sábado, 9 de junio de 2012

TTE Cap2

Aquí les traigo el segundo capi, que espero les guste.
Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: Por ahora solo habrá Pov Bella.
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TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
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QUE COMIENCE LA DIVERSIÓN
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—Ha llegado la hora —susurré para mí—. De tentar al enemigo…

Sonreí de lado y continué caminando, tal y como había aprendido. Por suerte, Edward no sabía que le estaba devolviendo la mirada, gracias a los lentes de sol. Me miraba como si fuese un trozo de carne fresco, y él, un león hambriento. Mala suerte, porque en esta ocasión, los papeles se invertirán.

—Mi regalo de cumpleaños llegó por adelantado —murmuró con sorna, logrando que sus amigos comenzaran a reír como idiotas. Rodé los ojos y borré mi sonrisa—. ¡Ey! —nos saludó interceptándonos.

Nos detuvimos y lo miramos sin decir nada. Y enseguida, todo el grupo de idiotas descerebrados, se unió a él.

—Veo que son nuevas —comenzó con esa detestable y arrogante voz—. Si necesitan ayuda para algo, me ofrezco encantado.

—No nos interesa —bufó Tanya al tiempo en que empujaba a uno de ellos para seguir caminando. Imité su acción, pero lamentablemente Edward volvió a interceptarme.

—¿Por qué tanta prisa bonita? —preguntó acercando su rostro al mío.

—No tengo porque perder mi tiempo con un bastardo como tú —bufé sin contenerme, para después empujarlo ligeramente y proseguir con mi camino.

Nadie dijo nada ante mi comentario, ni si quiera él. Sonreí nuevamente y supuse que había ganado el primer encuentro; esto será tan divertido, que casi puedo saborear mi victoria.


Una vez que estuvimos dentro del edificio principal, nos encaminamos hacia la administración, para que Tanya recogiera sus horarios y la llave de su locker. Mientras hacíamos eso, me preguntó el porque de mi comportamiento con ese chico.

—Bueno —comencé—; quizá no te conté todo.

—¿Qué es todo?

—Esta nueva yo, no es solo porque quiero lucir mejor —expliqué en voz baja—, también es porque estoy en busca de la venganza.

—¿De Edward Cullen?, ¿De verdad? —preguntó confundida—. Digo, ya sé que se volvió un patán y eso, pero pensé que tú…

—¡Ahg!, ni si quiera te atrevas a pensarlo.

Empujé la puerta de la coordinación escolar y caminamos al mostrador, para que le entregaran a Tanya sus cosas. Mientras ella se ocupaba de eso, me mantuve pensando en mi primera movida. Ya que es un hecho que se darán cuenta de quien soy en verdad, el sarcasmo y las indirectas no se harán esperar… y debo estar completamente lista mentalmente. No puedo permitir que me afecte.

Una vez que terminó con eso, nos encaminamos a la primera clase, la cual por suerte era la misma: Algebra. Mientras desfilábamos por los pasillos, todas las miradas se posaban en nosotras y eso me hacía sentir bien, aunque un tanto nerviosa, aún no me acostumbro a ser el centro de atención, pero imagino que conforme pasen los días, lo superaré.

Todo tipo de comentarios llegaban a nuestros oídos, desde: "¡vaya que están buenas!, ¿de dónde vendrán?, ¿esa morena querrá una cita conmigo?"… hasta: "pero que pinta de zorras, seguramente son unas descerebradas".

¿Quién entiende a todo el mundo?

Llegamos al aula de algebra y tomamos asiento en la parte de atrás, aún faltaban unos cuantos por llegar, y cuando digo eso, me refiero a "el señor idiota" y su grupo de amigos. Los cuales estoy segura, de que no tardan en aparecer. El profesor arribó justo un segundo antes, que el timbre indicara que la clase estaba por comenzar, dejó sus cosas sobre el escritorio y nos miró con aire de cansancio.

