sábado, 9 de junio de 2012

TTE Cap4

Aquí les traigo el cuarto capi, que espero les guste. Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: AU.
En esta ocasión, tanto Bella como Edward, serán los narradores.
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TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
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UN PASADO MUY VÍVIDO
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Bella Pov.

¿Por qué te agradan? —le pregunté mientras los observábamos de lejos.

¿Y porqué no lo harían? —respondió—. Míralos, ellos saben como divertirse, además son populares y atraen a muchas chicas.

¿Ya te interesan las mujeres? —me burlé. Él pasó un brazo por mis hombros y acercó su boca a mí oído.

Si, pero no te pongas celosa, que también hay para ti —su comentario logró que me sonrojara por completo.

Edward —me quejé soltándome de su agarre, lo que logró que empezara a reír.

Sabes que me amas —dijo guiñándome un ojo. Mi sonrojo se incrementó y evité su mirada.

Si, como digas —murmuré.

Ya en serio —me dijo poniéndose más serio—. Te aseguro que seré uno de ellos, no importa lo que tenga que hacer.

No le dije nada y continué caminando. No podía comprender porque era tan importante para él unirse a ese grupo de tontos mimados, si eran todo lo que odiábamos.

El sol dio de lleno en mi rostro y me removí, sabía que era hora de levantarse, incluso aunque todavía no sonara el despertador. Tallé mis ojos y me senté en la cama, no me sentía muy bien, hacia mucho que no soñaba con Cullen y ahora… me invadían esos recuerdos del pasado. Sacudí la cabeza y me levanté para encaminarme al baño, no tenía nada de ganas de pensar más en ese tema, era doloroso y triste.
Después de ducharme, me arreglé y bajé a la cocina para desayunar un poco. Tanya ya estaba ahí, así que estuvimos conversando un rato antes de que llegara la hora de partir al Instituto. De entre todo lo que hablamos, me hizo ver que debía ser un poco más flexible con Cullen, si es que quería lograr mi cometido. "Se trata de hacer que te ame, no que te odie" dijo. ¡Lo sé!, pero del odio al amor… eso también cuenta ¿cierto?

Una vez que llegamos al instituto, tomamos rutas diferentes ya que teníamos literatura y yo aún debía pasar por un libro que me había dejado en el casillero. Mientras caminaba, la mayoría de los chicos me observaban con gran interés al igual que el día anterior, pero me parecía que ahora lo hacían para corroborar si verdaderamente sería Isabella Swan y no una impostora. No les dediqué ni una sola de mis miradas y caminé con la cabeza en alto, aunque mi corazón martillaba con fuerza mi pecho. Una vez que llegué a mi casillero, tomé una gran bocanada de aire y lo abrí para sacar mi libro; estaba rebuscando bastante entretenida, cuando sentí como dos fuertes manos se deslizaban por mi cintura y un cuerpo se pegaba a mi espalda. Me tensé por completo al saber de quien se trataba, su característico aroma inundó mis fosas nasales y su aliento rozó mi cuello.

Mi corazón se disparó y mi estomago dio un vuelco. ¡Maldita sea!

—Buenos días… Bella.

Un escalofrío recorrió cada parte de mi cuerpo, pero intenté que no se me notara, lo que menos necesitaba era que Cullen se diese cuenta de lo mucho que me estaba afectando.

—Aleja tus garras de mí, Cullen —mascullé al tiempo en que enterraba las uñas en sus manos, él soltó un gruñido y solo atrapó mis manos debajo de las suyas, intenté forcejear, pero él me lo impidió.

—Pórtate bien, pequeña perra —murmuró en mi oído.

—Suéltame, o atente a las consecuencias —mascullé furiosa. Estaba lista para aplicar otro movimiento de defensa personal, pero antes de que lograra mover un solo dedo, Cullen pagó su anatomía más a mí y sentí otro escalofrío recorrerme en cuanto su polla se restregó en mi culo, apreté los dientes y sentí mis mejillas arder debido a la furia.

