sábado, 9 de junio de 2012

TTE Cap3

Aquí les traigo el tercer capi, que espero les guste. Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: AU.

Por hoy, Pov Edward.
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TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
UN DÍA FUERA DE LO NORMAL
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Bufé y azoté la puerta de mí habitación antes de que Alice me siguiera chingando con lo mismo. Estaba completamente harto de tener que estar escuchando la misma estúpida cantaleta. "¿Por qué hiciste eso Edward? ¿Acaso no ves que te pasaste de la raya? ¿Dónde ésta mi hermano, ese que tanto queremos todos? ¿Cuándo dejaras de ser un imbécil?"

¡¿No se cansa de meterse en lo que no le interesa?

Encendí el reproductor de música y le subí todo el volumen, para después dejarme caer en la cama. Estaba completamente aburrido y hastiado de estar encerrado, pero gracias a que la metiche de mi hermana le dijo a Carlisle y a Esme, lo del estúpido libro… ahora no puedo salir de casa, o al menos no de noche. Mierda, en ésta familia si que saben como quitarle la diversión a las vacaciones. Incluso se ocuparon de ponerle un candado a mis ventanas, para asegurarse de que no me fugara por las noches. Menuda mierda. Ni si quiera fue algo tan importante como para que me castigaran en las vacaciones. Digo, después de todo, Swan se puede conseguir otro libro como ese, incluso miles de libros como ese, sencillamente no comprendo el alboroto. Además, esa mojigata debería estarme agradecida, ya que la estoy ayudando a ser menos santurrona y más realista. ¿Qué clase de idiota se fijará en ella, si sigue leyendo cosas como esa?

Bufé. Estúpida Isabella… y estúpido yo, por pensar en ella.


La primera canción estaba por terminar, cuando todo se sumió en un silencio sepulcral, miré hacia todos lados y la casa estaba completamente oscura. Genial, además, ahora estamos sin luz.

—¡Emmett! —el grito de Alice, resonó por todo el lugar—, ¡Necesito que me ayudes con los fusibles!

Me puse de pie, tomé mis llaves y mi chamarra. Perfecto, ahora que esos dos perdedores están en el patio de atrás, podré salir sin que nadie me vea. Después de más de una semana de encierro, me lo merezco. Intenté girar la perilla de la puerta, pero nada, no abría.

¡Puta madre! ¡¿Por qué no abre?

Intenté una vez más y el resultado fue el mismo, bufé y maldije cuantas veces fue necesario. Esos malditos que tengo por hermanos… ¡Atracaron mi puerta!

¿Por qué no fui hijo único?

Volví a dejarme caer sobre la cama y cerré los ojos. Las cosas habían sido mucho más fáciles cuando éramos niños; jamás peleábamos, siempre pasábamos todo el tiempo juntos, cubríamos las travesuras de los otros, incluso teníamos amigos en común. ¿Y ahora?, nada. Ellos me mandaron a la mierda y solo porque yo deseaba algo diferente.

Hmph. ¿Qué estupideces estoy pensando?

Estiré la mano para tomar mi laptop y la encendí, es una suerte que siempre tenga la batería llena. Abrí mi cuenta de chat e inmediatamente comencé un par de conversaciones, ésta mierda es entretenida, sobre todo cuando le permito a unas cuantas tipas tener una fantasía conmigo. Quizá mi noche no vaya tan mal, después de todo.


En cuanto las vacaciones llegaron a su fin, me alegré por ello. No es que amara la idea de volver a clases, pero cualquier mierda era mejor que seguir en casa rodeado de esos perdedores. Normalmente Jasper y su hermana Rosalie se la viven en casa, ya que el idiota es novio de mi hermana y su melliza, es novia de mi hermano. Pff. Encima de que debo soportar a esos que comparten mi adn, también tengo que tolerar a sus noviecitos.

Aparqué mi auto en el mismo lugar de siempre y lo apagué, para después bajarme. Inmediatamente después, el grupo de idiotas que dicen ser mis amigos, se acercaron a mí.

—Hola Eddy —susurró Jessica en mi oído—, te he extrañado tanto.

—No me digas así, odio ese estúpido mote —gruñí alejándola de mí.

James estiró su mano y me saludó.

—¿Iremos a beber ésta noche? —preguntó después de que soltó mi mano.

—Mierda, si.

