sábado, 9 de junio de 2012

TTE Cap1

Aquí les traigo un nuevo fic, que espero les guste. Aclaro que es lemon, así que cada quien lee bajo su responsabilidad.
Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: AU.
Por ahora solo habrá Pov Bella.
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Advertencia: Esta historia contendrá escenas eróticas y lenguaje obsceno, así que si a alguien le desagradan, le informo que mejor se abstenga de leer. Sobre advertencia no hay engaño.
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TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
CAMBIOS
.
Me encerré en uno de los cubículos del baño, me senté sobre la tapa del inodoro y me abracé mis piernas mientras las lágrimas resbalaban libremente por mis mejillas. Odiaba que esto continuara pasando, odiaba con todo mí ser que todos se burlaran de mí, pero sobre todo, lo odiaba a él.
¿Qué mierda estás leyendo? —me preguntó al tiempo en que me quitaba el libro que llevaba entre las manos. Levanté la vista y me mordí el labio al ver que se trataba de él.
¿Podrías devolverme mi libro… por favor? —pedí casi en un murmullo.
¿Romeo y Julieta? —preguntó ignorándome—. ¿De verdad?, No deberías leer mierdas como estas, solo son basura.
Además, tomando en cuenta, que serás toda una monja —prosiguió una de las chicas—, deberías leer cosas menos… románticas.
Mi libro por favor —pedí sin sentirme capaz de verlos a los ojos.
En serio, debes de dejar de leer esta basura —continuó ignorándome—. Leer lo que jamás podrás tener, es patético.
Los ojos se me llenaban de lágrimas, y yo no sabía que hacer para no llorar delante suyo.
¡Oh, ¿vas a llorar? —preguntó con sorna—. Toma tú estúpido libro…
Pero antes de que terminara de hablar, el libro ya se hallaba dentro de un charco de lodo. ¡No!, ese libro lo tenía desde que era una niña. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas, y sin saber que más hacer, eché a correr al baño.
¿Qué pecado cometí para tener que soportar estas burlas?
¡Oh, si!... ser fea.
Bueno, no es que en realidad lo sea, pero ¡maldita sea!... ¿Por qué siempre me tienen que hacer menos?
Hasta donde yo sé, no es pecado vestir como una se sienta cómoda. ¡¿Qué mierda les importa si uso falda larga hasta los tobillos, o blusas de manga larga y holgadas?
Sólo porque no acostumbro a peinarme como una supermodelo, a maquillarme como zorra, o a ir a fiestas como ellos, ¿se creen con derecho a hacerme sentir basura?
Cualquiera diría que estas cosas no deberían afectarme, pero a mis diecisiete años, ¡claro que me afectan!... Lo he soportado a él y a su "grupito", por cuatro años. ¡Mil cuatrocientos sesenta días de humillaciones!, de indirectas, de bromas de mal gusto, de propuestas asquerosas, ¡y ya me harté!
Y ya sé lo que haré para evitar que esto siga pasando.

Me puse de pie y limpié mis lágrimas con las mangas de mi blusa, salí del cubículo y caminé a los lavamanos para enjuagar mi rostro. Tenía las mejillas sonrosadas y los ojos un poco rojos, me observé un par de segundos y solté un gran suspiro. Era hora de que la ruleta girara a mi favor.
Salí del baño y caminé a mi casillero, los pasillos estaban desiertos gracias a que las clases ya habían comenzado, abrí el locker y saqué mi mochila. Aún faltaban un par de asignaturas más, pero como soy la más aplicada de la escuela, no creo que pase nada si me voy ahora mismo. Llegué al estacionamiento, y me encaminé a mi vieja camioneta; estaba a unos metros de llegar, cuando una risita llegó a mis oídos.
Bufé. ¿Cómo no imaginé que él estaría fuera de clases?
Me encanta cuando haces eso Eddy —dijo esa zorra entre risas. Traté de no prestar atención y de no hacer ruido, lo que menos deseaba era que me volviesen a molestar. Apresuré el paso, pero mi mala suerte hizo que me tropezara con una piedrecilla y que irremediablemente, cayera al piso.
—No puede ser —mascullé, me puse de pie y continué con mi camino.
—¡Con que saltándote las clases! —dijo él de manera burlona—. ¿Quién lo diría de ti mojigata?
Mordí mi labio y apreté los puños, pero sin detener mí paso. No le prestes atención
—¿Por qué tanta prisa? —volvió a preguntar—. ¿No te gustaría quedarte y ver el espectáculo?... quizá así, aprendas algo del sexo.