Tomó una gran bocanada de aire, y comenzó a decirnos que esperaba que hubiésemos disfrutado las vacaciones, para así poder dar el máximo en el siguiente y último trimestre. En eso estaba, cuando la puerta se abrió y apareció el idiota de Cullen en compañía de sus amigos, lo miré de soslayo y fruncí el ceño, ¡Dios, cuanto lo odio!

Le sonrió de manera falsa al profesor y le dijo que se les había hecho tarde, para después acomodarse en su sitio, justo del otro lado del aula. Volví a enfocar la vista al frente e ignoré por completo la mirada de escrutinio, de la cual era autor ese Cullen.

—Bueno, por último, como ya se habrán dado cuenta, tienen una nueva compañera y espero que la traten con respeto —anunció el profesor, mientras leía su lista—. Su nombre es Tanya Denali y viene de Canadá.

Miré por el rabillo del ojo y sonreí al ver que Edward se acababa de dar cuenta de lo obvio, la cara de póker que poseía, era única.

—¿Y la otra dulzura? —preguntó Alec, uno de los "mejores amigos", de Cullen—. ¿Acaso no nos dirá su nombre?

El profesor lo miró como si estuviese loco y bufó.

—Usted ya lo sabe —le dijo—, ahora, prosigamos con la clase.

Escuché como los murmullos se expandían, y mi prima soltaba una risita, esto estaba siendo divertido, muy divertido.

El resto de la clase transcurrió de manera rápida, o al menos, para mí. No es que amara el algebra como tal, pero eso de los números se me da fácil, así que comprendí a la primera todo lo que el profesor nos explicó. Cuando el primer timbre sonó, me levanté de mi asiento y tomé mis cosas, Tanya me mostró su horario y le dije que la acompañaría a su segunda clase, la cual, no compartíamos.

Salimos del aula, y el grupo de idiotas nos esperaba fuera del mismo, Edward se paró delante de mí y me observó en silencio por unos segundos.

—¡Vaya, ¿Quién lo diría? —comentó con una estúpida sonrisa en el rostro—. Swan ha dejado los hábitos atrás.

—¿Qué? —preguntó James—, ¿Me estás diciendo que éste bombón, es Isabella Swan?

Permanecí en silencio y con la vista fija en el bastardo que tenía frente a mí, era conciente de que James, Laurent y Alec, me estaban devorando con la mirada, y que su sequito de zorras, deseaban mi muerte, pero nada de eso importó, deseaba escuchar lo que Cullen tenía para decir.

—La misma —contestó—. Bueno, no. Quizá ya no la misma, más bien diría que es: la nueva y mejorada, Bella Swan.

—Isabella, aunque te cueste más trabajo —le dije secamente. En realidad no me gustaba que me dijesen: Isabella, pero solo por molestarlo, lo prefería.

—Nueva actitud, eso me gusta —dijo acercando su rostro al mío. Sus orbes esmeraldas parecían brillar más de lo usual, pero traté de no pensar mucho en ello.

—Aléjate, Cullen —mascullé, al tiempo en que lo empujaba con la mano.

—¿Aún me tienes miedo? —se mofó el muy…

Apreté los dientes con fuerza y lo fulminé con la mirada.

—¿Quieres ver cuanto miedo te tengo? —el muy bastardo amplió su sonrisa, así que decidí sonreír también.

Le tendí mis cosas a Tanya, quien parecía entender lo que estaba por hacer, y coloqué mis manos sobre los hombros de Cullen. Me acerqué a él y permití que se emocionara un poco, deslicé mis dedos por su torso y por sus brazos, unos segundos después, subí la mano derecha a su mejilla y dejé que la otra se acomodara cerca de su muñeca izquierda.

—No creo que miedo sea la palabra correcta —murmuré acercando mi rostro al suyo. Deslicé mis dedos, de su mejilla a su hombro izquierdo—. Por otro lado; asco, sería más apropiada.

