viernes, 1 de marzo de 2013

TTE Cap7

¡Hola! Aquí les traigo el séptimo capi, que espero les guste.
Los personajes de Twilight no me pertenecen, ya saben… son de S. Meyer…
Aclaraciones: AU.
En esta ocasión, tanto Bella como Edward, serán los narradores.
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TEMPTING THE ENEMY
By Tsukisaku
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PRIMER PASO
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Pov Bella.
Le di un puñetazo a la pared del baño y gemí de dolor. Toda la situación de Edward y la venganza se me estaba saliendo de las manos, y lejos de sentirme feliz, me estaba haciendo más desdichada. Por un lado está el hecho de que deseo que él sea el de antes, no por mí, si no por su familia. Y por otra parte, no quiero salir más lastimada de lo que ya estoy. No sé si él logrará cambiar y ser como antes, pero estoy segura de que hará lo posible por lograrlo y todo con tal de acostarse conmigo.
Quizá no debas hacerlo… replicó cierta voz en mi interior.
Tengo que… aún puedo recordar la cara de Esme y se me estruja el corazón. Ella no merece que su hijo sea un cabrón, ni tampoco lo merecen Alice, o Emmett, o Carlisle, o Jasper.
Ni yo.
Haré lo que sea para que su familia recupere a su hijo, no importa que yo me pierda en el proceso, o que termine más lastimada si con eso ellos no tienen que sufrir nunca más. Además, está mi objetivo principal: la venganza. Ese cabrón pagará por haberme roto el corazón, y lo pagará con su corazón mismo, sufrirá lo que sufrí y veremos si le gusta.

Terminé de ducharme y envolví mi cuerpo en una toalla, apenas pasaban de las siete, era temprano para llegar a la escuela, pero como era el primer día del trato, estaba ansiosa de ver lo que haría Edward para cambiar. Comencé a vestirme con la ropa que ya había elegido y luego sequé mi cabello, para peinar mis risos, me maquillé levemente y bajé a desayunar. Tanya ya me esperaba con un plato de cereal.
—Buenos días dormilona —saludó sonriente.
—Buenos días —me senté y comencé a engullir el cereal.
—Pareces feliz —comentó—, ¿a caso ayer castraste a Edward y no me lo dijiste?
Solté una carcajada y negué con la cabeza.
—No, pasó algo mejor —le dije, ella me miró extrañada y esperó a que le contara—. No fue nada, de hecho, ni discutimos, él está… cambiando, creo.
—¿Cambiando? —preguntó extrañada—. Los cabrones así ya no cambian.
—Creí que eso solo aplicaba a cuando son así de nacimiento, pero él no era…
—Basta Bella, ¿realmente crees que está cambiando?, porque puede que sea una de sus artimañas suyas.
Tomé otra cucharada de cereal y dejé pasar el comentario. Yo estaba segura de que era otra artimaña, pero nadie tenía porque saberlo. Yo deseaba que todos lo recibieran bien y que eso lo animara a quedarse con el antiguo él.
—Los milagros existen —me limité a decir y ella bufó. Continuamos desayunando, cuando alguien llamó a la puerta, fruncí el ceño y  me encaminé a abrir.
Para mi sorpresa no era nada más y nada menos que…
—Edward —murmuré sorprendida—, ¿Qué…?
—Buenos días Bella —saludó con media sonrisa y entrecerré los ojos. Éste tramaba algo—, no me mires así, dijiste que querías cambios, así que el antiguo yo siempre solía llevarte a clase ¿o me equivoco?
Abrí la boca para replicar, pero las palabras se negaron a salir de mi boca. ¿Está de broma?
—De ninguna manera.
—Fue tu idea, no mía… —murmuró.
Suspiré y cedí, ¿Qué es lo peor que podía pasar?
—Pasa, aún no termino de desayunar.
Me giré y lo dejé allí parado, pude sentir sus pasos siguiéndome, en tanto buscaba una buena excusa para decirle a mi prima sobre la presencia del enemigo en mi casa.
—Buenos días —la saludó en cuanto entramos en la cocina. Tanya lo fulminó con la mirada y luego me interrogó a mí con la misma.
