sábado, 9 de junio de 2012

TTE Cap5

Aquí les traigo el quinto capi, que espero les guste. Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: AU.
En esta ocasión, tanto Bella como Edward, serán los narradores.

TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
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UN PASADO MUY VÍVIDO II
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Edward Pov.

 Apreté los dientes con fuerza y luché conmigo mismo, para que los instintos asesinos que estaba sintiendo, no salieran a flote de manera efusiva. Miré como la pequeña perra se alejaba con el imbécil de Jasper y ambos parecían estar divirtiéndose con la última agresión hacia mi persona. Bajé la vista y observé mi antebrazo, tenía un ligero círculo rojizo y ciertas marcas resaltaban perfectamente. ¡Maldita! Esa bruja me mordió, únicamente porque intenté abrazarla. Pero juro que la siguiente vez, la que terminará llena de marcas será ella. Me daré el lujo de morder cada parte de su piel y hacerle recordar que es únicamente mía. Le di un fuerte golpe a los casilleros y me alejé de mi grupo de amigos, necesitaba estar solo y buscar a alguien que me ayudara a liberar toda la frustración que estaba sintiendo. No importaba la zorra, únicamente deseaba sacar a Bella de mi mente, lo cual últimamente parecía una misión imposible, o una mierda parecida.

Habían pasado quince jodidos días, desde que Swan se convirtió en la perra que ahora es y ya estaba completamente desquiciado. Admito que cuando éramos amigos, ella era la única capaz de llevarme la contraria como nadie más, pero casi siempre terminaba cediendo ante mis encantos. Bastaba con que le dijese algo estúpidamente dulce y automáticamente se sonrojaba, y con eso sabía que tenía asegurada la victoria; pero ahora, se ha vuelto una bruja insoportable. Me provoca, me coquetea, me insulta, me golpea y ¡mierda!, me excita. ¿Cómo es que me permití entrar a este círculo vicioso?, ¿En qué momento comencé a perder el control sobre la situación?

¡No más!


Mierda, si lo que Swan quiere es pelea, eso tendrá. Se lo dije, dos pueden jugar a éste juego y no seré yo el que perderá. La fecha en la que la puedo tenerla en mis manos, se acerca y ahí le demostraré lo estúpida que está siendo al intentar jugar conmigo. Como que me llamo: Edward Cullen.


Observé la hora en la pantalla del móvil y bufé, era hora de que me encaminara a la biblioteca… estúpidas asesorías de mierda. Era lógico que esa pequeña perra se negara a dejarme entrar a su casa; le regresé la botella de vodka a Alec y sin decir nada, me alejé de ellos. Las asesorías estaban siendo una completa mierda, sobre todo porque ella se las ingeniaba para que nunca estuviéramos solos y siempre amenazaba con dejar de ser mi tutora si no me comportaba. Cuando eso pasó, estuve a punto de decirle que se fuese a la chingada, pero recordé lo lamentable que era mi nota y que debía acreditar la materia si realmente deseaba graduarme. ¡Los estudios son una mierda! Ya podía imaginarme a Carlisle y sus amenazas del carajo. Abrí la puerta del edificio y me adentré a paso lento, ubiqué a Swan en la mesa de siempre y sonreí al notar que –ésta vez– se hallaba sola. Hojeaba un libro y jugaba con uno de los rizos de su cabello, podía oler a kilómetros el nerviosismo que sentía, realmente algunas cosas nunca cambian.



—¿Y tus perros guardianes? —pregunté al tiempo en que jalaba una de las sillas para poder sentarme frente a ella.

Como lo imaginé, la perra ignoró mi comentario y se puso a decirme lo que debía hacer, aunque como siempre, comencé a sacarla de quicio. Isabella puede ser tan malditamente predecible, que sé perfecto lo que le puede llegar a molestar y lo que no. Yo nunca he sido estúpido, es sólo que las ganas de ser un ñoño se esfumaron de mí hace algunos años. Si yo quisiera, mis notas serían excelentes, pero sencillamente no se me da la gana.