Levanté la pierna derecha levemente y la dejé caer con fuerza sobre su pie, automáticamente me soltó y retrocedió un paso, me giré lo fulminé con la mirada.

—¿Qué mierda pasa contigo? —bufé furiosa—. ¿Cómo te atreves a…?

El esbozó una de sus típicas sonrisas de: "Soy el hombre más deslumbrante que has visto en tú jodida vida" y volvió a acercarse a mí.

—¿Eso es lo que deseas, no? —dijo con sorna—. Te advertí que a éste juego pueden jugar dos.

—No sé de que hablas, yo no estoy jugando a nada —mentí descaradamente—. Lo único que deseo es que te alejes de mí, ¿acaso tú cerebro no logra comprender eso?

—Ya te demostraré cuanto me deseas —dijo antes de girarse y alejarse de mí.

¡Maldito, maldito y mil veces maldito!

Si cree que puede voltear mi estrategia contra mi misma, está muy equivocado. Tomé mi libro y azoté la puertecilla del casillero, estaba tan furiosa que deseaba con todas mis fuerzas golpear algo. Caminé hasta el aula de Literatura y tomé asiento, inmediatamente Emmett y Jazz me saludaron, y lograron que un poco de la ira que sentía se disipara. Casi inmediatamente arribó la profesora, así que el debate que teníamos pendiente de Romeo y Julieta, inició.

—Señorita Swan —me llamó la maestra, una vez que terminó la clase—. ¿Puedo robarle unos segundos?

Asentí y me acerqué a su escritorio.

—Necesito que me haga un favor —inició con rapidez—. Usted es la mejor de mis alumnas y tengo otro alumno que necesita unas asesorías para poder pasar la materia.

—¿Asesorías?

—Si, necesito que le ayude a repasar todo lo de éste semestre y que lo supervise con un proyecto que le he encomendado. Si me ayuda con esto, tendrá créditos extra.

¿Ser la tutora de alguien no será tan malo, o si?

Además, necesito los créditos extra ya que así, mi promedio subirá considerablemente y será excelente para mi solicitud de la universidad.

—Acepto.

—Bien —rebuscó en sus papeles y me entregó una pequeña hoja—. Aquí está el nombre del estudiante y los temas que necesita estudiar.

—De acuerdo —tomé la hoja y le sonreí a la profesora.

—Cuento con usted, Swan.

Asentí y salí del aula, mientras caminaba, leí lo que decía la hoja. Los temas eran sencillos, así que si trabajábamos arduamente, seguro que pasaría su examen con calificación perfecta. Busqué el nombre del alumno y me quedé de piedra.

—¿Qué pasa Bells? —escuché la voz de Tanya a lo lejos, pero no lograba articular sonido alguno.

¡Ese maldito!, estoy segura que esto es cosa suya.

—¿Bella? —la voz de Jasper me regresó a la realidad, lo miré y le mostré la hoja.

—Tengo que ser su tutora —mascullé de mala gana. Tanya y Emmett se acercaron a Jazz para leer la hoja, y después de dos segundos soltaron un simple: "Oh".

—Lo mataré —bufé apretando los puños con fuerza.

—o—o—o—

Edward Pov.

Después de mi pequeño encuentro con Bella, me encaminé a la clase de física. Estaba seguro que en cuanto se enterara de que debía ser mi tutora, se enfurecería aún más. Esa era una jugada que ya había olvidado que tenía planeada, pero que me sirve bastante. Justo antes de las vacaciones, la profesora me informó que debía ponerme al día en su materia de mierda o reprobaría, así que tras analizarlo minuciosamente, le sugerí que Swan fuese mi tutora, aunque en aquellas fechas lo hacía más porque realmente ella es la única a la cual le permitía explicarme algo de la escuela.

Llegué al salón y me senté en el lugar de siempre, James y Alec se acercaron un poco y me preguntaron que tal me había ido, sonreí y con eso les bastó para comprender, chocaron sus manos y murmuraron cosas a las cuales no presté atención. Mi mente estaba más ocupada en idear posibles escenas, donde Bella y yo estábamos solos, en su casa, desnudos y la hacía gemir. Estaba tan ensimismado, que ni siquiera noté cuando el profesor entró al aula y comenzó la clase.


