lunes, 4 de junio de 2012

OS Ansiosa de Ti

Los personajes no me pertenecen, ya saben, son de S. Meyer.

ANSIOSA DE TI
By Tsukisaku

Observé una vez más mi reflejo en el enorme espejo que reposaba en la puerta del armario, y sonreí. Estaba completamente lista y ansiosa por salir de la casa de una buena vez. Acomodé mi blusa de tirantes color azul y mi falda blanca, y me regalé una sonrisa, seguro que él estará complacido con mi apariencia. Acomodé levemente los rebeldes rizos de mi cabello, y retoqué mis labios con el brillo sabor fresa.
Tomé el móvil, las llaves, un par de billetes, y me encaminé a la salida del departamento. Ahí ya me esperaban las perras de mis amigas, las únicas con las que comparto todo lo que me pasa: Alice y Rosalie, un par de zorras con complejo de supermodelos.
—¡Al fin! —exclamó Alice, alias la duende, porque es tan pequeña e hiperactiva que de verdad harta en ocasiones—. Pensé que te estabas cambiando de ropa por décima vez.
Rodé los ojos y abrí la puerta de la entrada para salir.
—Únicamente me aseguraba de estar perfecta.
—¿Para Edward? —preguntó la rubia con sorna.
—¿A caso existe alguien más?
—Eres una bitch —comentaron ambas al unísono.
—Justo como ustedes.
Las tres soltamos una pequeña risita. Una vez que estuvimos en el aparcamiento, quité la alarma de mi preciado convertible y las tres nos acomodamos en nuestros respectivos lugares. Justo cuando cumplí dieciséis años, mi padre me obsequió este precioso convertible azul eléctrico, es toda una belleza. Y ahora podía ir de fiesta en fiesta, sin preocuparme como llegar a mi casa y tonterías de ese estilo.
Encendí la radio y le subí todo el volumen a nuestra canción favorita, pisé el acelerador y manejé a toda velocidad por las calles de la ciudad de Boston. Es algo así como una habilidad que obtuve de uno de los chicos con los que me enrollé hace como un año, la adrenalina es malditamente buena, sobre todo cuando tú pareja te va toqueteando mientras conduces.
Unos minutos más tarde, llegamos a la gran casa de la familia Cullen. Aparqué el auto y esbocé una sonrisa, las tres salimos del interior y observamos el bullicio. La música se escuchaba desde el jardín, seguramente Emmett y Jasper estarían jugando a los dj, todos ebrios. Caminamos hacía la entrada principal, y como la puerta estaba abierta, entramos sin problema. El lugar estaba repleto de personas, en su mayoría desconocidas para mí.

Pasamos entre la multitud hacía la sala y al instante el grito del oso, resonó por encima de la música.
—¡Eh, por acá! —dijo levantando la mano derecha y agitándola con fuerza, observé de reojo al Rosalie y vi que le lanzó una mirada envenenada.
—¡Hola chicos! —saludé. Cada uno de ellos se acercó a sus respectivas, y me ignoraron por completo.
¡Hombres!
—Al fin llegas —susurró a mi oído la persona que faltaba, colocó sus manos alrededor de mi cintura y pegó su cuerpo al mío. Depositó un corto beso en mi oreja y luego siguió a mi cuello—, estás preciosa —murmuró.
—Feliz cumpleaños —le dije girándome y observando fijamente sus ojos verdes.
Él sonrió y me besó con dulzura, coloqué mis manos en sus hombros y respondí sin mucho ánimo.
—Me muero por recibir mi regalo —me dijo presionando sus labios nuevamente en mi oído.
Me separé de él y le sonreí falsamente. Anthony era algo así como mi galán en turno, no mi novio, pero si alguien con quien compartía algunos de mis ratos de placer. ¿Qué puedo decir?, no soy del tipo de persona que se ata a un solo hombre, sobre todo si hay otros más esperando por mí.
Anthony es atractivo; es alto, de cabellos castaños, ojos verdes, piel blanca, buen cuerpo, y buen paquete, pero nada más. No me hace sentir nada en absoluto y supongo que como juguete sexual, sirve.
Lo único que realmente me atrae de él, es su padre… Edward Cullen.