—Esto es demasiado aburrido —bufé y clavé mis ojos en ella, que –aparentemente–  leía un libro—. ¿Por qué mejor no me acompañas allá atrás, y me permites mostrarte un par de cosas?

—Lo que tú puedas enseñarme, no me interesa —masculló sin dejar de ver su libro—. Y si te parece aburrido, es porque eres un imbécil.

Fruncí el ceño y ella esbozó una pequeña sonrisa. Le quité su libro y logré captar su mirada.

—Ya te he dicho que no necesitas leer ésta basura —le dije, ella tomó una gran bocanada de aire y se acercó a mí.

—Porque tú me puedes mostrar mejores cosas, ¿cierto? —murmuró al tiempo en que se inclinaba sobre mí. Bajé la vista y me deleité con el perfecto escote que llevaba, sus tetas están muy bien desarrolladas. Sentí su respiración cerca y mi piel se erizó—. Pues bien, déjame decirte algo… —de repente sentí como jalaba mi cabello con su mano, lo que logró que clavara mis ojos en ella—. No tienes nada, absolutamente nada, que me interese. No necesito que un cabrón mal nacido, venga a darse sus aires de grandeza conmigo. Y si estás tan necesitado, lárgate a la chingada de aquí y ve a follarte a alguna de tus zorras.

Me soltó y se alejó tan rápido, que casi me caigo de la silla.

—Ouch —pasé mi mano por la zona adolorida y me puse de pie, al ver que ella se disponía a irse. La tomé del brazo y la hice encararme—. Eres muy buena intentando ser una perra, pero te tengo noticias: no te creo —acerqué mis labios a los de ella y en respuesta intentó golpearme—. Si quieres convencerme de algo, ven a mi fiesta mañana; si no lo haces, sabré que todo lo que yo digo es cierto.

—Imbécil —me dio un pisotón y se soltó de mi agarre, para después salir del lugar—. Ya caerás Isabella, ya lo verás.

-o-



Miré por la ventana como todos llegaban y sonreí, tenía un buen presentimiento. Si juego bien mis cartas, lograré que obtener lo que tanto deseo y deshacerme de mi maldita obsesión de una buena vez por todas. Definitivamente será una fiesta memorable. Encendí el aparato de sonido y puse la súper selección de música que había elegido, todos los que ya habían llegado comenzaron a servirse cerveza y a formar el ambiente. Mis amigos se acercaron y comenzamos a beber, las “zorras” como la perra las llamaba, no dejaban de insinuárseme y como buen hombre, me dejé consentir por ellas. Unos cuarenta minutos después, observé como hicieron acto de presencia el grupo de personas que más esperaba. Mi hermana salió en su encuentro, ya que era novia del cabrón de Jasper. Enseguida apareció Tanya y mi corazón se aceleró al pensar en la siguiente persona que verían mis ojos; cuando por fin la vi, mi corazón dejó de latir.

¡Santa mierda!

Isabella llevaba un perfecto y escotado vestido de color azul, que se amoldaba a la perfección a cada maldita curva de su cuerpo, y tan jodidamente corto, que sería demasiado fácil deslizar mis manos hacia su centro. Su cabello estaba ligeramente levantado y le daba una perfecta forma a sus rizos; no llevaba mucho maquillaje, pero nunca le ha hecho falta… ¡puta madre!, está deliciosamente apetecible. Abrí la boca para lograr respirar de regreso y sentí como cada parte de mi cuerpo se calentaba con tan solo mirarla. Definitivamente tiene que ser mía. Sus ojos se toparon con los míos y le regalé una de mis sonrisas, de esas que solían dejar mudas a las chicas. Ella sonrió con malicia y dos segundos después, apareció ante mis ojos la persona que más odio en éste mundo.

Jacob -el perro- Black.

Fruncí el ceño y una olea de furia me golpeó. ¿Qué mierda hace ese perro aquí?, clavé mis ojos de regreso a Bella y levantó una de sus cejas, en señal de autosuficiencia. La pequeña bruja me está retando. Ella mejor que nadie sabe cuanto odio al perro, ¡y lo trajo precisamente hoy! Apreté los puños con fuerza y me terminé la cerveza que estaba bebiendo. Observé como Alice los guiaba al otro extremo de la estancia y les ofrecía algo de beber. Ni un solo instante dejé de vigilarlos y de pensar en lo que haría, esto era golpe bajo y no me quedaría de brazos cruzados.

