lunes, 22 de julio de 2013

Bittersweet Cap2

Los personajes de Naruto no me pertenecen, ya saben… son de Masashi Kishimoto…

<<Éste capitulo lo escribí junto con Rioko001>>
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BITTERSWEET REVENGE
By Tsukisaku
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Jugada N. 1
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Un par de semanas habían pasado, sin mayores complicaciones desde aquel desagradable encuentro que Sakura había tenido con aquél injustamente hermoso y maleducado muchacho. Los días transcurrían con una muy pacífica monotonía entre la universidad, el trabajo y los quehaceres en casa.
La joven de exóticos cabellos rosados suspiró cansinamente mientras terminaba de preparar un frappé de café con chocolate, odiándose a sí misma por no dejar de recordar a aquel chico pelinegro –que no sabía si era correcto llamarlo así, ya que seguramente tendría más o menos veinticinco años–, a pesar de lo grosero que había sido con ella. Fue a dejar el frappé junto con unas galletas de mantequilla al cliente que lo había ordenado y regresó a la barra, sentándose perezosamente de nuevo en su silla detrás del mostrador y apoyando el codo sobre la barra para así sostener su barbilla con la mano, con gesto desganado.

Esa noche el Rakuen estaba particularmente sereno, tal vez demasiado para su gusto, ya que nada conseguía distraerla lo suficiente y siempre terminaba recordando lo oscuros que eran los ojos de aquél joven, lo blanca y suave que lucía su piel, lo tentadores que le resultaban sus finos labios, lo apetecible que debía ser su cuerpo debajo de aquel costoso traje que tan exquisitamente se amoldaba a su masculina figura…
Sintiendo el creciente calor que amenazaba con abrasar sus mejillas, seguramente ya enrojecidas, Sakura frunció el ceño con molestia al darse cuenta de las cosas que estaba pensando, sabiendo que si no se detenía su imaginación volaría mucho más alto y comenzaría a pensar en cosas cada vez menos sanas y más osadas.
Bufó audiblemente.
¿Qué rayos le pasaba? ¿Por qué razón se ponía a recordar ese tipo de cosas? Si bien debía admitir que aquél muchacho era sumamente atractivo, eso no justificaba ese tipo de comportamiento tan impropio de ella. Además, no era el único hombre hermoso que había visto en su vida.
He visto mejores que ese engreído, se dijo enfurruñada. Pero, muy en el fondo, sabía que lo decía sólo por despecho y que aquello no era para nada cierto.
La verdad saltaba a la vista por sí sola… El hombre estaba como quería.
Lástima que su belleza innata fuese brutalmente opacada por su repulsiva forma de ser.
—¿Se puede saber qué te pasa ahora, Sakura?
La mencionada dirigió su vista hacia su amiga Ino, la cual la observaba con suspicacia. Lo bueno de que fuese sábado era que Ino estaba en el mismo turno que ella y le resultaba más agradable estar en compañía de su mejor amiga. Lo malo es que ese día la rubia había estado todo el tiempo con sus ojos sobre ese nuevo libro que le habían mandado a leer para su clase de literatura, así que no habían conversado demasiado.
—No es nada, sólo estoy algo aburrida —se justificó.
La Yamanaka no quedó totalmente conforme con esa escueta respuesta, sin embargo se encogió de hombros y volvió a su lectura. Tenía que terminar ese libro lo más pronto posible.
Sakura frunció los labios, haciendo un ligero mohín por la falta de atención, y volvió a posar su mirada en la entrada del local. Sus ojos verdes se agrandaron considerablemente al ver a un hombre alto y elegante, que reconoció instantáneamente, cruzar la puerta e ir a situarse a una mesa junto a la ventana del fondo.
La Haruno no daba crédito a lo que veía; ¡Era él!
De nuevo estaba ahí ese tipo tan borde, y ahora venía solo. No podía creer que había regresado luego de haberla tratado como basura. ¿Acaso quería contrariarla o desafiarla de alguna manera?
Sintió la ira recorrerle el cuerpo al mirarlo tan despreocupado, y codeó levemente a su compañera para captar su atención. Ino hizo a un lado su libro y dirigió sus azules ojos hacia su amiga, expectante.
—Mira a aquel tipo de allá, es él de quien te hablé el otro día —murmuró disimuladamente la chica de orbes jade, sin apartar su mirada del muchacho.
Ino miró en esa dirección, elevando ambas cejas al encontrarse con el hombre del que su amiga le había comentado, furiosa, hace unas semanas atrás.
—¿El del traje negro, seguramente Armani o algo así, junto a la ventana? —inquirió Ino para asegurarse. De buenas a primeras se notaba que era un forrado ejecutivo.
—Sí, ése mismo.
La rubia sonrió jocosamente.
—Entre tus múltiples palabras de desprecio contra él, no mencionaste que estuviese tan bueno…
Sakura gruñó por lo bajo, fastidiada.
—Concéntrate, Ino… El tipo es un idiota presumido —alegó la de melena rosa.