El día que lo conocí hace un mes, juro que mis bragas se mojaron con tan solo verlo. Y es que es el tipo más jodidamente perfecto que puede existir en este mundo, el muy maldito es tan atractivo que con solo verlo a los ojos, siento que puedo tener un orgasmo. Es un hombre de treinta y cinco años, y si ahora está así de bueno, ya imagino que tanto lo estaba a mi edad. Creo que es como los buenos vinos…
Es alto, de tez blanca casi como el marfil. Tiene unos ojos color esmeralda, que creo que tienen el poder de ver hasta el más recóndito de tus pensamientos. Su cabello es color cobrizo, y parece suave, como invitándote a enterrar tus dedos en él y no soltarlo nunca. Y su cuerpo, ¡Dios, su maldito cuerpo!, es tan perfecto que parece tallado a mano, justo como una de esas esculturas que se exhiben en un museo.
¿Cómo sé que su cuerpo es perfecto?
¡Fácil!, una vez mientras estaba de visita en su casa, él llegó de trabajar y se encerró en su habitación. Yo estaba con su hijo terminando un jodido trabajo de anatomía, y aproveché que Anthony recibió una llamada, para escabullirme al dormitorio de su padre.
Me adentré silenciosa, dispuesta a hacer todo lo que estuviese a mi alcance para tener un acercamiento con Edward. No lo hallé ahí, pero noté que la puerta del baño estaba entre abierta y de ahí salía una ligera capa de vapor. Pasé mi lengua por mis labios y rápidamente me acerqué al baño; empujé levemente la puerta y asomé la cabeza.
Mi corazón se agitó de sobre manera y mis mejillas ardieron. ¡Ese hombre era mejor que un dios griego!
Sus brazos perfectamente delineados y musculosos, pero no de manera exagerada, si no de la manera que te incita a pasar tú lengua por cada parte de ellos. El agua que escurría por su cuerpo, hacía que su piel pálida brillara de cierta manera; y lo mismo pasaba con su cabello. Todo en él parecía estar firme a pesar de su edad; sus piernas, su torso y su trasero. Me recordé respirar, sobre todo en el momento en el que se giró levemente y logré ver parte de su pene. ¡Puta madre!, de verdad es el más grande que he visto jamás.
Mi sexo comenzó a palpitar y sentí que estaba más que húmeda, ¡Mierda!, de verdad deseaba sentir semejante cosa dentro de mí. ¡Y juro que lo lograré!, como que me llamo: Bella Swan.
Observé como sus dedos se paseaban por su cuerpo, retirando los restos de jabón, y anhelé que fuesen los míos y no los suyos. Me mordí el labio y me decidí a entrar, total ¿Qué podía perder?
Pero antes de hacer cualquier tipo de movimiento, la voz de Anthony me regresó a la realidad. Me llamaba a lo lejos, mierda, por un segundo olvidé que esta es su casa. Salí casi corriendo y fingí haber ido a la cocina por agua.
Desde ese día me hice la firme promesa, de que lograría enrollarme con él, así fuese lo último que hiciera. Y claro que para eso, necesitaba estar siempre cerca de él, ¿y qué mejor pretexto que el ingenuo de su hijo?
Sé que no es justo para él pero, ¡Ey! La vida nunca es justa. Después de todo, no es que el maldito no esté ganando nada, ya le di unos cuantos polvos, así que debería ser suficiente pago.
—Iré por algo de beber —le dije antes de girarme y desaparecer de su vista.
Empujé a varias personas para poder llegar a la cocina, donde seguro que se estarían sirviendo las bebidas, y no me equivoqué. Ahí se hallaban las putas de Jessica y Lauren, bebiendo y restregando sus cuerpos a Mike y Tyler. Rodé los ojos y fijé toda mi atención en llegar hasta las botellas. Tomé un vaso de plástico y lo llené con tequila, para después salir de ahí por otra de las puertas.
De ese lado de la casa, también había muchas personas bailando. Le di un gran trago a mi bebida, en tanto contoneaba mi cuerpo al ritmo de la música.
—Te mueves bien —susurró un chico que de repente ya tenía sus manos en mi cintura—.
Sonreí y continué bailando. Jacob era un chico de mi clase, con el que ya me había enrollado alguna vez, o quizá dos. No era muy de mi tipo, pero tenía un buen cuerpo y era caliente, de verdad caliente. Bajó sus manos a mi trasero y lo apretó levemente, sonreí y me acerqué a su cuello para depositar un corto beso en él.
