

—Podemos ordenar pizza —añadió Alice esbozando una sonrisa. Pasé ambas manos por mi rostro y lloriqueé en mi mente. Amo a mis amigas, pero son demasiado hostigántes en ocasiones, y ahora no podré desquitar la furia que siento en mi interior.

Bajamos a la sala y ellas se ocuparon de pedir la comida, en tanto yo husmeaba en mi nevera, para ver si teníamos algunas sodas para acompañar. Una vez que corroboré que tenía varias cosas para beber, me recargué en la encimera que estaba cerca de la ventana y fijé la vista hacia el cielo. El crepúsculo comenzaba a formarse, abrí la ventana y volví a dejar que el frío viento golpeara mi rostro. Podía casi saborear la llegada del invierno. Un escalofrío me recorrió, estaba por regresar a la sala, cuando una de las luces de la casa de al lado se encendió. Automáticamente, dos sombras se reflejaron, apreté los labios y gruñí.

¿No puede hacerlo con la luz apagada?, ¡No necesito ver lo que hacen!

Estúpido Edward y estúpida yo, por prestarle atención. ¿Por qué me tiene que afectar tanto?... ¡Porque lo quieres! Gritó mi voz interior y gruñí. El estomago me dio un nuevo vuelco y caminé hacia la puerta trasera, ya verá ese Cullen… o mejor dicho, ya no verá ese Cullen.

—o—

Edward Pov.
Mientras Lauren me besaba, no pude evitar imaginar que era otra la chica que estaba delante de mis ojos. ¡Ahí vamos de nuevo!, ya estaba pensando en Bella otra vez. ¿Y cómo no hacerlo?, si desde la vez que estuvimos juntos, no he podido sacar su imagen de  mi cabeza. Siempre he sido consciente de lo sexy que es, pero ella siempre significó algo así como: el fruto prohibido. Isabella Swan era algo así como el fruto prohibido; primero: porque es hija de un policía, segundo: porque su hermano es demasiado fortachón y podría darme la golpiza de mi vida, y tercero: porque ella parecía odiarme más que a nadie en el mundo.

Pero desde que la vi con aquel disfraz de policía, deseé poseerla a como diese lugar. La sola imagen me ponía duro como una roca y eso debería ser algún tipo de delito.

—Edward —llamó mi atención la chica—. ¿Te pasa algo?, estás muy distraído.

Negué con la cabeza y me lancé a besar su cuello. La verdad es que no estaba nada entusiasmado con tener que estar con ella, pero necesitaba probar con alguien más para ver si con eso lograba sacar a Bella de mi cabeza. Cosa que parece misión imposible, sobre todo, después de que la vi contonearse desnuda por la mañana. Casi me dio un infarto y ella debía pagar por eso.

La luz se apagó de manera abrupta y bufé. Éste no estaba siendo mi mejor día precisamente, caminé a la ventana y miré para ver si el apagón había sido general. No. Mi casa era la única en penumbras, estaba por girarme, cuando una sombra pasó de un jardín a otro y sonreí.

—Lo siento, pero lo dejaremos por hoy —le dije a Lauren, quien lloriqueó e intentó convencerme de que no hacía falta la luz—. Ya no tengo ganas, además, debo ver lo que pasó con los fusibles, antes de que caiga por completo la noche.

La encaminé a la entrada principal y cuando me vi solo, caminé hacia la cocina, tomé una vieja linterna de uno de los cajones y salí de la casa. Una fría ventisca me golpeó y solté un suspiro. El invierno se aproximaba y el aire con ese toque helado, me lo recordaba. Le di una mirada al cielo, el crepúsculo ya casi no se notaba, el cielo aún conservaba esas tonalidades rojizas, pero ya no tanto. La noche estaba por caer, así que me apresuré hacia la caja de luz y bufé. No necesité encender la lámpara, como para adivinar lo que le pasaba.

Esa pequeña…

Apreté los puños y atravesé su jardín a grandes zancadas. Golpeé la puerta con más fuerza de la necesaria y unos segundos después, aparecieron las tres chicas delante de mí.

