miércoles, 6 de junio de 2012

Sexy Depredador

¡Hola! Aquí les dejo éste OS, que espero sea de su agrado.
Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
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Advertencia: Esta historia es totalmente erótica, así que si a alguien le desagrada el lemon, le informo que mejor se abstenga de leer. Sobre advertencia, no hay engaño.
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SEXY DEPREDADOR
By Tsukisaku

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Observé el reloj una vez más y bufé, aún faltaban cinco largos minutos para que las clases llegaran a su fin. Estaba harto de esperar y completamente hastiado de siempre llegar temprano, ¿Por qué no solo podía llegar a la hora y ya?, o mejor aún, ¿Por qué no la dejaba esperando por mí?... la respuesta es tan obvia que me doy asco.

Ella me interesa.

De todas las mujeres del mundo que pueden ser para mí, ella es la única que siempre ha llamado mi atención, pero no de la mejor manera, si no de una forma enfermiza y patética. Me ha llevado a hacer cosas que nunca en la vida me imaginé hacer y que jamás tuve la fortuna de pensar, pero que ahora me estaba llevando a la ruina. Era como un pase directo a la prisión. A cada segundo me maldigo por haberme fijado en ella, y por no haber podido resistirme a la tentación de pasar tiempo a su lado. Pero desde que la conocí, el embrujo fue inmediato y ya no tuve la fuerza de voluntad suficiente para alejarme.


Tres años.

He gastado, tres malditos años de mi vida en ésta estupidez. Mil noventa y cinco días cerca de ella, acosándola, vigilando cada uno de sus movimientos -pero sobre todo-, siendo la persona más estúpidamente pervertida de todo el mundo. He mentido, golpeado, gritado, engañado, amenazado, e incluso robado, con tal de seguir a su lado. Y lo peor de todo, es que ni si quiera la trato con delicadeza o con dulzura. Soy grosero, altanero, prepotente, orgulloso, estricto, nada sutil y poco amigable, en pocas palabras, soy un bastardo de mierda.

Por eso, ella me odia.

¿Qué tiene ella, que no tengan otras?... es lo que me pregunto a cada instante. ¿Por qué tuve que poner mis ojos en esa pequeña molestia? ¿Por qué?

Cada que recuerdo la vez que la conocí, mi piel estalla en llamas, es un reflejo inevitable.

Acababa de cumplir los diecisiete años, y estaba por comenzar mi último año de la preparatoria. Ese día, mis padres me habían arrastrado a una estúpida cena en casa de sus amigos: los Swan. Yo odiaba esas cosas, prefería mil veces perder mi tiempo en otros asuntos, que ir a aburrirme con gente vieja. Para mi desgracia, mi padre me amenazó con no darme dinero nunca más si no asistía, así que no me quedó de otra.

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—Acaban de regresar a Seattle, así que sé amable —me recordó mi madre, justo antes de llamar a la puerta.

—Hmph.

Tomé una gran bocanada de aire y maldije a mi hermano, ¿Por qué él se había podido zafar y yo no?... traidor de mierda.

En cuanto la puerta se abrió, mis padres intercambiaron unos patéticos saludos con sus viejos amigos, yo me limité a murmurar un “buenas noches” y ya, ¿eso era educado, no?

—¡Bella! —gritó la amiga de mi madre—. ¡Nuestras visitas están aquí!

¿Quién demonios es Bella? ¿Por qué mi madre no me dijo que sus amigos tienen una hija?... con un poco de suerte, sea atractiva y así no me la pasaré tan mal. Por el pasillo resonaron unos pequeños tacones, y supuse que la aludida estaba en camino. Fijé mi vista por el lugar donde debía aparecer y casi me caigo al verla.

No era lo que esperaba…

La observé con detenimiento e inmediatamente, su imagen se grabó en mi mente con fuego. La chica poseía una larga cabellera castaña, era brillante y parecía sumamente suave, quizá como uno de esos algodones de azúcar. Sus ojos son grandes y de un color chocolate muy brillante, los cuales están adornados por unas pestañas perfectamente espesas y rizadas. Su piel es blanca y perfecta, tanto, que te invita por sí sola a ser acariciada. Tiene unos labios perfectos, rojos y deliciosamente bien formados. Y por último, su cuerpo. Parece no estar nada mal para su edad, lo que es precisamente su único defecto: su edad.