Un buen rato me la pasé mirando como conversaban entretenidos, eran el grupo “perfecto” de amigos. Mi hermano se les unió con su novia y bufé. Ya no estaba disfrutando en absoluto la fiesta, ¡y es mí fiesta!, escuchaba parlotear a las personas que me rodeaban, pero realmente no les prestaba atención. Cuatro cervezas después, miré como Bella jalaba al perro, para bailar con él. ¿Bella, bailar?... tomé una nueva cerveza y me preparé para verla hacer el ridículo. Ella era completamente incapaz de moverse con decencia o coordinación en un baile. El imbécil colocó sus sucias manos en su cintura y ella le sonrió, para después comenzar a menear sus caderas al ritmo de la música. Casi me atraganté con el líquido, cuando vi como comenzó a restregarse contra él. ¿Qué putas cree que hace?

¡Suficiente!

Caminé hacia ellos y me preparé para descargar toda mi furia.

—Vaya, vaya —bufé—. ¿Quién diría que ahora la perra Swan, puede bailar como la zorra que es?

Ambos clavaron sus ojos en mí y ella me fulminó con la mirada.

—Si tanto te inquieta, ¿para qué me invitaste? —preguntó.

—No me inquita… me gusta —susurré acercándome a ella.

—Aléjate de ella —ladró el perro al tiempo en que estiraba su mano, para empujarme.

—No intentes ponerme un dedo encima, o te rompo el brazo —le dije fríamente.

—Jacob, no —le dijo Bella.

—No, Bell’s —contestó—. No dejaré que vuelva a ponerte un dedo encima.

—¿Me estás amenazando, perro? —pregunté con sorna—. Porque te recuerdo que estás en mí casa y puedo sacarte a patadas con facilidad.

—Edward, ya basta —intervino mi hermana.

—Mejor nos vamos —anunció Bella y la sujeté del brazo.

—De aquí no te mueves, hasta que no hablemos —mascullé. Sus amigos intentaron intervenir y ella los detuvo.

—Hablemos —escupió. La guié por toda la estancia y la llevé a las escaleras—. Ni loca subiré a tu habitación, Cullen.

—Bien —miré a mí alrededor y la jalé, para meternos al armario que estaba allí cerca.

—¿Qué…? —intentó preguntar, pero callé sus molestas palabras con mis labios. El lugar es bastante pequeño y gracias a las cosas que están ahí, no hay mucho espacio para nosotros, por lo tanto –prácticamente– sólo hay espacio para nuestros cuerpos. Ella intentó empujarme, pero cada movimiento que hacía, sólo lograba juntarnos más. Sus labios se sentían tan bien, que no quería soltarla. Acaricié su espalda y antes de que lograra tocar su trasero, me mordió el labio con fuerza—. ¿Qué mierda crees que haces, imbécil? ¡suéltame! —gritó.

—Grita lo que quieras, pero nadie te escuchará, la música no lo permite —comenté. Bella volvió a moverse, pero antes de que lograra algo, la tomé de los brazos y nos giré, para que ella quedara pegada a la pared que estaba del lado opuesto a la puerta. Así no importaba cuanto lo intentara, ella no podría salir de allí, no sin antes lograr separarme de su cuerpo y eso no le resultaría tan sencillo.

—Maldito hijo de… —volví a atrapar sus labios y aferré mis manos en su trasero. Ella jaló mi cabello, para intentar que la soltara, pero sólo logró que mordiera su labio con fuerza. Aproveché que entreabrió los labios y succioné su lengua, soltó un gemido y pareció dejar de luchar. Nunca había sido tan ansioso como ahora y era molesto, porque normalmente eran las chicas las que añoraban arrancarme la ropa con un solo movimiento, mientras que yo siempre me daba a desear y esperaba el momento indicado para hacer las cosas. Pero con Bella es diferente y no sé porqué. Cada parte de mi cuerpo desea sentirla, tocarla, besarla y escucharla gemir. Deslicé mis manos para acariciar sus piernas y mi erección creció, me restregué contra ella y nuevamente intentó alejarse asustada.