—Bueno, aunque sea un cerdo vanidoso, eso no le quita lo sexy —murmuró la de ojos azules, con una pícara sonrisa en los labios.
Sakura blanqueó los ojos, sabiendo que -desdichadamente- no podía refutar lo dicho por su amiga.
—Pues si tanto te gusta, hazme el favor de ir a atenderlo; no quiero volver a hablar con él en lo que me queda de vida.
Ino se rió con ganas.
—Eso sí que no, frentona. No seas cobarde, ve y enfréntalo.
—Pero…
—Nada de peros. Apresúrate y ve de una vez; se molestará por hacerlo esperar.
La Haruno la miró ceñuda.
Ino volvió a su libro, sin la intención de seguir discutiendo el asunto, dándolo por terminado. Sakura, molesta pero resignada, salió de detrás del mostrador para ir a tomar la orden de aquel muchacho de cabello azabache que –aunque ella no lo hubiese notado– esperaba pacientemente a que alguien llegara a preguntarle lo que deseaba.
Él había sacado una reluciente computadora portátil de su maletín, junto con algunos documentos, y parecía estar concentrado en lo que sea que estuviera haciendo. Se veía increíble con aquel traje, y Sakura se sorprendió a sí misma pasando inconscientemente una mano por su cabello, que llevaba atado en una coleta alta, preguntándose si se vería presentable en ese momento.
Se odió por un instante. ¿Acaso pensaba impresionar a aquel idiota? ¡Qué patética era!
—Buenas noches, ¿qué desea pedir? —le dijo ella, con voz desapasionada, haciendo un esfuerzo notable para no mirarlo con ceño.
Él levantó la mirada de la pantalla de su laptop para mirarla a ella directamente, de forma serena y cordial, cosa que a Sakura le extrañó muchísimo.
—Ahm… —él dudó un segundo, pensando—. Un cappuchino y unas galletas holandesas, por favor.
Sakura se sintió completamente aturdida al oírlo pedirle su orden con tanta decencia y amabilidad, y si antes estaba impresionada, al verlo curvar los labios haciendo un amago de sonrisa, se quedó totalmente alucinada. 
Parpadeó, sintiéndose desorientada. ¿Quién era él y dónde rayos estaba el tipo déspota y grosero? ¿Acaso estaba ella soñando?
—E-en seguida se lo traigo… —balbució Sakura, girándose y yéndose de ahí rápidamente.
Cuando Ino vio la cara que Sakura traía, frunció el entrecejo y la miró fijamente, intrigada y preocupada a la vez.
—¿Y ahora qué te pasa, Sakura?
Ella había esperado ver a su amiga rabiosa, maldiciendo al tipo hasta el cansancio, no verla así de… perdida.
—Luego te cuento —le dijo fugazmente, mientras se apresuraba a preparar el pedido.
Sakura se volvió a ir tan rápido como llegó, la Yamanaka no despegó su mirada de ella mientras la muchacha de cabello rosado llevaba la orden. Ino frunció ligeramente el ceño, intrigada.
Al llegar de nuevo junto al muchacho pelinegro, Sakura, algo absorta todavía, tomó el humeante café y las galletas de su pequeña bandeja y los colocó delicadamente en la mesa, cerca de él.
—Aquí tiene.
—Gracias —le dijo él, sorprendiéndola aún más.
Sakura, con lo impresionada que estaba, se quedó estúpidamente de pie frente a él, sujetando la bandeja con ambas manos, mientras lo miraba probar el cappuchino. Cuando él enfocó su oscura mirada sobre ella otra vez, Sakura se tensó involuntariamente, sin poder apartar su mirada de la suya.
—El clima ha estado excelente hoy, ¿no te parece? —comentó él tranquilamente.
Sakura alzó ambas cejas, pasmada. ¿Qué demonios pasaba aquí? ¿Por qué este hombre estaba siendo tan amable con ella? Ni siquiera daba signos de estarse burlando de ella o algo por el estilo, ¡esto era increíble! ¿Acaso estaba él tramando algo? No sabía qué pensar de esto, pues se le hacía sumamente inaudito que alguien que había parecido ser tan arrogante y frío, cambiara de la noche a la mañana de manera tan radical. Si hasta parecía como si fuera la primera vez que trataba con ella.
La joven Haruno hizo un inhumano esfuerzo para seguir aborreciéndolo, para recordar lo soez que había sido con ella antes y no hacerse ilusiones ni pensar que un hombre tan atractivo –y obviamente acaudalado– podía tener algún interés por ella, ni tampoco pensar que tal vez, y sólo tal vez, él estaba arrepentido por haberla ofendido aquella vez.
Y de nuevo se odió a sí misma con todo su ser al sentir cómo su corazón se aceleraba y su estómago se llenaba de mariposas.
¡Estúpida, estúpida, estúpida!
¡Se supone que él no debería gustarle ni un poco!
—Definitivamente —le contestó ella, tratando de sonar tan calmada como él, sin conseguirlo del todo—. ¿Desea pedir algo más?
Él le sonrió otra vez, y Sakura sintió un escalofrío atravesarle la espalda. Su sonrisa era tan sensual y encantadora…
—No, gracias, eso es todo.
Sakura hizo una pequeña reverencia y se marchó presurosamente de regreso al mostrador, con el corazón en un puño. Ino la miró con interés.
—¿Ahora sí me dirás lo que te tiene así?
La joven de pelo rosa miró a su amiga con los ojos abiertos de par en par.
—Oh, no creerás lo que acaba de pasarme…