—Ésta es mi pequeña princesa —comenzó su padre, al tiempo en que pasaba un brazo por los hombros de la aludida—. Isabella Swan.

—Buenas noches —saludó de la manera más amable y sonriente que pudo.

—Eres una niña preciosa —le dijo mi madre—. ¿Cuántos años tienes, hermosa?

—Once.
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¡Once, jodidos años!

¿Cómo pudo gustarme una niña?

Recuerdo que desde ése momento, no pude dejar de verla ni un solo instante, y es que me parecía que ella tenía algo que me impedía dejar de mirarla. Hasta ahora ignoro lo que es y eso me vuelve loco. Esa noche me recordé una y mil veces que era una niña, pero no pude sacarla de mis pensamientos. Los siguientes días fue peor, porque me vi a mi mismo asechándola cual depredador, y eso me ponía de pésimo humor. La vigilaba de lejos cuando salía de la escuela, y merodeaba su casa, únicamente para verla jugar.

Sentía asco por mis acciones, pero era algo más fuerte que yo.

Pero lo peor, fue cuando me encargué de armar toda una mentira, para lograr que los Swan corrieran a la niñera de Bella. Esa mujer debía desaparecer de mi camino, y no me importó hacer lo que tuviese que hacer, con tal de lograr mi objetivo. Una vez que me vi libre de ella, me ofrecí a cuidar de la pequeña Bella. Y entonces me odié. Me estaba convirtiendo en todo un acosador de menores y eso me ponía de mal humor. Conforme el tiempo pasaba, busqué la manera de hacer que la niña me odiara, porque si ella llegaba a mostrar afecto por mí, entonces si que no lograría detener a la bestia dentro de mí y seguramente terminaría violándola salvajemente.

¿Hasta dónde sería capaz de llegar mi obsesión por ella?

Y lo averigüé.

Una noche, mientras ella se duchaba, ingresé a su habitación y la espié. Era el ser más perfecto del mundo, incluso aunque su cuerpo aún no terminara de desarrollarse, era un ángel hermoso. Lo peor de todo, fue que lo seguí haciendo durante un largo año, y siempre al llegar a casa, me descargaba con ayuda de mi mano.

Regresé a la realidad en cuanto el timbre resonó y fijé mi vista en la entrada. Era viernes y el último día de clases de Bella, lo que significaba también, que era mi último día como su “niñero”. Para el siguiente año escolar, ella ingresará a la preparatoria gracias a sus excelentes calificaciones, y lamentablemente para mí, ya no tendré que vigilarla. Aunque seguramente sea lo mejor, después de todo, no puedo desperdiciar mi vida con una chiquilla de catorce años, como ella. En cuanto apareció en mi campo de visión, no aparté la mirada de ella, lucía tan sexy con ese uniforme escolar que me ponía duro. Se despidió de sus amigos y caminó hacia mí con una mueca en el rostro; sin decir una sola palabra, se metió al coche y se colocó el cinturón de seguridad. Me acomodé en mi lugar y puse el auto en marcha. Durante el camino, ninguno de los dos dijo nada. No es que me sorprendiera, pero pensé que al ser el último día que pasaríamos juntos, ella me echaría en cara lo mucho que me odia y lo feliz que está de librarse de mí. Cuando llegamos a su casa, se bajó rápidamente como siempre y se encerró en su habitación. Definitivamente es una niña.

Me acomodé en la sala y saqué el móvil para hacer un par de llamadas. Estaban por iniciar las vacaciones de verano y deseaba comenzar a festejar desde hoy por la noche. Llamé al idiota de mi hermano para que me contara lo que tenía en mente y me explicó que acababan de abrir un bar en el centro, donde se decía que el ambiente estaba de lujo. Le dije que iría y que invitara a los demás, necesitaba pasar tiempo con chicos de mi edad y beber.