—Se ofreció a llevarme a clases —comenté mientras sacaba una barrita de cereal, para después aventársela a Edward. Él la tomó y la engulló casi de inmediato. Un dejavù me golpeó y alejé la idea de mi cabeza. El muy idiota sabía lo que hacía, porque era cierto, esa era una de nuestras rutinas mañaneras y yo le seguí el juego sin pensarlo.
—Pues espero que no pilles una enfermedad de su coche, porque seguro que con tanta zorra subiendo y bajando allí, debe estar infectado hasta los cristales —comentó Tanya mientras se ponía de pie. Fue el turno de mirarla envenenada mente y suspiré.
—Graciosa —bufó en respuesta y los ignoré. Me terminé el cereal y nos encaminamos a la salida, Edward se adelantó y me dio tiempo de decirle a Tanya que todo era parte del plan, que no tenía nada de que preocuparse, ella sólo negó con la cabeza y se encaminó a su propio auto.
—¿Desinfectaste tu volvo antes de venir aquí? —pregunté una vez que estuvimos solos.
—Mi volvo sigue siendo como mi bebé, sabes que lo cuido más que a nadie, así que nunca ha habido nada de zorras en él.
Me abrió la puerta del copiloto, gesto que me sorprendió y sonreí. Algunas cosas nunca cambian, me acomodé en el asiento y esperé a que él hiciese lo propio. En cuanto encendió el coche, la música comenzó a sonar y claro de luna llegó a mis oídos, lo miré sorprendida y me ignoró.
¿Qué significaba eso?
¿Él realmente ha seguido conservando sus gustos musicales?
Respiré profundamente y dejé que la suave melodía se llevara mis preocupaciones. Todo estaba siendo demasiado surrealista y ahora más que nunca, estaba segura de que esto podría terminar conmigo. ¿Y si al cabo de las semanas la que termina enamorada soy yo?
¡Enamorada ya estás! Gritó mi subconsciente y me golpeé por idiota. Era cierto que jamás dejé de quererlo, pero ¿aún lo amaba?, no podía, simplemente tenia que ser un engaño de mi mente porque ¿Cómo podía seguir enamorada del cabrón que destruyo mi vida y la de sus seres queridos?
Fijé la vista en la ventanilla y me preparé mentalmente para lo que estaba por venir, la escuela entera haría un revuelo de lo que estaba por pasar y la Bella fuerte debía estar alerta.
Pov Edward.
Pisé el acelerador y estrujé el volante con fuerza, estaba saliéndome de mis casillas y ni siquiera había pasado más de una hora. Esto de volver a “ser yo” me estaba volviendo loco. Respiré profundamente y dejé que la suave música que sonaba en el auto me relajara, era increíble que esa música tuviese ese efecto tranquilizador en mí, pero a pesar de los años así era. Me visualicé a mi mismo tocando el piano y me relajé, era algo que amaba hacer, por supuesto, pero que había tenido que abandonar por mi nuevo ritmo de vida. Claro que me arrepentía de ciertas cosas, pero me forcé a reordenar mis prioridades y el piano ya no se hallaba dentro de ellas.
¡Bien, hora de dejar de pensar en estupideces!
Respiré una vez más y el aroma del perfume de Bella me embriagó, ella siempre olía a fresas dulces, cerré los ojos por un par de segundos e intenté aprovechar todo lo que pudiese del aroma.
—¡Idiota, no cierres los ojos! —el grito de Bella me sacó de mi pequeño trance, y me obligó a parpadear.
—No grites —bufé.
—Encima de que manejas como un loco, te das el lujo de cerrar los ojos, ¿a caso quieres que nos matemos? —inquirió histéricamente y reí. Había extrañado eso de ella.
¡Un momento! ¿Dije… extrañar?
—Eso jamás pasará, soy el mejor conduciendo y lo sabes —le dije mirándola de soslayo—. Y otra cosa, basta ya con tu lenguaje obsceno, que si yo haré cambios es justo que tú también los hagas.
—Bien —farfulló—; pero mantén los ojos en el camino.