Y acto seguido lo sujeté con fuerza y -haciendo presión en su mano-, tiré de él y lo hice girarse para que cayera sobre su espalda. Una simple y sencilla maniobra de artes marciales que aprendí cuando tenía quince años.

—No te vuelvas a acercar a mí —le dije fríamente, porque a pesar de que no me veía, sabía que me escuchaba—. Porque ésta Isabella, no se dejará de ti nunca más.

Tanya se rió sin miramientos y se acercó a mí, para después alejarnos a nuestra siguiente clase. Oh, si, esto será divertido. Sobre todo porque Edward no se quedará tan tranquilo después de lo que pasó.


—Aún no puedo creer que le hicieras eso a Edward —comentó Tanya, antes de darle un sorbo a su jugo. Habían pasado tres horas desde lo sucedido en el pasillo, y todavía se reía como si acabara de pasar.

—Ni yo, pero fue lo primero que se me ocurrió —admití en un murmullo. La verdad es que aún sentía los nervios a flor de piel, pero me había prometido ignorarlos. Tomé la manzana que estaba en mi charola y le di un mordisco. Esperaba que comiendo, los nervios se alejaran un poco.

—Fue divertido —aceptó sonriente. Era un alivio tener una amiga como Tanya, era como el pilar de la confianza que me hacía falta en los peores momentos.

—¡Oh por Dios! —exclamó una voz que conocía perfectamente—. Lo veo y no lo creo, ¡¿Quién eres y que hiciste con mi pequeña Bella?

Lo miré y le sonreí.

—¡Estás hermosa! —exclamó al tiempo en que dejaba su charola sobre la mesa—, no, quizá más que eso, ¡eres toda una diosa!

Me sonrojé con fuerza y luché con todas mis fuerzas para que pasara con rapidez.

—¿Jazz? —murmuré pidiendo algo de ayuda.

—Deja de gritar Emmett, todo el mundo nos está viendo —le dijo mientras tomaba asiento.

—A nosotros nadie nos ve, es a ella.

—Eso es mentira —murmuré—, pero gracias por decirlo.

Le sonreí y le di otra mordida a mi manzana.

Emmett y Jasper, son los unicos que siempre han sido mis amigos de manera incondicional. A ellos los conocí exactamente al mismo tiempo que a Edward, hace casi cinco años, cuando yo tenía doce y ellos trece. Yo acababa de llegar a Seattle y, al haberme saltado un año -gracias a mis excelentes notas-, entré directo en el mismo curso que ellos. Para mi era complicado hacer nuevas amistades, así que no hablaba con nadie y me mantenía callada. Pero curiosamente, ellos tres fueron los primeros en brindarme su amistad incondicional, cosa que un año más tarde traicionó ese bastardo. Y no solo a mí, si no también a su hermano y su mejor amigo; porque aunque no lo parezca, Emmett y Edward, son hermanos, aunque ahora solo se hablen para insultarse.

—Es cierto Bells —comentó Jazz—, estás muy hermosa.

—¡Gracias! —le dijo Emmett. Sonreí ante su efusividad y negué con la cabeza.

—Por cierto, ¿recuerdan a mi prima, Tanya?

—¡Cierto, pero que mal educados somos! —exclamó el oso. Así le digo de cariño, porque de verdad lo parece, es tan alto y musculoso, que con uno solo de sus abrazos, me deja sin aire—. Es un gusto volver a verte Tanya, lastima que ahora ya tengo a mi Rose, que si no…

—También me da gusto verte, Emmett —le dijo Tanya con una sonrisa—. Y a ti también Jasper.

—Lo mismo digo, ¿Qué tal te ha sentado el cambio?

—Bien, me gusta.

Agradecí mentalmente que la conversación pasara de mí a Tanya, la verdad es que no puedo acostumbrarme a ser el centro de atención, y honestamente, todavía sigue sin interesarme. Continué devorando mi manzana y sonriendo en ocasiones, era sumamente divertido escuchar hablar a Emmett.