Un ruido proveniente de la cocina llamó mi atención, así que me puse de pie y me dispuse a averiguar lo que esa chiquilla estaba haciendo. En cuanto entré a la estancia, me quedé embobado ante la visión que tenía delante de mis ojos. Bella estaba sobre una silla intentando alcanzar algo que se hallaba sobre uno de los estantes más altos, pero eso no era lo importante, si no que al estar así, dejaba a la vista sus bien torneadas piernas. La falda se levantaba un poco más de lo normal y eso me estaba excitando. Sonreí ladinamente y me acerqué silenciosamente a ella.

—¿Qué haces? —pregunté secamente. Ella pegó un brinco logrando que la silla se tambaleara, e inevitablemente se cayó al piso. Por un segundo cruzó por mi mente la idea de tomarla en mis brazos, pero si eso hubiese pasado, estaría cogiéndola ahora mismo sobre la mesa de la cocina.

—¡Eres un imbécil! —gritó al tiempo en que se ponía de pie—. ¿Por qué mierda tenías que venir a asustarme, idiota?

Escucharla hablar así, era excitante. La miré sin ningún tipo de expresión –como siempre–, en tanto ella se alisaba la falda, que segundos antes me había dejado ver más allá.

—Cuida como me hablas —mascullé fríamente.

—Te hablo como se me da la gana, idiota —me contestó clavando sus orbes chocolates sobre mí. Sus labios formaban una perfecta línea recta y sus mejillas estaban rojizas debido a la furia que sentía.

—Mira, niña…

—¡No, mira tú! —me interrumpió antes de que terminara de hablar—. Primero, ya no soy una niña. Y dos, a partir de hoy ya no eres nadie en ésta casa, así que ya no tienes autoridad sobre mí.

—Error —recalqué al tiempo en que me acercaba a ella y la hacía retroceder—. Hoy todavía tengo toda la autoridad del mundo sobre ti… niñita. Así que si te digo que hagas algo, lo haces y punto.

Me incliné levemente para acercar mi rostro al suyo y miré un brillo peculiar en sus ojos, uno que nunca antes le había visto. Sus mejillas estaban más rojas y podía sentir su respiración acelerada, estábamos tan cerca, que las ganas de besar sus hermosos labios, me inundaron por completo.

—Quítate —masculló al tiempo en que me empujaba a un lado—. No sabes como deseo que éste maldito día termine de una buena vez, para que te largues de mi vida para siempre.

Sin decir más, salió de la cocina y desapareció de mi vista. Apreté los puños con fuerza y bufé. ¿Quién se cree para hablarme de esa forma?, me encantaría darle una buena lección para ver si así aprende a respetar a sus mayores. Sé de uno o dos métodos que podrían funcionar. Sonreí ante mis pensamientos y regresé a la sala, necesitaba ordenar algo de comida, y terminar de hacer un par de llamadas.
—¡Ésta será una noche inolvidable! —gritó el Emmett al tiempo en que nos entregaban las bebidas.

—Pssh —tomé un trago de mi cerveza y Jasper me golpeó en el hombro, haciéndome atragantarme con el frío líquido.

—¡Hombre! Deja de ser una mierda Edward, te estamos perdiendo.

—Si Edward, deja de ser un maricón —si tan solo ellos supieran que mi actitud actual se debía a que aún pensaba en Bella intentando alcanzar algo de la alacena… Cerré los ojos y recordé sus torneadas piernas, tuve que morderme el labio para no gemir en voz alta. Trataba de no sentirme como un enfermo, pero era imposible. Esa niña iba a ser mi muerte.

—Entonces, Edward —miré a mi hermano—. ¿Cómo planeas comenzar a disfrutar las vacaciones? —bufé. Follándome a Bella.

—No sé.

—Eso pensé —sonrió—. Espera aquí.

—¿Qué estupenda idea cruzó por la mente de Emmett? —pregunté mirando a la gente bailar.