¿Seguro que no comprendes esto, o lo haces para tomarme el pelo? —preguntó Bella arqueando una ceja.

¿Disfrutas esto, no? —bufé. Ella sabía cuanto odiaba la gramática y todavía se daba el lujo de burlarse de mí.

Perdón, Edward. Pero es que… si pusieras más atención en clase, no tendría que ayudarte con la tarea ahora.

Odio la tarea, quien la inventó seguro que era un amargado de pacotilla que no tenía vida —bufé. Bella soltó una risita y acercó su libro para explicarme unos cuantos conceptos. Olisqueé su perfume y cerré los ojos, me encantaba porque era como estar en un campo repleto de fresas y flores de aromas únicos. La escuchaba hablar, pero no prestaba la más mínima atención, no sabía exactamente porque, pero ella comenzaba a despertar en mí ciertos sentimientos que no comprendía del todo.

¡Edward! —su gritó logró que abriera los ojos de golpe.

¿Qué?

¿Estabas dormido?

Observé sus ojos color chocolate y le sonreí, ella se sonrojó levemente y negué con la cabeza.

Siento que así comprendo mejor.

Claro —dijo rodando los ojos—. Si no prestas atención te las arreglarás tú solo.

Prometo concentrarme —murmuré.

No estaba seguro del porque, pero a mis casi catorce años, Bella llamaba mi atención de un modo extraño. No me gusta porque mi corazón late por otra, pero entonces, ¿Qué es lo que me pasa con Bells?


Sentí una fuerte punzada en mi cabeza y eso me trajo de golpe a la realidad, parpadeé y observé a mí alrededor.

—Señor Cullen, siento aburrirlo con mi clase, pero ¿le importaría prestar algo de atención?

James, Alec y Laurent rieron por lo bajo y yo solo farfullé alguna incoherencia. ¿Cómo se atrevía ese profesor de mierda golpearme con su borrador en la cabeza?

Enfoqué la vista al frente y fingí que leía, estaba confundido, ¿Por qué tuve que recordar eso?, una patética escena de los mejores amigos. ¡Menuda mierda!

En cuanto la clase finalizó, nos encaminamos al gimnasio, tocaba clase de deportes y debíamos cambiarnos de ropa antes. A mis costados caminaban mis amigos como siempre y conversaban sobre las perras de sus ex novias, al parecer ahora ninguna de ellas deseaba estar cerca de nosotros por un tiempo. Eso me alegraba, así no tendría que escucharlas tirar su veneno en contra de todo el mundo, eran buenas mamando, pero bastante irritantes.

—Todavía no comprendo como es que se sienten ofendidas —comentó James—, después de todo, ellas son las zorras que nos provocan.

—Si, creo que deberían estar agradecidas por lograr que las falláramos —continuó Laurent.

—Además, he tenido mejores bocas en mi polla —prosiguió Alec.

No dije nada y terminé de cambiarme de ropa, al escucharlos hablar, recordé las palabras de Swan: "¿No les da asco compartir parejas?, es peor que una orgía" . Sonreí, quizá tenía un poco de razón. Tendré que conseguirme otra zorra.

Salí de los vestidores y caminé hacia las gradas, la profesora ya estaba ahí, con un montón de balones a sus pies y dos en sus manos. Pasé mi mirada por las mujeres y mi pene se removió inquieto en cuanto divisé a Bella. Puta Swan. Llevaba los shorts más cortos y malditamente provocativos que jamás le vi en toda la jodida vida, pero además no era todo, su blusa se ceñía a su perfecto cuerpo y marcaba sus perfectos senos. Mi polla se endureció y pasé mi lengua por mis labios, la observé sin pudor alguno y unos segundos después, ella giró la cabeza para verme y me fulminó con la mirada. Le sonreí como siempre solía hacerlo y me visualicé metiéndole mano.