—Como ordenes —contesté con fingida amabilidad y me sentí de lo peor. Me sentía como un hipócrita al intentar ser alguien que ya no soy, eso de someterme a las ordenes de una mujer ya no va conmigo, ¿Cuándo podrá comprenderlo?
Es muy probable que no soporte ni un día.
¡Ánimo Edward, que no te puedes dar el lujo de perder, recuerda tu objetivo final!... me di ánimos y suspiré, estábamos por llegar a la escuela y allí si que todo sería de locos. Solo esperaba no estrangular a alguien en el proceso.
En cuanto ingresé al estacionamiento, varios ojos curiosos se posaron en nosotros y bufé. No sabía si alegrarme de que pensaran que Isabella por fin había caído en mis redes, o si debía enfurecerme por lo que ese simple acto me iba a costar. El cambio estaba implicando muchos sacrificios y yo no quería hacerlos.
Pero si antes no te importó sacrificar a tu familia, ¿Por qué ahora te importa dejar de lado a una panda de idiotas? Me recordó esa molesta voz mía. Rodé los ojos y me preparé mentalmente.
Una vez que aparqué, salí del auto y me apresuré a abrirle la puerta del volvo a Bella, intenté actuar lo más caballeroso que pude y la seguí al interior del edificio. La miré de reojo y parecía no inmutarse por las curiosas miradas, y yo por supuesto estaba igual de impenetrable, aunque por dentro, una parte de mí estaba más que nerviosa.
—No es necesario que me sigas todo el tiempo, ¿sabes? —murmuró para que sólo yo la escuchara.
—Da igual, sólo estoy siendo amable.
—Bueno, esa vena tuya de amabilidad, podría comenzar con sus viejos amigos —se detuvo cerca de su casillero y me encaró—, y nada de decirles nada Cullen, no quiero trucos baratos eh. Recuerda que tiene que ser de corazón, es por tu bien.
Rodé los ojos.
—Claro… de corazón —murmuré—, te veré luego.
La dejé ahí y proseguí con mi camino, debía apresurarme a llegar a mi locker antes de que la panda de idiotas que decían ser mis amigos me interceptaran y llegaran a intentar cuestionarme algo. Por desgracia la suerte no estaba de mi lado, así que dos segundos después de que abrí la puertecilla metálica, me palmearon la espalda a modo de saludo.
—Así que por fin cayó Swan eh —la estúpida voz de Alec llegó a mis oídos y lo ignoré.
—¡Vaya, hombre! Creí que jamás pasaría —continuó Laurent—, pensé que esa zorra se haría de rogar un poco más la verdad, pero me alegro por ti.
Una vena palpitó en mi sien y entrecerré los ojos.
¡Nadie podía llamar a Bella zorra, únicamente yo!
—No vuelvas a referirte a ella así, o tendrás que recoger tus dientes por todo el estacionamiento —gruñí, al tiempo en que tomaba un par de libros y después cerraba la puerta.
Tres pares de ojos se posaron sobre mí y me miraron extrañado.
—No era para tanto, hombre —bufó James—. Mejor cuéntanos los sucios detalles.
Una sonrisa ladina se extendió por su sucia cara y me sentí enfermo. ¿De verdad yo me comportaba como ellos?
—Escuchen, diré esto solo una vez, así que presten atención —les dije fríamente—. Ya no quiero tener nada que ver con ustedes, ¿de acuerdo? Y si se atreven si quiera a meterse conmigo otra vez, los moleré a golpes y saben que eso no me cuesta en lo absoluto.
—¡Buena esa! —rió Alec.
—¿Qué mosco te picó hoy? —replicó James seriamente.
—Simplemente que ya estoy cansado de ustedes y sus idioteces, búsquense una vida y dejen de intentar joder la mía.
Empujé a Laurent para pasar de largo y me sentí orgulloso. Por un instante, sentí como una parte de mí se liberaba de un gran peso muerto y sonreí.
Mientras me encaminaba hacia la cafetería, varios intentaron saludarme y los ignoré a todos. No estaba seguro de a quien debía saludar y a quien no, la verdad es que muchos de los que eran mis amigos ahora me ignoraban, así que era mejor no tener contacto con nadie para no cometer más errores. Me encaminé a la gran fila del bufé, tomé un trozo de pizza, una soda y después de pagar, miré a mí alrededor. Era la primera vez que no sabía hacia donde debía dirigirme y me estresó por un segundo.