—Lo disfrutarás y lo sabes —susurré rompiendo el beso. Estaba por replicar, pero mordí su cuello y ya no dijo nada. Su piel es tan putamente deliciosa—. Y será mejor que la primera vez, lo prometo.

—¡Dije que ya basta! —no sé como logró acomodar una de sus piernas entre las mías y me golpeó con fuerza, al instante la solté y me mordí la lengua por el dolor—. Ya no provocas nada en mi, Cullen, acéptalo. Así que mejor búscate otra a quien chingarle la vida.

Me empujó y salió de allí.

—Esto no se queda así, Swan. Te haré mía, eso puedo jurarlo.



-o-o-o-o-

Bella Pov.



Salí corriendo del lugar y me subí al auto, sin siquiera espera a nadie de mis amigos, lo puse en marcha y aceleré. Me mordí la lengua para no llorar, pero era demasiado tarde, las lagrimas ya resbalaban por mis mejillas y cada una me recordaba lo estúpida que había sido al aceptar asistir a su estúpida fiesta. ¡Igual que la maldita última vez!

Gotas de agua comenzaron a golpear contra el auto y bufé, estúpido clima bipolar. Conduje hacia el único lugar, donde sabía que podía estar sola y maldecirme por mi reverenda idiotez. En cuanto llegué estacioné el auto y limpié las lágrimas de mis mejillas; tomé los zapatos deportivos que llevaba en el asiento trasero y me los coloqué, para poder deshacerme de las estúpidas zapatillas. La lluvia no estaba muy fuerte, así que me coloqué mi chaqueta y salí del auto. Cerré los ojos y dejé que el aroma a tierra mojada me atrapara. Comencé a caminar entre los árboles y tuve mucho cuidado de no caerme. Unos minutos más tarde, llegué a mi lugar favorito. Aquí venía cada que la tristeza se apoderaba de mí y necesitaba desahogarme. Sentí como las gotas de agua comenzaban a caer con más fuerza y cerré los ojos.

—¿Por qué Edward? —grité—. ¿Por qué, maldita sea?

Volví a mirar el prado y mi corazón dolió. Éste solía ser el lugar al que venía con Edward, cuando era mi Edward y no un hijo de puta. Era nuestro lugar.

Toqué mis labios y sollocé, aún podía sentir sus labios sobre los míos. Quemaba y dolía. Durante los años intenté alejarme de él, de no prestarle atención, pero haga lo que haga, él no deja de atormentarme. Puedo odiar todo lo que me hizo y odiar a la persona que ahora es, pero no puedo dejar de...

¡Ni siquiera lo pienses!

Cerré los ojos y dejé que la lluvia se llevara mi dolor. Tenía tantas ganas de gritar y de golpear cosas. A pesar de los años, nada ha cambiado, el dolor sigue clavado en mí… en mí corazón. Nuevas lágrimas brotaron y dejé que mi mente reviviera el momento más doloroso de toda mi vida.

—¡Llegaste! —gritó Edward en cuanto me vio llegar. Me sonrojé y le sonreí—. Estás hermosa.

Mi corazón latía tan rápidamente, que sentí que me daría un paro cardiaco o algo parecido. Me abrazó con fuerza y mi sonrojo aumentó considerablemente, naturalmente Edward me hizo burla y me tomó de la mano para guiarme a la cocina por algo de beber. Cuando llegamos allí, fruncí el ceño al ver a la bola de engreídos idiotas.

—Edward, ¿Qué hacen ellos aquí? —le pregunté casi en un murmullo.

—Vinieron a la fiesta, ¿no es increíble? —rodé los ojos y negué con la cabeza. No podía creer que aún no superara su trauma de pertenecer a su pequeño grupo de idiotas.

—Que bueno que invité a alguien a venir, así cuando me dejes por estar con ellos, no me sentiré sola.

—¿A quién invitaste? —preguntó frunciendo el ceño.