—Es bueno que estés de regreso, Cullen —me dijo Alec, antes de saludarme.

—Hmph.

Nos recargamos en el auto y observamos como llegaba el resto de perdedores de la escuela. Odiaba esto, odiaba tener que estar aquí y fingir que toda esta mierda me interesaba. Lo único que yo deseo, es poder largarme de aquí e iniciar una vida en solitario.

—¿De quién es ese auto? —preguntó Laurent. Giré la cabeza y observé como se acercaba un mercedes azul, el auto era algo viejo, pero no estaba tan mal. Inmediatamente recordé el auto viejo de Swan, y sonreí, seguramente ella estaría fascinada con tener un auto como éste.

Me mantuve en silencio y observé como el mercedes aparcaba dos coches más lejos, en el interior se hallaban dos chicas y no parecían estar nada mal. Seguramente serán de intercambio. Unos segundos después, ambas bajaron del auto y se ajustaron sus gafas de sol, para a continuación, caminar hacia donde estábamos nosotros. Bueno, quizá no se dirigían a nosotros, si no a la entrada de la escuela que estaba a unos metros.

Mis ojos las escanearon rápidamente y sonreí. Una de ellas era alta, delgada, buenos senos, buen contorno, cabello levemente rojizo, piel blanca; definitivamente una chica que tiene posibilidades de calentar mi cama. Regresé la vista a la otra y mi pene se removió ansioso, y no era para menos, la tipa estaba realmente buenísima, tanto que me daban ganas de probarla ahí mismo.

Era más pequeña que su amiga, pero eso no le quitaba ese porte de misterio y sensualidad. Tenía la piel pálida, tanto, que parecía que no le había dado el sol en muchos años. Buenos senos, ni muy grandes, ni muy pequeños… y eso lo pude deducir, tan solo con ver su pronunciado escote. Buenas curvas y apuesto a que un rico trasero. Piernas largas y torneadas… y… me parecen vagamente familiares. ¡Menuda estupidez!

—Mi regalo de cumpleaños llegó por adelantado —comenté poniendo mi mejor sonrisa. Esa que deslumbraba a las chicas, mis amigos rieron por lo bajo y me acerqué a mis nuevas presas—. ¡Ey!

Ellas detuvieron su paso y las escaneé una vez más. James, Alec y Laurent, se acercaron a mí y las rodeamos.

—Veo que son nuevas —murmuré lo obvio—. Si necesitan ayuda para algo, me ofrezco encantado.

Esperaba verlas sonreír de manera tonta e insinuárseme, casi podía saborear mi victoria. Estaba seguro de que sería el primero en poseerlas.

—No nos interesa —bufó la pelirroja, para después empujar a Alec y proseguir con su camino. ¿Escuché bien? ¿Me están rechazando?

Intercepté a la morena, antes de que si quiera diese un paso.

—¿Por qué tanta prisa bonita?

—No tengo porque perder mi tiempo con un bastardo como tú —masculló antes de empujarme. Me quedé de piedra como por dos putos segundos. ¿Qué mierda fue eso?, me acaba de llamar… ¿bastardo?

—¡Whoa, la dulzura es agresiva! —exclamó James. Los fulminé con la mirada y me encaminé al interior del instituto. Ninguna desconocida me llama bastardo y se va tan tranquila.

Me deslicé por los pasillos y no las hallé por ningún lado. Mierda. Llegué a mi estúpido casillero y me recargué en él, algo en su voz no me agradó, parecía como si ya la hubiese escuchado antes… en algún lugar, pero ¿Dónde?... incluso puedo apostar a que lo dijo con más rabia de la debida. Cerré los ojos por dos segundos para recordar, pero nada, ¡no podía relacionarla con nadie!

Quizá le da un parecido a…

No. Imposible. Esa mojigata moriría antes, que cambiar su apariencia.

Por cierto, ¿Por qué mierda aún no aparece la señorita "puntualidad"?, no pude evitar reír ante mi estúpida pregunta. Señorita. ¡Ja!

—¿Iremos a clase? —preguntó Alec. Abrí los ojos y lo medité por un segundo.

—Hoy, si.

Necesitaba ver si podía hallar a la maldita que se atrevió a decirme: bastardo.