—Hoy no muchacho —susurré en su oído y enseguida me separé.
Besé uno de mis dedos y lo coloqué sobre sus labios, para después alejarme de ahí. Claro que buscaba acción, pero no del tipo conocida y sin chiste; si no más bien del tipo, no conocida y ansiosa por experimentar.
Subí las escaleras, mientras me terminaba mi tequila y comencé a buscar a Edward. Él debía estar aquí, o de lo contrario la policía hace mucho que hubiese venido a llevarse a todo el mundo. Abrí todas las puertas y nada, ¡él no estaba!, lo único que hallé fueron parejas tratando de saciar su puta calentura.
Justo como yo desearía estarlo haciendo…
Regresé a la planta baja y decidí buscar en el despacho, seguro que como es tan "responsable", debe estar trabajando en algo. Dejé el vaso vacío sobre uno de los muebles, para después abrir la puerta y adentrarme con rapidez. Cerré la puerta con seguro y escaneé con mis ojos el lugar, todo estaba en penumbras, lo único que iluminaba la estancia era la escasa luz que emanaba una lámpara, que se hallaba sobre el escritorio. Avancé un par de pasos y observé que la luz del pequeño baño estaba encendida, bien, él está ahí.
Caminé al escritorio y me senté sobre el mismo, recargando parte de mi peso en mis brazos. Un par de segundos después, la puerta se abrió y me dejó ver a mi hombre, tan malditamente atractivo como siempre. Vestido con una polera blanca de manga corta y unos vaqueros algo ajustados, que me dejaban apreciar su bien trabajado cuerpo.
—¿Isabella? —preguntó deteniéndose justo a medio metro de mí—. ¿Qué haces aquí y porqué estás sobre mí escritorio?
Su tono de voz era otra cosa que amaba de él; era tan fría, enigmática y suave, que te hacía querer escucharlo gemir tú nombre.
—Solo pasaba a saludar —murmuré de manera sensual.
Pasé mi lengua por mis labios, sin romper el contacto visual. Era hora de ir a por él, después de todo no hay nada que me lo impida. Edward es viudo y hasta donde sé, sigue siendo un hombre con necesidades, y yo estoy dispuesta a satisfacer esas necesidades. ¿Qué importa que sea casi veinte años mayor que yo?
Él entrecerró los ojos y me observó finamente.
—¿Y Anthony? —preguntó.
—No soy su niñera.
Caminó hasta mí y me tomó del brazo, para después bajarme de su escritorio de mala gana. Admito que eso dolió, pero lejos de irritarme, me excitó aún más. Me fascina que se haga el difícil…
—Mejor vuelve con él —dijo secamente—, seguro que debe estar buscándote.
Me soltó y de inmediato mi piel extrañó el roce, así que de inmediato coloqué mi mano en su torso y lo miré de manera inocente.
—¿Te molesta mi compañía?
—No estoy para juegos —dijo alejándose de mí—, sal de aquí.
—¿O qué? —contraataqué—. ¿Me castigarás por desobedecerte?
Edward me encaró y pareció librar una batalla mental.
—No sé lo que mi hijo ve en ti —murmuró—, no eres más que una…
—¿Qué? —cuestioné ante su silencio—. ¿Una zorra, una puta, una fácil?
—Tú lo has dicho.
Sonreí y di un par de pasos hacia él. Nadie se ha resistido a mí y él no será la excepción, no importa cuanto me insulte, de cualquier manera ya no me ofende.
—Pero con todo eso… —comencé mientras me acercaba a él—. Sé que deseas follarme.
—¿Por qué lo desearía? —contraatacó, lastimando levemente mi ego—. Si no eres más que una niña tonta y mimada, que no sabe hacer otra cosa que coger con cualquier hombre.
—Precisamente por eso —respondí al tiempo en que ponía de nuevo, mi mano sobre su torso—. Me deseas —aseguré—, te he visto mirarme de una manera no tan inocente.
—Engreída.
Se alejó de mí otra vez, y sonreí. ¿Por qué huir?
—Vamos Edward —insistí—. No te sirve escapar de tus deseos, eso solo aumenta la excitación.