—o—o—

Cuando la mesera estuvo lejos, Sasuke soltó un suspiró de completo fastidio y cogió el café para beber un par de sorbos. Había esperado varios días antes de volver al Rakuen para hablar con Sakura, pues no quería parecer demasiado sospechoso. O sea, tampoco podía llegar y decirle “Sé mi novia” cuando al día anterior la había tratado como mierda.
¡Realmente odiaba hacer esto!
Sólo él sabía el impresionante esfuerzo que había hecho para parecer dulce y no gruñirle a aquella muchacha. Sí que la odiaba con todo su ser por obligarle a fingir de esa manera, pero si quería que su plan funcionara, debía de sacrificarse un poco.
Además, también estaba el hecho de que esa chica era hija de Mikoto, lo cual le hacía despreciarla aún más. Y también los hacía hermanos, pero a él no podía interesarle menos ese detalle.
Para él, Mikoto ya no era parte de su familia.
Cuando hubo terminado de comer, guardó sus cosas y se levantó para dirigirse a la caja registradora. Ahí solamente se encontraba la muchacha rubia con la que había visto a Sakura hablar. La Haruno estaba en otro punto del local, atendiendo a otros clientes. Meditó si sería oportuno esperar a que la chica regresara a la barra o no hacerlo, así que optó por lo segundo, ya había sido demasiada humillación por una sola noche.
Mientras Sasuke pagaba su cuenta, notó que la rubia lo miraba con cierto grado de curiosidad. Él sonrió para sus adentros cuando una idea se le vino a la mente.
—Disculpa, ¿me podrías decir el nombre de tu compañera?
—Ah… Sakura —le contestó no muy segura, por lo que Ino sabía el tipo era un bipolar con algún tipo de desorden malicioso, aunque era bastante atractivo y… ¡joder! Sakura ni novio tenía, así que le sonrió—. ¿Tiene algún interés especial en mi amiga?
—Hace unas semanas fui bastante rudo con ella y me siento realmente apenado por eso. Ya sabes, era uno de esos días malos —comentó, finalizando con su mejor y más falsa sonrisa de culpabilidad, mientras por dentro se maldecía por tener que ser amable.
¡Alguien tendría que darle un premio por su actuación!
Ino estaba derritiéndose como mantequilla bajo el sol por él.
—Oh, no se preocupe por eso. Disculpe el atrevimiento, pero es usted un hombre lindísimo y estoy totalmente segura que ella le perdonará por eso—le dijo con un guiño—. ¿Sabe qué? Le diré algo —ella se reclinó sobre la barra, acercándose a él de manera confidente y asegurándose que Sakura no los miraba—. Ella sale del trabajo dentro de más o menos media hora, quizás podría aprovechar ese momento para hablar con ella y disculparse.
Sasuke sonrió, sintiendo el dulce sabor de la victoria hinchándose dentro de él.
—Me parece estupendo, muchísimas gracias.
—No hay nada qué agradecer, guapo.
El Uchiha salió del local bajo la atenta mirada de la rubia, la cual sonreía completamente satisfecha, pensando que le hacía un enorme favor a su mejor amiga al ayudarle con ese hombre. El tipo estaba delicioso y, para rematar, era un muy buen partido.
Pero, desgraciadamente, ella no alcanzó a ver la maliciosa sonrisa que se formó en los labios de él…