—Ya lo veras —me hundí más en el sillón y miré aburrido a la gente, entonces divisé a alguien entre la multitud.

—¿Qué? —murmuré frunciendo el ceño y susurrando. ¡Mierda! Me estaba volviendo loco, podría jurar que aluciné a… no. La cerveza ya estaba afectándome, si, claro. De seguro era eso. Dejé de mirarla cuando Emmett llegó riendo a nuestra mesa.

—¡Jamás creerás esto Edward! —lo miré con los ojos bien abiertos, enarqué una ceja y él soltó una risa—. Me encontré a la mocosa de Bella Swan bailando en la pista.

—¿Bella? —fruncí el ceño y él asintió.

—Si, se asustó demasiado al verme.

—¿Quién es Bella? —dijo Jasper inclinándose sobre la mesa.

—Es la bebé de Edward —Emmett hizo un puchero—. Edward es una  especie de niñero.

—Uh —Jasper soltó una risa—. ¿Y es linda? —entorné la mirada sobre él, ¿Qué mierda?

—¡Tiene catorce! —Emmett frunció el ceño—. No seas enfermo Jasper —lo golpeó en la cabeza—. ¿O no Edward? —miré la cerveza y sonreí.

—Si, es sólo una niña Jasper, compórtate —carraspeé mi garganta y me alejé de ellos—. Ahora regreso, iré a la barra.

—¿A divisar el terreno? —lo miré confundido.

—Uh, si —rodé los ojos y me acerqué a la barra.

Entonces me di cuenta que no estoy loco… Bella esta aquí. Un pensamiento me golpeo, si ella estaba aquí… ¿Cómo mierda se coló en un lugar como este? ¡Tiene catorce! Y de seguro no estaba sola, ella es tan vulnerable y frágil… y aquí hay un montón de hombres que sin duda la encontrarán atractiva. Mi instinto depredador salió a flote, mi mirada se agudizó para encontrarla y no tarde en hacerlo. Justo enfrente de mi estaba Bella… ¡Dios! ¡Estaba perfecta! Mi respiración se quedó en mi garganta y mis labios se secaron con solo verla. Mi vista la analizó, empezando por su rostro. Sus labios estaban como el día que la conocí, con ese tono rojo que incitaba a acariciarlos, pero sus facciones se veían de una adulta, el maquillaje la hacia ver varios años más grande de lo que era, no me sorprendía el porque la dejaron pasar. Sus ojos se miraban cautelosos, con esa sombra oscura adornando sus parpados, mi mente la recordaba sin todo ese maquillaje, sin duda era mi faceta favorita, pero ésta Bella se veía salvaje, su melena lo demostraba, no tenía control y cuando lo miraba, pensaba en sexo… si… ¡sexo! Mis ojos bajaron a su ropa y mi miembro despertó, recordando cuando la observaba en la ducha. Su cuerpo había cambiado… mucho. Traía una blusa roja de tirantes, con un estratégico escote, que mostraba su pálida piel, podía ver su pecho subir y bajar, e inclusive podía saborear su piel, apreté los puños y mi vista bajo hacia la piel de su abdomen, notando como tenía un piercing en su ombligo. Traviesa. Lo último que mi cerebro registró fueron sus largas y torneadas piernas, su pequeño short era más revelador que la falda del uniforme, pude ver como inclusive su trasero sobresalía de la ropa, mi respiración se volvió rápida y tuve que desviar la vista, cerré los ojos y su imagen me aturdió. Era una mujer…

Cuando regresé la vista hacia ella, me puse de pie, un sentimiento de ira me recorrió por todo el cuerpo en un segundo. ¿Quién era ese? Bella le sonrió a un mocoso, cuando lo vi bien me di cuenta que era uno de sus compañeros, pero eso no importaba. ¡No! Él la estaba tocando y después la besó cuando ella tocó su pelo. Sin poder evitarlo mis pies empezaron a moverse en dirección a ellos, mis puños estaban listos para estamparse en la cara de ese chiquillo. Pero el último pensamiento de cordura alcanzo a tocarme justo antes de que me vieran, me quedé entre la gente y él pasó su mano por la cintura de Bella, haciendo que ella arqueara la espalda y pasara las manos por su cuello, entonces ella sacudió la cabeza y la escuché hablar.