Me quité la chamarra y la dejé sobre el sofá que se hallaba cerca. Mi piel tenía una ligera capa de sudor, debido al calor que hacía y eso logró que mi blusa se pegara más a mi cuerpo. Juro que lo observé tragar saliva, es ahora o nunca.
Avancé un paso y él lo retrocedió, otro más y pasó lo mismo. La sangre burbujeaba por mis venas como lava ardiente, mi sexo palpitaba más que ansioso, toda esta charla solo me calentaba más.
—No te resistas.
Le dije antes de que su espalda chocara contra la pared. Frunció el ceño y maldijo por lo bajo.
—Esto no pasará Isabella —aseguró fríamente.
—Yo creo que Eddy no piensa igual —le dije señalando el bulto en sus pantalones.
Me fulminó con la mirada y antes de que pudiera evitarlo, coloqué la mano derecha sobre su miembro. Él retiró mi mano de manera brusca, para después colocar sus manos en mis brazos y estamparme con fuerza contra la pared. Cerré los ojos debido al movimiento, pero no me asusté, estaba logrando lo que quería… encenderlo.
Clavé mis orbes chocolates sobre él y lo miré apretar los ojos con fuerza. Su agarre comenzó a aflojarse y no perdí la oportunidad de tomar una de sus manos y guiarla hasta uno de mis senos.
—Todo esto está ansioso por ti… Edward.
—Estás jugando con fuego —gruñó abriendo los ojos por fin—. No sabes en lo que te estás metiendo.
—Lo sé, y me encanta quemarme… sobre todo si es contigo.
—Tsk.
Sentí como estrujó mi seno por su cuenta y sonreí. Eliminé la distancia que nos separaba y choqué sus labios contra los míos. ¡Mierda!, era mucho mejor de lo que llegué a imaginar. Era casi como probar un algodón de azúcar y un helado a la vez.
Su lengua rozó la mía y mis bragas se humedecieron, ¡El maldito si que sabe como besar!, succionó y mordió mi lengua exquisitamente, en tanto su mano libre se aferraba a mi cintura. Aferré las manos en su cabellera, y dejé que mis dedos se deslizaran y jalaran esas hebras cobrizas. Mordí y succioné su labio inferior, dejando que mi lengua saboreara todo lo que estaba a su paso. Pegué mi cuerpo al suyo y ahogué un gemido al sentir su erección rozar mi vientre bajo.
Nos separamos debido a la falta de aire y le quité su polera, acaricié su perfecto torso y me humedecí aún más. Era como tocar una obra de arte, cada músculo estaba perfectamente delineado; me quité mi blusa y dejé que Edward observara mis senos, ya que no llevaba sostén. Sin perder tiempo, me levantó por la cadera para que enredara las piernas en su cintura, e introdujo uno de mis senos en su boca.
Cerré los ojos y enredé una de mis manos en su cabello, para indicarle que continuara. Sus dientes mordisqueaban mi erecto pezón, y su lengua lo saboreaba de manera excelsa.
—Eso es… saboréame cariño.
Delicioso… —murmuró contra mi sensible piel.
Jalé con fuerza su cabello y él en respuesta mordió mi pezón, logrando que soltara un fuerte gemido. En ese momento agradecí que la música estuviese lo suficientemente fuerte, como para que nadie escuchara lo que estábamos haciendo. Sus fuertes manos apretaron mi trasero y yo, con la mano que tenía libre, arañé su espalda. Una vez que terminó de mordisquear de ese lado, repitió la acción en el otro, pasando su lengua por mi piel.
Ahora si podía decir que estaba más que húmeda, me removí entre sus brazos y logré rozar su erección.
—¿Ansiosa? —preguntó con sorna.
Volví a jalar su cabello, y estampé mis labios con los suyos. Había esperado demasiado por este momento y necesitaba disfrutarlo al máximo. Desde el día que lo conocí supe que sería todo un monstruo en la cama, y ansío sentirlo dentro de mí. ¡Mierda, de verdad que no puedo esperar!
Deslicé la mano que tenía en su espalda hasta el borde de su pantalón y lo desabroché con avidez, no por nada soy la mejor amante que cualquier sujeto puede tener la fortuna de coger. Y en cuanto lo hice, sentí como Edward arrancaba sin ningún tipo de consideración mi tanga, ¡eso fue tan malditamente excitante, que me mojé aún más!