—Déjala Eddy —intervino su zorra en turno—. Seguro que aún está cabreada porque tiramos su libro al lodo… por accidente, claro.
Apresuré el paso y me metí al interior de la camioneta, inserté la llave en la ranura y la encendí. Decidí darle una última mirada y noté que sus orbes esmeraldas estaban clavados en mí, a pesar de que —aparentemente—, había vuelto a lo que estaba haciendo.
¡Que tipo más asqueroso!
Le mandé mi mejor mirada de desprecio y salí de ahí. Mi corazón martillaba con fuerza mi pecho y nuevas gotas saladas bajaban por mis mejillas, apreté el volante y apreté mis dientes.
—Te odio —mascullé—. Te odio Edward Cullen y ya verás lo que te espera… te haré pagar, lo juro.
o—o—o
Veinte minutos más tarde, aparqué frente a mi casa; me cercioré de no tener los ojos tan rojos y bajé de la camioneta. Cuando entré, me topé con varias maletas, fruncí ligeramente el ceño y busqué con la vista a mis padres.
—¿Qué pasa? —le pregunté a Renée, mi madre. La cual parecía estar ocupada sellando unas cajas.
—¡Bella!, has salido temprano de la escuela —me dijo sin fijar su atención en mí.
—¿Por qué las cajas?
—Bueno… verás, a tú padre le han ofrecido un trabajo en Forks y…
—¿Nos mudaremos? —pregunté con la pequeña esperanza de ya no tener que ver al grupo del demonio.
—Algo así.
—Aquí traigo las últimas cosas —comentó Charlie, mi padre, el cual bajaba por las escaleras con tres grandes maletas—. ¡Bell's, estás en casa!
—¿Nos mudaremos a Forks? —le pregunté.
—Solo tú madre y yo cariño —respondió mientras dejaba las cosas cerca de la puerta.
—¿Qué?, ¿Se irán sin mí?
—No es eso hija —dijo Renée—. Lo que sucede es que no deseamos cambiarte de instituto, justo a tres meses de tú graduación.
—Pero me dejarán sola —repliqué asustada—. ¿Qué pasará conmigo?
—No te quedarás sola Bell's —aseguró Charlie—. Arreglamos todo, para que Tanya se viniera aquí.
—Ella vivirá contigo, para que no te sientas sola —agregó mi madre.
Me quedé en silencio y sopesé lo que estaba escuchando. Mis padres se mudan, a un pueblo lejos de aquí, ¿y me mandan a mi prima para que me haga compañía?... Supongo que no está tan mal, digo, al menos así podré llevar acabo mí venganza.
—Supongo que eso está mejor —murmuré—. ¿Cuándo llega?
—Por la noche —contestó Charlie—. Nosotros nos iremos mañana temprano.
—Los extrañaré mucho.
—Y nosotros a ti cariño —dijo Renée—. Y como sabemos que eres una jovencita responsable, estudiosa, inteligente y que no harás nada indebido, decidimos darte un pequeño obsequio.
—¿Obsequio?
—Así es —continuó Charlie—. Te compramos un auto mejor y menos viejo, es más… moderno.
—¡Pero amo mi vieja camioneta!
—Lo sabemos, pero precisamente por que es vieja, te compramos otro.
—Acéptalo ¿si? —preguntó mi madre, antes de que replicara algo—. Si lo haces, podré dormir tranquila sin preocuparme porque esa cosa te provoque un accidente o algo parecido.
Rodé los ojos y bufé.
—Bien.
—Estas son las llaves —dijo Charlie sacando dos pequeñas cosas metálicas de su pantalón—. El auto está guardado en el garaje, no es la gran cosa, pero te gustará.
—Gracias… papá.
Me disculpé y subí a mí habitación, tenía demasiadas cosas en las cuales pensar y casi nada de tiempo. La mudanza de mis padres parecía ser algo bueno, después de todo, así no se opondrán a los cambios que haré por aquí. Admito que me asusta mucho la idea, pero no dejaré que la situación continúe de la misma forma. Al menos no estaré sola en esto, haré que Tanya me ayude y me de algunos consejos.
o—o—o
—¡¿Qué harás qué? —gritó Tanya, mientras me veía con los ojos abiertos como platos.
—No grites, por favor —rogué. Eran cerca de las once de la noche y todo el mundo estaba dormido, a excepción de nosotras, claro. Decidí que si quería que Tanya me ayudase, debía convencerla lo antes posible.