—¿Se puede saber qué te pasa? —preguntó Bella furiosa.

—Tú —puntualicé fríamente.

—Edward, ¿podrías calmarte y explicar lo que te sucede? —me dijo mi prima seriamente. La ignoré y luché contra mis impulsos asesinos.

—Esa pequeña bruja que tienes por amiga, acaba de echar a perder mi instalación eléctrica —le informé, sin dejar de fulminar con la mirada a la pequeña Swan.

—¿Qué?, ¿Bella hiciste eso? —preguntó confundida la rubia.

—No sé de qué habla —murmuró con indiferencia. Golpeé su puerta con mi lámpara y di un paso hacia adelante.

—Sé perfectamente que fuiste tú —la acusé—. ¿Crees que no te vi por la ventana, cuando dejabas la escena del crimen?

Tragó saliva y todo rastro de diversión abandonó su rostro.

—Yo…

—Cálmate Edward —murmuró Alice.

—No —gruñí—. Tú amiga está loca, no puede soportar que no sea ella quien caliente mi cama y por eso hizo lo que hizo.

—¡Hay por favor! —exclamó molesta, Bella—. No necesitas la luz encendida para tener relaciones; lo que pasa es que te enfurece que ya no puedas mostrarle a todo el mundo lo que pasa a través de tus cortinas.

—Nadie te dijo que miraras.

—Estoy en mi casa y puedo observar hacia donde se me da la regalada gana —gritó. Apreté los puños con fuerza.

—Ya verás —la amenacé, antes de tomarla en brazos y colocarla en mi hombro. Ella comenzó a gritar y a patalear como niña pequeña, le advertí a sus amigas que se quedaran donde estaban y caminé de regreso a mi casa.

—Si no me bajas, te juro que te daré una patada en…

—Guarda silencio —la interrumpí secamente—. Nadie me arruina mi tarde y se queda tan tranquilo.

Entré a mi casa y me dirigí a mi habitación, ella continuaba maldiciendo y golpeando mi espalda. En cuanto nos vimos en mi alcoba, la dejé caer y me fulminó con la mirada.

—¡Eres un pervertido!, ¿Qué pretendes al traerme aquí?

—Cobrarme todo de una buena vez —expliqué al tiempo en que me quitaba la camiseta negra que vestía. Ella se sonrojó y retrocedió un paso—. Dejé pasar el daño a mi coche, que me despertaras ésta mañana con ese infernal ruido, todos tus insultos, que arruinaras mi cita e incluso hubiese dejado pasar lo de la luz… pero ya no soporto más. Te metiste en mi cabeza y debo hacer algo para que salgas de ahí.

—¿De qué…?

Antes de que completara su pregunta. Coloqué una mano en su cabeza y estampé mis labios contra los suyos. Un delicioso escalofrío me recorrió por completo, sus labios sabían a gloria. Es como cuando te prohíben comer algo que te encanta por unos días y cuando tienes la oportunidad de probarlo nuevamente, todo tu cuerpo lo recibe con los sentidos completamente despiertos. Sus manos se enredaron en mi cuello y su lengua salió a recibir la mía. Deslicé mis manos a su trasero y la atraje más a mí, logrando que sintiera mi creciente erección. Soltó un gemido y jaló mi cabello con fuerza. Me abrí paso en su boca con mi lengua, para después saborear su dulce sabor, la excitación que estaba sintiendo era indescriptible. Pronto la falta de oxigeno, nos obligó a separarnos… y sin perder tiempo, la levanté del piso, obligándola a enrollar sus piernas en mi cintura. Su respiración era entrecortada y chocaba en mi oído, en tanto yo mordisqueaba su cuello. Un par de segundos más tarde, la estampé contra la pared sin llegar a hacerle daño y volví a atrapar sus rojizos labios en un beso un tanto más apasionado –si es que eso era posible–, succioné su labio inferior y en respuesta ella mordió el mío. Dejé sus labios y me separé lo menos posible, para retirar su blusa y lanzarla lejos. Besé el nacimiento de sus senos, en tanto una de mis manos se deshacía del molesto sostén. En cuanto quedaron expuestos, Bella soltó un fuerte gemido al sentir mi boca succionar uno de sus ellos, en tanto el otro, era masajeado por mi mano.