—Alec… para — él no le hizo caso y deslizó sus labios a su cuello y sus manos a su trasero—. ¡Alec! Dije que basta —sonaba asustada, pero no sonaba así cuando me hablaba a mi. Ella comenzó a forcejear, pero era tan pequeña que apenas pudo mover su brazo.  Entonces di tres pasos y agarré al mocoso de la solapa de su chaqueta y lo empujé hacia atrás. Bella se quedó a mi lado estática.

—Aléjate de ella imbécil —dije apretando la mandíbula, observé a Bella por el rabillo del ojo y parecía estar sorprendida o quizá ligeramente asustada.

—¿Quién mierda eres? —el mocoso se acercó a mi, tratando de darme un golpe.

—¡Basta! —todos parecían ajenos a esta pequeña “discusión”, bastó sólo un golpe en su mejilla para hacerlo caer sin esfuerzo. Bella estaba jalándome de la playera mientras caminaba hacia Alec, que estaba en el piso, yo estaba listo para golpearlo de nuevo—. ¡Edward! —Bella seguía jalándome de la playera—. Edward, déjalo —me jaló del brazo y la miré, sus ojos estaban brillosos, como si estuviera a punto de llorar. Sus labios ya no tenían ese labial rojo y eso solo me lleno más de rabia, pero ella me jaló—. Por favor —su voz se quebró y tragué saliva mientras me agachaba hacia el tipo en el piso, que solo entrecerró los ojos por mi cercanía, sonreí, podía oler su miedo.

—No te acerques a ella. Te matare si lo haces ¿Me entendiste? —el bufó—. ¿No te quedo claro?

—¡Basta! —Bella me jaló—. ¡Lárgate Edward! Mira lo que hiciste —me puse de pie y le di una larga mirada.

—Nos vamos —dije serio y ella soltó una risa, pero se notaba que estaba nerviosa.

—¡Te irás tú! No pienso ir contigo a ningún lado —me acerqué a ella y soltó un jadeo por la cercanía.

—Dije… vámonos —ella se quedó sin palabras y aproveché eso para tomarla del brazo y jalarla hacia la salida,

—¡Suéltame! —dijo pegándome en el brazo, pero lo único que pensaba era en sacarla de este horrible lugar—. ¡Me estas lastimando! —eso no era cierto—. ¡Edward! —conseguí sacarla y ella retiró su brazo de forma brusca.

—¡Eres un idiota!

—No me hables así —dije calmado y la volví a jalar, esta vez más cerca del Volvo.

—¡Eso es lo que eres, un completo idiota! ¿Por qué no te puedes meter en tus asuntos? —dijo con el rostro completamente rojo y el ceño fruncido.

—¿Y tú que mierda hacías aquí? ¿Eh? —dije gritándole de regreso, ella se encogió en su lugar—. ¿Quién demonios era él? —saqué las llaves del auto.

—¡Eso no te importa! ¡Lo arruinaste! ¡Como siempre! —arrugó la nariz y me pegó en el pecho—. ¡Te odio!

—No hagas eso —dije apretando la mandíbula. Pero ella tan terca como era, me volvió a pegar.

—¡Yo hago lo que quiero! —se acercó otra vez y me iba a volver a golpear, pero la agarré de la muñeca y la empujé contra el coche—. ¿Me vas a pegar? —dijo mirándome de forma muy profunda.

—Debería —dije entrecerrando los ojos para intimidarla.