—o—o—

Durante las casi dos horas que el sujeto de cabellos negros se la pasó sentado en una esquina del local, Sakura no pudo lograr que su estomago dejara de volcarse como loco y ya ni hablar de su corazón, parecía que estaba corriendo la maratón y debido a eso, también tenía un fuerte sonrojo en las mejillas. Todo el rato se la pasó mirando el reloj disimuladamente, al extraño bipolar y de vez en cuando intentaba distraerse en los demás clientes.  
En cuanto le contó a Ino lo amable que le había parecido el extraño en esa ocasión, ella la animó para que se acercara un par de veces para ofrecerle algo más. La rubia le decía que con un golpe de suerte, terminaría sacándole su nombre, a lo que Sakura le gruñó y decidió ignorarla. Ya había tentado demasiado a su suerte esa noche, como para arriesgarse a que el patán de la última vez, reapareciera.
Faltaban exactamente veinticinco minutos para que su turno finalizara y no podía estar más feliz, terminó de depositar un par de cafés sobre una de las mesas recién ocupadas, cuando su vista periférica captó como cierto hombre se levantaba y se encaminaba a la caja. Su corazón dio un nuevo vuelco y se congeló un poco, miró como Ino intercambiaba un par de palabras con él y frunció el ceño, ¿Ella no estaría metiendo la pata, verdad?
Bufó, ¡era Ino por Kami!
Rodó los ojos y fue a limpiar la mesa donde se había sentado el azabache. Colocó la taza sobre el plato vacío y abrió sus ojos al ver el billete de cincuenta dólares que yacía sobre la mesa.
—¿Pero qué…? —murmuró para ella súbitamente sorprendida. ¿A caso el tipo bipolar acababa de dejarle semejante billete como propina, sólo por un café y unas galletas?
¿Qué trata de hacer?... se preguntó mentalmente.
¡Definitivamente el tipo se estaba burlando de ella!
Frunció el ceño, tomó el billete y se encaminó hacia la barra dispuesta a decirle un par de cosas al presuntuoso ese, pero antes de si quiera lograr llegar, una sombra se deslizaba fuera del local. Caminó a la barra y pilló a Ino sonriente, así que frunció más el ceño
—¿Pasó algo? —preguntó Sakura al volver y ver lo feliz que parecía la Yamanaka.
Ino sonrió, fingiendo inocencia.
—Nada importante —mintió la rubia, volviendo a coger su libro para leer.
—Claro —murmuró la Haruno sarcásticamente, estaba por someter a su amiga al tercer grado, cuando otro cliente apareció, así que tuvo que regresar al trabajo. Guardó el billete en su delantal y optó por dejarlo ahí, después de todo, él la había tratado peor que basura cuando se conocieron y debía pagarle con algo tal bajeza.
Durante el resto de su turno, a penas si logró mantener su mente ocupada en otra cosa, cuando Kiba llegó a suplirla, así que se escapó al pequeño cuarto de empleados a cambiar su ropa. Se enfundó en su abrigo, ya que la noche se estaba volviendo gélida, tomó su bufanda y su pequeño bolso, para después pasar a despedirse de sus amigos. Ino aún se quedaría otra hora, ya que esos días Sakura entraba más temprano.
—Nos vemos mañana —le dijo Ino al tiempo en que le guiñaba el ojo.
—¿Ahora puedo saber que te traes entre manos? —preguntó Sakura bastante intrigada por la repentina actitud de su amiga. Ya sabía que era loca, pero desde que el sujeto bipolar tuvo contacto directo con ella, parecía más… ¿gustosa?
—Nada —contestó la Yamanaka sonriente—. Que tengas una excelente noche frentona.
Kiba sonrió al tiempo en que acomodaba unas tazas.
—Adiós Sakura —le dijo el muchacho y ella asintió sonriente.
En cuanto puso un pie fuera del local, la fría brisa le golpeó el rostro, castañeó los dientes y tomó la bufanda para colocársela. Una pequeña ventisca la golpeó y logró que el trozo de tela se le escapara entre sus dedos.
—Tsk.
¡Que clima tan loco!
Siguió con la vista su bufanda y corrió tras ella, se había detenido a unos metros del local, cerca de un automóvil negro. Se agachó para tomarla, pero unas pálidas manos la tomó antes que ella, se irguió para agradecerle al sujeto responsable y un fuerte sonrojo la inundó.
¿Cómo es que no lo había visto antes?
—Parece que el invierno está por llegar.
Su fría voz le pareció tan… sexi y extraña. Porque repentinamente le parecía que ese sujeto no encajaba con esa “nueva” personalidad que decía llevar ese día, algo dentro de ella le gritaba que él encajaba más con el tipo “frío-cubo de hielo” de la vez pasada.
—Si, gracias —contestó tomando la bufanda, para después enroscársela en el cuello—. Por cierto… —murmuró al tiempo en que rebuscaba en su abrigo cierto billete, repentinamente su orgullo se había inflado y necesitaba deshacerse de aquello que no le gustaba—, le agradezco su generosidad, pero no puedo aceptarlo.
Sasuke le dio un ligero vistazo al billete y entrecerró los ojos, ¿Qué se proponía aquella chica?, ¿A caso no necesitaba el dinero?
—Es tuyo —contestó luchando por no perder la paciencia. Él no tendía a dejar mucho como propina, ni estaba acostumbrado a que se las regresaran. Le había parecido que quizá con ese pequeño acto, la chica callera rendida de amor por él.
—No es correcto.