Bajé su pantalón un poco y dejé salir a Eddy, no podía verlo, pero su recuerdo está sumamente vivido en mi memoria. Por lo tanto sabía que tan grande y que tan dispuesto estaba para hundirse en mi estrecha cavidad. Lo guié con mi mano hacía mi entrada y ambos gemimos al sentirnos.
Nos separamos debido a la falta de aire y Edward se ocupó de lamer, morder y saborear mi cuello; en tanto una de sus manos estrujaba mis senos y la otra me sostenía del trasero.
Fóllame con fuerza —gemí en su oído. Y al instante sentí la fuerte estocada.
—Mierda —gemimos al unísono.
¡Definitivamente era el pene más grande que hasta ahora había tenido la fortuna de sentir!
Comenzó a moverse de manera fuerte y rápida dentro de mí, en tanto yo arañaba su espalda.
—¡Maldita sea! —gemí—. Esto es como el puto infierno Edward… ¡Y me encanta!
Mordió fuertemente mi cuello y eso me excitó. Mi corazón golpeteaba con fuerza y sentía mi cuerpo sudoroso debido a la actividad, él continuaba embistiéndome con una puta fuerza, que presentí que de un momento a otro me rompería.
—Te haré quemarte aún más…
Ahora fue mi turno de morder su hombro y de escucharlo gemir de placer.
¡Dios, es la mejor noche de mi jodida vida!
¡Papá! —el fuerte grito proveniente del exterior, más unos golpes en la puerta, nos hizo saber que Anthony estaba ahí. ¡Maldito inoportuno!
—¡¿Qué? —gruñó Edward, al parecer no estaba más feliz que yo por la interrupción. Y pese a eso, su pene seguía entrando y saliendo de mí con avidez.
¿Has visto a Bella?
—¡No!
Sonreí y enterré mis uñas en su espalda. Por bizarro que parezca, el hecho de estar con Edward y escuchar la voz de su hijo cerca, aumentó la excitación. Mi cuerpo comenzó a contraerse, estaba a punto de llegar.
¡Si la llegas a ver, dile que la estoy buscando!
Fue lo último que escuché, ya que los espasmos nublaron mis sentidos. Edward colocó su mano en mi boca para evitar que alguien escuchara el fuerte grito que mi boca había dejado escapar, y un segundo después, explotó en mi interior.
—Cállate la boca — gruñó en mi oído.
Salió de mí y me dejó sobre el piso.
—El mejor puto sexo de mi vida —murmuré.
Edward clavó sus orbes esmeraldas sobre mí y terminó de quitarse el pantalón junto con el boxer. Bajé la vista y casi comienzo a babear al ver semejante creación divina delante de mis ojos. Mordí mi labio con fuerza y me humedecí una vez más, ¡Era el pene más perfecto del mundo, con razón sentía que moriría de placer!
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó sonriendo ladinamente.
—Mierda, si.
—Hazme saber que tanto.
A penas terminó de hablar y una de sus manos ya se encontraba en mi cabello, lo jaló con fuerza y me obligó a hincarme delante de él. Pese a que fue rudo y grosero, me gustó.
—Demuéstrame que tan zorra eres.
Su mano se ciñó aún más en mi cabello y me acercó a su palpitante miembro, ¿En qué momento dejé de ser la que dominaba?, decidí no darle importancia y pasé mi lengua por la punta. Aún estaba mojado de su semen y mis líquidos, el sabor era diferente y… delicioso.
Ejerció aún más presión y abrí la boca para introducirlo dentro. No logré meterlo todo, pero sí la mayoría; enrosqué mi lengua en él y lo saboreé. Escuché un gemido proveniente de él y sonreí. Comencé a mover mi boca, lo succionaba y lo lamía todo lo que podía, siempre recordándome respirar para no ahogarme. Trató de no gemir mordiendo su labio, pero no lo logró, gruñó un par de veces y llevó el ritmo de mi boca con su mano aún en mi cabello. Levanté la mano derecha para acariciar sus testículos y lo escuché maldecir; estaba por venirse, así que succioné con más fuerza y explotó. No hizo falta que me esforzara por beberme todo, ya que al estar cerca de mi garganta, todo pasó instantáneamente.