—Jacob —respondí levantando los hombros levemente.

—¿El perro? —bufó—. Ya sabes que no lo soporto, ¿Por qué le dijiste que viniera?

—Primero, no le digas perro y segundo, es mi amigo.

—Es un perro, porque siempre está detrás de ti como tal —farfulló molesto—. Además no me agrada, ni le agrado. ¿Por qué siempre lo prefieres a él?

—¿Estás celoso? —me burlé y él gruñó—. Es mi amigo, sólo eso y nunca lo prefiero a él. Lo que pasa es que te molesta que tenga más amigos además de ti.

—No es verdad —bufó.

—Bueno ya —lo corté—. No discutiremos hoy, mejor buscaré a Alice.

—Está con Jasper… mejor, bailemos —pidió sonriente y negué con la cabeza. Sabía perfecto que yo no bailaba bajo ninguna circunstancia—. Está bien, mejor dame mi regalo de cumpleaños.

—¿Tu cuarto? —pregunté y asintió, así que salimos de la cocina, para subir las escaleras. Cuando llegamos, cerró la puerta y el ruido de la música disminuyó considerablemente—. Espero que te guste —le dije al tiempo en que le entregaba un paquete. Me sonrió y lo tomó para quitarle la envoltura.

—Perfecto —dijo al ver el cd que acababa de regalarle. Sabía que amaba la música clásica, así que no fue problema adivinar que le encantaría—. Gracias, Bella.

Me abrazó con fuerza y mi estomago dio un vuelco.

—De nada…

Se separó levemente de mi y me besó como si fuese lo más natural de mundo. Abrí los ojos debido a la sorpresa, pero los fui cerrando, al sentir la ternura con la que lo hacía. Adoraba sus labios, tan suaves y perfectos, como él. Enredé mis manos en su cabello y dejé que colocara sus manos en mi cintura. Sentía como un fuego me quemaba por dentro, la necesidad de sentir más de él era muy grande. Deseaba que pudiese tocarme, poder sentir su piel desnuda contra la mía… necesitaba más de él, yo lo deseaba. Sus besos y sus caricias, me regalaban hermosas y placenteras descargas eléctricas, algo único y especial. Nuestros labios se movían de manera perfecta, cuando sus manos comenzaron a tocar mi piel de forma lenta y suave, sentí una revolución dentro de mí. Todo esto se estaba saliendo de nuestras manos y no me importaba, era como si sus suave tacto logrará incendiar algo dentro de mí. No quise quedarme atrás, así que comencé a escabullir una de mis manos por debajo de su playera, su piel era fría y suave, como si de porcelana se tratará.

Nos separamos por la falta de aire e inmediatamente, sus labios comenzaron a recorrer mi cuello de manera excelsa, de repente, mordió el lóbulo de mi oreja logrando que un pequeño gemido escapara de mi boca… ¡Me volvía totalmente loca! Las sensaciones que me provocaba eran únicas. Lentamente me fue recostando sobre la cama, se posó sobre mí sin llegar a aplastarme; tomé el borde de su camisa y comencé a subirla con un poco de su ayuda, logré deshacerme de esa prenda tan estorbosa que me impedía ver una parte de su perfecto cuerpo. Me sonrojé al verlo, ¡Simplemente perfecto!... nos miramos a los ojos por unos segundos y me sonrió. Una de las cosas que más amo de él… ¡un momento!... ¿Dije, amo?

Si, lo amo y presentía que él a mí.

Las sensaciones que me brindaba Edward eran excelsas. El sentir sus manos recorrer mi piel, es como una llama abrasadora, simplemente placentero. Una vez que se deshizo de mi blusa, posicionó sus manos en mi cintura y volvió a besarme tiernamente. Saboreó lentamente cada parte de mí boca, como si temiera que me fuera a romper y eso me llenó de emoción, con una mezcla de ternura. Se deshizo de mi sostén de una manera algo torpe pero era obvio. Era nuestra primera vez. Justo cuando la molesta tela salió de su camino, mis senos chocaron contra su pecho desnudo. Gemí con fuerza y mi sonrojo se incrementó. Unos segundos después, Edward formó un camino de besos de mis labios hasta –lentamente– llegar a mis senos. Abrí la boca para intentar todo el aire que me estaba faltando y me dediqué a disfrutar. Sin perder el tiempo, lamió alrededor de ellos y enroscó su lengua en mis pezones. Succionó con sumo cuidado, mientras su mano acariciaba el que estaba sin atención. Sin poder evitarlo empecé a jadear sonoramente al sentir las nuevas caricias, me sentía totalmente descontrolada, mí intimidad palpitaba, podía sentir como mí cuerpo me pedía a gritos que él me hiciera suya de una vez.