El timbre que anunciaba el inicio de la primer clase resonó, así que nos encaminamos al aula de algebra. Odiaba esa estúpida materia, pero una clase no me matará. La zorra de Jessica se colgó de mi brazo, en tanto murmuraba cosas con sus amigas. Una vez que estuvimos delante del salón, me alejé de la rubia y abrí la puerta, el profesor ya estaba ahí y parecía haber estado explicando algo.

—Lo siento, se nos… hizo tarde —expliqué sin borrar mi sonrisa del rostro.

—Claro, como siempre —bufó con sarcasmo. Amplié mi mueca, en cuanto divisé a aquellas chicas. Atravesé el aula y me dejé caer en mi asiento, justo hasta atrás en uno de los rincones, y volví a enfocar mi vista en aquella castaña.

—Bueno, por último, como ya se habrán dado cuenta, tienen una nueva compañera y espero que la traten con respeto —anunció el maestro, ¿Cómo que una?—. Su nombre es Tanya Denali y viene de Canadá.

¿Tanya Denali? ¿de Canadá?... Swan tenía una prima llamada Tanya...

Santa mierda.

Paseé mis ojos por el salón y nada. Esa maldita monja de Swan no estaba, y ella jamás faltaba a clases, ni si quiera cuando estaba en máxima depresión. Regresé mi vista a la castaña y entrecerré los ojos. Ahora sé porque su voz se me hacía familiar; esa pequeña perra.

—¿Y la otra dulzura? —preguntó Alec—. ¿Acaso no nos dirá su nombre?

—Usted ya lo sabe, ahora, prosigamos con la clase.

Hmph. Claro que lo conozco, mucho más de lo que yo quisiera.

El resto de la clase pasó de manera aburrida y lenta. Estaba harto de tener que ver siempre lo mismo, ¿a eso se le llamaba clase?, era pura mierda. Era una suerte que los números se me diesen bien, así no tenía que estudiar para los estúpidos exámenes, ni mucho menos hacer trabajos extras. Ya no podía esperar a que la clase finalizara, necesitaba aclarar un par de cosas con esa pequeña perra y necesitaba hacerlo cuanto antes. No me importa quien mierda sea en realidad, no le pasaré por alto su desplante de niña ardida. En cuanto el timbre sonó, me puse de pie y salí del aula para esperar fuera de ésta. Todos salieron detrás de mí y mis amigos se colocaron a mi costado, sabían que deseaba arreglar cuentas con ellas, pero aún -como los idiotas que son-, ignoran de quien se trata. Unos segundos después, apareció en compañía de su prima y la intercepté, ella detuvo su paso y me regresó la mirada. Oh, claro que es ella, esos orbes chocolates son imposibles de olvidar.

—¡Vaya, ¿Quién lo diría?, Swan ha dejado los hábitos atrás —exclamé después de unos segundos. Fijé mi vista en ella y con mi mano derecha, jugué con uno de sus rizos.

—¿Qué? —preguntó James—, ¿Me estás diciendo que éste bombón, es Isabella Swan?

—La misma —murmuré—. Bueno, no. Quizá ya no la misma, más bien diría que es: la nueva y mejorada, Bella Swan.

Solté su cabello y le sonreí. Ella parecía fulminarme con la vista y aún así, lucía sexy.

—Isabella, aunque te cueste más trabajo —bufó secamente. Lo cual la hizo ver como una gatita enfadada.

—Nueva actitud, eso me gusta —le dije acercando más mi rostro al de ella. Nunca fue un secreto que ha estado loca por mí desde que nos conocimos, aunque antes no lucía tan ardiente como hoy.

—Aléjate, Cullen —farfulló al tiempo en que me alejaba de sí.

—¿Aún me tienes miedo? —me burlé. Tenía tantas ganas de verla morderse el labio, como siempre que se enfadaba y no sabía que decir. Eso era algo tonto, pero sensual.

—¿Quieres ver cuanto miedo te tengo? —preguntó y sonreí más. ¿Qué me haría? ¿golpearme? ¡Ja!

Le entregó sus cosas a Tanya, quien parecía divertida de la situación y después colocó ambas manos en mí. El solo roce, logró que una especie de descarga eléctrica me recorriera, lo que hizo que mi sonrisa disminuyera. Hacía mucho que no sentía algo como eso, la única vez que lo sentí, fue… hace cuatro años. Ella continuó deslizando sus dedos, hasta que dejó una de sus manos en mi mano derecha y la otra en mi mejilla.