—Hoy jugaremos un partido de voleibol, así que formaré tres equipos. Primero se enfrentarán dos y el que gane, irá contra el último.

Sacó su lista y comenzó a decir los integrantes de cada equipo, sonreí, será divertido ver a Swan caerse y fallar cada uno de sus movimientos. Ella es tan mala para los deportes, que debería ser un crimen dejarla tocar un balón. Por suerte no nos tocó juntos, así que me senté en las gradas a ver sus preciosas piernas. En su equipo se hallaba: Tanya, Ángela, Ben, Eric y Alec. En el otro estaba: Newton, Tyler, Lauren, Jessica, Victoria y Riley.

Cuando el partido inició, mantuve la vista fija en Swan, estaba seguro que en cualquier segundo metería la pata como siempre, pero no. La maldita debió practicar porque jugaba bien, no era la mejor, pero lograba ser de ayuda a su equipo y no todo un estorbo, como siempre. Parecía que había adquirido una nueva fuerza en el brazo, porque cada que le tocaba sacar, la lanzaba directo a la cabeza de Jessica, Lauren o Victoria.

Su equipo ganó, en parte por su aportación, y en parte porque Lauren evitaba tocar a sus amigas y a Tyler, quien a estar alturas también sabía la escenita del día anterior. Era divertido verlos evitarse.

—Siguiente equipo.

Bajamos de las gradas y nos acomodamos, mi equipo tenía grandes posibilidades de aplastar al de Swan. En el mío estaban: James, Laurent, Charlotte, Irina y María. Las tres últimas, tienen su fama de ser bastante rudas, algo así como perras rabiosas.

El silbato sonó y comenzamos a jugar. El partido avanzaba bastante bien, íbamos muy parejos, pero cuando llegó el momento de Swan para dar el saque, la muy perra me distrajo con su puta sonrisa y lanzó el balón directo a mi cara. Maldita. Su sonrisa se amplió y me hizo una seña obscena con la mano; hmph, ella cree que puede contra mí, pero no es así. Varias veces intenté regresarle su jugada, pero todas las veces logró distraerme con alguna acción sexosa. La muy perra me estaba tentando, y lo estaba logrando, ya que mi polla estaba endureciéndose a una velocidad impresionante.

Cuando la clase finalizó, la profesora nos encomendó la puta tarea de guardar los balones en la pequeña bodega de deportes. Por suerte me tocaba con Swan, así que sonreí ampliamente, ésta era una oportunidad única. Ella farfulló maldiciones que escuché perfectamente mientras guardábamos los balones en la bolsa; una vez que terminamos, llevamos las cosas a la bodega, encendí la luz y cerré la puerta. Swan dejó la bolsa que cargaba en el fondo, donde se hallaban los demás balones, en tanto yo dejaba la red en uno de los estantes. Me giré a verla y observé como sacudía su pequeño uniforme de los restos de polvo, pero había algo raro, ella estaba sonriendo. La perra me provocaba de nuevo.

—¿Te ayudo? —pregunté con sorna. Ella clavó sus ojos en mí y bufó.

—Quisieras.

Pasó de largo delante de mí y la sostuve de la muñeca, intentó soltarse y me fulminó con la mirada.

—Lo siento, pero llegó la hora de vengarme —expliqué lentamente—. ¿Creíste que me quedaría tan tranquilo después de los golpes que me diste hoy?

—No fue intencional —mintió descaradamente.

—Fue lo mismo que hiciste ayer, al tocarme la polla delante de todos —expliqué al tiempo en que me acercaba a ella—. Tú me tocas, yo te toco… es lo justo.

Observé las colchonetas detrás de ella y la empujé hacia ellas, para caer sobre su cuerpo. Intentó quitarme de encima, pero no lo logró.