La posición comenzaba a dificultarme un poco las cosas, así que caminé a la cama y la dejé ahí. Retiré mi pantalón a toda velocidad, para después hacer lo mismo con el de ella. Es tan hermosa, que duele. Es mucho más exquisita de lo que jamás llegué a imaginar. La besé una vez más; nunca me cansaría de su delicioso sabor. Me empujó a un costado y se posó sobre mí, la miré fijamente y una sonrisa surcó sus labios. Acarició mi pecho con sus manos, hasta posarlas sobre el borde del elástico de mi boxer, para después bajarlo con cierta ansiedad. En cuento vio mi erección, pasó su lengua por sus labios y sonreí altaneramente. Llevé mis manos a sus bragas y sin que lo previera, las arranqué. Ahora ambos estábamos totalmente desnudos, podía sentir las palpitaciones de mi miembro… estaba ansioso por internarse en ella. Bella se inclinó y pasó su lengua por la punta de mi pene, un gruñido escapó de mi boca, podía ver sus orbes chocolates brillar con un toque de deseo. La atraje a mí y la besé nuevamente en tanto la dejaba debajo nuevamente. Ya habría tiempo para orales, ahora lo único que deseaba era hundirme en ella. Sus manos recorrían mi cuerpo con deliciosa fogosidad, podía sentir mi cuerpo arder de pasión y lujuria.

Tomé el condón que ya tenía listo en una de las almohadas, me lo puse y coloqué la punta de mi pene en su entrada, la cual ya estaba más que lista para recibirme. La penetré de una sola estocada, al instante su cuerpo se curveó y me abrazó fuertemente, comencé a moverme en tanto mi boca succionaba, mordía y lamía sus pezones. Sus gemidos eran fuertes, me excitaba más con tan solo escucharla. Entonces volvió a girar y sin romper la penetración, quedó a horcadas sobre mí… se lanzó a besar y lamer mi cuello en tanto se movía de manera deliciosa; mis manos acariciaron sus piernas, su cintura, sus senos, su trasero, toda ella me estaba volviendo loco. Volvimos a girar y aumenté la velocidad de mis movimientos, sus gemidos eran como música para mis oídos y por suerte, era lo único que se escuchaba. Enrolló sus piernas en mi cintura al tiempo en que sus manos se aferraban a mi espalda. Estábamos a punto de llegar… y un par de segundos después, ambos alcanzamos el orgasmo, emitió un fuerte grito mientras enterraba sus uñas en mi piel.

—No sé que me has hecho —murmuré en su oído –aún– sin salir de su interior—. Pero ya no puedo alejarme de ti.

Sentí como mordía el lóbulo de mi oreja y esperé que eso significara que sentía lo mismo, porque de cualquier forma, ya no hay vuelta atrás.

Bella es sólo mía y punto.
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* FIN *

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“La pasión a menudo convierte en loco al más sensato de los hombres, y a menudo también hace sensatos a los más locos.”

(F. Rochefoucauld)

-o-o-o-
Cuídense y nos estamos leyendo.

¡Sayo!

Tsukisaku

4 comentarios:

  1. Ya que en fanfic no esta completa ps tuvo que leerse desde el blog, pero que importa lo importante a sido el haberlo leído y seguir leyendo las demás historia, porque me gusta full leerlas.

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  2. Ufff!! Que buena estuvo! Lastima que no te puedo seguir en blogger, tengo 17 :( ajajaja
    Besos •nadia

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  3. Aveces suele pasar que dos personas que no se soportan terminan juntas.....

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  4. Aveces suele pasar que dos personas que no se soportan terminan juntas.....

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