—No creo que miedo sea la palabra correcta —murmuré acercando su rostro al mío, lo que me gustó menos, porque me hizo sentir otra pequeña descarga. Casi podía imaginarme besándola y eso aún no sé si sea bueno—. Por otro lado; asco, sería más apropiada.

Y lo siguiente no sé exactamente como pasó, solo era consiente de que algo golpeaba mi espalda y que dolía. Tenía los ojos cerrados y los dientes apretados, mi corazón latía con suma rapidez y algo burbujeaba en mi interior.

—No te vuelvas a acercar a mí, porque ésta Isabella, no se dejará de ti nunca más.

Sus palabras llegaron a mi cerebro perfectamente, y de hecho, era lo único que había escuchado. Estiré mi cuerpo y abrí los ojos, me topé con el horrible techo de la escuela y gruñí. Esa maldita perra se atrevió a derribarme.

—¿Necesitas ayuda? —se burló el imbécil de Laurent. Varias personas se acercaron y gruñí nuevamente, esa perra me acaba de dejar en ridículo, pero ésta vez no se lo pasaré por alto. James estiró su mano para ayudarme a levantar y la tomé sin pensarlo.

—Toma, creo que te hace falta —dijo sacando un envase de yogurt.

—Que asco —bufé.

—No es lo que parece idiota —bufó rodando los ojos—, es ron.

Tomé el envase y le di un gran trago, necesitaba relajarme para poder pensar con claridad en mi siguiente movimiento, le di otro trago y pasé mis ojos a Jessica. Supongo que quizá una buena mamada, me relajará por completo. La tomé de la mano y la guié al patio trasero, mientras caminábamos, mis pensamientos viajaron a Swan, esa pequeña perra logró excitarme… nuevamente.


—¿Entonces, tenemos un trato? —le pregunté.

—Claro —murmuró sonrojada—, solo espero, que a Bella no le moleste.

—Hmph, no te preocupes, Swan entenderá.

Le sonreí y me esfumé de su mesa. Ángela parecía feliz y ¿Quién era Bella para quitarle esa felicidad?, después de todo, yo solo le estaba haciendo un favor a esa pobre chica y al idiota de Ben. Regresé a mi mesa y tomé una soda, para después bebérmela casi por completo. En eso estaba, cuando divisé a lo lejos a Jessica, Lauren y Victoria. Las tres estaban por pasar junto a la mesa de los perdedores, y por su mirada, casi puedo apostar a que intentarán hacerle una mierda a Swan. Y dos segundos después, Lauren tiró su jugo y salpicó las perfectas piernas de la pequeña perra, entrecerré los ojos y me maldije por mi último pensamiento. Estaba en espera de ver a Swan salir corriendo, cuando ella se levantó y le tiró su jugo en la cabeza a Lauren, lo que logró que escupiera la soda sobre la mesa y parte de la comida de Alec.

—¿Qué mierda haces? —bufó.

Me reí sin poder evitarlo, James le explicó lo que acababa de pasar y se unió a nuestras risas. No importaba que fuesen del grupo, ellas se lo tenían merecido, por perras. Me puse de pie y antes de que diera un paso, el bastardo de Emmett ya estaba abrazando a Isabella, lo que no me agradó en lo más mínimo. Borré la sonrisa del rostro y me esfumé de la cafetería, no sé porque me irritaba eso, después de todo, hace mucho que dejé de estar en su "circulo".

Me encaminé al jardín trasero y me subí a un árbol, para después sacar un cigarrillo y encenderlo. ¿Por qué mierda me importaba tanto ese abrazo? ¿Por qué de repente sentía que invadía terrenos prohibidos?

¡Pura mierda!

Alejé todas esas estupideces de mi mente y me terminé mi cigarro. Biología estaba por empezar y Swan debe estar esperándome; me bajé del árbol y regresé al edificio, mientras caminaba por los pasillos, varias de las chicas me sonrieron de manera tonta y yo solo las miraba por un segundo. Era increíble ver lo que lograba una sola de mis miradas.

Llegué al tercer piso y me adentré en el aula de Banner, inmediatamente posé los ojos en Swan y mi miembro se movió inquieto. Malditas reacciones. Caminé en silencio hasta mi nuevo lugar y me senté, con la vista fija en ella.