—¿Estás segura? —preguntó volviendo a clavar sus ojos esmeraldas en mí.

—Completamente.

Deslicé mis manos hacia abajo y luché con el broche de su pantalón, no sé en que momento comencé a desearlo de ésta forma, pero así es. Después de casi un minuto de torpeza, Edward se separó de mí y se deshizo él mismo del resto de su ropa y me sonrojé como un farolillo navideño. Intenté no mirar su entrepierna, pero ¡por Dios!, su erección resaltaba demasiado. Esa sonrisa de arrogancia surcó sus labios y me gustó. Me acerqué y volví a besarlo, deseaba que supiera lo mucho que sentía. Cuando nos separamos para respirar, las palabras salieron por si solas.

—Te amo —murmuré aún rozando sus labios.

El no dijo nada, pero no importó. Desconecté mi mente de mi cuerpo y me dediqué a sentir. Dejé que Edward hiciera conmigo lo que se le diera la gana. Me besó, mordió, acarició, succionó, lamió, todo lo que se le dio la gana, y yo no podía estar más feliz por ello. Cuando volví a ser medio consiente, me percaté que yo ya no tenía nada de ropa encima. Su erección rozaba mi centro y me hacía gemir de una manera que jamás creí posible. En cuanto se hundió en mí y se llevó mi virginidad, volví a perderme, ya no quería saber nada de nada, solo sentir. Y eso hice, cerré los ojos y me dediqué a experimentar ese terreno de placer que jamás pensé que conocería.

—Que estúpida fuiste, Bella —sollocé.

Jamás imaginé que después de eso, exactamente diez minutos después, ese pedazo de mal nacido, compartiría su gran hazaña con esa bola de idiotas. Y muchísimo menos me esperé que me dijese cara a cara, que sólo me usó para poder pertenecer a ese estúpido grupito y que él realmente estaba interesado en Heidi, la hermana de uno de ellos. Recuerdo que le di una fuerte bofetada y salí de ahí, para refugiarme justo donde ahora estoy.

Me dejé caer sobre el césped y rogué porque la lluvia eliminara todo el dolor que estaba sintiendo. No creí que esa herida aún doliera tanto, casi como el primer día. Pero no más, ya no más.

—Esto no se quedará así, Cullen. Juro que la humillación de hoy y toda la que me has hecho pasar, me la pagarás. Cumpliré mi objetivo y te veré pidiendo perdón. ¡lo juro!

Continuará…
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¡Hola!
Bueno, hasta aquí el chap... pronto habrá actualización, así que nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

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5 comentarios:

  1. Oh dios qué ganas de leer máaas!!!

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  2. (twilight-love1694)
    Esta bueniso!!!!
    Te juro q este capitulo me hizo llorar!!!
    Ya quiero leer el siguiente ¿cada cuanto subes capitulo??? Espero q no demores mucho por q de verdad me encanto este fic!!!
    Bueno cuidate y espero leerte pronto!!!
    Bye!!!

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  3. Está geniaaal, espero pongas capitulo pronto, estaré pasando seguido.

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  4. Hola!!!
    Me encanto esta historia!!!
    Por fa no la dejes asi incompleta. De verdad q es una historia q merece la pena terminar.
    No nos dejes asi!!!
    Espero q puedas subir nuevo cap pronto.
    Amo este fic, es maravilloso y uno de los mejores q he leido!!!
    Sube cap pronto por fa, por fa, por fa. Te lo suplico es q esta espera me esta matando!!!!

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