Estaba tan ensimismada en la conversación, que ni si quiera noté cuando el séquito de zorras pasó justo a mí lado, y así hubiese continuado, de no ser porque sentí algo húmedo en mis piernas.

—¡Oh, cuanto lo siento! —comenzó Lauren—, mi jugo se cayó sin querer de la charola.

Tomé una servilleta y limpié mi pierna, por suerte, hasta para hacer maldades, es idiota. Me puse de pie y tomé mi jugo.

—Oh, no te preocupes —le dije haciendo una imitación exagerada de su horrenda voz—, los accidentes pasan. Y así como tú soda me salpicó sin querer, mi jugo también lo hace contigo.

Y sin darle tiempo a reaccionar, le vacié todo el jugo en la cabeza. Todos pusieron cara de horror y ella abrió la boca sin saber bien que decir.

—Ops.

Escuché como algunos comenzaban a reír, en tanto el séquito de zorras salía de la cafetería. Las carcajadas de Emmett sobresalieron y se levantó para abrazarme.

—¡Esa es mi Bells! —me soltó y fingió limpiarse las lágrimas—, estoy tan orgulloso de ti.

—Gracias.

Tomé asiento nuevamente y Tanya me felicitó, incluso Jasper, a pesar de que decía que mi comportamiento fue un poco excesivo. Pero al parecer, estaba feliz de que ya no me dejara humillar, porque si esto hubiese pasado hace un mes, ahora mismo estaría llorando yo y no la zorra de Lauren.

—Y eso que no viste como derribo a Edward —comentó Tanya—, eso si que fue digno de ver.

—Eso escuchamos, pero aún no puedo creerlo —me dijo Jazz—. ¿De verdad enfrentaste a Edward?

Levanté los hombros e hice una mueca.

—Digamos que es hora de desinflarle un poco ese enorme ego que tiene.

—¡Soy tú fan! —gritó el oso, y movió las manos en forma de reverencia.

Y después de contar los eventos de la mañana, la hora del almuerzo terminó, así que nos vimos obligados a posponer la conversación para más tarde. Sobre todo porque no compartíamos más que una sola clase, que era precisamente la última del día: Literatura. Tanya y yo, tomamos rumbos diferentes también y me encaminé al aula de biología. Esa clase era de las más fáciles, ya que el verano pasado, tomé varios cursos intensificados, para obtener créditos extra para la universidad. Y lo hacía más fácil que mi compañera de laboratorio fuese Angela Weber, una de las chicas más aplicadas de la escuela.

En cuanto arribé al aula, todas las miradas se posaron en mí, y antes de que mis reacciones involuntarias me llevaran a sonrojarme, pasé de largo hasta mi lugar y mantuve la vista al frente. A los pocos segundos, un aroma -inconfundible para mí-, llegó a mis fosas nasales. Cerré los ojos por un par de segundos y me obligué a contar hasta diez.

—¿Qué quieres Cullen? —bufé sin si quiera verlo—, ¿A caso no tienes que follar con alguien, o algo parecido?

—Veo que has implementado nuevas palabras a tu vocabulario —guardó silencio por unos segundos y volvió a hablar—. Admito que el maquillaje hace milagros, aunque realmente nunca lo has necesitado, tú belleza es natural.

Fruncí el ceño y lo fulminé con la mirada.

—Guarda tus estúpidos cumplidos, para alguien que quiera oírlos —le dije fríamente—. A mí, hace mucho que dejaron de interesarme.

—No te creo —contestó con sus ojos fijos en los míos—; pero ya que lo mencionas, quizá ésta nueva tú, quiera aprender un par de trucos conmigo.

—¿A caso no te quedó claro que no te me acercaras? —pregunté haciendo una mueca de asco. Odiaba que fuese tan… agh.

—Dolió —admitió—, pero no, creo que no quedó claro.