—¿Qué quieres Cullen? ¿A caso no tienes que follar con alguien, o algo parecido? —bufó luego de un rato. Genial, me parece que aún es capaz de sentir mi presencia.

—Veo que has implementado nuevas palabras a tu vocabulario —comenté. La observé detenidamente y noté que llevaba maquillaje, unas sombras tenues en los parpados y brillo en los labios—. Admito que el maquillaje hace milagros, aunque realmente nunca lo has necesitado, tú belleza es natural.

Me fulminó con la mirada y me maldije por haber dicho eso. ¿de dónde mierda salió esa palabrería cursi?

—Guarda tus estúpidos cumplidos, para alguien que quiera oírlos, a mí, hace mucho que dejaron de interesarme —me dijo con odio. Sonreí.

—No te creo —contesté casi inmediatamente. Aunque nuevamente me arrepentí. ¿Qué mierda estoy diciendo?, odio recordar el pasado—; pero ya que lo mencionas, quizá ésta nueva tú, quiera aprender un par de trucos conmigo.

Sus ojos se oscurecieron y bufó.

—¿A caso no te quedó claro que no te me acercaras?

—Dolió —admití—, pero no, creo que no quedó claro.

—Lárgate —masculló.

—Éste es mi sitio ahora —dije al tiempo en que me acomodaba en el asiento—, Ángela me lo cambió para poder estar con Ben.

—Maldito.

La ignoré y fijé mi vista al frente.

Esto no estaba saliendo como deseaba; por más que intentaba provocarla para hacerle ver que seguía siendo la misma mojigata de siempre, ella lograba darme la vuelta. Ya no se intimidaba, ni se escondía, ni lloraba, ni titubeaba, ni se sonrojaba. Nada. Ahora era fría y se enfrentaba a mí, ¿Cómo es que en quince días, pudo cambiar tanto?, Incluso me adjudiqué los logros del proyecto que nos dejó Banner, y ella en lugar de aceptarlo y quedarse callada, comenzó a murmurar maldiciones, mencionando cuanto me odiaba y despreciaba.

El resto de las clases pasó rápidamente, aunque para mi desgracia, me la pasaba pensando en Swan. Ahora que no tenía el control sobre ella, me ponía todo histérico y eso me enfurecía. Es un reto frustrante, pero interesante. ¿Qué tanto habrá logrado cambiar?

Al término de las clases, decidí esperar cerca de la salida principal, para hacer otro de mis movimientos. Alec y James comenzaron a parlotear sobre lo que haríamos esa noche, y yo solo me limité a fingir que prestaba atención; unos minutos más tarde, apareció Bella con todo el grupo de perdedores, me acerqué y fijé la vista en el libro que leía.

Así que Alice logró que lo arreglaran…

—¿De nuevo leyendo ésta basura? —pregunté mientras alejaba el libro de sus manos. Ella levantó la mirada e intentó matarme con sus ojos.

—La única basura eres tú —dijo Emmett quitándome el libro. Maldito entrometido.

—También te quiero —le dije secamente—. Explícame algo Bella… —pero antes de decir algo más, ella me interrumpió.

—Isabella, aunque te tardes más —¿otra vez esa mierda?

—Como sea —bufé—. ¿Por qué si ya "cambiaste", te sigues juntando con estos perdedores?

—Mira quien vino a hablar —bufó Emmett.

—Vete a la chingada —le dije fulminándolo con la mirada.

—Emmett, no vale la pena —intervinieron el idiota de Jasper y Bella. Sonreí y lo reté con la mirada, sabía que ante sus músculos no tenía mucha oportunidad, pero tenía varios trucos infalibles.

—Vamos —le dijo Tanya, jalándolo del brazo justo cuando mis amigos se acercaron.

—¿Por qué no te largas también, Hale? —mascullé observándolo de soslayo. Él pareció meditarlo y apreté los puños con fuerza.

—Está bien Jazz —le dijo Swan.

Hale se alejó un poco de nosotros y le sonreí a la pequeña perra. La devoré con la vista y mi pene se removió inquieto, pasé mi lengua por mis labios y me imaginé probándola. Apuesto a que es algo que ella también ansía.

—Realmente estás muy buena, ¿Por qué no olvidas a esos perdedores y te vienes conmigo?

Estaba por comprobar que tanto había cambiado la monja.

—No tienes nada que me interese Cullen.