—Si te atreves a hacerme algo…

—¿Cómo esto? —pregunté al tiempo en que colocaba la mano derecha en su centro. Bella abrió los ojos como platos y contuvo la respiración. Mi pene se endureció y mi respiración se aceleró, hacía años que no me pasaba eso y ahora… ardía por dentro. Moví mi mano sobre su centro y me restregué en ella, a pesar de que la tela de la ropa nos separaba, podía sentir su lindo coño palpitar caliente.

—Suéltame —pidió sin moverse. Creo que estaba segura de que si intentaba hacerlo por su cuenta, lo único que lograría sería que la tocara más.

—Eres una perra muy mala, Isabella —susurré en su oído. Pasé mis dientes por el lóbulo de su oreja y su respiración se aceleró—. ¿De verdad quieres que te suelte?, porque tu coño parece deseoso por sentirme dentro… nuevamente.

—Maldito —masculló. Acerqué mi boca a la suya y sentí su aliento rozar mis labios.

—Me encanta tú nuevo lenguaje —murmuré casi rozando tus labios—, me hace desearte más.

Deslicé mi lengua por sus labios e hice más presión en su centro, mientras mi otra mano se encargaba de asegurar sus manos por encima de su cabeza. Enterré mis dientes su labio inferior y sonreí, era justo como la primera vez.


No estoy segura de esto… —murmuró indecisa por décima vez.

Es solo un beso —volví a repetir—, además, ¿Cómo se supone que tendremos experiencia en esto, si no practicamos antes?

Pero somos amigos, ¿no puedes practicar con otra?

No —aseguré—. Precisamente porque somos amigos, deberías ayudarme con esto Bells, dime: ¿Qué pasará cuando por fin pueda besar Jane y no lo haga bien?

Ella se abrazó a sí misma y me sentí un poco mal. No estaba bien que me aprovechara de mi mejor amiga, pero era la única que no se reiría de mí si lo hacía mal.

Yo lo haría por ti —agregué. Clavé mis ojos en los de ella y sentí como un ligero atisbo de tristeza cruzaba por ellos.

Bien —murmuró—. Únicamente porque no quiero que seas el hazmerreír de toda la escuela.

¡Gracias Bells!

La abracé y sentí como se ruborizaba. Sonreí y la solté para quedarme quieto delante suyo. Bella mordió su labio inferior y su rubor se incrementó.

No tienes porque estar nerviosa —le dije colocando mis manos en sus brazos.

Claro que si —rebatió—. Éste… también será mi primer… beso.

Lo sé —aseguré sonriente.

Ambos éramos muy jóvenes aún, ella con doce años y medio, y yo con casi catorce; así que claro que era nuestro primer beso.

Cierra los ojos —le pedí y ella obedeció.

La miré unos segundos y me sentí feliz, parecía un ángel ruborizado y por el momento era todo para mí.

Ella aún mordía su labio, así que se me ocurrió sustituir sus dientes por los míos. ¿Si no le gustara no lo haría, no?

Eliminé la distancia y traté de no asustarla. Lentamente tomé su labio entre mis dientes y ella abrió sus ojos, no se movió y tampoco hizo nada, solo se quedó ahí… mirándome.


—¡Ya basta! —gritó trayéndome a la realidad—. No soy tú maldito juguete Cullen.

Se movió ligeramente y logró golpearme con su rodilla, la solté automáticamente y me empujó hacia un lado para ponerse de pie.

—Maldita —mascullé. Pero ella no logró escuchar nada, porque ya no estaba ahí—. Ya caerás ante mí… ya lo verás.

—o—o—o—

Bella Pov.

¿Cómo se atrevió?

Corrí a los vestidores y le di una patada a una de las bancas. No puedo llorar, ¡no ahora!

Me dirigí a uno de los lavamanos y enjuagué mi rostro, necesitaba tranquilizarme y relajarme. Respiré con fuerza unas cinco veces y me calmé un poco, ¿Por qué tenía que ponerme sus asquerosas manos encima? ¿Por qué no lo detuve a tiempo?... ¿Y porque tuve que excitarme?

¡Mierda!