—¡Pues hazlo! ¿Qué esperas? ¡Eres un cobarde! ¡Un…! —entonces su furia me excito, de la forma más extraña que pudiera existir. Corté los centímetros que nos separaban y la besé rudamente. Ella se quedó quieta y lo único que pude hacer fue entregarme a mis necesidades, me presione más contra ella, atrapándola entre el Volvo y mi cuerpo, mis manos fueron a sus mejillas y lamí sus labios, logrando que su lado racional saliera fuera de su camino y entonces comenzó a responder. Entonces pasó algo que no esperé, ella mordió mi labio, con tanta fuerza que logró que soltara un débil gemido, mi corazón estaba acelerado, podía sentir el suyo de la misma forma así que succioné su labio superior, mientras sus pequeñas manos pasaban de sus costados a mi pecho, solté un ligero gruñido y mis palmas se posaron sobre su espalda baja. Necesitaba sentirla más cerca, tantos años de estarme reprimiendo comienzan a afectarme. Estaba excitado, ansioso y con ganas de devorarla ahí mismo. El monstruo que por tantos años reprimí, comenzaba a surgir de una manera nada agradable. Mi sangre recorría mis venas como lava ardiente, así que pegué su pequeño cuerpo más al mío y gemí. Estaba toda caliente, podía sentirlo, y eso logró ponerme más duro. Mordí de regreso sus carnosos labios y ella jaló mi cabello, de una manera tan pasional, que me dejó sin aire… sabía que debíamos separarnos para respirar, pero no quería, sentía que si lo hacía, todo se esfumaría y Bella no estaría aquí.

A regañadientes solté sus labios e inmediatamente ambos abrimos la boca para intentar recuperar el aire que nos faltaba. Sentía una sensación sumamente extraña, mis labios dolían y ardían en deseo. Un solo beso bastó para saber que se acababa de convertir en mi marca de heroína personal, mi perdición, mi adicción, mi todo. Demonios, si no me contengo aunque sea un poco, la follaré aquí mismo, así que sin que me agradara, me separé un poco más y abrí la boca para hablar.

—Bel… —y antes de que lograra decir una letra más, Bella jaló mi cabello y estampó sus labios contra los míos, para después meter su deliciosa lengua dentro de mi boca. Definitivamente estaba tentando a su suerte, ¿Cómo podía besarme de ésta manera y no esperar a que la bestia dentro de mí rugiera desesperada por salir?... Mientras su boca rozaba la mía con intensidad, mis manos cobraban vida propia para acariciar su estomago, ella soltó un suspiro y un escalofrío me recorrió por completo, necesitaba hacerla mía y dudaba mucho que después de esto, pudiese contenerme o postergarlo. El oxigeno comenzó a faltarnos y nos separamos ligeramente, clavé mis ojos en los de ella y volví a notar ese brillo diferente, parecían arder.

¿Y ahora qué debo hacer? ¿Cómo le explico el motivo de mi enfermizo comportamiento?

Seguramente debe estar pensando que soy un maldito pervertido, por haberla besado de esa manera y… ¡un minuto!, Bella me besó la segunda vez, así que no toda la culpa es mía, digo, ella debe sentir algo por mí ¿no? De lo contrario, me hubiese rechazado al instante. Mi corazón aceleró ligeramente su paso y un rayo de felicidad lo cubrió, la sola idea de que ella sienta algo por mí…

—Hazme tuya —soltó de golpe, logrando que mandara a la mierda todos mis pensamientos—. Sé que me deseas como yo a ti…

Sonreí de lado y la solté, para después abrir la puerta del copiloto y permitirle el acceso, en cuanto se acomodó, cerré la puerta y corrí a mi lugar. Estaba ansioso, muy ansioso. Podía ser todo un enfermo, un psicópata, un acosador y un pervertidor de menores, pero aún seguía siendo un hombre con grandes necesidades. Las cuales por cierto surgieron en cuanto la vi por primera vez; Bella es la única a la que he deseado tener en mi cama desde hace tres años, a la única a la que anhelo hacer mía sin ninguna compasión y mi gran sueño prohibido. Por lo tanto, claro que no dejaré escapar la gran oportunidad de proclamarla como mía.