—Pero seguramente lo necesitas, así que es tuyo —soltó fríamente sin medir sus palabras.
Sakura abrió la boca para replicar un par de improperios, pero se contuvo, ¿ese sujeto acababa de decirle pobretona?
—No necesito sus limosnas —bufó molesta al tiempo en que le aventaba el billete verde.
Sasuke hizo acto de sus grandes reflejos y tomó el billete entre sus manos, esto no estaba avanzando bien y definitivamente su paciencia estaba por esfumarse. Gruñó internamente y respiró profundamente para controlarse, ¡que molesta era esa chica!
No parecían para nada medio hermanos…
—No quise decir eso —contestó fríamente—, mis disculpas.
Eso descolocó a la Haruno nuevamente y se cruzó de brazos.
—Ya… ¿Qué pretende? —lo cuestionó rápidamente.
—¿Disculpa? —contestó con fingida inocencia. No, si definitivamente debían de darle un premio a la mejor actuación.
—Un día llega y me trata como basura, y después me trata demasiado amablemente… ¿Tiene algún trastorno de identidad?
—Si, sobre eso… —clavó sus orbes ónix sobre los jade de ella e intentó tener el efecto que parecía poseer su mirada sobre todas las mujeres que se cruzaban en su camino—, te pido una disculpa, había tenido un mal día y…
Sakura se sonrojó aún más y se odió. ¿Por qué aquel sujeto tenía una mirada tan intimidantemente atrayente?
—Bueno, no se preocupe, yo comprendo…
Aferró sus manos a su pequeño bolso y se dispuso a irse, se hacía tarde y no pillaría un transporte público a su casa.
—Uchiha Sasuke —estiró su mano a modo de saludo y –una vez más– Sakura se sobre saltó.
¡Salúdalo, o pensará que eres una retrasada!, le gritó su vocecilla interna.
—Haruno… Sakura —murmuró mientras estrechaba esa pálida y suave mano, su corazón dio un vuelco y se vio en la penosa necesidad de romper el contacto antes de que comenzara a hiperventilar.
¡Dios, su piel era tan suave y sus manos tan grandes… firmes! Seguro que hacen milagros…
Se reprendió inmediatamente y tosió audiblemente. ¡Cómo se le ocurría pensar en esas cosas!
—Me tengo que ir, hasta luego —se despidió la chica, para después girarse y emprender la escapada, pero antes de que lograra dar más de un paso, el Uchiha ya se encontraba frente a ella nuevamente.
—¿Por qué tanta prisa? —cuestionó.
—Se hace tarde y yo debo…
—Te llevaré a casa —le dijo casi a modo de orden y eso descolocó a Sakura, por alguna extraña razón esa actitud autoritaria que parecía surgir a momentos le gustaba.
—Imposible, yo no…
—No está a discusión.
Sakura frunció el ceño y retiró su último pensamiento. ¿Quién se creía para sentirse con derechos sobre lo que debía o no hacer?
El Uchiha al ver como ella arqueaba una ceja se volvió a reprender, eso de ser amable sencillamente no se le daba y si no lograba algo, terminaría perdiendo su salud mental.
—Quiero decir, es tarde y yo perfectamente puedo llevarte —añadió.
—No creo que sea correcto que me suba al coche de un extraño.
—Eso tiene solución —le dijo Sasuke—. Salgamos mañana por la noche, te invito a cenar.
El corazón de Sakura se detuvo por un segundo y reinició la loca marcha, abrió la boca y desvió la mirada hacia las lejanas luces de la ciudad. ¿Sasuke le había pedido una cita?, ¿Así de la nada?
—Honestamente, ¿Qué te propones? —preguntó volviendo a enfocar la vista en él, aferró sus brazos a su abrigo y evitó castañear los dientes debido al frío.
—Cenar contigo, ya lo dije —contestó esbozando una media sonrisa—, bueno, eso y conocerte mejor, claro.
—¿Por qué?
—Tienes… algo que llama mi atención —se limitó a contestar Sasuke, que si bien es cierto, no era del todo una mentira. Sakura tenía algo que le ayudaría a vengarse de su traidora madre, sólo que eso ella no debía saberlo.
Sakura se sonrojó y tragó saliva.
—Correcto —murmuró aturdida al tiempo en que pensaba en algo para librarse de la situación, ya comenzaba a parecerle espeluznante—. ¿Sabes?, mejor si tomaré esto y pagaré mi taxi a casa.
Tomó el billete que aún permanecía en la mano derecha del Uchiha y le sonrió débilmente.
—Gracias Uchiha —le dijo antes de proseguir con su camino.
Sasuke no tuvo tiempo de reaccionar ni refutar nada, ya que la Haruno estaba por llegar a la esquina más próxima.
¿Qué acababa de pasar?, ¿Esa chica realmente lo había rechazado?
Apretó los puños y se encaminó de regreso a su automóvil, nunca le había pasado algo parecido, ¿No se supone que ellas son las que siempre buscan la forma de colgársele al cuello y de intentar que él tenga algún tipo de atención hacia ellas?
¿Qué tenía Sakura que lo trataba diferente?
—¿Quién se cree?—bufó mientras tomaba asiento en el asiento trasero del auto.
Su chofer lo ignoró y cerró la portezuela, antes de adentrarse al asiento del conductor.
Estrelló sus puños sobre el asiento de piel, para después cerrar los ojos. Esa chica es una completa molestia… se dijo mentalmente, no sé como es que compartimos ADN.
—No se quedará así pequeña molestia —gruñó para sí.
Ya encontraría la forma de hacerla caer en sus redes, él necesitaba vengarse de Mikoto y no había mejor oportunidad que hacerlo de esa forma. ¡Vaya que lo disfrutaría!