—¿Quién eres y qué hiciste con mi prima? —rodé los ojos y ella esbozó una sonrisa—. Enserio Bella, es que aún no puedo creerme que de verdad desees hacer eso.
—Pues créelo.
—Te felicito y claro que cuentas conmigo, lo sabes —me dijo—. Mañana en cuanto se vayan los tíos, nosotras haremos un viaje a Nueva York, juntaremos nuestros ahorros y los invertiremos en ti.
—No es necesario que gastes tú dinero —negué rápidamente—. Tengo bastante dinero ahorrado, y será suficiente.
—Como desees, de cualquier forma, a mi padre no le molestará hacer una donación a la causa —dijo sonriente, haciéndome sonreír. Lo que me recordó, que hacia mucho no reía de esa manera y eso me dio más fuerzas para querer continuar con esta locura.
A la mañana siguiente, nos despertamos temprano y despedimos a mis padres. Renée lloraba por el hecho de tener que dejarme, pero le aseguré que todo estaría bien, después de todo, si ellos no lo creyeran no hubiesen decidido mudarse sin mí. Y Charlie, en lugar de estar triste por dejarme, se la pasó dejándome instrucciones precisas sobre que hacer en caso de…
—Estaremos bien —les aseguré por enésima vez.
—Cuídense mucho y compórtense, por favor —nos dijo mi madre. Claro que me comportaría, pero de manera diferente.
—Lo haremos —aseguró Tanya—. Que tengan un buen viaje.
—Gracias, les hablaremos cuando lleguemos allá —dijo Charlie, antes de abrirle la puerta del taxi a Renée.
—Claro, que tengan un buen viaje —les dije antes de abrazarlos rápidamente.
Ambos me sonrieron y se metieron al interior del vehiculo; Tanya y yo nos quedamos ahí, hasta que se fueron. Después tomamos un par de cosas que necesitaríamos y pedimos otro taxi, estábamos a punto de viajar en busca de mi nuevo yo.
Teníamos exactamente, quince días para que se lograra lo deseado, y no podía estar más alegre y… aterrada. Admito que hacer esto me asusta y más que eso. La parte racional de mi cabeza, me dice que no lo haga y que olvide todo, es de sabios saber perdonar y de más. Pero mi otro yo, esa vocecilla que está escondida muy en el fondo, me dice que es hora de cambiar y de vengarme de todos aquellos que siempre me han hecho la vida de cuadritos. Sobre todo de ese Cullen.
Y justo eso haré… vengarme.
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Los días se pasaron volando, justo como agua entre los dedos. El viaje a Nueva York resultó todo un éxito, estuvimos ahí una semana, recorrimos todas las tiendas de la quinta avenida y otras más. Tanya —quien es una chica del mundo del glamour— me ayudó a elegir mi nuevo guardarropa. Admito que fue costoso y que me dolió en el alma perder mis ahorros de toda la vida, pero no quedaba de otra.
Lo primero en mi lista era cambiar la forma en la que me visto, no podía continuar usando esas faldas largas y holgadas que —a pesar que me gustaban— eran el motivo principal de ese apodo que tanto odiaba: "monja". Lo mismo iba para mis blusas, poleras, chamarras, pantalones y hasta la ropa interior. Según Tanya, a la hora de iniciar la parte… sexual, era uno de los detalles más importantes. Me costó mucho trabajo aceptarlo, pero también es parte de mi venganza, sé que llegará el momento en el que tendré que dar ese paso y prefiero estar preparada mentalmente.
Lo segundo que hicimos, fue cambiar mi peinado. Al parecer, llevar mi enorme cabello castaño en una trenza, estaba muy pasado de moda. Fuimos a una gran estética, donde lo cortaron un poco y me recomendaron un par de productos que podía usar para que mis rebeldes rizos se definieran por si solos. Y justo ahí mismo, me enseñaron de que manera maquillarme sin que se notara demasiado, mostrándome los colores que más me favorecían y los que harían resaltar mis ojos, así como mis labios.
Lo tercero fueron los zapatos. Tanya dice que necesitan estar un poco más a la moda y —que de preferencia— deben ser de tacón. Por lo tanto, me obligó a caminar con ellos todas las noches y con unos libros en la cabeza, por toda la casa. Primero por la sala, para que no me matara cayendo por las escaleras; y después de varias caídas —y que logré controlarlos—, practiqué en los escalones y todos los pasillos. Caminar derecha, con zapatos altos y sin caerme, me tomó: ciento cuarenta y dos caídas, moretones por todo el cuerpo y algunos raspones. Y todo eso valió la pena, porque ahora ya puedo caminar sin tropezarme, caerme, ó matarme en el proceso.