¡El muy maldito se burla de mi!

—Lárgate —ordené.

—Éste es mi sitio ahora —contestó acomodándose en la silla—, Angela me lo cambió para poder estar con Ben.

—Maldito—mascullé, para después volver a girarme.

El muy bastardo se aprovechó de que Angela está enamorada de Ben, para poder sobornarla y así cambiarle su lugar. ¡Maldito!

Conté hasta cincuenta y me tranquilicé un poco. Siendo objetiva, esto es justamente lo que planeaba, estoy llamando su atención y eso es bueno. Mi venganza avanza perfectamente.

La clase avanzó de manera estresante, sobre todo para mí, ya que el profesor Banner decidió que sería buena idea realizar un experimento en parejas. Pero como ahora tengo a un descerebrado irritante por compañero, esto fue como un infierno para mí. Cullen se negó a cooperar, solo se limitaba a observarme y a hacer comentarios insinuantemente asquerosos, que yo únicamente ignoraba.

Y como mi mala suerte, aún me acompaña. Una vez que terminé de trabajar, el muy hijo de… se regodeó de lo bien que nos había quedado. ¡Nos!, ¡¿Cómo se atreve a unirme a él?

Por suerte, el timbre sonó y pude alejarme de sus garras. Tanta cercanía no es buena para mi salud mental.


Cuando la última hora inició, la profesora nos pidió que termináramos de leer el ejemplar de Romeo y Julieta, para que la siguiente clase, pudiésemos llevar acabo un debate conciso sobre la obra. Al escuchar eso, me sentí terriblemente mal, mi ejemplar más preciado ahora era basura, y todo gracias a ese Cullen. Tragué saliva y me mordí la lengua para no llorar, ese tipo de recuerdos aún me debilitaban, y dolían mucho.

—Bells —murmuró Emmett, quien estaba sentado a mi derecha, justo detrás de Jasper.

—¿Si?

—Te tengo un regalo —me dijo mientras rebuscaba algo en su mochila, y unos segundos después, mi libro apareció justo frente a mis ojos.

—¿Cómo…?

—Nos enteramos de lo que pasó, así que fuimos a buscar el libro y luego se lo dimos a Alice, para que lo llevara con uno de sus amigos, que es experto en estas cosas —me explicó Jazz, en voz baja.

—Mil gracias chicos, son los mejores —les dije mientras tomaba mi libro.

—Edward es un mal nacido, jamás debió hacerte eso —murmuró Emmett.

Admiré mi libro por todos lados y casi ni se notaba que hubiese caído en lodo, abrí la primer página y leí la inscripción que mis padres habían grabado ahí. Éste era uno de los mejores regalos que había recibido y estaba muy feliz por haberlo recuperado. Así que inmediatamente me puse a leer, para cuando la clase llegó a su fin, yo aún seguía ensimismada leyendo.

—¿Cómo puedes leer mientras caminas? —me preguntó Tanya, mientras nos dirigíamos al estacionamiento.

—Aún creo que es en lo único en lo que sus reflejos no fallan —escuché comentar a Jazz.

—Pues yo por si las dudas, prefiero ir cerca de ella, para evitar futuras caídas.

Sonreí y no dije nada, estaba justo por llegar a la mejor parte.

—¿De nuevo leyendo ésta basura? —preguntó Edward al tiempo en que me quitaba el libro de las manos.

—La única basura eres tú —le dijo Emmett, mientras le quitaba el libro.

—También te quiero —le dijo con una sonrisa falsa—. Explícame algo Bella.

—Isabella, aunque te tardes más.

—Como sea —bufó—. ¿Por qué si ya "cambiaste", te sigues juntando con estos perdedores?

—Mira quien vino a hablar —bufó Emmett.

—Vete a la chingada —le dijo su hermano.

—Emmett, no vale la pena —le dijimos Jasper y yo al unísono. Normalmente cuando comenzaban a insultarse, todo terminaba en pleito seguro.