¿Debía sentarme solo?, ¿A eso me estaba reduciendo todo esto del cambio, a ser un don nadie?
¿Qué hubiese hecho el viejo Edward?
Paseé la mirada por el lugar y divisé a Bella con mi hermano, Tanya y Jasper, lo sopesé un segundo y decidí caminar hacia allá. ¿Qué podía perder?
Dejé mi charola sobre la mesa y cuatro pares de ojos se posaron sobre mí con sorpresa.
—¿Puedo? —pregunté no muy seguro.
—Claro —contestó Bella luego de unos segundos. Escuché gruñir a Emmett y esperé a que soltara su queja.
—¡Lárgate Edward!, ¿A caso no te esperan tus amigos los idiotas? —el reclamo de mi hermano dolió de cierta forma, pero en lugar de demostrar debilidad, me enfurecí. ¿No podía solo estar agradecido solo de estar cerca de mí?
—¿Qué tramas si se puede saber? —cuestionó Jasper seriamente. Lo miré intentando parecer calmado, pero sus miradas hostiles, me estaban poniendo en cierto grado de estrés.
—¿Tienes miedo? —bufé e inmediatamente sentí como alguien golpeaba mi espinilla por debajo de la mesa. Automáticamente posé la mirada en Isabella y ella negó levemente.
—¿Buscas pelea hermanito? —replicó Emmett. Pasé la mano derecha por mis cabellos e intenté calmarme.
—No, sólo quiero que almorcemos en paz, ¿es mucho pedir?
—Si me lo cuentan, no me lo creo —intervino Tanya con sorna.
—Algo tramas, seguro —dijo Jasper—, puedo sentirlo. Tú humor está demasiado cambiante.
¡Y un demonio!, claro que estaba cambiante. Bella debería darme un incentivo por no golpear en el rostro a éste par de idiotas.
—Tranquilos chicos —habló por fin Bella—, algo me dice que Edward no está buscando pelea, aunque…
Sus ojos marrones me miraron intensamente y comprendí, ella deseaba que yo “arreglara” lo que estaba mal con el que era mi hermano, y con el que fue mi mejor amigo. Y deseaba que lo hiciera ahora.
¡Vaya mierda!
—Emmett, Jasper… ¿me dan un segundo afuera? —pedí lo más tranquilo que pude. Ellos lo meditaron por un momento y enseguida se pusieron de pie. Los imité y los guié hacia la salida más cercana, una vez que estuvimos fuera los encaré y organicé lo que debía decir.
—¿Y bien? —preguntó mi hermano demandantemente—, ¿Buscas pelea? —dijo al tiempo en que se remangaba la camisa.
—No —me apresuré a decir—, la verdad, no sé por donde comenzar…
Intenté recordar como era pasar el tiempo con ellos y eso me tranquilizó, los tres solíamos divertirnos bastante, aunque claro, al final no fue suficiente para que yo mantuviera la promesa de amigos para siempre.
—Siento mucho que las cosas sean así entre nosotros —comencé. Luché conmigo mismo para no rodar los ojos, o para no vomitar en el mejor de los casos y proseguí: —. Me he dado cuenta que los hecho de menos, a todos y quiero enmendar el daño…
Emmett comenzó a reír y Jasper entrecerró los ojos.
—Si, claro —bufó.
—Es de verdad —me defendí repentinamente molesto—, Bella me ha hecho ver que estaba mal y que me he portado como una mierda con todos… Ya sé que no será fácil, pero quiero recuperar su confianza.
—No nací ayer Eddie —dijo mi hermano seriamente otra vez—, ¿esperas que creamos que has decidido cambiar solo de la noche a la mañana?
—Ayer ni siquiera nos mirabas —concluyó el rubio nuevamente—, mejor dinos lo que tramas.
—¡Maldita sea, ya se los dije!, ¿Qué esperan, que implore por su perdón? —gruñí furioso. Los cabrones no me la dejarían fácil y se estaban aprovechando.