Mientras conducía a toda velocidad hacia el departamento que compartía con mi hermano, Bella se estaba encargando de besar mi cuello. ¡Mierda!, si continúa así, no lograré llegar ni al departamento. ¿En qué momento Bella se volvió tan… seductora? En definitiva no parece ser una niña de casi quince años de edad, y agradecía eso.

Cinco minutos después –que me parecieron eternos–, llegamos al gran edificio. Estacioné el volvo en el lugar de siempre y ambos nos bajamos para ir directo al ascensor, en cuanto las puertas se cerraron, se lanzó a mis brazos para poder alcanzar mis labios. Aferré mis manos a su cintura y me sentí aliviado de que el idiota de mi hermano se fuese a quedar en la casa de su novia. Levanté por los aires a Bella y ella en respuesta enredó sus piernas alrededor de mi cintura, todo mi cuerpo vibraba y mi erección palpitaba ansiosa. Cuando las puertas se abrieron, abrí los ojos y caminé hasta la puerta del departamento, su boca seguía arremetiendo contra la mía y era magnifico. Casi a ciegas logré abrir la puerta y la cerré, una vez que estuvimos dentro. Estampé su pequeño cuerpo contra la misma superficie de madera y ella jaló mi cabello.

—Edward —gimió, en cuanto nos separamos en busca de aire. Deslicé mis manos hasta su pequeño y firme trasero, así como mis labios a su cuello. Podía sentir su pecho subir y bajar rápidamente, su cuerpo ya tenía una ligera capa de sudor y era delicioso. Mordí ligeramente su deliciosa y pálida piel, antes de que ella volviera a buscar mis labios.

Mi pecho rugía, mi pene se removía ansioso en busca de la acción que esperó por años, y mi razón ya había sido suprimida. Deseaba poseerla y lo deseaba pronto. No quería convertirme en una bestia por completo, por lo tanto, debía buscar la mejor manera de excitarla hasta límites impensados. Me obligué a caminar hacia mi habitación y una vez ahí, la coloqué en el piso.

—Desnúdate para mi… —pidió devorándome con la mirada. Sonreí ladinamente.

—Hazlo tú misma —contesté.

Bella sonrió ampliamente y se acercó para quitar mi ropa de su camino. Se deshizo de mi camisa y se sonrojó al ver mi bien trabajado abdomen.

—Perfecto —susurró antes de depositar cortos besos. Gruñí y esperé a terminara su trabajo.

Sus manos viajaron a mi pantalón y lo desabrochó, para después bajarlo con todo y bóxer. Sus ojos se abrieron de sobre manera y mordió su labio.

—¿Te gusta?

—Mucho —gimió. Clavó sus ojos en mí y un brillo peculiar los hizo resaltar—. Hazme tuya.

La boca se me volvió a secar y la bestia dentro de mí, rugió feliz. Con un movimiento nada amable, la despojé de su blusa, sus senos quedaron cubiertos únicamente por el sostén y tragué la poca saliva que me quedaba. Quizá no eran los más grandes del mundo, pero aún le faltaba desarrollarse y estaban bastante bien proporcionados. Perfectos. Quité la estúpida prenda e hice que Bella se recostara sobre la cama; me coloqué sobre su pequeño cuerpo sin llegar a aplastarlo y gemí cuando sus redondeces hicieron contacto contra mi pecho desnudo. Los acaricié por unos segundos, antes de engullir uno dentro de mi boca. Mordisqueé su duro pezón y ambos gemimos, ¡mierda!, sus gemidos son mejor de lo que imaginé. Música para mis oídos. Su otro seno recibió la misma atención, en tanto una de las manos que tenía libre, acariciaba su centro.

—Hazlo ya —gruñó ansiosa.

Me separé levemente y terminé de deshacerme de su pequeño short, junto con su… ¿tanga?, mi polla dolió ante la perfecta visión. Lancé la ropa lejos y acaricié su húmedo centro un poco más, sabía que era virgen, así que tenía que prepararla lo más posible. Y sabía que era así, porque en el momento en que cualquier otro hubiese intentado arrebatársela, yo lo hubiese matado, lenta y dolorosamente. Me estiré para buscar un condón de la cómoda que estaba a un costado de la cama y me lo coloqué.