Su agarre se aflojó, así que me puse de pie y eliminé la distancia entre nosotros, para besarlo en los labios. Introduje mi lengua en su boca y lo hice saborearse a sí mismo; Edward llevó sus manos a mi cintura y me quitó la falda, la cual resbaló por mis piernas rápidamente, para después cargarme y llevarme hasta su escritorio. Me depositó justo en el mismo sitio donde había estado sentada con anterioridad, y me empujó para que me recostara sobre el mismo. Sentí como mi espalda chocaba contra algo rugoso y supuse que serían hojas.
—Tú coño está tan mojado —me dijo.
—Y listo para ti Edward.
Lo observé sonreír de lado y sonreí también. Acarició mis muslos y bajó sus manos hasta mis tobillos, para después colocarlos sobre sus hombros. Mordí mi labio fuertemente y observé como hundía su cabeza en mi centro.
¡Mierda!
Sopló contra mi sensible, húmeda y caliente piel, y gemí. ¡El maldito perro gozaba con hacerme sufrir!, llevé ambas manos a su cabello y lo hundí aún más, justo como él había hecho.
—Déjame sentir tú lengua —gemí—. Ya sabes como me gusta.
Repartió pequeños besos en mis labios vaginales, para después lamer mi clítoris. Deslizó sus manos a través de mis piernas, erizando cada parte que tocaba. Su mano izquierda llegó hasta mis senos y los apretó con fuerza, en tanto la otra le ayudaba a su lengua a follarme.
—¡Puta madre! —exclamé completamente embriagada por el placer. Edward me estaba follando de la mejor manera de este jodido mundo. Su lengua se movía con frenesí dentro de mi coño, y sus dedos le ayudaban en esa tarea.
En respuesta mordió mi clítoris tan fuerte, que pensé que sangraría. Una descarga eléctrica me recorrió, y mi corazón dio un vuelco.
¿Uno se puede morir de placer?, ¡Porque juro que quizá eso me pase!
—Realmente… eres jodidamente bueno.
Siguió lamiendo y mordiendo todo a su paso, hasta que mis paredes vaginales empezaron a contraerse alrededor de su lengua. La respiración comenzó a faltarme y el orgasmo me golpeó como una fuerte bofetada. Edward se quedó ahí, lamiendo todo lo que salía de mí, y eso me encantó.
Se irguió nuevamente y me observó con esos ojos lujuriosos que tanto me encantaban, definitivamente sé que todo en él es putamente perfecto.
El mejor amante de mierda del mundo.
—Mierda —masculló—, olvidé el puto condón.
—Tranquilo Eddy, tomo la pastilla —le dije sonriente.
—¿Por qué no me sorprende? —bufó.
Y sin esperar más, volvió a penetrarme con ese caliente y palpitante pene, que parecía querer romperme. Me levantó levemente y sin perder tiempo, volvió a atrapar uno de mis senos en su boca. Gemí y enterré mis uñas en sus brazos; su lengua era tan hábil, que pensé que se merecía todo un premio o una mierda parecida.
—Oh si, sigue así bebé
Acaricié su cabello con la mano derecha y lo dejé seguir jugando con mis senos un rato más, antes de jalarlo para besarlo. Mordí su labio inferior y su lengua rozó la mía, ¿Mencioné que su lengua se merece un puto premio?, saboreé cada ínfima parte de su cavidad y me dejé embriagar por su sabor.
Su duro pene me embestía con fuerza, mis tobillos aún estaban sobre sus hombros, y juro que todo esto me dejaba sin palabras, cosa que pensé imposible. Normalmente cuando estoy teniendo sexo con alguien, hablo mucho y de una manera sumamente sucia, para excitarlos más. Pero parece que eso con Edward no es necesario, sencillamente me deja fuera de combate.
—Eres tan jodidamente estrecha —gruñó Edward, luego de que nos separáramos por la falta de aire—, y tan malditamente deliciosa. ¡Ahora sé lo que mi hijo ve en ti… Bella!
El escucharlo decir mi nombre, fue un detonante clave para que alcanzara un nuevo orgasmo. Y –una vez más-, Edward llegó después de mí. Abrí la boca para recuperar el aire que me faltaba y así lograr que mi desbocado corazón, se calmara un poco.