—Que rápido te volviste una zorra —rodé los ojos y bufé. Jessica, como siempre, metiendo la nariz donde nadie la llama.

—Te diría que aprendí de las mejores, pero no —le dijo—, la verdad es que ni para eso sirven —no pude evitar reírme.

—Maldita —masculló Lauren—, pagarás por lo que le hiciste a mi cabello.

—Le hice un favor, es horrible; además, en lugar de preocuparte por tu melena, preocúpate por cuidar a tú novio, porque si no, un día de estos te dejará por la zorra de Jessica.

—¿Qué?

—¿No sabías que ya lo compartes?, pensé que por eso eran las mejores amigas.

—¡Eso es mentira! —gritó la rubia oxigenada.

—Pero si todos saben que te acuestas con todo el mundo, incluso con James, y eso que es novio de otra de tus "mejores" amigas.

—¿Te enredas con mi novio? —preguntó la pelirroja.

—Aunque quizá tampoco te afecte lo de Tyler, ya que también te acuestas con James, los martes después de clases con Laurent y ocasionalmente con éste otro perro —dijo señalándome.

Fruncí el ceño y traté de cavilar lo que pasaba. ¿Cuándo se volvió esto una conversación de mujeres?

—Agh. ¿No les da asco compartir parejas?, es peor que una orgía.

¿Quién mierda se cree para humillarnos de ésta manera?

Ella pasó de mí, pero casi un segundo después, la tomé del brazo y la obligué a encararme.

—¿Cuándo te volviste una perra, Isabella?

—El mismo día que tú te volviste un bastardo.

Hmph. Sabía exactamente a lo que se refería, pero eso no fue culpa mía, fue de ambos.

—No importa todo lo que hagas, en el fondo eres la misma mojigata.

—¿Y qué quieres, que te demuestre lo contrario? —preguntó soltándose de mi agarre

—Disfrutaría eso —admití, mientras me la imaginaba chapándomela con esa boquita. Acercó sus labios a los míos y sonrió ligeramente.

—Bien, pero primero déjame ver que tanto me conviene hacerlo.

¿Exactamente que significa…?

Y antes de si quiera terminar de formular mi pregunta, una de las manos de Bella se posó sobre mi miembro y lo estrujó de manera deliciosa, tanto, que mi polla comenzó a palpitar y a crecer sin miramientos.

—No, me parece que no es lo que estoy buscando, lo siento Cullen, más suerte en tú próxima vida.

Retiró su mano y se giró para caminar junto al idiota de Jasper. Me quedé de piedra por unos segundos, ¿Qué es lo que trama al tocarme de esa manera?, ¿A caso ella planea algo?, claro, eso debe ser, no hay otra explicación.

Mi corazón palpitaba con fuerza y mis labios estaban completamente secos, miré el bulto en mis pantalones y gruñí. ¿Quién se cree para dejarme con semejante problema?

La observé fijamente mientras caminaba y parecía estar feliz con su hazaña, apreté los puños con fuerza y de golpe regresaron a mí las palabras que me dijo antes: "No te vuelvas a acercar a mí, porque ésta Isabella, no se dejará de ti nunca más".

—¡Sé lo que tramas! ¡Y a este juego, pueden jugar dos! —grité. Sabía que me había escuchado y quería que estuviese preparada. Después de todo, sobre advertencia no hay engaño. Si Swan, cree que puede venir e intentar vengarse de mí, está muy equivocada.

¿A caso no ha aprendido que nadie me gana?

Apreté mis dientes con tanta fuerza, que rechinaron, bajé la vista nuevamente y vi que mi erección había desaparecido, bien. Tomé una gran bocanada de aire y salí de la escuela, aún podía escuchar los gritos de esas tres locas y lo que menos deseaba, era verme implicado en un lío de faldas. Caminé hasta mi volvo y abrí la puerta del conductor, para después acomodarme. Lo que más necesitaba era un toque de adrenalina, proporcionado por la alta velocidad. Encendí el auto y aceleré, necesitaba sacar toda ésta mierda de Bella de mi cabeza, o terminaré más loco de lo que estoy. Tanta cercanía, no puede ser nada buena.

En cuanto me vi en la calle principal, aceleré.

Si Swan quiere jugar con fuego, que así sea… terminaremos ardiendo, juntos, en mí cama. Como que me llamo: Edward Cullen.

Continuará…
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