—Vamos —le dijo Tanya, jalándolo del brazo. Lo cual, agradecí mentalmente, ya que justamente llegaban el resto de los idiotas.

—¿Por qué no te largas también, Hale? —le dijo fulminándolo con la mirada.

—Está bien Jazz —murmuré.

—Ten cuidado Bells —me dijo antes de alejarse solo un poco. Lo que también agradecí, ya que eso me infundía mucho valor.

Edward paseó sus ojos de manera descarada sobre mi cuerpo y pasó su lengua por sus labios.

—Realmente estás muy buena —me dijo sonriendo de lado—. ¿Por qué no olvidas a esos perdedores y te vienes conmigo?

—No tienes nada que me interese Cullen.

—Que rápido te volviste una zorra —me dijo Jessica, quien recién llegaba con sus "amigas".

—Te diría que aprendí de las mejores, pero no —respondí—, la verdad es que ni para eso sirven.

—Maldita —masculló Lauren—, pagarás por lo que le hiciste a mi cabello.

—Le hice un favor, es horrible —bufé—. Además, en lugar de preocuparte por tu melena, preocúpate por cuidar a tú novio, porque si no, un día de estos te dejará por la zorra de Jessica.

—¿Qué?

—¿No sabías que ya lo compartes? —le pregunté con sorna—, pensé que por eso eran las mejores amigas.

—¡Eso es mentira! —gritó la rubia oxigenada.

—Pero si todos saben que te acuestas con todo el mundo —le dije—, incluso con James, y eso que es novio de otra de tus "mejores" amigas.

—¿Te enredas con mi novio? —preguntó la pelirroja.

—Aunque quizá tampoco te afecte lo de Tyler —le dije a Lauren—, ya que también te acuestas con James, los martes después de clases con Laurent y ocasionalmente con éste otro perro —le dije señalando a Edward.

Todos pusieron cara de pocos amigos.

—Agh. ¿No les da asco compartir parejas?, es peor que una orgía.

Y sin decir nada más, pasé de Cullen y caminé hacia donde estaba Jasper. No logré dar ni dos pasos, cuando una mano ya me sujetaba del brazo y me hacía girarme.

—¿Cuándo te volviste una perra, Isabella?

—El mismo día que tú te volviste un bastardo.

—No importa todo lo que hagas, en el fondo eres la misma mojigata —me dijo y yo sonreí.

—¿Y qué quieres, que te demuestre lo contrario? —le pregunté cambiando mi tono de voz.

—Disfrutaría eso.

Me solté de su agarre y acerqué mis labios a los suyos.

—Bien —susurré cerca de su boca—, pero primero déjame ver que tanto me conviene hacerlo.

Con la mano derecha, tomé su paquete y lo estrujé. Tres segundos bastaron, para que su polla comenzara a abultar sus pantalones.

—No, me parece que no es lo que estoy buscando —le dije al tiempo en que lo soltaba—. Lo siento Cullen, más suerte en tú próxima vida.

Me giré y me acerqué a Jasper, quien reía abiertamente por primera vez, en mucho tiempo. Me murmuró un "bien hecho" y salimos de ahí, para llegar a mi auto. Una vez que nos alejamos lo suficiente, solté el aire de golpe. Mi corazón aún martillaba mi pecho y mi mano palpitaba de manera curiosa, ¡había estrujado la polla de Edward Cullen!

Algo que no pensé hacer jamás.

Lo único bueno de todo esto, es que -nuevamente- el ver su cara de póker, valió completamente la pena.

—¡Sé lo que tramas! —me gritó a lo lejos—, ¡Y a este juego, pueden jugar dos!

Lo ignoré y seguí caminando. Por algún extraño motivo, su amenaza me asusta de manera ligera.

¿Qué estará planeando?

Mordí mi labio y respiré con fuerza.

No me dejaré vencer por ti Cullen, no otra vez.

Continuará…
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