Edward salió de mí y bajó mis piernas, como pude me senté sobre el escritorio y saboreé mis labios, mientras observaba atenta el cuerpo desnudo y sudoroso de aquel que podría ser mi padre.
Pero no lo es… repitió aquella vocecilla en mi mente. ¡Y doy gracias a Dios por ello!
—Definitivamente mejor de lo que pensé —le dije al tiempo en que me bajaba del mueble.
Pasé de él y caminé al otro lado de la estancia para tomar mi ropa. Me coloqué la blusa y la falda, por suerte mis zapatos seguían en su lugar, así que no necesité buscarlos. Lo único que si lamentaba era haber perdido mi tanga, ya que era de mis favoritas.
—Me debes una tanga —susurré cerca de él. Me paré de puntitas y le di un corto beso en los labios.
Caminé a la puerta y me dispuse a salir.
—Por cierto —dije viéndolo de soslayo—; eres mucho mejor amante que Anthony.
Salí de la pequeña oficina, dejando a aquel dios griego desnudo y solo, y me encaminé de regreso a la cocina para beber algo más de alcohol.
Mientras me reprendía por no disfrutar más de aquel perfecto hombre, me terminé media botella de tequila de golpe, al parecer tenía demasiada sed. Tomé una cerveza de la nevera, la destapé y comencé a ingerir el líquido. Caminé de regreso a la estancia principal y antes de poder llegar, me topé con Alice, quien bailaba como loca con una botella de vodka en la mano derecha.
—¿Dónde has estado? —preguntó—. Anthony parece querer voltear la casa de cabeza.
Comenzó a reír como loca y yo le di un sorbo a mi cerveza.
—¡Eres una bitch! —exclamó acercándose a mí—. ¿Quién fue el puto con el que cogiste?
—¿Cómo sabes que follé con alguien?
—Traes varias mordidas —dijo entre risas.
Llevé mi mano al cuello y me giré para ver mi reflejo en alguna cosa de la casa, un puto espejo, algo de plata o un cristal. Por suerte había un espejo cerca y logré ver lo que la perra de Alice decía; ¡Mierda!, ¡Ese mal nacido me dejó toda marcada!
—Edward.
Le dije restándole importancia, después de todo, creo que valió la pena.
—¡Maldita afortunada!
—El mejor polvo de toda mi puta vida —le dije acercándome a su oído—, y mira que yo sé de eso.
—¡Te odio!
—Lo sé.
Me alejé de ella y llegué a donde estaba el hijo del dios del sexo, se acercó y me preguntó que donde había estado. Obvio se puso todo loco al ver mis manchas, pero ¡Ey! En este mundo todos somos libres y él no es mi novio o una mierda parecida.
Así que lo único que hice fue besarlo, pero increíblemente, no me gustó. Es más, odié ese beso. Me separé de él, pero no por fuerza propia, alguien más me sujetaba con fuerza de uno de los brazos. Giré mi rostro y observé a Edward-dios del sexo-Cullen, parado detrás de mí.
—Isabella tiene una llamada de su padre en mi despacho —se limitó a decir, antes de arrastrarme por los pasillos repletos de personas.
La presión que ejercía en mi brazo era demasiada y dolía, tanto que creo que tendré otra marca más en la lista, pero no me quejé. Sobre todo porque yo sé perfectamente que Charlie está fuera de la ciudad hasta mañana por la noche, esbocé una sonrisa y me dejé guiar.
Atravesamos los grandes pasillos, hasta que llegamos a la tan conocida oficina, cerró la puerta con pestillo y me estampó contra la misma, para devorar mis labios.
Admito que no esperé esa reacción de su parte, después de todo, es un hombre jodidamente perfecto que puede tener a cualquier mujer. ¿Por qué eligió a la zorra que juega con su hijo?
¡Que más da!
Quizá ahora pueda experimentar todas y cada una de las sucias fantasías que mi loca mente imaginó… y me fascina.
Puedo ser una perra loca, pero también tengo mi corazoncito, y uno nunca sabe…
—¿Quién es el ansioso ahora? —pregunté con sorna.

* Fin *
Más valen cinco minutos de pasión, que toda una vida de aburrimiento.
(Anónimo)
¡Hola!
¿Qué les pareció?
Me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

1 comentario:

  1. me enkanta todosssssssss tus fiks por favor sigue acttualizando

    ResponderEliminar