—No sería mala idea —murmuraron sincronizada mente, antes de comenzar a reír y entonces fruncí el ceño.
¿Y el loco aquí era yo?
—Ven —Jasper me hizo una seña para que me acercara, parecía dispuesto a darme un abrazo, de esos al estilo fraternal. Me acerqué y sin que lo esperara, recibí un puñetazo directo en la boca, lo que me llevó directo al suelo. Lo miré sorprendido—. Tenía muchas ganas de golpearte desde cuando —confesó—, y la verdad es que no será fácil, pero…
—Somos hermanos, amigos para siempre, ¿no? —fue el turno de Emmett para hablar y me tendió la mano. La tomé y antes de que lograra levantarme del piso, él también me soltó un golpe en el rostro.
¡Demonios!
Eso dejaría un grave moretón.
Apreté los puños con fuerza y me preparé para mandar todo a la mierda, Isabella podía meterse su asqueroso trato por…
—Lo siento —rió mi hermano—, la verdad es que te lo merecías.
Me volvió a tender la mano y la tomé, me incorporé en un segundo y ambos me abrazaron. Tragué saliva y me congelé. Un raro calor me inundó y me sentí bien, en familia nuevamente, les sonreí.
—Gracias, les prometo que…
—No hace falta Eddie…
—Un acto vale más que mil palabras, ¿no? —finalizó Jasper sonriente. Eso me decía dos cosas. Una, que no confiaban del todo en mí y dos, que me estarían vigilando para ponerme una paliza en cuanto metiera la pata.
Genial.
Los tres regresamos a la cafetería y la mirada expectante de Bella nos recibió, parecía dichosa y ¿feliz?
Seguramente no por mí, si no por sus amigos, pero verla así me gustó. El almuerzo transcurrió bastante incómodo a momentos, yo no tenía la menor idea de cómo actuar con ellos y parecía que no estaban dispuestos a darme tregua con bromas al estilo “el traidor que regresa a casa”, era estresante y reconfortante en misma medida.
—No puedo creer lo que mis ojos ven —Jessica se situó a un costado de mí y su aroma a perfume barato me causó nauseas—. ¿Qué haces sentado con éstos perdedores Eddie?
—¿A caso la perra de Isabella te ha lanzado un hechizo? —preguntó Kate y la fulminé con la mirada.
—Largo, déjennos tranquilos —gruñí viéndolas fijamente—, y más cuidado con sus palabras.
—¡No puedo creerlo! —gritó Jessica—, ¡nos estás cambiando por éstos!
—Suficiente —bufó Bella al tiempo en que se ponía de pie—. Me tienen realmente cansada parvada de golfas, ¿no captan que Edward no las quiere cerca?
—¿Quién nos lo va a impedir? —se burló Kate—, ¿tú?, ¡no me hagas reír!
Bella tomó su soda y se la vertió en la cabeza a Kate, lo cual logró que todos comenzáramos a reír. Era increíble ver a ésta nueva Isabella en acción, me embriagaba.
—La próxima vez que te vea cerca de alguno de mis amigos, te arrancaré uno por uno esos rizos rubios que tienes, ¿comprendes? —sentenció—. ¡Ahora, largo todas!
Las chicas comenzaron a quejarse, pero se retiraron casi corriendo.
—Eso fue increíble Bella —le dije sonriente—, eres impresionante.
Un leve sonrojo se extendió por sus mejillas y sonrió, por primera vez en mucho tiempo, sonrió para mí como antes. Lucía tan dulce y tierna que daban ganas de…
¡Enfócate Edward!, no es momento de sentimentalismos absurdos. Recuerda tu objetivo.
O sólo puedes aceptar que estás enamorado de ella… ¡esa molesta voz de nuevo!, ¿A caso no desaparecerá nunca?
Esto no es por amor, es sólo por sexo… ¿verdad?
Continuará…
¡Hola!
¿Qué les ha parecido?
Parece que Eddie lucha mucho consigo mismo para volver a cambiar.
¿Creen que ésta autora merece un comentario? :3 No les quitará más de un minuto.

Bueno, me despido y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku
<-- CAPITULO 6                    CAPITULO 8 -->

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