Lo siguiente en la lista fue mi forma de hablar. Tuve que mentalizarme y aceptar, que de ahora en adelante, ya no hablaré de manera tan propia, si no que incluiré unas frases que jamás pensé usar. Básicamente me refiero a las palabras poco adecuadas, o mejor conocidas como: groserías. También me sometí a una sesión de "soporte" con Tanya. Ella se paró delante de mí y comenzó a gritarme de cosas, la mayoría hirientes, con el objetivo de que lograra controlar las lágrimas y aprendiera a defenderme. Eso fue doloroso, y lo digo porque jamás me ha gustado que me insulten o insultar a alguien, pero sirvió. Al menos ahora no se me llenan los ojos de lágrimas y controlo mejor mis expresiones.
Y por último, me instruí lo más que pude en el… erotismo. En los ratos libres que tuvimos, los cuales no fueron muchos, vimos unas películas eróticas y leímos algunas historias de lo mismo. De todo, creo que fue lo más difícil. No dejé de sonrojarme en ni un solo momento, jamás imaginé que existieran tantas posiciones y situaciones tan… intensas. Y de hecho, eso es lo último que aún no logro dominar, me parece que eso lo aprenderé conforme pase el tiempo. Tendré que investigar lo más que me sea posible, porque este punto, es clave en mi venganza.
Y el día de demostrar lo que aprendí, llegó. Por fin era lunes, reinicio de clases. Me levanté temprano, me duché con calma, y después, me dispuse a vestirme. Sequé mi cuerpo con la toalla y me coloqué la ropa interior, una tanga blanca y un sostén de igual color. Después me puse una falda beige corta, que me llegaba a medio muslo y una blusa de tirantes negra. Me puse los zapatos negros de tacón y procedí a peinar mi cabello, le coloqué la crema especial y dejé que mis rizos se amoldaran por sí solos. Maquillé un poco mi rostro y pinté mis labios con brillo.
Tomé mi chamarra, las llaves del nuevo auto y mis cosas de la escuela. Cuando salí, Tanya ya me esperaba en el comedor.
—Whoa —exclamó al verme—. Bell's estás hermosa.
—Gracias.
Le sonreí y tomamos algo de jugo antes de salir de la casa, caminamos al garaje y nos quedamos de piedra al ver mi nuevo coche. Era un mercedes algo antiguo de color azul, estaba hermoso, ahora si que mis padres se lucieron.
Nos montamos en él y me encaminé al Instituto. Mientras manejaba, mi corazón martillaba en mi pecho con fuerza y los nervios parecían tomarla con mi estomago. Respiré profundamente todo el tiempo, tanto que pensé que me ahogaría. Estábamos cerca y no había oportunidad para las fallas, era bueno saber que tenía a Tanya conmigo, de otra manera no lo hubiese logrado. Y entonces divisé la escuela, encajé las uñas en el volante y me recordé respirar.
¡Vamos Bella, puedes lograrlo!
—Respira —me recordó Tanya. Asentí y me adentré al aparcamiento, busqué lugar cerca de la entrada y observé justo a la persona que deseaba ver. Aparqué dos autos antes de su coche y apagué el motor.
—Es hora —dije mientras me acomodaba los lentes de sol.
—¿Segura que deseas esto?
—Por supuesto.
Ambas nos bajamos del auto y noté como varias miradas se posaban en nosotras. Supongo que debemos ser la novedad; Tanya es bonita, algo así como una supermodelo, pelirroja y de buen cuerpo. ¿Y yo?, bueno, imagino que no saben que soy la misma Isabella, ya que no traigo mi vieja camioneta, además de la ropa de monja.
Comenzamos a caminar hacia la entrada principal y posé mis ojos en él, quien nos miraba con una sonrisa ladina en el rostro. Bien. Tengo su atención.
Prepárate Edward Cullen, porque juro que te haré pagar cada cosa que me has dicho y hecho; cada humillación, cada lágrima, cada insulto, cada desprecio, ¡todo!... Te arrepentirás por haberte metido conmigo, y aprenderás que de Isabella Swan, nadie se burla.
No me importa lo que me cueste… ¡Pero juro que te arrastraras por mí!
Me desearás hasta que te duela.
—Ha llegado la hora —susurré para mí—. De tentar al enemigo…
Continuará…
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