Me cambié de ropa y me encaminé a la siguiente clase, a la cual por cierto, ya llegaba bastante tarde. Esperaba no pensar más en el tema, al menos, por ésta hora.


A la hora del almuerzo, toda mi ira ya no estaba. Conversaba con mis amigos con gran tranquilidad y parecía estar relajada, aunque no al cien por ciento, sabía que la clase de biología estaba cerca y que cierto chico de ojos esmeraldas, estaría ahí, regodeándose de sus avances obtenidos.

—¿Algo divertido que contar sobre Edward? —preguntó Emmett con cierto toque ansioso.

—Lo aplastamos en voleibol —contesté—, a él, a sus amigos y a su séquito de zorras.

—¡Genial! —gritó—. Así que ya eres buena en eso de los deportes… ¿te gustaría jugar vencidas conmigo?

—No quiero perder la mano, gracias.

—Bella —me llamó Jasper—. No digo que no me alegre tu cambio, pero… ¿hay algo más que no nos estás diciendo?

—No —mentí evitando su mirada, lo que fue mala idea, porque si alguien me pillaba en las mentiras, ése era Jasper.

—Si esto es por lo que te hizo Edward hace cuatro años… —comenzó, pero lo interrumpí, odiaba que me recordaran eso.

—Jazz —gruñí—. No tienes nada de que preocuparte.

—No quiero que te lastime… otra vez.

—Estaré bien.

No sabía si eso sería verdad, pero esperaba que así fuera. Ahora le tocaba sufrir a él, no a mí.

Cuando el timbre sonó, me encaminé al aula de biología con paso lento. Sabía que era ridículo retrasarlo, pero debía lograr tranquilizar mis nervios. En cuanto llegué, él ya estaba ahí, sentado muy sonriente como si nada. Me senté en mi sitio y enseguida se acercó a mí.

—¿Qué tengo que hacer para que te alejes de mí? —bufé malhumorada.

—No te hagas la mustia, Swan —me dijo—. Esto es lo que siempre has querido, que yo esté detrás de ti.

—Vete a la chingada, Cullen —mascullé.

—Puedes decir las mierdas que quieras —murmuró—, pero sé que aún me deseas.

Colocó su mano en mi pierna y la quité enseguida.

—Nunca te he deseado —le dije aún sin verlo a la cara—, y tú tampoco a mí, así que: ¿Por qué no vas y chingas a otra?

Edward soltó una pequeña risa y acercó su boca a mi oído.

—Sabes que eso no es verdad —murmuró—. Así te vistas como monja o como toda una perra, eres demasiado deseable para tu propia seguridad, Bells.

Contuve la respiración y sin querer, recordé la primera vez que dijo esa misma frase.


¿Crees que esto me queda bien? —le pregunté aún con la vista fija en el espejo. Observaba atenta la ropa que vestía, Alice me había ayudado a escogerla, pero me parecía demasiado provocativa para mi edad.

Alice es la experta —contestó ignorando mi pregunta.

Ya sé que eres un chico y todo eso, pero es para tú fiesta y no quiero que te avergüences de mí —admití avergonzada.

Imposible —contestó mientras despegaba la vista de la computadora—. Estoy seguro que muchos de los chicos estarán fascinados contigo.

El tono de su voz parecía demasiado severo, ¿acaso estaba molesto?

Soy Bella Swan —le dije—. La chica torpe, sosa y sin chiste de éste mundo. ¿Quién querría fijarse en mí?

Yo conozco a un par que desearían hacerte cosas nada decentes —bufó, y yo me ruboricé hasta las orejas.

¿Es broma, no?

Créeme —aseguró seriamente—. Eres demasiado deseable para tu propia seguridad, Bells.

Mi corazón se aceleró y mordí mi labio. Aparté la vista de él y deseé con todas mis fuerzas que Edward fuese uno de esos chicos.


—Imbécil —bufé saliendo de mis dolorosos recuerdos.

—Pero uno muy deseable.

Rodé los ojos y lo ignoré. Si tengo su atención, es que las cosas no marchan tan mal ¿no?

Continuará…
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