—o—o—

Sakura miró a través de la ventanilla del taxi y sonrió. Debía admitir que había sido una experiencia por demás extraña, aunque también divertida. Nunca en la vida imaginó que un chico tan atractivo como ese Uchiha le pidiera una cita, ¡a ella!
Definitivamente le parecía muy raro el comportamiento del azabache, porque se había dado cuenta que en momentos, él demostraba que poseía un carácter demasiado mandón para su gusto y eso la intrigaba. ¿Él realmente era bipolar o sólo lo estaba haciendo por otro motivo?
—Necesito pensar —murmuró mirando aún el continuo cambio de las luces.
—¿Disculpe señorita? —la voz del chofer la sacó de sus cavilaciones y sonrió avergonzada.
—Eh, nada —soltó una risilla nerviosa.
¡Debo aprender a no hablar en voz alta!, se regañó, pensarán que estoy loca.

¡Si que lo estás! Le gritó su yo interna, pero por rechazar una cita con semejante hombre… ¡Loca!

Nada está dicho… pensó seriamente.

Continuará…
¡Hola!
¿Qué les pareció?
Gracias de nuevo a mi hermanita Rioko001, éste chap será el último que escribiré con su ayuda, de ahora en adelante ya serán todos míos :P
Ésta historia me tiene bastante inspirada, así que seguramente actualizaré pronto :)
Espero que me regalen un comentario, ya saben que es mi único pago por escribir.

Cuidense y nos estamos leyendo.
¡Sayo!
Tsukisaku

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