Bella enredó sus manos en mi cabello y tiró de él, para volver a estampar sus labios contra los míos. Nuestros sexos se rozaron y ambos gemimos, ya no podía esperar más. Aseguré mis manos en su cadera y me adentré en ella de golpe, no había tiempo para amabilidades, ni para nada más. Ella gritó y enterró una de sus manos en mi espalda. Esperé a que el dolor pasara y me dediqué a besarla, su pecho subía y bajaba cada vez con menos intensidad, lo que significaba que ya se estaba relajando. Sorpresivamente sus piernas se enroscaron en mi cintura y con eso supe que estaba lista; comencé a embestirla con fuerza, ¡Santa mierda!, es tan estrecha, que mi pene no puede estar más feliz. Cada embestida es como un pase directo al nirvana. Mis manos volvieron a cobrar vida y continué acariciando su perfecto cuerpo y sus deliciosos pechos. Definitivamente no hay mujer más exquisita que mi Bella.

¿Y qué si soy un maldito acosador de mierda?, ¿Y qué si soy seis años mayor?, ¿Y qué si soy peor que una bestia?... Isabella Swan es mía oficialmente mía y no puedo ser más feliz por ello.

—Edward —gimió—. Más rápido.

Obedecí a su pedido y aceleré mis movimientos. Sus gemidos se incrementaron y sonreí contra la piel de su cuello. Estábamos por llegar, lo sabía. A estas alturas me parecía increíble que no me hubiese corrido ya, después de tantas emociones, mi cuerpo deseaba estallar en llamas. Casi inmediatamente explotó y yo la seguí. Salí de su interior y me retiré el condón, para después tirarlo en el cesto de basura que estaba cerca. Me acosté a su lado y la atraje a mí, retiré los mechones de cabello que se pegaban a su frente y la besé. Su cuerpo se amoldó al mío, en tanto acariciaba mi rostro.

—¿Qué hacías en el bar? —exigí saber.

—Te escuché hablar con Emmett… así que…  —murmuró coquetamente.

—Me seguiste —aseguré con diversión. ¡Vaya ironía!, se supone que el acosador soy yo.

—Si —aceptó—. Así como tú siempre me has seguido… o debería decir, ¿Cómo siempre me has acechado?

—¿Cómo un depredador? —pregunté con diversión.

—Como un sexy depredador.

—Lo sé —acepté.

—Eres un idiota —susurró—. ¿Por qué tuviste que esperar tanto tiempo para hacerme tuya?

—Porque eres una pequeña bruja —contesté—, y hacerte rabiar es divertido… luces sexy.

—Imbécil —bufó. Sonreí y ella volvió a besarme—. Pero eres el imbécil del que estoy enamorada.

—Y tú eres la pequeña bruja, a la que no dejaré escapar jamás.

Atrapé sus labios entre mis dientes y sentí como mi erección comenzaba a crecer. Puedo ser un acosador, un maldito celoso, un posesivo de mierda y un pervertidor de menores… pero estoy completamente enamorado y todo es válido.

Definitivamente, esperar tres años por ella, ha valido completamente la pena.
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* FIN *

Hay pasiones que la prudencia enciende y que no existirían sin el riesgo que provocan.
(Jules A. B. d’Aurevilly)

—o—o—o—
¡Hola!
Mylove (ylonenpattz) me ayudó a escribir la parte del bar, desde la conversación de los chicos, hasta que están fuera y apunto de besarse. Y como desde el inicio compartí la idea con ella, éste fic está dedicado a ti Mylove.
Me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

4 comentarios:

  1. uno de mis fics favoritos...
    me encanta!!!!!!!!!!!1 :D

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  2. me enkanto tu fik gracias por no quitarlo de tu bloog

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  3. Un fic que mata y entre en la lista de los preferidos, bueno por mi parte, es que me gusta mucho jiji gracias por subirlo en tu blog

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  4. ijuesu deberías hacer unos capítulos más o un epílogo de esto... Me encanto

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